I've got the power.
A ti, que lees esto. Sí, a ti. Te voy a partir la cara, despreciable hijo de la gran puta. Morderé uno por uno los dedos de tus pies hasta astillarte las falanges, deleitándome al ver la sangre correr. Te machacaré a patadas, me encanta patear las costillas de ratas inmundas como tú, que serás el siguiente. Y una vez vea hundida con virulencia la punta de mi pie en tu piel, comenzaré a verme por fin realizado. Es algo que siempre he deseado. ¡Dios, cómo me gusta! Esos rasguños serán un buen destino para la bolsa de sal que tengo en mis manos. Y cuando sufras, cuando las lágrimas se deslicen lentamente por tus mejillas mientras tus mandíbulas en tensión den fe de tu dolor, sólo entonces, estaré en pleno clímax.

Sé que no llego a asustar, ni a impresionar siquiera. No entro en el prototipo del matón de barrio, ni me asemejo a ninguna humanización de un rottweiller. Sin embargo, yo tampoco puedo renunciar a la violenta esencia humana, es algo innato a todos nosotros, lo reconozcamos o no. Todos querríamos patear hasta la extenuación a ese vecino que nos machaca con la minicadena a la hora de la siesta, a esa profesora que se recogija al ver que tienes que tirarte un año más escuchando la mierda que escupe por la boca, al jefe que te amarga la rutina, a esa niña pija que presume de rimmel y te mira por encima del hombro, o al pelirrojo con el que te cruzas a diario en el parque, por eso, por ser pelirrojo.
¿Cuántas veces en tu vida te has puesto a pegar puñetazos al aire, en la solitud de tu habitación?
Es una reacción irracional, a veces de excitación, a veces de liberación. Incluso, a veces, de pura desesperanza. Las fibras de los músculos se contraen, como en un intento de contener toda la furia que llevan dentro. Y se manifiestan en toda su dimensión. ¡Zas! Ni una descarga eléctrica es tan fulminante. Los electrones no sienten, no sufren, no odian. ¡Zas! El brazo se extiende, los muñones se aproximan a la pared, sientes esa sensación de poder, de dominación de tu entorno. ¡Zas! Ya van tres. Acabas de romperle el tabique. Crochet lateral. Gancho de derecha. Otro golpe enérgico. ¡Zas! I've got the power. Yeah, yeah, oh, oh. ¡Zas! Eres invencible. ¡Zas! Tus ojos se inyectan en sangre. Ya estás alcanzando el clímax. ¡Zas! Una extraña sensación te invade. Una sensación rara... contradictoria. El nervio braquial no tarda en informarte: Sí, muchacho, acabas de pegarle una hostia a la pared, y te has levantado la piel de los nudillos. Ahora eres tú el que sangras, el que sufres. ¿Quieres un poco de sal?.
Entonces te das cuenta de que no es lo tuyo. Un poco de algodón empapado en agua oxigenada, una gasa esterilizada, y a sufrir en silencio tu vulnerabilidad. Jódete.

Sé que no llego a asustar, ni a impresionar siquiera. No entro en el prototipo del matón de barrio, ni me asemejo a ninguna humanización de un rottweiller. Sin embargo, yo tampoco puedo renunciar a la violenta esencia humana, es algo innato a todos nosotros, lo reconozcamos o no. Todos querríamos patear hasta la extenuación a ese vecino que nos machaca con la minicadena a la hora de la siesta, a esa profesora que se recogija al ver que tienes que tirarte un año más escuchando la mierda que escupe por la boca, al jefe que te amarga la rutina, a esa niña pija que presume de rimmel y te mira por encima del hombro, o al pelirrojo con el que te cruzas a diario en el parque, por eso, por ser pelirrojo.
¿Cuántas veces en tu vida te has puesto a pegar puñetazos al aire, en la solitud de tu habitación?
Es una reacción irracional, a veces de excitación, a veces de liberación. Incluso, a veces, de pura desesperanza. Las fibras de los músculos se contraen, como en un intento de contener toda la furia que llevan dentro. Y se manifiestan en toda su dimensión. ¡Zas! Ni una descarga eléctrica es tan fulminante. Los electrones no sienten, no sufren, no odian. ¡Zas! El brazo se extiende, los muñones se aproximan a la pared, sientes esa sensación de poder, de dominación de tu entorno. ¡Zas! Ya van tres. Acabas de romperle el tabique. Crochet lateral. Gancho de derecha. Otro golpe enérgico. ¡Zas! I've got the power. Yeah, yeah, oh, oh. ¡Zas! Eres invencible. ¡Zas! Tus ojos se inyectan en sangre. Ya estás alcanzando el clímax. ¡Zas! Una extraña sensación te invade. Una sensación rara... contradictoria. El nervio braquial no tarda en informarte: Sí, muchacho, acabas de pegarle una hostia a la pared, y te has levantado la piel de los nudillos. Ahora eres tú el que sangras, el que sufres. ¿Quieres un poco de sal?.
Entonces te das cuenta de que no es lo tuyo. Un poco de algodón empapado en agua oxigenada, una gasa esterilizada, y a sufrir en silencio tu vulnerabilidad. Jódete.
Comentario:
Lo de dar puñetazos al aire me viene de nuevo. A veces, lo que he hecho es dar una patada a algo (no a alguien) sólido, como una pared o una puerta o coger un objeto y dar golpes con él a modo de martillo. Es como un acto reflejo, de la misma manera que lo es gritar histéricamente. Con todo, me considero una persona pacífica.
También recuerdo casos de gente que, cuando se da un golpe contra algo de forma involuntaria, en lugar de reaccionar violentamente y quejarse del dolor, le pide perdón a ese objeto inanimado con el que se ha dado. Es curioso, cada persona reacciona de formas distintas.
IMQC
También recuerdo casos de gente que, cuando se da un golpe contra algo de forma involuntaria, en lugar de reaccionar violentamente y quejarse del dolor, le pide perdón a ese objeto inanimado con el que se ha dado. Es curioso, cada persona reacciona de formas distintas.
IMQC
Comentario:
Ojalá pudiéramos prescindir de ella, pero es algo innato, que vemos en cuanto abrimos la puerta de nuestra casa, y en ocasiones, ni eso es necesario.
Este post no es más que un pequeño "homenaje"...
Saludos
Este post no es más que un pequeño "homenaje"...
Saludos
Comentario:
Nunca he entendido la violencia, me asusta. Hasta esta que cuentas imaginaria, me ha costado varias veces leer este post hasta el final, soy una flojilla, lo sé.
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yo ganas de pegar al aire no he tenido nunca, la verdad; a la pared tampoco; ahora, que si tuviese fuerza, alguno estaría viendo pajaritos :P Pero a solas lo más extraño que hago es bailar mientras me cepillo los dientes :P
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Juas, juas, juas...
Si sufre uno esos arrebatos debería tener guantes y saco.
Si sufre uno esos arrebatos debería tener guantes y saco.
Comentario:
Dios!! Reflejo seguro que ha ido a pegarle a su hermano... eso de disfrutar unos instantes es sospechoso.
Lo del puñetazo a la pared lo he visto más de una vez: paredes, cristales, cubos de basura, etc. Pero sin más problema, los dueños de los muñones casi siempre andaban bajo los efectos del alcohol, y eso, quieras que no, siempre amortigua.
Lo del puñetazo a la pared lo he visto más de una vez: paredes, cristales, cubos de basura, etc. Pero sin más problema, los dueños de los muñones casi siempre andaban bajo los efectos del alcohol, y eso, quieras que no, siempre amortigua.
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Por Dios, qué falta de carácter... :PPP
Comentario:
La verdad es que me han entrado ganas de pegarle a mi hermano... por eso... porque es mi hermano pequeño. Venga, voy a disfrutar unos instantes. Buenas noches.





