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En el Ojo del Huracán
Frente borrascoso procedente del Norte. Posibles turbulencias.
Acerca de
Nací en 1984 en un hospital del extrarradio sin las mínimas garantías sanitarias, razón por la cual (creo) fui un niño tonto y algo lento, hasta que, a los nueve años, y mientras repostábamos nuestro Seat Marbella en una gasolinera, le pedí a mi padre que me comprase el disco de Milikito que, entre películas húngaras de rubicundas actrices y sucias bolsas de cubitos de hielo, asomaba timorato en un estante giratorio. Ignoro si fue el azar, o si estaba predestinado a tan elevados propósitos, pero aquellas letras, meditadas y profundas, mensaje subliminal y moraleja incluídas, que rezumaban sabiduría, me abrieron los ojos, y desde entonces, soy un hombre nuevo.
Sindicación
 
Crónica de una rutina anunciada
No sé si eran seis, siete u ocho los meses transcurridos desde la última vez que salí un sábado, lo que se dice, "de marcha", hasta anoche.

Me confieso incapaz de descrifrar dónde reside dicha "marcha", y posiblemente nunca lo consiga, acaso debido al trauma infantil ocasionado por la estimable Leticia Sabater...

El caso es que lo de anoche fue la crónica de una rutina anunciada, pues por más que hace casi un año que no me encontraba en esa situación, ni siquiera llegó a ser un dèja vu, ya que en mi mente estaba perfectamente definido y asumido el previsible "programa de actividades" que me esperaba:

20:00 - Reunión en torno a un botellón. Besos y saludos. Pertinentes y archirrepetidas explicaciones de por qué no participo en la el mismo, en su vertiente ingestiva.

23:00 - Directos al tren. Una vez sentados, comienzan a aflorar los primeros síntomas de un tal Simón, tratamiento nobiliario incluído, y una tal María, aparentemente un matrimonio muy estable.

00:00 - Llegada a "la zona". Interesantísima ruta por los bares, impresionantes paisajes de líquido y cristal. 5 euros por cubata. Comienzo a conceder préstamos e hipotecas, que con el tiempo, debido a la amnesia, a buen seguro prescribirán.

01:00 - Entrada en pub, discoteca o disco-pub, no estoy muy puesto en la nomenclatura de establecimientos de hostelería. Lo que antes eran síntomas, ya comienzan a ser efectos. Ridículos movimientos epilépticos frente a mi pétrea y ajenamente avergonzada expresión. Repentinas apariciones de conocidos -y desconocidos- que se confiesan amigos. Tumultuosos desfiles a los aseos, terror de las pituitarias.

03:00 - Lo que antes eran efectos, ahora son estragos. Pérdida completa de la conciencia. Mientras, yo sigo impasible, observando... y aburriéndome como una ostra, por supuesto.

05:00 - Desfile al tren, de vuelta a casa. Junto a mí, varias figuras tambaleantes. Ocasionales erupciones de flujos gástricos. Me siento por momentos médico sin fronteras, por momentos un pobre gilipollas nuevamente engañado.

Al bajar de la estación, la estocada final:

-¿Qué caña esta noche, no?

Pues sí. La caña. De remolacha.

Fíjate si ha sido la caña, que esta vez ni siquiera me ha entrado un ataque de asma debido al humo de tabaco. Eso sí, he tenido que soportar con aparente indiferencia cómo os marchábais cada dos por tres sin avisar, uno al servicio, otro a intentar cortejar a alguna ebria barely legal, otro tras los pasos de ese esporádico colega de toda la vida que promete el oro y el moro de la diversión. Y, qué remedio, uno que decide salir por una vez con el único fin de reencontrarse con sus amistades por un rato, y que se encuentra fuera de lugar, fuera de su ambiente, que no tiene ningun interés especial por los lavabos ni sufre de ninguna problemática urinaria, que tampoco tiene ningún interés en los cócteles de alcohol y puericultura , y que, por supuesto, tampoco tiene la menor intención de participar en las alucinantes propuestas lúdicas que ese amigo de toda la vida, a quien uno no conoce, y duda que su interlocutor lo haga de más de cuatro palabras, generosamente ofrece, se ve obligatoriamente relegado a la observación de múltiples situaciones paralelas, a la inercial audición de instructivas conversaciones sobre química y botánica aplicadas, que parecen ser las disciplinas científicas predilectas las noches de los sábados, y con la vana esperanza de recibir la visita de esa onírica alma gemela que no encaje ni aparente hacerlo en ese ambiente, y que se empeña en revelarse inexistente...

Pero, ahora que lo pienso... ¡Qué egoísta que soy, cojones! Satisfecho debería encontrarme al saberme realmente útil y estimado a la hora de volver a casa, cuando mi hombro se revela como el único cimiento estable sobre el que apoyar esa grave desestabilidad estructural llamada Inconsciencia.

Me temo que me espera otra buena cantidad de meses de abstinencia...
 
Comentario:
Urbanprincess es una pelota.
 
Comentario:
Grandioso post. Una de tus obras maestras.
 
Comentario:
No creas... "bichos raros" habemus en todas partes :)

De todas formas, son etapas, que pasan... todo evoluciona... aunque yo sigo teniendo amig@s que sus fines de semana se desarrollan de la misma forma que cuando buceaban en su adolescencia.
 
Comentario:
Tú crees que realmente se divierten? yo creo que no, que ahogan su aburrimiento en alcohol para no parecer idiotas a los ojos ajenos diciendo: pero si esto es un coñazo! y ahogan su timidez en el botellón esperando que eso les ayude, y sólo les provoca jaqueca, diarrea y acidez de estómago.Y así les luce el pelo...
No