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En el Ojo del Huracán
Frente borrascoso procedente del Norte. Posibles turbulencias.
Acerca de
Nací en 1984 en un hospital del extrarradio sin las mínimas garantías sanitarias, razón por la cual (creo) fui un niño tonto y algo lento, hasta que, a los nueve años, y mientras repostábamos nuestro Seat Marbella en una gasolinera, le pedí a mi padre que me comprase el disco de Milikito que, entre películas húngaras de rubicundas actrices y sucias bolsas de cubitos de hielo, asomaba timorato en un estante giratorio. Ignoro si fue el azar, o si estaba predestinado a tan elevados propósitos, pero aquellas letras, meditadas y profundas, mensaje subliminal y moraleja incluídas, que rezumaban sabiduría, me abrieron los ojos, y desde entonces, soy un hombre nuevo.
Sindicación
 
Mis padres y yo
Nunca pensé que pudiera pasar por mi cabeza lo que está pasando últimamente. Se trata, más que de un propósito, de una certeza, una certeza que me gustaría no tener.
No es que esté pensando en cometer ningún crimen, nada más lejos de la realidad. O sí, tampoco sé con certeza cómo calificarlo.

El caso es que en los últimos días me viene rondando la cabeza la certeza de que pronto tendré que separarme de mis padres. Quiero decir, emprender la vida por mi cuenta.
No se trata de independizarse porque sí, pues francamente, no me veo viviendo solo y ganándome mi propio sustento. Dicho de otro modo, no me veo trabajando para nadie, pero ese es un tema que abordaré en otra ocasión. Mas al contrario, tengo la certeza de que así ha de ser. Y muy a mi pesar, pues tengo, por fortuna, una familia de la que me siento muy orgulloso y a la que quiero con locura. Y, para qué negarlo, en la que vivo muy cómodo, pese a no ser ricos ni famosos.

Sin embargo, cada vez se van acentuando más las diferencias entre nosotros. Quiero decir, entre mis padres y yo. No me refiero a las típicas diferencias de hijo rebelde que reclama libertad y padres restrictivos que se la niegan, sino a diferencias de formas de ver vida, diferencias de carácter, de inquietudes, de aspiraciones, de ilusiones.

Mi padre es una buena persona, un tipo sociable, agradable, bonachón. Una persona que le conociese por primera vez se llevaría la impresión de que es bien una excelente persona, bien un perfecto idiota. Y de idiota no tiene un pelo, eso lo sé con seguridad, pero entiendo que pueda parecerlo, porque se empeña en parecerlo, lo cual me saca de quicio. Se empeña en parecerlo porque odia discutir, nunca se moja, se evade... no le importa quedar por debajo de los demás si ello le libra de discutir de algo, y yo no tolero tal falta de orgullo de cara a los demás. El mismo orgullo que para mí tengo, lo exijo en las personas que quiero. Yo no paro de reprochárselo, y es esa la razón por la cual chocamos, y por la cual termino convirtiéndolo en blanco de mis iras... y por la cual termino convirtiéndome yo en blanco de las suyas.
Lo cierto es que no le culpo por ello, pues no es de extrañar, teniendo en cuenta el ambiente donde se ha criado, carente de cualquier pensamiento medianamente profundo, y siempre a merced de su madre, de mi abuela, auténtica matriarca de su casa, también superficial, pero a la vez decidida, descarada, autosuficiente... y con tendencia a anular a las personas de su entorno. Y eso es algo que, sin duda, le ha marcado, y que por más que intento hacérselo ver, no lo consigo... o cuando menos, no consigo que lo cambie.

Mi madre es muy diferente a mi padre. Aparte de ser una buena persona con mayúsculas, sacrificada, perfeccionista, desprendida e increíblemente cariñosa, es también una persona muy inteligente y reflexiva que se siente incómoda en conversaciones banales y prefiere tratar las cosas a fondo, pero que, sin embargo, está absolutamente frustrada por no haber podido desarrollar sus capacidades. La época y situación en la que le tocó vivir le impidieron tener los estudios que tanto ansiaba, lo cual le ha llevado a verse inferior delante de los demás, pese a no serlo en absoluto. Ha idealizado todo aquello que no ha podido vivir, y a causa de ello, tiene una visión distorsionada de la realidad, en la que todo es blanco o negro, y difícilmente puede salir de esa autoconvicción, pues si algo he heredado de ella, es la fogosidad a la hora de defender aquello en lo que creo.
Intenta hacer ver que no le afecta, que su verdadera ilusión y orgullo somos nosotros, sus hijos, con lo que, de forma implícita, nos exige cosas que tal vez nosotros consideramos de un modo diferente a ella. Al menos, yo no comparto su visión de las cosas, sus ideales, sus ansias y esperanzas. Pensamos de un modo muy diferente, pese a tener un carácter muy similar. Y eso me desasosiega, y me hace chocar con ella con creciente frecuencia.

Si ahora mismo nos tocase la Lotería y nos marchásemos de viaje, a Praga, a París, a donde fuera, sé con certeza que mi padre se lo gastaría en tomar cafés en terrazas, mientras que mi madre se lo gastaría en que todos comiéramos en restaurante, o en comprar ropa. Ese es el ideal de vida que tienen ellos. No es mejor, ni peor... pero sí totalmente opuesto al mío.

Me cuesta dormir, me cuesta concentrarme en nada. Ahora sé que no eran solo conjeturas, sé que es una realidad. Sé que pronto tendré que separarme de ellos. Pueden ser dos años, pueden ser tres, pero es algo irreversible, o las consecuencias podrían ser mucho peores. Pero, pese a todo, me duele, me duele pensarlo, y sobre todo, me duele estar tan seguro de ello.


 
Comentario:
Todo se andará, es ley de vida. También te digo que esa colisión, que tú ves tan grande, luego no te parecerá tan significativa... es más complicado reconocer lo que tenemos en común con otro que reconocer las diferencias... la mente opera así, distingue el color blanco por conocer el negro, y viceversa.
Como decía, el tiempo pasará... y un día veremos al Anacoreta con zagales que, por "h", por "v" o por "z" le pedirán la independencia...

Pluma, en un momento "lion king"
 
Comentario:
Supongo que cuando pase un poquito de tiempo verás que la separación no es una pérdida y que ser un tipo solterito y libre y con casa en estos tiempos que corren es un chollo.

Créeme, te lo digo por experiencia :PPP
 
Comentario:
Todos tarde o temprano nos marchamos. Eso no quiere decir que dejes de verlos o tener relación con ellos, además de ser una ventaja para ti... crecerás como persona y llegarás a llevarte mejor con tu padre de lo que lo haces ahora, te hablo desde mi experiencia personal.

Yo siempre he discutido con él de temas políticos sobre todo, pero de la vida en general. Me pasó como a ti y llegó un momento en que no cruzaba palabra con él para evitar enfrentamientos, desde que no vivo allí y le veo cada cierto tiempo, mis relaciones han mejorado.

No te preocupes, todo saldrá bien.

Un besito :)
 
Comentario:
Hola anacoreta. Estás en el ojo de tu propio huracán y yo desde aquí, con mi niño lejos -ha viajado a Nrasil, tiene 9 años- percibo y pienso tu post desde muchas voces..., la voz del joven confundido aunque sabe qué es lo que quiere, la voz de alguien que se escudriña y sufre, la voz de alguien que ansía autonomía y
contrasta este deseo con el amor a los padres... voces. Y cuando cuentas sobre tus ´padres, me acerco a la amlgama de tus sentimientos, anacoreta. hay algo muy importante: te aman, con sus maneras de ver la vida, con sus limitaciones y sus grandezas, tus padres vayas a donde vayas, no dejarán de amarte ni tú a ellos. Muros mentales se forman, no importa, lo que importa es pasarlos, voltear la calle, porqque esos murosdejan al lado un espacio para caminar. Y en ese camino, tu autonmía se forjará con tus propios pasos,tropezones, levantándote, irguiéndote, caminando con tu propio ritmo... Un muy cálido saludo.
Salux anacoreta.
 
Comentario:
Decía Wilde algo como que a los padres primero se les quiere, luego se les juzga y raramente se les perdona.
Sin llegar a ese extremo de cinismo, pienso que llega un momento en que los hijos se van y dejan a sus padres, porque necesitan espacio e independencia. Yo creo que es bastante normal y sano, no tiene que ver con el amor que sientas. Pero claro, es un cambio.
No