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En el Ojo del Huracán
Frente borrascoso procedente del Norte. Posibles turbulencias.
Acerca de
Nací en 1984 en un hospital del extrarradio sin las mínimas garantías sanitarias, razón por la cual (creo) fui un niño tonto y algo lento, hasta que, a los nueve años, y mientras repostábamos nuestro Seat Marbella en una gasolinera, le pedí a mi padre que me comprase el disco de Milikito que, entre películas húngaras de rubicundas actrices y sucias bolsas de cubitos de hielo, asomaba timorato en un estante giratorio. Ignoro si fue el azar, o si estaba predestinado a tan elevados propósitos, pero aquellas letras, meditadas y profundas, mensaje subliminal y moraleja incluídas, que rezumaban sabiduría, me abrieron los ojos, y desde entonces, soy un hombre nuevo.
Sindicación
 
De orgías y códigos de barras
Recientemente, mi amigo el Señorito Miau, en una de sus lustrosas ideas, me proponía ser partícipe de una orgía múltiple con cajeras de supermercado en la cual dar rienda suelta a mis más bajos instintos para así liberarme.

La idea, no obstante no atraerme demasiado en un principio, debido a mi fobia natural a las multitudes, me intrigó, así que, durante el día de hoy me he dedicado a indagar un poco en esa tribu urbana que habita detrás de la caja registradora de los diversos supermercados.

Tal y como recogía la propuesta inicial, acudí en primer lugar al Carrefour. Todo en el Carrefour es grande: el edificio, los pasillos, las estanterías, los focos... todo, menos los pechos de las cajeras. Y es que las cajeras son como muy... francesas: Très jolies mais très sensibles. Esa belleza sobria pero inofensiva de las francesitas, que las hace tan encantadoras, tan charmantes, que jamás podría uno imaginárselas en un lugar tan degradante como una cama redonda, llena de sudorosos camioneros. Y si bien yo disto mucho de ese prototipo, y mi sudor huele poco menos que a champú, la simple visualización de tal escena no puede hacerme sentir menos que compasión.

Acto seguido, me dejé pasar por un Eroski, de esos que tanto abundan por aquí, y que tan bien conozco. No es que no supiera de antemano lo que me iba a encontrar, sino más bien iba en busca del efecto sorpresa. Pero no se produjo tal efecto. Todo fue tan previsible como esperaba: narices prominentes, barbillas prominentes, frentes prominentes,... pasé de la compasión ajena a la autocompasión, y sentí unas prominentes ganas de salir de allí. Para colmo, y para completar la escena, entre caja y caja, se ofertaban maquinillas de afeitar... Ni siquiera tuve la tentación de pasar la Travel, y eso que tenía puntos extra.

Tras un lapso de un cuarto de hora, en la cual me oreé convenientemente, me aventuré a entrar en un Día. Nunca antes había estado en uno, y la primera impresión fue de agobio por tan angosto espacio. Compré un pack de yogures a 50 céntimos, y rápidamente acudí a la caja. Sin apenas haberme dado cuenta, la cajera ya había pasado el producto por el lector de código de barras, y con voz suave me susurra: “55 céntimos”. Yo le miré extrañado, y ella me señaló la bolsa de plástico, que al parecer cobran a 5 céntimos. A punto estuve de protestar por ello, pero la cara de pena que la muchacha adoptó, de la cual sobresalían dos inmensas ojeras que pregonaban a los cuatro vientos “80 horas semanales + horas extra”, me hicieron comprender que, si había algo que no le hiciera especial ilusión en esos momentos, era esa clase de vicios.

Ligeramente abatido por la escena, salí de allí y me dispuse a entrar en un Sabeco. “Los mejores precios”, rezaba una placa a la entrada del establecimiento. Pronto pude comprobar que aquello era cierto, pues nada más pasar por caja, de la joven que me atendía (que no estaba de mal ver, pese a ser pelirroja) comenzó a llegarme un ligero olor a colonia barata –indudablemente, comprada en alguna boutique ecuatoriana a pie de calle-, que me dejó completamente aturdido, con lo cual no tuve más remedio que salir a toda prisa de allí, sin tener siquiera ocasión de tantearla algo más.

A pocos metros estaba El Corte Inglés, así que entré allí con intención de comprar algo que mitigase la sensación de malestar en la que estaba sumido. Terminé, sin embargo, en el Supercor de la planta superior, embriagado por las innumerables delicatessen que poblaban sus estantes. Desgraciadamente, no disponía del dinero suficiente para comprarme un magret de pato al Oporto, y tuve que conformarme con una lata de Pepsi. Las colas eran inmensas, así que no me quedó más remedio que ponerme en una de ellas. Cuando, diez minutos después, conseguí vislumbrar entre la marabunta a la cajera que atendía, a punto estuve de cambiarme de fila. Una mujer en edad de merecer (una prejubilación), con la permanente teñida de caoba, bolsas en los ojos, y osteoporótica expresión, pasaba los productos con displicencia y pausa extrema. Sin embargo, nada más llegar mi turno, y al ver la miserable lata de Pepsi que portaba, la mujer no sólo no me la cobró, sino que me extendió un billete de cinco euros y me dijo que “me tomase algo”, a la vez que me guiñaba el ojo derecho, mientras al fondo, en un cartel, sonreían pícaramente los niños pecosos de "La Vuelta al Cole". Salí despavorido.

Así pues, no creo tener demasiado futuro con las cajeras, tendré que pensar en otros ámbitos, como las animadoras socioculturales o las criadoras de ocas. Aunque, pensándolo bien... tal vez cuando vaya a Madrid me dé una vuelta por los supermercados Sánchez Romero, que a juzgar por ciertos datos, debe disponer de buen material...
 
 
Comentario:
¡Flipo mucho con este post!
 
Comentario:
Sí, era un perfecto exponente de la llamada belleza del desencanto. Figúrate que hay muchas chicas - que se hacen llamar góticas - que buscan, precisamente, esa imagen de "cansada"...

Un saludo.
 
Comentario:
Bueno, yo no puedo decirte mucho de este tema porque las cajeras me atraen más bien poquito y/o nada.
Pero decirte que, las cajeras del Día son más bien antipáticas, feas y amargadas, por lo menos las de mi pueblo si y, por lo que sé, también en muchos otros establecimientos de esta marca también, así que has tenido suerte si te ha tocado esa chica que. auqneu cansada, parecía maja, no???

Bueno, suerte con lo tuyo.

Un besooo
 
Comentario:
Es cierto, recuerdo perfectamente ese dato, y si no lo puse en el relato fue, precisamente, porque no estaba seguro al 100% de que fueran los Sánchez Romero... ahora sí, creo que me daré una vuelta por allí, gracias.

¡Ah!, Srto. Miau, los enlacitos se ponen seleccionando la parte del texto que aluda al enlace, y pulsando el botón href en el margen superior, introduciendo la dirección URL en cuestión. Son très de tout, sí.

Pilaxy, tendré en cuenta tus consejos. Definitivamente, me atrae más la idea de una orgía con las dependientas de Bershka.

Saludos.
 
Comentario:
Pues... Fijate que en lo del Sanchez Romero no debes ir muy desencaminado, yo, como el resto de este nuestro país... Oímos hablar por primera vez de dicha cadena de supermercados, porque alguno de sus empleados de recursos humanos lanzó a la basura cajas con curriculums qué habían ido garabateando los que hacían entrevistas para reclutar personal, alguién tuvo la picardía, o la ociosidad de ponerse a leer los curriculums de la basura...

Aspirante 1: Descartado, color de piel café con leche largo de café...

Aspirante 2: esta tía es una plasta que te cagas...

Aspirante 3: tiene la frente llena de granos, es desagradable a la vista...

Y así, un infinito etcétera... Así que no sería descabellado pensar, que si en algún supermercado va a encontrar usted cajeras de buen ver para su fornicio... Va a ser en estos...
 
Comentario:
Tienes que enseñarme a poner esos enlances directos. Quedan très jolies, très charmantes y très de tout.

Por lo demás, eso de cobrar cinco céntimos por las bolsas a mí también me parece una aberración. Verdaderamente merecen morir asfixiadas por el plástico de su ruindad.

Y sin embargo, esa escena de la mujer madura extendiendo cinco euros a un jovencito de buen ver, me ha traído inevitablemente a la mente una bonita imagen. Así fue el inicio de mi andadura en el mundo de la prostitución. Qué recuerdos.

Miau.
 
Comentario:
Creo que fue la mejor opcion de dejar a un lado la idea de la orgia con las cajeras, pero lo que mas me ha gustado es como la señotra de unos 50 años, coquetee asin con un joven consted.Haber si encuentra otra clase de empleo para montar orgias. Suerte
No