<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/rss20.xml"><title><![CDATA[En el Ojo del Huracán]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Frente borrascoso procedente del Norte.
Posibles turbulencias.]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_115.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_114.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_113.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_112.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_111.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_110.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_109.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_108.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_107.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_106.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_115.htm"><title><![CDATA[Sí, genial]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_115.htm]]></link><description><![CDATA[Ahora no nos matan. Vale. Perfecto. Así que, ya sabéis, es la hora de ir de pardillos, de pecar de candidez y abandonarnos al optimismo, que es la opción políticamente correcta. Y no quiero con esto poner en duda el valor del anuncio de alto el fuego permanente, ni por asomo. No cabe duda de que es una noticia positiva, por más que los voceros de las cavernas y las sacristías prosigan con su estrategia de negación sistemática. Y yo sí creo que esto se traducirá finalmente en el cese definitivo de la violencia por parte de la organización terrorista. Pero, no nos engañemos, no hay tantas razones para el optimismo, pues esto no soluciona nada. O casi nada. Porque sí, es cierto que ahora no tendremos que temer por nuestras vidas –benditos terroristas -, pero la problemática a nivel de calle no va a solucionarse. Seguirán a uno señalándole con el dedo si no comulga con el pensamiento único impuesto, y todo aquel que no vaya de leñador, seguirá siendo “enemigo del pueblo vasco”, aunque el torito y el jamoncito le sugieran lo mismo que los bueyes y el txakolí. Eso no va a cambiar.<br/><br/>El final del “conflicto” no llegará hasta que no se acepte con total naturalidad la diversidad de opiniones y sentimientos, hasta que no sea necesario demostrar poseer un ombligo más bonito que el resto. Y lo que me da miedo es que, en una eventual mesa de negociación –a favor de la cual, obviamente, estoy-, aceptemos que una de las partes sólo ponga el fin del terrorismo sobre ella. Tienen que poner mucho más.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_114.htm"><title><![CDATA[_____________________________________]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_114.htm]]></link><description><![CDATA[¡CORRE, MAMÓN!]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_113.htm"><title><![CDATA[Exijo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_113.htm]]></link><description><![CDATA[Durante muchos años, he reivindicado mi derecho a equivocarme yo solito, tomando mis propias decisiones. <br/><br/>Ahora, exijo mi derecho a acertar.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_112.htm"><title><![CDATA[Una parada cualquiera]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_112.htm]]></link><description><![CDATA[La maquinaria del tren se detiene, las puertas se abren de golpe. Allí, enfrente, una estación de tren, decenas de raíles, muchos de ellos en desuso. Las letras de neón, apagadas, anuncian el nombre de la estación: Oswiecim. Un nombre que poco o nada sugiere, que ninguna especial sensación produce al viajero poco iniciado. Pero sin más que mirar alrededor, uno se da cuenta de que esa parada no es como las anteriores. Esos raíles ajados gritan, quieren decirnos algo.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/files/Estacion.jpg" alt="" border="0" width="500" height="375"/><br/><br/>Oswiecim está en Polonia, al suroeste de Cracovia, y es mundialmente conocido por su traducción al alemán: Auschwitz.<br/><br/>Sucede que, al hablar de Auschwitz, rápidamente comienzan a saltar todas las alarmas, una suerte de escalofrío recorre los cuerpos, y los más manidos clichés comienzan a aflorar por doquier. <br/>Pero yo, estimado lector, no te voy a demostrar lo sensible y <i>wenapersona </i>que soy, no te voy a decir que “he ido una vez, y no vuelvo más”, ni que es “súper fuerte”, ni que “no es apto para cualquiera”, ni que “tienes que ir mentalizado”. Del mismo modo que agradecí que nadie me dijera “qué masoca eres, yo no podría...”, cuando decidí visitar el mencionado lugar. No pienso decirte nada de eso.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/files/Entrada.jpg" alt="" border="0" width="500" height="375"/><br/><br/>Yo, estimado lector, lo que sí te recomiendo es que vayas allí. Puedes tener por seguro que no vas a sentir miedo, ni se te van a poner los pelos como escarpias, como seguramente te hayan prevenido las más heroico-paternalistas voces. Te recomiendo que atravieses la entrada, la archiconocida entrada del <i>Arbeit Macht Frei</i> (“El trabajo os hará libres”), con la curiosidad de un niño. Que contemples esos bucólicos <i>bungalows</i> de bloques de arcilla, rodeados de jardincitos y vallas. Que saques una foto a contraluz.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/files/Contraluz.jpg" alt="" border="0" width="500" height="375"/><br/><br/>Si es posible, ve en invierno, y quédate un rato a la intemperie, en posición pétrea. Entra en las casitas, y observa el contenido en ellas expuesto. Observa los millares de zapatos anónimos, de todas las tallas, que se agolpan unos sobre otros. Observa las tarjetas de identificación, impresas con pintura plástica y perfecta caligrafía sobre las maletas. Observa los enormes matojos de pelo, los botes de betún, las literas de tres pisos con pequeños habitáculos cubiertos de paja, los montones de anteojos de alambre, las celdas oscuras con minúsculos orificios de ventilación. Detente, una por una, frente a las fotografías personales, las fechas, los nombres, los ojos. Y sobre todo, las bocas, las muecas de la boca. Fíjate en esa mujer que esboza una leve sonrisa, como desafiando, a la cámara. Observa los hornos con bandeja, las chimeneas, las tuberías de apenas cinco centímetros de diámetro con salida a yermas habitaciones con la pintura desgastada. Obsérvalo, como te decía, con la curiosidad de un niño, y una vez hayas salido de allí, simplemente, piensa. Piensa, y no más. Y luego, al fin, decide tú mismo si merece la pena analizarlo, o definitivamente, has perdido la esperanza en la raza humana. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/files/Bungalows.jpg" alt="" border="0" width="500" height="375"/><br/><br/>Estar en Auschwitz no es más que una mera ilustración, la perfecta muestra de que el lugar aparentemente más inocente y encantador puede esconder lo más fantasmagórico. Pero no es estar allí lo que impresiona. Eso viene después, cuando uno se vuelve a montar en el tren y piensa, efectivamente, en lo bonito e inofensivo que <b>parecía</b> ese onírico campo de bungalows en el que ha estado instantes atrás, en las decenas de hacinados trenes que han pisado esas mismas vías sobre las que circulas ahora.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/files/Vias.jpg" alt="" border="0" width="500" height="375"/><br/><br/>O también puedes contárselo a tus amigos, conocidos, vecinos y curiosos varios, y relatar lo dura y realizadora que fue la experiencia, lo mucho que te ha enriquecido como persona, la forma en la que se te encogió el corazón, demostraciones gráficas incluidas, e incluso puedes disuadirles de la idea de enfrentarse a tan estremecedora experiencia, amparándote en su crudeza y su inaptitud para gente sensible. Deberías saber, eso sí, que la frivolidad y el mal gusto van de la mano en muchas ocasiones, y que hay ocasiones en las que trasciende con creces ese ámbito. Y sería entonces, especialmente entonces, cuando te recomendaría que te replanteases el dilema de si merece la pena seguir confiando en una especie capaz de regodearse en tales lodazales de inmundicia moral.<br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_111.htm"><title><![CDATA[El Chándal de Yonki]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_111.htm]]></link><description><![CDATA[Yo no sé qué tiene el táctel, que tanto agrada a los yonkis, a los borrachos, y a la gente de mal vivir, en general. No sé si será su textura, suave y satinada, la aleación de colores verdes y violetas o esa insoportable telilla blanca interior, la misma que convierte en una odisea introducir las piernas por el pantalón sin que la susodicha se salga hacia fuera, lo que les resulta tan atractiva, pero sin haber sido jamás publicitado en televisión, en carteles publicitarios ni en el casco de Fernando Alonso, es una prenda que se ha hecho con un nicho de mercado nada desdeñable.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/files/chandalyonki.JPG" alt="" border="0" width="" height=""/><br/><br/>Recuerdo perfectamente la época de esplendor del chándal de yonki. Rondaría yo mis tiernos seis o siete años cuando el furor del chándal de táctel me alcanzó. Eran los tempranos años noventa, y sí, yo también tuve uno. No caí en otras prendas fetiche de la época, como las zapatillas Alpe o Fer-Gar (mil pesetas el par, puro plástico), el chándal de corchetes o las botas militares Doc Maertens, pero sí tuve mi chándal de yonki. Era, cómo no, de color verde con ribetes violetas, y por supuesto, también tenía la dichosa telilla blanca, con lo cual nunca conseguí ponerme el pantalón en menos de cinco minutos. Y como todo buen chándal de táctel, pereció a causa de un planchado excesivamente caluroso. Pero era mi chándal de táctel, único e intransferible.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/files/chandalyonki2.JPG" alt="" border="0" width="" height=""/><br/><br/>Con el paso del tiempo, esa prenda tan entrañable cayó en el olvido, hasta el punto de ser prácticamente imposible encontrar a nadie luciendo con orgullo el suyo, recién estrenado. Afortunadamente, ese grupúsculo de gente comprometida antes mencionado, decidió recuperar la memoria histórica, y hacer suyo ese tesoro de poliéster. Y de esa manera, en cualquier lugar del mundo al que uno vaya, puede uno encontrar esa porción de nuestra Historia. Porque el chándal de yonki es universal, todos los yonkis del mundo lo llevan, y donde no hay yonkis, son los vagabundos alcohólicos quienes recogen el testigo, como he podido observar con júbilo aquí, en Eslovaquia. <br/><br/>Todo sea por no dejarlo caer en el olvido. No se lo merece.<br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_110.htm"><title><![CDATA[Histeria colectiva]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_110.htm]]></link><description><![CDATA[Ya comenzó la pandemia... aunque de otra manera. Es lo que tienen las noticias de moda, son como las canciones de Juanes: de tanto que te masacran a diario con ellas, terminan por alojarse en tu cerebro, y no hay forma de sacárselas de ahí.<br/><br/>Y es que, maldita gripe aviar. Porque ya han anunciado varios casos de gallinas infectadas en Rusia y Rumanía, donde también ha aparecido una garza muerta... y un loro en cuarentena en Inglaterra... y dos cisnes en Croacia... y yo no paro de sufrir alucinaciones con los gorriones que se posan en mi ventana, me aterrorizan más que el mismísimo carnicero de Milwaukee, se me aparece Hitchcock holografiado en la cristalera.<br/><br/>Todo sea que ahora las cigüeñas también se contagien, y los niños empiecen a venir de París, no con un pan bajo el brazo, sino con una preciosa colonia de impúberes hachecincos dispuestos a crecer fuertotes y sanotes entre los humanos...<br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_109.htm"><title><![CDATA[Bratislava Blues (II)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_109.htm]]></link><description><![CDATA[En los días previos a mi partida, cuando explicaba que me marchaba a Eslovaquia, no eran pocos los comentarios que recibía acerca de “lo buenas que están las eslovacas”. Había incluso quien hablaba de “lo buenas que están las eslovenas”, que denota un nulo conocimiento geográfico, pero rima mejor. Y es que es bastante común que quien realice tales comentarios no sepa si te marchas a las faldas del Everest o a la península del Yucatán, tan solo que el nombre suena a exótico, y por tanto, allí debe haber tías buenas. Por cojones.<br/><br/>No sé si esta ley se cumplirá siempre con exactitud; yo sospecho que no. Sin embargo, no puedo más que asegurar que, en este caso, sí se cumple. Que existe el mito de las “eslobuenas”, vaya. Sin entrar en calificaciones numéricas, puede afirmarse, sin miedo a equivocarse, que la nota media no baja del notable. Pese al amplio surtido de ojos azules, que nunca fueron de mi agrado.<br/><br/>Pero, tal vez más que el hecho de que, como norma general, tengan unos rasgos faciales agradables, llama la atención la ausencia casi total de chicas entraditas en carnes. Supongo que la renta per cápita del país tampoco es una invitación a la gula sin freno, pero en cualquier caso, es realmente complicado encontrarse por la calle a una joven obesa, de las que en España se encuentran en cada esquina, o frente a cada tienda de golosinas. Incluso, desplazándose tan solo 50 kilómetros al oeste, hasta Viena, puede uno observar el nítido contraste entre unas y otras. Las vienesas llevan la palabra “salchicha” tatuada en la frente. En Bratislava, lo que se lleva es la carne magra.<br/><br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_108.htm"><title><![CDATA[Bratislava Blues (I)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_108.htm]]></link><description><![CDATA[Helado de turrón: 20 céntimos de euro. Cubo y fregona: 2 euros. Comprobar que el taxista con aspecto de mafioso que te lleva del aeropuerto a la residencia no te ha secuestrado: no tiene precio.<br/><br/>Bratislava es así. Casi podría decirse que son dos ciudades en una. A partir de las seis de la tarde, cuando anochece, la ciudad está desierta, lo que, unido a la oscuridad y los bloques comunistas de los que está compuesta en gran parte, le confiere un aspecto tétrico. Llegar de noche es poco menos que enfrentarse a un reto. Porque os juro que acojona. Y mucho. <br/>De día, sin embargo, la ciudad cambia radicalmente. Especialmente, si el sol alumbra. Es entonces cuando las calles se llenan de gente, y compruebas que eso que creías una ciudad muerta horas atrás, se trata de una ciudad llena de vida, por momentos bulliciosa, con un casco histórico que evoca irremediablemente a Praga, aunque, eso sí, a escala. Y es que Bratislava no es una metrópolis, sino una ciudad de tamaño mediano, casi podría decirse que pequeño, pues la mayor parte de su casi medio millón de habitantes vive en los barrios de la periferia.<br/><br/>La llegada aquí, lo confieso, se hizo dura. En realidad, no fue peor de lo que esperaba, pero por muy mentalizado que uno esté, siempre resulta difícil enfrentarse a algo tan diferente a lo que se está acostumbrado. Y no hablo tanto de la barrera idiomática, pues al fin y al cabo, el lenguaje gestual es algo lo suficientemente recurrente y efectivo, aquí y en Sebastopol. Pero, como digo, la primera impresión es un tanto chocante.<br/>El aeropuerto de Bratislava, el R.M. Stefánik, no es Barajas, ni mucho menos. Es un aeropuerto pequeño, muy pequeño, y sin visos de destino puntero: una oficina de información y cambio de divisa por aquí –aparentemente atendida por el primero que se pase por allí -, un cajero por allá, y tres o cuatro oficinas vacías. A la salida, una fila de taxis, atendidos todos ellos por taxistas con cabeza brillante; calvos no: rapados. Todos reunidos en petite comitée, y en torno a ellos, el taxista veterano. El único con pelo. Don Vito. Viendo esa escena, no es de extrañar que haya que armarse de valor para osar acercarse a ellos. Y más aún para montar en el asiento trasero del Mercedes, donde Dios sabe qué podría acontecer. Y más aún si, a los quinientos metros de trayecto, el conductor comienza a susurrar en eslovaco a través del teléfono móvil. La sensación de alivio al ver cómo aparca delante de la residencia es indescriptible, si bien su duración es muy corta, pues acto seguido, llega la hora de la verdad, la hora de saber si esa noche será posible alojarse en la residencia, o bien habrá que buscar cualquier antro de mala muerte donde dejarse caer muerto. Y la primera impresión fue de lo segundo, pues ya era de noche, y allí no había nadie atendiendo, exceptuando el sexagenario recepcionista para quien el inglés debe ser algo así como una leyenda urbana. Afortunadamente, pasaba por allí un alumno local, que con gran amabilidad nos gestionó el alojamiento durante esa noche.<br/>La residencia no es ningún lujo. Justo lo que esperaba, era perfectamente consciente del lugar al que venía. Siendo justos, tampoco se puede pedir lujo alguno por unos 36 euros mensuales. Y cierto es que los aseos dejan bastante que desear, y que el mobiliario es puro conglomerado, pero no son menos ciertas las dimensiones de la habitación: unos 35 metros cuadrados, por tres de alto. Más que las viviendas de Trujillo, en cualquier caso. Y con excelente iluminación. Sólo falta que el aislamiento térmico se muestre eficiente durante el frío invierno, con lo cual se convertiría en poco menos que un palacio.<br/><br/>La ciudad, como he dicho antes, tiene su encanto. A mis ojos, desde luego. Conserva el encanto típico de una ciudad del Este, del bloque comunista. Es algo que se nota en muchos edificios, pero también en otros detalles, como el tranvía. Parece increíble que una ciudad como Bratislava tenga la densa red de tranvías que tiene. Tranvías que atraviesan y cruzan las carreteras como un vehículo más. Tranvías de todos los colores y formas, con publicidad o sin ella. Donde los billetes se compran por minutos de trayecto, y no por destino. Realmente bucólico.<br/>Y lo más sorprendente de todo es comprobar cómo ese aparente caos circulatorio, donde se mezclan la ausencia de señalización, la deficiente pavimentación, los peatones, los semáforos que cambian de verde a rojo por arte de magia, los automóviles, los autobuses, los trolebuses y los tranvías, se revela efectivo, gracias a una única premisa: el respeto. Raro es ver peatones cruzar en rojo, como raro es ver coches circular a más de 30 kilómetros por hora, pese a estar limitada la velocidad a 60.<br/><br/>Por lo demás, comienzan a hacerse patentes algunos efectos de la progresiva occidentalización. Mucho cartel de Coca-Cola, algunos puestos de comida rápida y kebabs. Un hipermercado Tesco en el centro de la ciudad, donde puede uno encontrar todo lo necesario, sin tener que pedir nada al dependiente mediante gestos. Que también se agradece. Entres dos y tres veces más barato que en España. O más, según el tipo de artículo del que se trate. Tan solo la ropa, por lo que he podido ver, se acerca a los precios a los que estamos acostumbrados.<br/><br/>Pero, de momento, me quedo con la amabilidad de la gente. Nadie ha puesto la más mínima pega para ayudar con la traducción, mostrándose, por el contrario, muy amable y servicial. Y eso, créanme, es lo que más puede uno agradecer cuando llega a un lugar tan diferente. <br/><br/>El próximo capítulo, que sin duda me catapultará al Olimpo de los más leídos, sobre las mujeres eslovacas. Que es un tema aparte.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_107.htm"><title><![CDATA[El Éxito]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_107.htm]]></link><description><![CDATA[Yo creo que es una pregunta que todo el mundo se ha hecho en alguna ocasión. ¿Qué es el Éxito? ¿Dónde reside? ¿Cómo alcanzarlo?. Y todas esas preguntas que, envueltas en un denso halo de retórica de saldo, rezan los manuales americanos de autoayuda y que yo, haciendo gala de mi inequívoca vocación de manual de autoayuda, tampoco eludo.<br/><br/>Sinceramente, pienso que los autores de los mentandos manuales de autoayuda son tipos de lo más listo que hay sobre la faz de la Tierra. Listos, en el sentido de astutos, claro, aunque no exentos de psicología, ya que suelen clavar las inquietudes de la gente. Eso sí, a la hora de materializar las respuestas a esas inquietudes, la cagan de lo lindo. Y no solo porque los ejemplos pretendidamente reales sean del todo ridículos. <i>“Jack no estaba satisfecho en su trabajo. Se sentía agobiado, desmotivado. Pero un día, Jack pensó que aquello no podía seguir así. Jack se dio cuenta de que debía dar a su vida un giro de 180º. Y entonces, vio que su compañera Sheila no era la misma de antes, que ella sí había cambiado. Que no era la misma que conoció en la facultad. Y John decidió seguir sus pasos”</i>. Tampoco por sus sonrojantes metáforas para párvulos, como la archifamosa obra de Spencer Johnson sobre los liliputienses, los ratones y el queso, que llega a producir compasión en el lector, cuando no ganas de arrojar dicha publicación por la letrina. Y es que, hablando de letrinas, donde realmente la cagan, es en el enfoque. <br/>Sí, ya sé que esos manuales llevan una clara intención, que aplaudirían sin dudarlo todos los patronos y peces gordos del mundo empresarial, y que, desde ese punto de vista, no la cagan, sino que transmiten exactamente lo que quieren transmitir. No en vano, suelen ser esos jefazos quienes, con todo el cinismo del mundo, recomiendan a sus empleados esos manuales. “Cómo ser feliz en tu trabajo en 5 pasos (mientras yo te destripo)”. Bla, bla, bla.<br/>Pero si nos atenemos exclusivamente a la terminología de la palabra “autoayuda”, el efecto es el contrario. No tratan de ayudarte, sino llevarte por el sendero que han diseñado para ti.<br/><br/>Desde luego, si a mí me preguntasen qué es el Éxito, lo tengo muy claro. Para mí, tener Éxito es que, cuando te llegue la hora, nadie te recuerde como “José, el arquitecto” ni como “Carlos, el carpintero”. Que nadie te recuerde por tu profesión, sino por alguna cualidad humana. Porque las personas no somos nuestra profesión. <br/>Y no hablo de que te recuerden como “una buena persona”, lo cual seguramente sea indicativo de que hayas sido un idiota cuya memoria haya que consolar. Como lo del buen cutis de las gorditas, vaya. Aunque, en cualquier caso, es preferible ser recordado como “José, el gilipollas” a serlo por la profesión. O "el que sonreía por las mañanas”, “el tímido”, “el de la voz de pito”, lo que sea, cualquier cosa, pero qué menos que ser recordado como persona.  <br/>Parece una bobada, pero en estos tiempos que corren, es harto difícil conseguir eso. Es todo un reto. Díganme, sino, a cuántas personas de su entorno alude usted, sí, usted, mi fiel y acérrimo lector, por su profesión, y a cuántas por alguna característica propia de dicha persona...<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_106.htm"><title><![CDATA[Yo sería un buen Ministro de Economía]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/c_106.htm]]></link><description><![CDATA[Pues oye, que a mí me parece perfecto que se suban los impuestos del alcohol y el tabaco. Al fin y al cabo, hace años que no voy a ver partidos de fútbol por temor a que el orondo fumador de purito Reig de la fila de delante me provoque un ataque de asma. Es más, a mí me parece demasiado benévola esa subida. Yo me iría al 20%, y de paso, además de la Sanidad, sufragaba también la pesca de bajura y compraba brea para asfaltar la mitad de las carreteras.<br/><br/>No crean que estoy ironizando sobre el tema. Lo digo muy en serio. ¿Que sube el IPC? Eso tiene fácil solución: se deja de computar el alcohol y el tabaco como “artículo de primera necesidad”. Que manda huevos.<br/><br/>Y ya puestos, si en mis manos estuviera, también subiría los impuestos a diversos colectivos. Por ejemplo, a los que hacen <i>sudokus</i>. Por cobardes. Porque es un pasatiempo para cobardes. No tienes que estrujarte las meninges, siempre sale, es puramente mecánico. Si has hecho uno, los has hecho todos. Por si fuera poco, hasta este año, uno podía hacerse rico con el Gran Crucigrama de Verano de cualquier publicación. Ahora eso ha desaparecido, si quieres hacerte rico, no hay más opción que pasar por el aro del Sudoku de Verano. ¡Qué demonios! Pues si tienen ese privilegio, que también tengan obligaciones. Yo propongo un 3% de Impuesto sobre la Renta a todo aquel que haga <i>sudokus</i>.<br/>Otra medida sería gravar los discos del Papichulo, el Daddy Yankee, y en general, cualquier morralla grabada en Puerto Rico, con 25 céntimos de euro por unidad, pasando a denominarlo el <i>Canon del mal gusto</i>.<br/>Del mismo modo, una solución más que razonable sería cobrar una multa adicional de 100 euros a todo aquel que alquile apartamentos en Benidorm, Torrevieja, Altea, Gandía, Cullera y Peñíscola y se quede atascado en alguna retención de tráfico. Por borrego, por gilipollas y por reincidente.<br/>También se me antoja una excelente idea subir los impuestos de las camisetas de Fernando Alonso (un 10% adicional no estaría mal), que tengo cada vez más complejo de presidiario, viendo a todos vestiditos de la misma manera.<br/>Y por supuesto, aumentaría 5 euros en concepto de impuestos al <i>Código Da Vinci, La Hermandad de la Sábana Santa, Ángeles y Demonios</i> y demás pseudo-literatura religioso-medieval-conspiranoica. A ver si dentro de 500 años tienen narices para relacionar mi sistema tributario con alguna logia masónica o con el Santo Grial de los cojones.<br/><br/>Definitivamente, si yo fuese Ministro de Economía, íbamos a ser Potencia Mundial.<br/>]]></description></item></rdf:RDF>
