logotipo

img_google
Desde la oscuridad
Pensamientos de un alma solitaria
Acerca de
Soy una caminante en busca de mi propio destino
Sindicación
 
Un encuentro especial
Hoy le he visto. Nos cruzamos casualmente y no pude evitar lanzarle una mirada curiosa a la que él correspondió. Hacía ya bastante tiempo que no lo veía, a pesar de lo cerca que vivimos el uno del otro. Ha cambiado demasiado, debe ser porque yo todavía tengo grabada su imagen de “casi niño”. Eso me hizo pensar que quizás a sus ojos yo también soy distinta. Han pasado tantos años… Nuestro primer encuentro fue puramente casual, pero lo que yo no sabía en aquel momento era que él iba a pasar de ser un simple desconocido a una persona importante en mi vida.

Es curioso, porque las cosas que ocurren con esa edad quedan grabadas para siempre en nuestra mente y cuando llega el momento vuelves a recordarlas de forma fotográfica, como si lo estuvieras viviendo en ese preciso instante. Le quise de una forma tan natural, tan libre, tan espontánea y desinteresada, que pienso con amargura que después de aquello nada fue igual, que desgraciadamente el tiempo y la experiencia nos hace ser exigentes con el amor y tendemos a imponerle condiciones. No nos entregamos por completo, sino que guardamos un trocito para nosotros mismos, de tal forma que si se rompe podamos reconstruirnos de nuevo. Es un nuevo concepto de amor que el transcurso del tiempo nos impone, pero que yo me pregunto si será el mejor.
 
Una puerta abierta
Siempre he sentido inclinación hacia la escritura. Aunque las nuevas tecnologías nos impongan novedosos y rápidos métodos para hacerlo, siempre me ha gustado hacer uso de mi papel y lápiz (no bolígrafo, pequeña manía mía) y es de esa forma como me siento más cómoda, aunque lo de este blog sea un caso especial.

Desde pequeña disfrutaba haciendo las pequeñas redacciones que me mandaban en la escuela, para mí no eran un deber sino una diversión, un modo de dejar volar mi imaginación y contar tantas cosas que pasaban por mi mente. Estas pequeñas redacciones son para mí un pequeño tesoro, las guardo con mucho cariño y de vez en cuando les echo un vistazo y sonrío ante mi ingenuidad infantil y ese modo tan imaginativo de contar las cosas.

El tiempo no mitigó este afán mío por escribir, todo lo contrario, se hizo cada vez más fuerte, y mis redacciones infantiles quedaron atrás para abrir paso a otras ideas. Daba igual lo que fuera, el caso era plasmar en un papel todo lo que pasaba por mi mente, mejor o peor, era lo que en aquel momento me apetecía narrar y salía de mi corazón y necesitaba expresar.

Escribo un diario desde los 11 años, aunque “diario” no sería la palabra adecuada para definirlo pues no escribo todos los días, hay veces que siento necesidad de escribir en él y otras veces no, depende del momento y de las circunstancias. También comencé a escribir relatos, a escribir pensamientos sueltos en cualquier trozo de papel que encontraba a mano y luego me atreví con la novela, algo que yo consideraba bastante serio de abordar teniendo en cuenta mi capacidad, porque no lo puedo negar, es más las ganas y el empeño que el resultado. Pero yo creo que lo importante es que tengas ganas de decir cosas y las expreses tal y como tú las sientes, en definitiva, ser auténtico.

Comencé dos, una hará un par de años, pero la otra, la más importante para mí, nació hace ya seis años . El título “Una puerta abierta” y la idea surgió de un sueño, de estos sueños que quedan grabados en tu cabeza y no olvidas al despertar. “Una puerta abierta” es un pedazo de mí, de mis sueños, de mis ideas, de mis metas, mis inquietudes, de muchas cosas que han pasado por mi cabeza y también de como percibo yo la realidad y la sociedad que me rodea. Sus personajes son todos ficticios, aunque algunos de ellos están inspirados en personas que conozco o que me hubiera gustado conocer. He tenido que dedicar tiempo a investigar, para hacer determinados aspectos de mi novela lo más ajustados a la realidad. Me queda bastante para terminarla, pero todo lo que quiero expresar está en mi cabeza a la espera de ser plasmado en el papel. El tiempo que tarde en terminarla no importa, cada línea que escribo para mí es un gran placer y eso es suficiente. Cuando la termine, la guardaré con el resto de mis relatos y escritos, a la vista de nadie, como un pedazo de mi intimidad, pero yo me sentiré inmensamente feliz y eso al fin y al cabo es lo importante.
 
Una buena noticia
En estos días recibí una buena noticia. Tú, mi compañero de la infancia, ya saliste del hospital. Fueron unos días duros, pero tal como yo intuía, ganaste esa batalla. Ahora te quedan unos largos días de recuperación, pero lo difícil ya ha pasado. Admiro esa fortaleza que posees tú y tu familia, esa valentía para plantar cara a las adversidades. Puede que sea por todo esto por lo que siempre salís victoriosos de ellas. Te deseo mucha suerte de ahora en adelante, que ya no sobrevengan más malas rachas y que pronto estés del todo recuperado y sigas siendo esa persona tan entusiasta que siempre has sido.
 
Ojalá estés pronto bien
Nacimos y crecimos en el mismo lugar y casi al mismo tiempo, debido a nuestra escasa diferencia de edad. Sin embargo, no eras uno de los chicos con los que compartía los juegos de mi niñez. La mayoría de los niños apenas te conocían, parecías más bien un chico distante y algo ajeno a los bulliciosos juegos infantiles con los que pasábamos el tiempo. Sin embargo y a pesar de esta aparente distancia yo te apreciaba. Te recuerdo siempre paseando y haciendo carreras con tu bicicleta y con tu pelo negro y más bien largo cubriéndote parte del rostro. No pasó un cumpleaños mío de la infancia en el cual yo no te hubiese invitado, al igual que hacía con el resto de los niños con los cuales tenía más relación. Cuando coincidíamos en el portal de nuestra casa, en la calle o en cualquier lugar, tú siempre me saludabas con una sonrisa, con esa sonrisa abierta y sin dobleces que tanto me gusta descubrir en la gente.

Al pasar el tiempo y dejar atrás nuestra niñez, las coincidencias eran menores, pues pasaste algún tiempo fuera de la ciudad y hace algunos años te mudaste a otro piso. Pero en ninguna de las escasas ocasiones en las que nos veíamos dejaste de ser el chico amable y sonriente que fuiste en tu niñez. Hace escasamente un par de meses me encontré con tus padres y me hablaron de ti, conseguiste el trabajo más adecuado a tu forma de ser, deportista, activo y desinteresado. Me alegré mucho por ti.

Sin embargo y desgraciadamente, hoy recibí una mala noticia. Tuviste un accidente en tu trabajo y estás pasando un mal momento, al igual que tu familia. Desgraciadamente la mala suerte parece perseguir a algunas personas y sé que tu familia ha estado pasando por unos años difíciles, pero fuiste fuerte, y es por eso que yo sé que saldrás adelante y que pronto te podré ver de nuevo cuando nos crucemos en alguna calle y me saludarás y me ofrecerás una de tus amigables sonrisas. Eso es lo que deseo desde el fondo de mi corazón.
 
En el cine
Hoy he estado en el cine. Le he cogido bastante afición en estos últimos años y siempre que me es posible voy. Hoy he ido sola y ha sido inevitable para mí fijarme en la cantidad de gente tan variopinta que suele acudir.

Los hay que suelen llegar a tiempo e inadvertidamente ocupan sus sitios respectivos y también están los que llegan una vez empezada la película y entre susurros y disculpas algunos y comentarios otros como “¡No se ve nada!” “¿Dónde estará esta gente?” “No, en esta fila no, mejor en la siguiente” intentan acceder a trompicones a la butaca que van a ocupar, y entonces yo me pregunto: ¿Qué placer se puede encontrar en acceder a una sala de cine cuando la película ya lleva comenzada al menos quince minutos? para mí es un misterio, pero alguna explicación debe de haber cuando hay personas asiduas a esta costumbre. Hay personas que suelen ver la película al igual que estatuas, inmóviles y silenciosas y otras que disfrutan haciendo comentarios a su compañero/a de butaca con diferente tono e intensidad de voz. ¿Y las personas que acuden a ver una película de terror y pasan todo lo que dura el metraje con la cara oculta tras sus manos o el hombro de su compañero/a? ¿Y las pandillas de niños y adolescentes que no cesan de hablar y de reír? cuando en alguna ocasión he estado sentada junto a ellos, he sonreído indulgente, porque ¿quién no ha pasado por esa edad en la que el detalle más mínimo nos hacía soltar grandes carcajadas? También he coincidido con personas verdaderamente entendidas en el séptimo arte que hacen comentarios y reflexiones que nunca habrían pasado por cabeza alguna (ni siquiera por la mía, que tanto me gusta reflexionar y sacar punta a las películas) y otras que pasan el rato hasta que empieza el film hablando sobre asuntos varios ocurridos en la víspera. ¡¡Es tanta la diversidad de personas que pasan por nuestras salas de cine!!