El castillo de Peracense
Siempre han producido en mi un atractivo especial y misterioso las edificaciones antiguas. Las gentes que en ellas han vivido, muerto, reído, llorado, amado, odiado,..... Percibir como mis sentidos, ahora en mi hoy, reciben las mismas sensaciones del entorno que recibieron en su día los habitantes que aquí estaban, e imaginar como sería su existencia en este lugar.
El castillo de Peracense cerca de Teruel es un ejemplo de un lugar donde revivir el pasado. Se trata de un castillo del siglo XII, reformado en los siglos XIV y XV, y que en la actualidad esta restaurado, encontrándose en muy buen estado de conservación.
El castillo está enclavado en un roquedo de rodeno fuertemente escarpado, adaptándose por completo a este y aprovechando su natural inaccesibilidad. Está situado en la terminación sur de la sierra de Menera junto al cerro de San Ginés, a un altura media de 1365 m. sobre el nivel del mar, divisándose desde el una extensa vista sobre el valle del Jiloca.
Se utilizó como fortaleza para vigilancia de la frontera entre los reinos de Aragón y Castilla, controlando el paso del sistema ibérico entre las sierras de Menera al norte y de Albarracín al sur.
El castillo de Peracense pertenecía a la Comunidad de Aldeas de Daroca, agrupación de municipios de realengo fundada en 1248, que integraba a 114 aldeas divididas en sesmos. La Comunidad de Aldeas de Daroca se creó con el fin de proteger los intereses económicos y políticos de las aldeas, utilizando el castillo de Peracence como uno de sus principales baluartes. La Comunidad se encargaba de la construcción y mantenimiento, así como del pago a la tropa.
La guardia del castillo estaba encomendada a un alcaide que era nombrado por un año en las reuniones plenarias de los delegados de los sesmos, su misión consistía en mantener siempre lista la defensa y su salario era de 1000 sueldos anuales. El cargo de alcaide era de rotación anual entre cada uno de los sesmos.
La fortaleza estaba preparada para soportar largos asedios, la Comunidad le proveía de armamento, munición y víveres. Disponía de aljibes con abundante agua de lluvia. En ella se refugiaban los ganados y habitantes de las aldeas de alrededor cuando se producían incursiones castellanas en estas tierras. La fortaleza cumplió su papel en las guerras fronterizas que se desarrollaron a lo largo de la edad media, en especial durante el periodo comprendido entre 1356 y 1369 con la Guerra de los Dos Pedros, entre Pedro I el Cruel de Castilla y Pedro IV el Ceremonioso de Aragón.

El sistema defensivo del Castillo de Peracense se organiza mediante tres recintos, el exterior, el intermedio y el superior.
Un primer recinto exterior defendido por una gruesa muralla con torreones que delimitan una amplia extensión de terreno.
Un segundo recinto intermedio defendido por las laderas naturales del farallón rocoso, completado con murallas de diversa potencia según la posible accesibilidad del enemigo a las mismas, que van desde muros a modo de parapetos en las zonas mas inaccesibles a gruesas murallas y torreones en las zonas menos protegidas. En este recinto se encontraba la cisterna, las cuadras, una capilla y la necrópolis
Un tercer recinto, el superior, aprovecha la zona mas inaccesible y aislada del espolón rocoso, tiene forma rectangular, es el último baluarte de la fortaleza y por tanto posee los muros mas poderosos del castillo, se accede por una puerta en altura a la que se debería de llegar a través de un puente levadizo de madera. En su interior estaba el polvorín, las despensas, la cocina, aljibes, mazmorra, estancia del alcalde y oficiales.
Paseando por el Castillo de Peracense nos imaginamos la vida que se llevaba en esta fortaleza que estuvo en uso en la edad media y también posteriormente durante las guerras carlistas. Palabras como almojaya, adarve, merlón, buhedera, machinel o matacán cobran actualidad y protagonismo rescatándolas del pasado al igual que la historia que contienen sus muros.
El castillo de Peracense cerca de Teruel es un ejemplo de un lugar donde revivir el pasado. Se trata de un castillo del siglo XII, reformado en los siglos XIV y XV, y que en la actualidad esta restaurado, encontrándose en muy buen estado de conservación.
El castillo está enclavado en un roquedo de rodeno fuertemente escarpado, adaptándose por completo a este y aprovechando su natural inaccesibilidad. Está situado en la terminación sur de la sierra de Menera junto al cerro de San Ginés, a un altura media de 1365 m. sobre el nivel del mar, divisándose desde el una extensa vista sobre el valle del Jiloca.
Se utilizó como fortaleza para vigilancia de la frontera entre los reinos de Aragón y Castilla, controlando el paso del sistema ibérico entre las sierras de Menera al norte y de Albarracín al sur.
El castillo de Peracense pertenecía a la Comunidad de Aldeas de Daroca, agrupación de municipios de realengo fundada en 1248, que integraba a 114 aldeas divididas en sesmos. La Comunidad de Aldeas de Daroca se creó con el fin de proteger los intereses económicos y políticos de las aldeas, utilizando el castillo de Peracence como uno de sus principales baluartes. La Comunidad se encargaba de la construcción y mantenimiento, así como del pago a la tropa.
La guardia del castillo estaba encomendada a un alcaide que era nombrado por un año en las reuniones plenarias de los delegados de los sesmos, su misión consistía en mantener siempre lista la defensa y su salario era de 1000 sueldos anuales. El cargo de alcaide era de rotación anual entre cada uno de los sesmos.
La fortaleza estaba preparada para soportar largos asedios, la Comunidad le proveía de armamento, munición y víveres. Disponía de aljibes con abundante agua de lluvia. En ella se refugiaban los ganados y habitantes de las aldeas de alrededor cuando se producían incursiones castellanas en estas tierras. La fortaleza cumplió su papel en las guerras fronterizas que se desarrollaron a lo largo de la edad media, en especial durante el periodo comprendido entre 1356 y 1369 con la Guerra de los Dos Pedros, entre Pedro I el Cruel de Castilla y Pedro IV el Ceremonioso de Aragón.

El sistema defensivo del Castillo de Peracense se organiza mediante tres recintos, el exterior, el intermedio y el superior.
Un primer recinto exterior defendido por una gruesa muralla con torreones que delimitan una amplia extensión de terreno.
Un segundo recinto intermedio defendido por las laderas naturales del farallón rocoso, completado con murallas de diversa potencia según la posible accesibilidad del enemigo a las mismas, que van desde muros a modo de parapetos en las zonas mas inaccesibles a gruesas murallas y torreones en las zonas menos protegidas. En este recinto se encontraba la cisterna, las cuadras, una capilla y la necrópolis
Un tercer recinto, el superior, aprovecha la zona mas inaccesible y aislada del espolón rocoso, tiene forma rectangular, es el último baluarte de la fortaleza y por tanto posee los muros mas poderosos del castillo, se accede por una puerta en altura a la que se debería de llegar a través de un puente levadizo de madera. En su interior estaba el polvorín, las despensas, la cocina, aljibes, mazmorra, estancia del alcalde y oficiales.
Paseando por el Castillo de Peracense nos imaginamos la vida que se llevaba en esta fortaleza que estuvo en uso en la edad media y también posteriormente durante las guerras carlistas. Palabras como almojaya, adarve, merlón, buhedera, machinel o matacán cobran actualidad y protagonismo rescatándolas del pasado al igual que la historia que contienen sus muros.





