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Desde la oscuridad
Pensamientos de un alma solitaria
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Soy una caminante en busca de mi propio destino
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En el cine
Hoy he estado en el cine. Le he cogido bastante afición en estos últimos años y siempre que me es posible voy. Hoy he ido sola y ha sido inevitable para mí fijarme en la cantidad de gente tan variopinta que suele acudir.

Los hay que suelen llegar a tiempo e inadvertidamente ocupan sus sitios respectivos y también están los que llegan una vez empezada la película y entre susurros y disculpas algunos y comentarios otros como “¡No se ve nada!” “¿Dónde estará esta gente?” “No, en esta fila no, mejor en la siguiente” intentan acceder a trompicones a la butaca que van a ocupar, y entonces yo me pregunto: ¿Qué placer se puede encontrar en acceder a una sala de cine cuando la película ya lleva comenzada al menos quince minutos? para mí es un misterio, pero alguna explicación debe de haber cuando hay personas asiduas a esta costumbre. Hay personas que suelen ver la película al igual que estatuas, inmóviles y silenciosas y otras que disfrutan haciendo comentarios a su compañero/a de butaca con diferente tono e intensidad de voz. ¿Y las personas que acuden a ver una película de terror y pasan todo lo que dura el metraje con la cara oculta tras sus manos o el hombro de su compañero/a? ¿Y las pandillas de niños y adolescentes que no cesan de hablar y de reír? cuando en alguna ocasión he estado sentada junto a ellos, he sonreído indulgente, porque ¿quién no ha pasado por esa edad en la que el detalle más mínimo nos hacía soltar grandes carcajadas? También he coincidido con personas verdaderamente entendidas en el séptimo arte que hacen comentarios y reflexiones que nunca habrían pasado por cabeza alguna (ni siquiera por la mía, que tanto me gusta reflexionar y sacar punta a las películas) y otras que pasan el rato hasta que empieza el film hablando sobre asuntos varios ocurridos en la víspera. ¡¡Es tanta la diversidad de personas que pasan por nuestras salas de cine!!
 
Mi segundo hogar
Ayer estuve en aquel lugar. Hacía ya un par de años que no había regresado y lo echaba de menos. Algunas cosas habían cambiado, otras seguían igual. Para mí era el mismo lugar de siempre que me recibía de nuevo con los brazos abiertos y acogiéndome con cariño.

Allí pasé mis años de la niñez, disfruté de mil juegos y diversiones, también mi adolescencia y mi despertar a la vida y al amor, y mi juventud más temprana con sus metas e ilusiones. Después ya no volví a pasar esos maravillosos veranos allí. Cuando podía hacía una escapada de un día, pero sin poder saborear despacio de todos sus rincones y lugares.

Fue por eso por lo que ayer regresé. Fui sola y guiada por mis recuerdos. Volví a pasar de nuevo por los edificios en los cuales una vez habité. Observé de nuevo el piso en el cual siempre he pensado que él vivía. Vi la heladería de siempre, pero no aquel bar de gente de otros países, en su lugar había una casa y una pequeña taberna. Me senté de nuevo en aquella pequeña plaza a la sombra de tus montañas. Me sumergí de nuevos en sus aguas y me recibió con una caricia fresca y renovadora. Sentí de nuevo sus cálidos rayos sobre mí y por un momento creí verle a él, a sus ojos inquietantes y curiosos, su piel oscura y su eterna mochila colgada al hombro y mi mirada buscando la suya, pero fue sólo una ilusión.

Por un día me olvidé de todos los miedos y problemas, sonreí desde dentro de mi corazón y sentí la vida correr con fuerza por mis venas.
 
Gracias por tu ayuda
En el día anterior estuve escribiendo sobre los artistas callejeros. Hoy lo haré acerca de una persona en concreto que tuve la oportunidad de conocer hace unos meses.

Llevaba unos días melancólica, con esa clase de tristeza que no puedes contar a tus seres más cercanos porque sabes que aunque lo intenten no podrán comprenderte. Tenía una herida en mi alma, de esas con las que tienes que aprender a convivir porque nunca te dejará, o la aceptaba o estaba perdida. Fue entonces cuando tras días de largos paseos, pude darme cuenta que había algo que me hacía sonreír, que levantaba mis ánimos y en definitiva suponía un rayo de luz a mi entonces oscuro deambular. Era algo imperceptible, que apenas podía identificar, pero que con el paso de los días supe determinar. Era una música, una dulce y melodiosa música que procedía de uno de los músicos callejeros. Su instrumento era difícil de identificar para mí, que aunque la música es una de mis grandes aficiones, no soy una entendida en ello. Al principio creía que era un xilófono, pero tras una rápida observación me di cuenta de mi error. Era una especie de caja con cuerdas extendidas por su superficie. Este instrumento se tocaba con una especie de pequeños mazos con los que servían a modo de percusión. Mi curiosidad natural hizo que tomara interés por saber qué tipo de instrumento era aquél, pero no encontraba información alguna respecto a esto.

Observé que tocaba su instrumento con verdadero apasionamiento y que sonreía a la vez a la gente que pasaba por su lado. En ocasiones hacía un breve descanso y entonces afinaba con esmero su adorado instrumento, sonreía y acariciaba a los niños que curiosamente se le acercaban, saludaba respetuosamente a los ancianos, los cuales acostumbrados a verlo en sus rutinarios paseos le devolvían el saludo. No sabía si su vida era feliz o no, pero su persona rebosaba optimismo.

En ocasiones suelo echar algunas monedas a estos músicos. Y por supuesto éste no fue una excepción. Fue en una de estas ocasiones, cuando aprovechando uno de sus descansos le hice la pregunta que durante todo ese tiempo rondaba por mi mente. El instrumento se llamaba cimbalom y era típico de Hungría, país del que procedía.

A partir de aquel día cuando lo encontraba hablábamos algo. En ocasiones era difícil entendernos, porque él apenas hablaba español y utilizaba por lo tanto el italiano, pero las ganas de comunicarse lo hizo todo. A través de estas pequeñas conversaciones supe que había salido de su país porque el trabajo que podía ofrecerle no era el adecuado para él, para su forma de entender la vida. En sus viajes fuera de Hungría se había tropezado con gente de todas clases, pero por lo general coincidía en que la mayoría lo identificaban como a un mendigo, aspecto que le irritaba, porque decía que él no se limitaba a tender la mano para pedir, estaba haciendo un trabajo. Era cierto, ofrecía su música. Era agradable conversar con él, no siempre se tiene ocasión de tratar con personas que transmitieran lo que él transmitía. Siempre sonreía y ese optimismo frente a la vida era tan fuerte que terminaba contagiándote. ¿Alguien ha visto “El señor Ibrahim y las flores del Corán”? Ibrahim instaba a su joven amigo a sonreír siempre y el chico haciendo caso de tal enseñanza observa maravillado sus efectos. Algo así ocurría con la sonrisa de este músico.

Sabía que llegaría el día en que se marcharía a otro lugar y no volvería a verle. Todo el mundo sabe que estas personas no se quedan mucho tiempo en el mismo lugar. Y es ahora cuando pasando por la esquina en que solía instalarse, noto un gran vacío, echo de menos sus melodías. Pero en mi interior está todo lo positivo que supo transmitirme y sé que cualquiera que sea el lugar en el que esté, estará transmitiendo optimismo a cualquier persona necesitada de él, tal como en su día lo estaba yo.
 
Artistas en nuestras calles
¿Quién no ha visto en su ciudad a un músico, un pintor o un mimo apostado en una esquina de cualquier camino transitado por ríos de personas? Es algo demasiado habitual, forma parte de nuestras calles, aunque generalmente tan sólo se les dedique una mirada furtiva y se siga el camino acostumbrado, sumergidos en nuestros propios pensamientos.

Desde que tengo uso de razón estas personas han despertado mi curiosidad ¿Alguna vez no os habéis preguntado por qué están ahí? ¿Qué clases de personas son? ¿Se han visto obligados a seguir ese camino, o por el contrario lo han elegido y han hecho de él su forma de vida? Muchas veces me he hecho estas preguntas y cuando era niña mis padres han tenido que soportar interminables interrogatorios de los que no sabían qué respuesta dar.

Con el paso de los años he tenido tiempo de comprobar que estas personas son mucho más de lo que aparentan ser, que su mundo es mucho más amplio que el nuestro, el de las personas consideradas “normales”. Hay necesidad, la búsqueda de una oportunidad, pero también hay ARTE. En el fondo envidio a algunos de ellos, porque son libres por el simple hecho de que no hay cadenas que los aten y han sabido hacer del arte su vida.

 
A solas con mi soledad
Esta tarde, como ya va siendo costumbre, he dado un paseo por la ciudad, teniendo por única compañía mi soledad. Cuando camino sola, es cuando hago una observación más detallada de lo que me rodea. Mi cabeza se inclina de un lado a otro, hacia arriba y hacia abajo, contemplando los edificios, los parques, las aceras, las personas que pasan a mi lado… A veces creo que más bien parezco un turista ansioso por retener en la retina paisajes que quizás no vuelva a ver más.

Según como sea mi estado de ánimo en el momento del paseo, es diferente mi forma de observar a las personas que transitan por las calles. Si me siento triste, suelo fijarme más en la gente que sonriente camina despreocupada, si me siento sola, en los grupos de personas que hablan sin cesar, si me siento alegre y despreocupada en cualquier cosa, porque todo me parece maravilloso y es entonces cuando abro mis manos y separo mis dedos dejando que el viento los acaricie en toda su extensión, es una sensación espléndida.

Cuando estás solo, es sólo cuando tienes la atención suficiente como para poder fijarte en todas esas pequeñas cosas de la vida, que formando parte de la rutina nadie presta atención. Es cuando llegas a conocerte más profundamente como nunca antes lo hubieras hecho y de este conocimiento surgen muchas cosas; preguntas que antes no te hacías, miedos que no sospechabas tener, puntos de vista antes desconocidos, algunas luces pero también oscuridad, y finalmente la certeza de que ni por asomo llegarás al conocimiento completo de tu persona, porque tal como se suele decir, es más feliz el ignorante que el estudioso, porque este último sabe que cuanto más estudia más profundo es su desconocimiento, pues de su conocimiento surgen nuevos interrogantes a los que dar respuesta.
 
Retales de mi vida
Hoy ha sido uno de esos días en los que sin ganas de asomarme al mundo exterior, me sumo en la melancolía de mi espíritu encerrada en la quietud de mi habitación, cuna de mi individualismo. Ha sido entonces cuando he hecho un repaso de mi vida de una forma un tanto especial, en forma de música. He escuchado en ocasiones decir a ciertas personas “Esta es mi canción”. Yo no puedo decir eso, mi vida no se compone de una sola melodía, sino de un conjunto casi interminable de ellas. Cada una es el reflejo de una etapa de mi vida.

Escribo mis pensamientos y vivencias en cuadernos desde hace años, y tengo por costumbre poner después de cada día escrito, la letra de una canción que pueda resumir de la mejor manera posible lo que ha pasado por mi mente o que tenga un significado especial para mí en ese momento.

Así, que tumbada en mi cama, diario en mano y equipo de música al lado, he hecho un repaso a mi vida. He vuelto a mis ilusiones y juegos infantiles, cuando todo era color y fantasía, mis primeros ideales y mis pequeños planes de futuro, mi primer contacto con el amor, las miradas, la emoción, la fantasía, la primera equivocación, la primera derrota, mis decepciones, la fuerza, la valentía, mi empeño por reconstruir lo derruido, mis esperanzas, mis sueños cumplidos, mis sueños por cumplir, mis desilusiones, la toma de conciencia con la cruda realidad, los problemas, la melancolía, la tristeza, la alegría, mi curiosidad, mis observaciones… todo un sinfín de emociones y sentimientos humanos que el tiempo ha podido haber matado, dormido o potenciado y que configuran mi propia existencia en forma de diario y canciones. MI VIDA.
 
A mi amigo
Llegaste a mi vida cuando yo aún tenía en mi mente el recuerdo de una estrecha amistad. Cuando sentía en mi corazón un gran vacío que no sabía como llenar. Al verte por primera vez deseé fuertemente encontrar en ti todo aquello que añoraba y había perdido.

Tu pelo era mucho más suave al tacto y brillaba como la seda. Tu hocico era más apuntado y fino. Tus orejas más puntiagudas. Tus ojos más pequeños, tu cuerpo más delgado. Pero aquí no terminaban todas las diferencias.

Eras un comilón insaciable. Un adicto a la limpieza siempre presumido. Tus modos no eran tranquilos, eras nervioso y siempre estabas alerta. Te gustaban los desafíos. Aprendiste a abrir la puerta para salir, nunca para entrar, eras un pequeño aventurero con vocación de acróbata. Un caminante incansable. Un ser pacífico, nunca irascible. Un rematado curioso. Escurridizo con los desconocidos, afectuoso con los tuyos. En el fondo algo extravagante como también lo soy yo.

Echo de menos tus gestos de afecto cuando me intuías o escuchabas mi voz. Tu fiel espera de mi llegada a casa. Tu compañía e incluso tus molestos ruidos nocturnos a los que ya me tenías acostumbrada. Tu mayor sueño era viajar y lo acabas de cumplir. Te fuiste despacio y sin hacer ruido. Tu muerte fue dulce al igual que lo fuiste tú en vida.

Ahora es cuando me doy cuenta de que tú no te cruzaste en mi vida para ocupar el sitio de nadie porque hiciste el tuyo propio.

Adiós mi fiel compañero. Tu luz siempre viajará conmigo.
 
El lado oscuro
La gente que me conoce dicen que soy una persona extraña, fuera de lo común, aunque a veces no sé si lo dicen como un halago o al contrario como un reproche. Es igual, yo ya lo he aceptado, me he acostumbrado a vivir, como se suele decir, en el lado oscuro. Es cierto que a veces, cuando estoy rodeada de gente, mis pensamientos vagan lejos del lugar de reunión, y que mi manera de entender y de vivir la vida puede estar alejada del estereotipo, pero es algo que no puedo evitar, es innato en mí. Eso no quiere decir que me aparte por completo de la sociedad, no sería cierto. Yo disfruto con la interacción con otros seres humanos y ante todo amo la humanidad, entendida como una cualidad. Practico la observación del género humano y siempre me llevo gratas sorpresas. Soy un espíritu curioso por naturaleza y hago lo posible por comprender todo lo que me rodea, por encontrar una respuesta a todos los interrogantes que surgen en mi vagar cotidiano y a aquellos indisolubles que son los que más daño me hacen, la fuente de mis miedos.
Ahora, cuando las circunstancias de la vida me han hecho ser más individual de lo que suele ser costumbre , es cuando estoy llegando a penetrar en el insondable abismo que es mi persona, creo que en el fondo soy un alma solitaria.