Nubes
Cuando era pequeña, me gustaba imaginarme que las nubes estaba hechas de yogur, por eso, muy a menudo, cuando iba a tomarme tal alimento, miraba hacia arriba a través de la ventana y las observaba a la vez que comía, y así podía creer que aquellas masas blancas y esponjosas estaban al alcance de mis manos y que podía saborearlas y a la vez comprobar su textura. Años después, tomé la costumbre de intentar descubrir en ellas formas conocidas. Me era sorprendentemente fácil ver una nube con forma de avión, o de oso, de rostros de personas con infinidad de gestos, en fin, de cualquier cosa, pero una vez me dijeron que tal acto se solía achacar a un desajuste emocional (¿¿¿???) así que me limité a practicar esa costumbre en soledad y en silencio.
Hoy, el cielo está parcialmente cubierto de nubes blancas y asomada a la ventana he visto su veloz carrera por el cielo, pero esta vez no he imaginado que estaban hechas de yogur, como cuando era niña, ni siquiera he jugado a encontrar formas, tan sólo me he limitado a observar su rápido recorrido pensando que sin darme cuenta mi vida estaba pasando a igual velocidad.
Hoy, el cielo está parcialmente cubierto de nubes blancas y asomada a la ventana he visto su veloz carrera por el cielo, pero esta vez no he imaginado que estaban hechas de yogur, como cuando era niña, ni siquiera he jugado a encontrar formas, tan sólo me he limitado a observar su rápido recorrido pensando que sin darme cuenta mi vida estaba pasando a igual velocidad.
A ti, mi más especial amigo
Querido amigo:
Nunca he escrito sobre ti, a pesar de lo mucho que significas para mí. Pero tal y como se dice “No se echa de menos algo hasta que lo pierdes” y no es que te haya perdido, yo sé que sigues ahí, pero en la distancia.
Mis primeros recuerdos contigo me llevan a mi niñez, cuando pasaba las tardes dedicada a juegos infantiles, y tú, algunos años mayor, y en esa edad en la que una niña de mi edad tan sólo podía significar eso, una “niña”. Cuando pasabas por mi lado siempre sonreías y me saludabas y yo te miraba con el respeto, el asombro y la admiración que puede causar un chico joven en una chiquilla. Recuerdo que algunos chicos y chicas de mi edad, en cierto modo te tenían miedo, porque siempre ibas de negro, con cazadora de cuero, botas militares y pelo crecido y creían ver en ti una persona temible, nada más lejos de la realidad y pronto lo demostraste. Poco a poco y con el tiempo, fuiste acercándote a nosotros y pronto te hiciste un hueco en el corazón de cada uno. Esperábamos ansiosos tu llegada, que nos hablaras, que nos contarás anécdotas, que nos hicieras reír… siempre has despertado una simpatía natural que te hace ganar el corazón del que está a tu lado.
Las circunstancias hicieron que tuviera la oportunidad de tenerte más cerca y conocerte aún mejor. Durante unos años fuiste uno más en mi familia y para mí eras como un hermano mayor. Cuando pienso en ti, siempre me vienen a la mente muchos momentos agradables pasados en aquellos años junto a ti, pero son tantos, que me sería imposible enumerarlos todos, pero están grabados en mi cabeza, no los olvido, a pesar del tiempo transcurrido, espero que tú tampoco. Pero, lo cierto es, que cuando lo necesité siempre estuviste a mi lado y tuve tu apoyo. Después, las circunstancias que en su día quisieron que estuviésemos tan cerca como hermanos, se rompieron. Y a partir de entonces…
Han pasado ya siete años y todavía no me acostumbro a no estar cerca de ti como antes, todavía echo de menos tu presencia diaria, tus bromas conmigo, nuestras charlas, nuestras risas… Creo que has sido la única persona que ha sabido aceptarme tal como soy sin querer llegar a cambiarme. Éramos tan distintos en cuanto a personalidad pero a la vez tan afines… En ocasiones todavía lloro, porque noto demasiado tu ausencia y sobre todo porque aunque yo sé que siempre nos tendremos la misma estima, ya nada es lo mismo ni volverá a serlo, todo eso se fue al romper aquel vínculo que en su momento nos unió. Ahora en las escasas veces que nos vemos, creo notar en ciertas personas una mirada que no me gusta, porque noto que no comprenden, que no llegan a entender el vínculo emocional que nos une y que no es más que una especial y sincera AMISTAD, sin más dobleces, sin más condicionamientos. Ahora escribo esto con los ojos empañados, te necesito cerca de mí, ahora que me siento tan confundida, tan perdida, para hablar de lo que sea, da igual, el hecho de conversar contigo hace que mi corazón se alivie en gran parte de su pesada carga.
Desearía que ésta, mi primera carta dirigida a ti, hubiera sido más alegre, pero ahora es tan difícil… piensa al menos que está escrita con el corazón. Sólo me queda desearte toda la suerte que te mereces en estos últimos obstáculos que te quedan por vencer.
Siempre tu amiga.
Odraz
Nunca he escrito sobre ti, a pesar de lo mucho que significas para mí. Pero tal y como se dice “No se echa de menos algo hasta que lo pierdes” y no es que te haya perdido, yo sé que sigues ahí, pero en la distancia.
Mis primeros recuerdos contigo me llevan a mi niñez, cuando pasaba las tardes dedicada a juegos infantiles, y tú, algunos años mayor, y en esa edad en la que una niña de mi edad tan sólo podía significar eso, una “niña”. Cuando pasabas por mi lado siempre sonreías y me saludabas y yo te miraba con el respeto, el asombro y la admiración que puede causar un chico joven en una chiquilla. Recuerdo que algunos chicos y chicas de mi edad, en cierto modo te tenían miedo, porque siempre ibas de negro, con cazadora de cuero, botas militares y pelo crecido y creían ver en ti una persona temible, nada más lejos de la realidad y pronto lo demostraste. Poco a poco y con el tiempo, fuiste acercándote a nosotros y pronto te hiciste un hueco en el corazón de cada uno. Esperábamos ansiosos tu llegada, que nos hablaras, que nos contarás anécdotas, que nos hicieras reír… siempre has despertado una simpatía natural que te hace ganar el corazón del que está a tu lado.
Las circunstancias hicieron que tuviera la oportunidad de tenerte más cerca y conocerte aún mejor. Durante unos años fuiste uno más en mi familia y para mí eras como un hermano mayor. Cuando pienso en ti, siempre me vienen a la mente muchos momentos agradables pasados en aquellos años junto a ti, pero son tantos, que me sería imposible enumerarlos todos, pero están grabados en mi cabeza, no los olvido, a pesar del tiempo transcurrido, espero que tú tampoco. Pero, lo cierto es, que cuando lo necesité siempre estuviste a mi lado y tuve tu apoyo. Después, las circunstancias que en su día quisieron que estuviésemos tan cerca como hermanos, se rompieron. Y a partir de entonces…
Han pasado ya siete años y todavía no me acostumbro a no estar cerca de ti como antes, todavía echo de menos tu presencia diaria, tus bromas conmigo, nuestras charlas, nuestras risas… Creo que has sido la única persona que ha sabido aceptarme tal como soy sin querer llegar a cambiarme. Éramos tan distintos en cuanto a personalidad pero a la vez tan afines… En ocasiones todavía lloro, porque noto demasiado tu ausencia y sobre todo porque aunque yo sé que siempre nos tendremos la misma estima, ya nada es lo mismo ni volverá a serlo, todo eso se fue al romper aquel vínculo que en su momento nos unió. Ahora en las escasas veces que nos vemos, creo notar en ciertas personas una mirada que no me gusta, porque noto que no comprenden, que no llegan a entender el vínculo emocional que nos une y que no es más que una especial y sincera AMISTAD, sin más dobleces, sin más condicionamientos. Ahora escribo esto con los ojos empañados, te necesito cerca de mí, ahora que me siento tan confundida, tan perdida, para hablar de lo que sea, da igual, el hecho de conversar contigo hace que mi corazón se alivie en gran parte de su pesada carga.
Desearía que ésta, mi primera carta dirigida a ti, hubiera sido más alegre, pero ahora es tan difícil… piensa al menos que está escrita con el corazón. Sólo me queda desearte toda la suerte que te mereces en estos últimos obstáculos que te quedan por vencer.
Siempre tu amiga.
Odraz





