No, no tengo pareja, pero… ¿Y qué?
Estoy en una cafetería cualquiera, con dos amigas a las que hace algún tiempo que no veo. Todo indica que va a ser una agradable tarde de charla. Nos ponemos todas al día sobre las novedades acontecidas en nuestra vida en las últimas semanas. Yo termino pronto, me doy cuenta de que no han acontecido muchas cosas últimamente, mis amigas insisten en que les cuente más y yo no sé que más decirles, por un momento me planteo si mi vida no será demasiado aburrida y rutinaria. Le toca el turno a mis amigas, y entonces la conversación toma un giro, y se comienza a hablar del marido, del novio, de la próxima boda, que si discuto con mi pareja por el color de la pintura del salón, que si él es tal, que si él es cual y de ahí a pocos minutos más bien parece que estoy ante un partido de tenis que participando en un diálogo, moviendo mi cabeza para mirar, ora a una, ora a otra. Una, que no tiene pareja y que no puede permitirse el lujo de pensar en como amueblar un piso, pues mi único sueldo no da para mucho, comienza a notar como sus pensamientos vuelan y van mucho más allá de la cafetería donde estamos, es que soy muy ensoñadora… Pasa un tiempo, no sé decir cuanto, una de mis amigas nota que no estoy muy integrada en la conversación, me mira fijamente, por un momento creo que por deferencia a mí se va a cambiar el tema de charla, pero no, tras esa mirada inquisitiva suelta LA FRASE, y se pensará ¿Cuál es LA FRASE? Pues nada más ni nada menos que ésta: “A ti lo que te hace falta es un hombre”, pongo una cara como diciendo “¿Mande? ¿He insinuado acaso yo algo sobre ello? Creo que no” y entonces se inicia otra animada conversación entre estas, mis dos amigas “No crees que fulanito le vendría bien” “¡Qué dices! ¿Con fulanito? ¡No, mejor con menganito! ¡Pues no hay diferencia!” Intento abrir la boca para decir algo, pero no me miran, ni siquiera me escuchan, ¿es que acaso yo no tengo nada que decir al respecto? ¿Hay algo más humillante que esta situación? ¿Es que es tan difícil dar a entender que se puede ser feliz sin pareja y que pertenezco a ese mísero 10% que según las encuestas se encuentran cómodos con su situación? Mis dos amigas parece ser que no lo piensan así, pero qué le vamos a hacer, yo sé que me quieren y que lo hacen todo “por mi bien”. No sé, quizás cuando pase un tiempo dé la vuelta a la tortilla y piense que realmente ese es “mi bien”.
30/9/1989
8:30 a.m, soñolienta paso la hoja del calendario de mesa, 30 de septiembre...
No sé por qué mi mala memoria hace que no me acuerde de lo más próximo y sin embargo, aún recuerde esas fechas que debían haberse borrado por el paso del tiempo. Esta es una de ellas. Han pasado 16 años y todavía sonrío cuando llega el día, aunque seguidamente mis pensamientos vuelen hacia otros asuntos, pero no ha habido un solo año que no me haya acordado. Aún le recuerdo, sí, aunque hace tiempo que no le veo. Entonces yo era una chiquilla con muchos pájaros en la cabeza, al igual que él. Ahora que soy adulta y que quizás “tenga los pies más en el suelo”, recuerdo con una especie de nostalgia esos momentos, pero a la vez suponen una bofetada de aire fresco en mi ya saturada cabeza. Fue una de esas historias catalogadas como “lo que pudo haber sido y no fue”.
Años atrás me atormentaba preguntándome “y si hubiese hecho esto en lugar de lo otro… ¿hubiese cambiado el final?”, pero es ahora cuando se entiende lo inútil que es hacerse este tipo de preguntas, además... ¿qué más se le podía pedir a una cabecita de 13 años?.
No sé por qué mi mala memoria hace que no me acuerde de lo más próximo y sin embargo, aún recuerde esas fechas que debían haberse borrado por el paso del tiempo. Esta es una de ellas. Han pasado 16 años y todavía sonrío cuando llega el día, aunque seguidamente mis pensamientos vuelen hacia otros asuntos, pero no ha habido un solo año que no me haya acordado. Aún le recuerdo, sí, aunque hace tiempo que no le veo. Entonces yo era una chiquilla con muchos pájaros en la cabeza, al igual que él. Ahora que soy adulta y que quizás “tenga los pies más en el suelo”, recuerdo con una especie de nostalgia esos momentos, pero a la vez suponen una bofetada de aire fresco en mi ya saturada cabeza. Fue una de esas historias catalogadas como “lo que pudo haber sido y no fue”.
Años atrás me atormentaba preguntándome “y si hubiese hecho esto en lugar de lo otro… ¿hubiese cambiado el final?”, pero es ahora cuando se entiende lo inútil que es hacerse este tipo de preguntas, además... ¿qué más se le podía pedir a una cabecita de 13 años?.





