Melancolía
RUMORES (EMILIO RÚA)
Sempre e constante ese sufrir
de ve-lo amor noutro soño.
Rumbo da miña vida,
¿onde vas?, ¿onde me levas?
Non me dices nada.
Era tan fermoso soñar,
era como respirar.
Como auga entre os dedos,
así se me foi o teu pelo,
como a luz dun día que se vai.
Non me digas nada, só abrázame.
Non malgastes soños por querer,
que os desamores levan, como un río,
a algún sitio tristezas,
tal vez ó corazón.
¡Faládelle de min!
¡Faládelle de min!
¡Faládelle de min!
¡Rumores!
Sempre e constante ese sufrir
de ve-lo amor noutro soño.
Rumbo da miña vida,
¿onde vas?, ¿onde me levas?
Non me dices nada.
Era tan fermoso soñar,
era como respirar.
Como auga entre os dedos,
así se me foi o teu pelo,
como a luz dun día que se vai.
Non me digas nada, só abrázame.
Non malgastes soños por querer,
que os desamores levan, como un río,
a algún sitio tristezas,
tal vez ó corazón.
¡Faládelle de min!
¡Faládelle de min!
¡Faládelle de min!
¡Rumores!
La electricidad estática y sus pasadas
Últimamente estoy que echo chispas en el sentido literal de la palabra. No sé si debido a las tensiones acumuladas últimamente o a cualquier otra extraña razón, pero el caso es que la electricidad estática se ha cebado en mí. Y ya dura algo más de una semana…
Al principio no le daba la mayor importancia, pues ¿a quién no le ha sucedido en alguna ocasión que al tocar algún objeto metálico reciba una descarga? Pero después de varios días…
Mis compañeros de trabajo, escarmentados ya por la experiencia, no se aventuran a acercarse a mí a menos de un radio de 2 metros, es decir, fuera del alcance de mis manos. Hay algunos que incluso se han atrevido a bromear diciéndome perlas como las siguientes:
“Eh Odraz, mi móvil se ha quedado sin batería, harías el favor de tenerlo entre tus manos un momento”
“Como sigas así, Endesa te contrata”
Y yo pobrecita de mí, soportando estoicamente los irónicos comentarios. Pero es que llega un momento en que todo lo que tocas lo haces con miedo, y es que no es nada agradable recibir una descarga tras otra.
La última experiencia fue con mi jefe. El pobre infeliz me tendió unos documentos para que los cogiera, acto incauto por su parte, ya que al recibirlos yo y rozarle ligeramente se produjo lo inevitable. La expresión de mi jefe fue digna de fotografiar. “Tampoco es para tanto” pensaba yo “Unas descarguitas más e inmunizado”.
P.D.1. Este caso es real como la vida misma.
P.D.2. ¿Me podrían conceder la baja laboral por este motivo? Sí, lo sé, soy una ilusa.
Al principio no le daba la mayor importancia, pues ¿a quién no le ha sucedido en alguna ocasión que al tocar algún objeto metálico reciba una descarga? Pero después de varios días…
Mis compañeros de trabajo, escarmentados ya por la experiencia, no se aventuran a acercarse a mí a menos de un radio de 2 metros, es decir, fuera del alcance de mis manos. Hay algunos que incluso se han atrevido a bromear diciéndome perlas como las siguientes:
“Eh Odraz, mi móvil se ha quedado sin batería, harías el favor de tenerlo entre tus manos un momento”
“Como sigas así, Endesa te contrata”
Y yo pobrecita de mí, soportando estoicamente los irónicos comentarios. Pero es que llega un momento en que todo lo que tocas lo haces con miedo, y es que no es nada agradable recibir una descarga tras otra.
La última experiencia fue con mi jefe. El pobre infeliz me tendió unos documentos para que los cogiera, acto incauto por su parte, ya que al recibirlos yo y rozarle ligeramente se produjo lo inevitable. La expresión de mi jefe fue digna de fotografiar. “Tampoco es para tanto” pensaba yo “Unas descarguitas más e inmunizado”.
P.D.1. Este caso es real como la vida misma.
P.D.2. ¿Me podrían conceder la baja laboral por este motivo? Sí, lo sé, soy una ilusa.





