Intentando recuperar el equilibrio
Han pasado prácticamente dos meses sin que publicara un post. Cierto es, que durante un tiempo no he tenido acceso al blog, pero aun de haber podido, muy probablemente no hubiese publicado nada. Y no porque no tuviese nada que decir, pues ha sido mucho lo acontecido, mas bien, porque si los hubiese escrito, cada uno de ellos hubieran estado impregnados de dolor y pesimismo, y sobre todo odio transmitir esto último.
No han sido fáciles estas últimas semanas, incluso me atrevería decir meses. Mi estado de ánimo cambió, aunque me resultó difícil hallar el porqué. Pero, aunque tratemos de disfrazar los sentimientos, de ocultarlos incluso, finalmente encuentran la vía de escape y fue justo en ese momento cuando se abrió la caja de Pandora. Y es que, a partir de entonces, todo ha ido de mal en peor. Y si bien, puedo sobrellevar bastante bien todos los reveses en cuanto a lo "material" se refieran, en lo tocante a los sentimientos es otro cantar.
En poco tiempo me he visto obligada a tratar de aceptar y asimilar muchas cosas; identificar y poner su verdadero nombre a lo que yo denominaba "cariño especial", llevándome tal situación a un callejón sin salida, soportar la distancia impuesta (y desgraciadamente no es la física a la cual hago referencia), sufrir decepciones muy dolorosas y alguna deslealtad, ilusiones que parecían estar más cerca que nunca de mis manos que se esfuman, hipocresías y la competencia feroz y encarnizada del entorno laboral a la que me resisto a formar parte, pero que me pisa sin piedad.
Y necesito encontrar un momento (o varios momentos) de soledad absoluta para llorar, porque lo necesito y también buscar algún fuerte abrazo. Y después de todo esto, un tiempo para reposar y encontrar la fuerza que yo sé que tengo, para finalmente lograr recuperar el equilibrio.
No han sido fáciles estas últimas semanas, incluso me atrevería decir meses. Mi estado de ánimo cambió, aunque me resultó difícil hallar el porqué. Pero, aunque tratemos de disfrazar los sentimientos, de ocultarlos incluso, finalmente encuentran la vía de escape y fue justo en ese momento cuando se abrió la caja de Pandora. Y es que, a partir de entonces, todo ha ido de mal en peor. Y si bien, puedo sobrellevar bastante bien todos los reveses en cuanto a lo "material" se refieran, en lo tocante a los sentimientos es otro cantar.
En poco tiempo me he visto obligada a tratar de aceptar y asimilar muchas cosas; identificar y poner su verdadero nombre a lo que yo denominaba "cariño especial", llevándome tal situación a un callejón sin salida, soportar la distancia impuesta (y desgraciadamente no es la física a la cual hago referencia), sufrir decepciones muy dolorosas y alguna deslealtad, ilusiones que parecían estar más cerca que nunca de mis manos que se esfuman, hipocresías y la competencia feroz y encarnizada del entorno laboral a la que me resisto a formar parte, pero que me pisa sin piedad.
Y necesito encontrar un momento (o varios momentos) de soledad absoluta para llorar, porque lo necesito y también buscar algún fuerte abrazo. Y después de todo esto, un tiempo para reposar y encontrar la fuerza que yo sé que tengo, para finalmente lograr recuperar el equilibrio.





