EnPsique
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Yo versus Superyó



Yo versus Superyó
Florencio Casanova *


Finaliza el 2005. Finaliza el primer lustro del joven siglo XXI. Un lustro en el que se empieza a observar un aumento en la complejidad de las sociedades en las que vivimos. Aparecen claros síntomas de que esta estructura económica, social, política y de valores, que se ha ido formando durante años, está enferma. Se encuentra en un proceso de decadencia. Son muchas las noticias que llegan a diario desde unos (cada vez más) manipulados medios de comunicación. Se perciben constantemente situaciones que constatan que algo está fallando en ese sistema diseñado por algunos, mantenido por otros y sufrido por el resto. Un sistema que inculca unos valores de vida de dudosa coherencia, pero que parecen convertidos en indiscutibles, necesarios y de vital importancia. Pero, ¿realmente (crees que) lo son?

Es dentro de esta incertidumbre, dentro de este desvanecimiento paulatino pero constante de los valores impuestos por el sistema social actual, donde se hace aún más imprescindible la figura del ser humano. El ser humano como individuo, no como colectivo. Un ser humano fuerte, independiente, con capacidad de percibir el mundo desde su perspectiva particular, crítico, luchador, implicado en un proyecto universal que permita crear un mundo en el que este ser humano individual esté por encima de consignas políticas, de manipulaciones mediáticas, de campañas publicitarias o de fanatismos religiosos o deportivos.

Un ser humano capaz de luchar contra este sistema, capaz de salirse de la rueda, capaz de convivir dentro de las reglas pero con capacidad crítica. ¿Y de dónde saca una mujer o un hombre esta fuerza? Del YO. Un YO que debe reforzarse para poder hacer frente a todas las dificultades por las que debe atravesar durante toda su existencia. Un YO sincero con él mismo, con sus ideales, sentimientos, emociones; un YO altruista, que luche frente al egoísmo general y que transmita este saber a todas las personas que no encuentra por ellas mismas este conocimiento.

Sin duda esta fortaleza que el ser humano tiene como individuo ha sido erradicada de la sociedad por la propia estructura social. Es además esta debilidad fomentada por la sociedad la que alimenta, a su vez, las diferentes estructuras sociales. Parece entonces claro que para recuperar esta fuerza es necesaria una lucha individual e interna para arrancar aquellos patrones que se han inoculado en el interior de los individuos sin que hayan sido conscientes de esta inoculación. Parece muy evidente que efectivamente, tal como defendía JUNG, existe un inconsciente colectivo que se va transmitiendo a lo largo de las diferentes civilizaciones y culturas, a lo largo de la historia y de la evolución. También FREUD habló de una psicología de masas. La existencia de este inconsciente colectivo o de una psicología de masas, de que se transmita de generación en generación, que sea una mayoría la que piensa así no es sinónimo de que sean los valores acertados. Seguro que muchos de esos valores que aceptan las masas no son los valores que muchos individuos adoptarían como suyos. Es necesario iniciar un camino de búsqueda de estos valores propios, buscar un sentido a la vida, un porqué.

El que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo-Nietzche

¿Cómo lograr esta Fuerza? En las siguientes líneas se presentan varios puntos que, aunque parecen obvios, muchas veces se pierden de vista como consecuencia del rápido ritmo de vida que existe hoy en día. Una difusión amplia de estos conceptos que penetren en las personas que viven en la sociedad favorecerá el surgimiento de una gran masa social que permita cambiar los patrones erróneos de esta sociedad que como se está observando, no es sostenible en un futuro próximo y no lo sería en el presente de no ser por los rígidos sistemas que fuerzan a esta ficticia sostenibilidad.

Introspección

Este es el punto clave y sin el que el resto de los puntos presentados carecería de una base sólida sobre la que edificarse. Es imprescindible detenerse y mirar dentro de uno mismo, conocer qué existe dentro de nuestra mente, nuestros sentimientos, dentro de nuestro corazón, de nuestro cuerpo. Este paso requiere de un constante trabajo propio. Un primer trabajo consistirá en frenar la acelerada rueda de vida en la que el ser humano se ve forzado a vivir. Una vez frenada la rueda se podrá dedicar tiempo y esfuerzo a hacer esta introspección que nos permitirá conocernos. El paso no es sencillo, y requiere de un tiempo que puede ser más o menos largo, y de un esfuerzo para afrontar lo que descubrimos dentro de nuestro YO desconocido. Descubrimientos que pueden sorprendernos y/o asustarnos.

Esta instrospección deberá mostrar quiénes somos en realidad, quiénes queremos ser y qué de lo que sentimos o pensamos nos ha sido “impuesto” posiblemente dejando de la nado nuestra orientación natural. Una vez llegado a este conocimiento de nuestro interior estaremos preparados para afrontar los siguientes pasos, pues dispondremos de una base sobre la que siempre apoyarnos y que difícilmente nos abandonará.

Coherencia

Un vez resuelta la difícil pero interesante cuestión de quién soy yo se debe llevar a la práctica este YO. Para ello se debe empezar buscando aquel patrón de vida en el que todas las acciones que se realicen sean acordes a este YO recién descubierto, a sus valores y sus ideales.

Se debe conseguir que trabajo, estudios, relaciones sociales, ocio, descanso, relaciones sentimentales, familia, salud, deporte…todo adquiera una coherencia global. Con esto se podrá cambiar la escala del tiempo, olvidándonos de horas, días, semanas, meses o años. La nueva y única escala temporal que existirá para nosotros será toda la vida. La sociedad en general, conservará unos horarios que inevitablemente se deben cumplir, pero gracias a este nuevo concepto de tiempo se evitará caer en uno de los mayores problemas que la férrea escala temporal existente provoca en las sociedades modernas: el estrés. Un estrés que irritante, molesto, que impulsa a vivir a una velocidad muy superior a la que muchos de nuestros organismos pueden aguantar, no respetando los ciclos naturales del cuerpo (sus ciclos circadianos)… ¿Es acaso una persona menos persona cuando se encuentra en un atasco o en la cola del supermercado? ¿Por qué irritarse tanto en estas situaciones cuando se puede utilizar este tiempo extra de espera en hablar con los compañeros que nos rodean o quizá con uno mismo?

Eliminado el patrón temporal que ata a los individuos y lograda esta coherencia global se consigue una tranquilidad y una libertad de pensamiento que permita explotar al máximo las enormes facultades que cualquier ser humano posee por el simple hecho de serlo.

Gozo y Placer

El ser humano es una verdadera obras de arte. La evolución lo ha dotado de fantásticos y maravillosos instrumentos para percibir y disfrutar el entorno en el que vive. Vista, Oído, Gusto, Olfato y Tacto sirven para percibir infinidad de estímulos instante a instante. El ser humano es dueño además de otra herramienta aún más maravillosa: su Cerebro (punta de un iceberg de un sistema aún más complejo formado por nuestro sistema nervioso).

Este Cerebro le permite comprender, imaginar, desarrollar, crear, ver, oir, expresar, sentir, abstraer, integrar… Disfrutemos pues de nuestro cuerpo. Vivamos siempre gozando de lo que tenemos y que siempre estará con nosotros.

Como todo bien preciado debe ser sometido a un mantenimiento, a un cuidado y a un ejercicio para evitar su degradación. Se debe ejercitar a diario este sistema para poder disfrutar al máximo de él. Es altamente recomendable.

Sexo. Comida. Perfumes. Pintura. Deporte. Comunicación. Escritura. Lectura. Oír. Palpar. Pensamiento. Improvisación. Recuerdos. Son infinitas las oportunidades para gozar y disfrutar de este don privilegiado que diferencia al ser humano del resto de los seres vivos que habitan Gaia. Gracias a estos ejercicios se mantiene el organismo despierto, aumentando día a día su complejidad intelectual, y proporcionándole así acceso a todos los placeres de esta vida.

Multiplicidad de Realidades

Aceptación de nosotros mismos, de nuestra realidad, de nuestra personalidad. Asumir que existe una predisposición genética a ser así y que antes incluso de que fuésemos conscientes de nuestra existencia como individuos estábamos siendo influidos por nuestro entorno, nuestra cultura y la sociedad en la que vivimos.

Yo soy yo y mis circunstancias.

Esta aceptación debe hacernos más tolerantes, comprensivos y aceptar que la realidad que cada uno percibe es simplemente una versión de las múltiples realidades que existen: una por individuo. Y todas ellas son igual de válidas que las demás. Por tanto no podemos en ningún caso creernos con el derecho de imponer nuestra realidad sobre las demás existentes.

Solamente asumiendo este concepto se podrá llegar a una convivencia global asumiendo unos mínimos acuerdos que permitan ir en una dirección común: la coexistencia del inmenso número de individuos que actualmente comparten un mismo territorio. Un planeta Tierra que es necesario conservar entre todos.

Plasticidad

Cada vez son más los estudios e investigaciones que confirmar que el cerebro es una estructura maleable, plástica, que se reorganiza y se refuerza constantemente, a semejanza de un músculo, en función de nuestros pensamientos, de nuestras acciones y de nuestras actitudes frente a la vida.

El individuo debe aprovechar esta demostrada plasticidad para convertirse en un ser más íntegro, más virtuoso, inteligente, optimista, empático. Dada esta posibilidad de remodelación del cerebro se puede moldear y adaptar a esos valores propios descubiertos a los que se aludía con anterioridad.

Frente a cualquier faceta de comportamiento que el individuo pueda observar en sí mismo como negativa, se puede optar por la dedicación de un tiempo al enfrentamiento de esa actitud negativa. También aprovechando esta plasticidad cerebral se puede dedicar un esfuerzo propio a la reestructuración de la parte del sistema nervioso vinculada a la faceta negativa en cuestión. Y este modelaje solo es posible mediante el hábito.

Ocio Activo

El ser humano no está pensado para convertirse en un organismo carente de actividad intelectual, así como tampoco de ejercicio físico… Es palpable que en estas circunstancias el organismo se rebela contra él mismo. En estados de escasez intelectual en cualquiera de sus vertientes, el cuerpo responde con apatía, tristeza, depresión, ansiedad, dolores de cabeza…

Existen en el mundo actual infinidad de opciones para acceder a estímulos intelectuales. La ciencia, la historia, el arte, la gastronomía, la música, la pintura, la lectura, e incluso en un plano menos trascendental, cualquier pasatiempo intelectual (como por ejemplo, el cada vez más difundido Sudoku). Todas estas actividades permiten un ejercicio mental que resulta placentero y permite gozar de nuestro cerebro.

Lo mismo ocurre con el ejercicio físico. ¿Quién no ha disfrutado intensamente de su cuerpo después de hacer un gran partido de fútbol, de haber participado en una maratón o de haber nadado 100 metros más que la última vez en su visita semanal a la piscina?

Mens sana in corpore sano.

Nota del autor

He procurado en estas líneas intentar hacer una presentación global y resumida de una serie de aspectos que considero que permitirían crear un mundo interior sólido, con la fuerza suficiente para no necesitar de los diferentes mecanismos que se han instaurado en nuestro sistema social y que están demostrando no ser eficientes para procurar una felicidad en las personas.

Y una vez conseguida esta fuerza, esta tranquilidad, esta serenidad, esta capacidad de afrontar cualquier problema desde dentro, hay que incitar a las personas que nos rodean a llegar al mismo punto que hemos llegado nosotros. Y una de las vías es difundir la dirección de esta excelente página, y recomendar la lectura de estos cuatro libros que contienen lo resumido en estas líneas y que me han servido de inspiración para escribir este texto que espero os haya resultado de interés.

Flow - Una Psicología de la Felicidad - Mihaly Ciskszentmihalyi
El hombre en busca de Sentido – Víctor Frankl
1984 – George Orwell
Qué nos hace humanos – Matt Ridley
El hombre que confundió a su mujer con un sombrero – Oliver Sacks


Finalmente agradecer a Aenea su desinteresada colaboración en este texto. Un saludo

*Florencio Casanova es estudiante de Psicología de la Universidad de Barcelona e Ingeniero Industrial. Dirigel el blog "Siete de Seven"


 
YO DECIDO, TÚ SÓLO DIME QUÉ HAGO.



Yo decido, tú sólo dime qué hago
NEREA LAGOS*


No pertenezco ni a un partido ni al otro, creo que el único gobierno posible es el de la libertad, y el día que creen un grupo con este ideal acabarán de golpe con todo lo que su nombre representa. No cabe duda de que para mí se trata de una triste realidad, ante la cual es insufrible revelarse, ya que batallas de este tipo las han perdido muchos antes de que yo naciera, con lo cual auguro en este campo un rotundo fracaso.

La mayoría del tiempo, procuro evadirme y no molestarme en rebatir argumentos fácilmente desmontables, ya que no voy a conseguir nada aparte de acrecentar mifrustración. Pero hay momentos en que la huída resulta sumamente complicada, especialmente cuando la propaganda política alcanza las parcelas de tu ocio. Campaña contra esto en tal cadena, defensa a ultranza de esta otra medida adoptada por el gobierno en la otra, más publicidad en las revistas, y en la radio la misma música y los mismos tertulianos. La única solución que encuentro, apartarme de cualquiera de estos medios. Aparentemente he salido bien de la situación, pero luego vienen los amigos, compartes tu tiempo con ellos y escuchas frases literales extraídas de “nuevos” programas de alguna antigua emisora recientemente creada, hasta en la cola del autobús hay tiempo para dejar claro que contigo ha funcionado, de hecho, te han convencido.

Pasamos mucho tiempo delante de estos medios de comunicación observando todo lo que nos llega a través de ellos, el bombardeo propagandístico es tal que la población llega a creer firmemente que ya pensaban así antes de que le indujeran a ello. Un fenómeno curioso este de la propaganda. Desde la Psicología este fenómeno ha sido ampliamente estudiado tanto por la rama social como por la del aprendizaje, ya que al fin y al cabo el objetivo que persigue la publicidad no es otro que implantar en nosotros determinadas conductas antes inexistentes o, si ya estaban presentes, acrecentar su ejecución. Es curioso cómo a pesar de saber de su existencia y conociendo el mecanismo a través del cual actúa, todos caemos víctimas de ella. Dicen los expertos que la propaganda no crea conductas nuevas, sino que facilita la elección de una respuesta frente a otra, lo cual sugiere que una determinada publicidad tendrá efectos diferentes en distintos sectores de la población, según el repertorio conductual que previamente tenga cada uno. Un ejemplo que proporciona una idea de la gravedad de fenómenos tan “simples” como la propaganda, es el caso de los anuncios contra el maltrato a personas del sexo opuesto. En estos casos se intenta inhibir una conducta acordada como incorrecta por las normas de nuestra sociedad, sin embargo, aunque a un sector de la población le horrorice ver estos anuncios, para otros sólo constituyen un ejemplo de lo que se puede hacer. La publicidad es un fenómeno que puede hacer mucho daño, por eso debemos estar preparados contra ella, porque según muestran los estudios, si no ejerces el control sobre tu ambiente, será el ambiente quien te controle a ti. De este modo, la seguridad, el autocontrol y el conocimiento son cualidades de una persona que correlacionan de forma inversa con la publicidad, luego son garantías de protección contra sus efectos. Al contrario, menor edad e inteligencia, menos seguridad y falta de confianza en las habilidades propias y menor formación y autocontrol correlacionan positivamente con una mayor tendencia a la imitación (lo que facilita caer en los efectos de la propaganda). Pero como decía, no sólo depende de nosotros y nuestras características, el que un anuncio de televisión, por ejemplo, sea más o menos eficaz dependerá de los modelos usados para vender el producto a la población deseada, a mayor relevancia social de ese modelo y a mayor semejanza respecto al observador, más fácil dejarse guiar por él y acabar imitando su conducta.

Es muy interesante, tras conocer estos datos, sentarse un momento delante de la televisión y observar qué productos son vendidos por qué modelos y qué mensajes llevan asociados. El último anuncio curioso que tuve oportunidad de ver en la tele fue uno de una compañía que oferta servicios sanitarios, para mí la salud es un tema muy serio, por lo que la credibilidad que le otorgo a cualquier modelo contratado para vendérmela es, a priori, muy baja. Pero resulta que el modelo que ha elegido esta empresa es un actor de televisión que representa a un médico en la serie, y como si se tratara de un capítulo más pretenden que tome en consideración la información sobre salud que el personaje en cuestión me está dando con su bata blanca y su estetoscopio, sentado en su despacho como si realmente supiera de lo que habla. Supongo que lo elegirían por la relevancia social, para los seguidores de esa serie (entre los que me incluyo) ese personaje es uno de los más apreciados y valorados, por lo que valiéndose de esta imagen intentan extrapolar esa misma confianza a otro ámbito (el de un anuncio), sin cambiar para ello los estímulos asociados a la serie (mismo personaje, con su vestimenta rutinaria y dentro del mismo escenario), y conseguir con todo esto que algún despistado que acepta como normal lo que sucede en la serie, también acepte sin planteárselo que lo que Rodolfo nos cuenta tiene que ser verdad.

No perdamos de vista que la publicidad funciona de manera automática, es decir, gracias a que no prestamos atención consciente a lo que se nos pretende vender, nos quedamos con el mensaje "chico guapo si uso este tinte, o chica guapa y casa grande si compro ese coche, igual que vótanos y los jóvenes tendréis una vivienda digna, o con nosotros esto nunca habría pasado". Frases que al final se acaban convirtiendo en creencias difícilmente discutibles y últimas responsables de que en toda casa que se precie exista un cuarto de los trastos, y de hacer que quien haya dado su voto a un partido se reitere pasados 4 años.

*Nerea Lagos (Jerez de la Frontera, Cádiz) dirige el blog de psicología "Por una ciencia mejor" y es estudiante de 5º de Psicología en la Universidad de Granada.

 
Con los ojos abiertos




Hace cuatro años que leí por primera vez al Dr. Jorge Bucay. Desde entonces, se ha convertido en una especie de maestro personal para mí y para mi trabajo como estudiante de psicología. A continuación os muestro un fragmento de su libro “Amarse con los ojos abiertos”, que escribió junto a la psicóloga Silvia Salinas. No tiene pérdida.

Quizás la expectativa de felicidad instantánea que solemos endilgarle al vínculo de pareja, este deseo de exultancia, se deba a un estiramiento ilusorio del instante de enamoramiento. Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro en su totalidad, sino que el otro funciona como una pantalla donde el enamorado proyecta sus aspectos idealizados.

Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son más duraderos y están anclados a la percepción de la realidad externa. La construcción del amor empieza cuando puedo ver al que tengo enfrente, cuando descubro al otro. Es allí cuando el amor reemplaza al enamoramiento. Pasado ese momento inicial comienzan a salir a la luz las peores partes mías que también proyecto en él. Amar a alguien es el desafío de deshacer aquellas proyecciones para relacionarse verdaderamente con el otro. Este proceso no es fácil, pero es una de las cosas más hermosas que ocurren o que ayudamos a que ocurran.

Hablamos del amor en el sentido de "que nos importa el bienestar del otro". Nada más y nada menos. El amor como el bienestar que invade cuerpo y alma y que se afianza cuando puedo ver al otro sin querer cambiarlo. Más importante que la manera de ser del otro, importa el bienestar que siento a su lado y su bienestar al lado mío. El placer de estar con alguien que se ocupa de que uno esté bien, que percibe lo que necesitamos y disfruta al dárnoslo, eso hace al amor. Una pareja es más que una decisión, es algo que ocurre cuando nos sentimos unidos a otro de una manera diferente. Podría decir que desde el placer de estar con otro tomamos la decisión de compartir gran parte de nuestra vida con esa persona y descubrimos el gusto de estar juntos. Aunque es necesario saber que encontrar un compañero de ruta no es suficiente; también hace falta que esa persona sea capaz de nutrirnos, como ya dijimos, que de hecho sea una eficaz ayuda en nuestro crecimiento personal.

Welwood dice que el verdadero amor existe cuando amamos por lo que sabemos que esa persona puede llegar a ser, no solo por lo que es. "El enamoramiento es más bien una relación en la cual la otra persona no es en realidad reconocida como verdaderamente otra, sino más bien sentida e interpretada como si fuera un doble de uno mismo, quizás en la versión masculina y eventualmente dotada de rasgos que corresponden a la imagen idealizada de lo que uno quisiera ser. En el enamoramiento hay un yo me amo al verme reflejado en vos." Mauricio Abadi.

Enamorarse es amar las coincidencias, y amar es enamorarse de las diferencias.

(Bucay J. y Salinas, S. “Amarse con los ojos abiertos” Ed. Grijalbo.)