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"Huida del Mundo o Fuga hacia la Luz"




"Huida del Mundo o Fuga hacia la Luz"
Por Inés Díez Cendán*

Estas palabras, no son más que mi mirada sobre este tema, después de haber leído a varios autores y a mis docentes, y como resultado de mi propia experiencia, pues, no podría hablar sobre lo que no experimentado, ya que sería poco serio, además de que nada se sabe si no se ha vivenciado, cada cual a su manera única y personal.

“Buscador” es un término muy amplio; según mi entender todos estamos buscando “algo”. Al comienzo, las personas buscamos todo aquello que nos han enseñado desde pequeños; conceptos, creencias, mitos de nuestros padres, de nuestros educadores, lo conocido de nuestra cultura en la que nos hemos desarrollado. El Ser Humano busca su lugar en este mundo, porque no podría simplemente sobrevivir, y hasta busca cómo sobrevivir.

Una teoría dice que somos una porción de la Divinidad que necesita realizarse en la Tierra, y para eso venimos y constituimos lo que se llama el Ego, capas o escudos (necesarios) para defendernos y desarrollarnos en el mundo en que vivimos, mundo éste que tiene una razón de existir en toda su diversidad, mundo que crean todas las proyecciones de la Humanidad en forma colectiva desde sus principios.

El ser humano es un ser dependiente desde la primera infancia, lo que lo hace olvidar su condición divina tempranamente. Pero más tarde o más temprano, hay algo que golpea en nuestro interior, aún habiéndonos o no realizado en varios aspectos de nuestra vida según el entorno en donde crecimos.

Los caminos hacia el Hogar son tan diversos y tantos como personas hay en este mundo, pero en un momento descubrimos que hay “compañeros de ruta”, pasando por una innumerable cantidad de experiencias, muchas nefastas y confusas, pero que van tejiendo una red por Afinidad o Correspondencia. Por ejemplo, los adictos (a lo que sea) buscan; ¿qué buscan? el Amor, ese Paraíso desconocido, y se escapan detrás del objeto adictivo de este “mundo cruel” (“amo a mi botella”, “la droga me hace sentir amor”, “estoy mal y compro...” etc.), pero lo hacen por el lado equivocado del Sendero; es el comienzo de una búsqueda que muchas veces puede hasta quedar truncada por la muerte.

Cuando uno elige ese camino o lo eligió antes y pudo rehabilitarse hasta de parejas y vínculos adictivos, etc., comienza a sentir algo mucho más profundo, que no sabe de dónde viene, que no entiende, que es demasiado grande, “que seguro no es de esta Tierra”. Entonces nota que le llueve información de grupos religiosos, comunidades de todo tipo de ayuda, lee miles de libros de diversas filosofías, se informa, se nutre el intelecto con una y mil versiones de la Espiritualidad. Puede atravesar por experiencias traumáticas y salir de ellas como de milagro, y entonces descubre que hay algo que se llama “Iluminación”.

Comprende que puede ser iluminado, y que si es un Ser Espiritual y ha logrado experimentar en lo alto, entonces ¿qué va a hacer entre esta gente, casi humanoide, plagada de defectos, y en un mundo tan hostil y burdo?

Entonces se vive a sí mismo como alguien “especial” y se retrotrae, sintiéndose a si mismo fuera de la contaminación del entorno. “No soy igual a los demás”, se siente inadecuado en este planeta, olvidando que el verdadero Buscador se realizará en medio de sus iguales, seres humanos con todo lo malo y todo lo bueno, legado de la Humanidad.

¿Crecer en una isla? ¿con quién nos compararíamos para saber quiénes somos? ¿con peces, monos, aves, plantas? ¿en un Monasterio solo de hombres o solo de mujeres? Solo sabremos quienes somos en medio de la jungla humana, desarrollando la capacidad de ir hacia nuestra esencia, nuestro núcleo, QUE TODOS TENEMOS MUY DENTRO, sólo que algunos vivimos en un piso más arriba que otros que aún no han llegado, y seguiremos subiendo cada uno en su tiempo; pero sin transitar nuestro camino de personas, no podremos saltar desde lo pre-personal hacia la iluminación, ni trascender, ni conoceremos la Verdad, porque la Gran Escalera se comienza por el primer escalón.


*Inés Díez Cendán es Terapeuta en Medicina Oriental, Consejera en Disfunciones Familiares y Adicciones, estudiante de Psicología Transpersonal y de Eneagrama.

Cortesía de: ALQB
 
La depresión no sólo se manifiesta a través de la tristeza o la desgana, sino que se disfraza en ocasiones con trastornos de conducta u otros síntomas como el dolor, según un experto.

Durante la presentación de innovaciones terapéuticas en el tratamiento antidepresivo, el psiquiatra y profesor titular de la Facultad de Medicina de Granada, Rafael Navarro explicó que el estrés y la ansiedad motivadas por las demandas y exigencias del actual ritmo de vida están contribuyendo a favorecer la aparición, entre los "más vulnerables", de cuadros depresivos, que en la actualidad sufren unos 20 millones de personas, el 2% de la población mundial.

Además, la ansiedad propicia la aparición de cuadros depresivos entre las personas "más vulnerables", que "claudican ante las demandas y exigencias de la situación de estrés" que conlleva el actual ritmo de vida. Otras manifestaciones pueden ser también el alcoholismo o la ludopatía, explicó el psiquiatra.

Navarro, que advirtió de que la depresión no sólo se manifiesta a través de la tristeza o la desgana, sino que se disfraza en ocasiones con trastornos de conducta u otros síntomas como el dolor.

A diferencia de lo que ocurre con pacientes con otro tipo de trastornos psiquiátricos como la psicosis, que al no tener conciencia de su enfermedad rechazan medicarse, en el caso de las personas con depresión la colaboración y las ganas de curarse es mayor debido al enorme "sufrimiento moral" que padecen.

Fuente: EFE