Remembranzas
Cuando camino por las mañanas, sintiendo al unísono la caricia del viento del amanecer y las iras de los incívicos energúmenos que, por un camino rural (30 Km/hora), pasan doblando y hasta triplicando ese límite; aunque qué duda cabe, siempre me quedaría sólo con lo primero. Eso es este jodido país: incivismo, falta de educación, soberbia... En fin, decía que sintiendo al unísino..., viendo los márgenes del camino llenos de resíduos que arrojan esos mismos energúmenos por las ventanillas de sus vehículos, cada día más grandes, cada día más potentes, como su propia ignorancia. Dicen las estadísticas que España está a la cola de los países de la Unión en educación, en cultura. Y a la cabeza en deuda familiar. ¿Me seguís?
Bueno, que me pierdo. Cuando camino por las mañanas, al margen de esos arrebatos de furia que me producen, pienso en todo esto, en cómo comenzó mi historia en estos mares y en cómo, gradualmente, he ido siendo aceptado por gente maravillosa como Nekane, Libertad, Plateado, Maishane..., y tantos otros... Y el hinojo... ¡Oh! el hinojo. Cada día me recuerda a mi madre. No me lo reprocho porque siempre fui un "tiquismiquis" para la comida (siempre hasta que comencé a viajar por el extranjero). Nunca probé sus berenjenas pese a que cuando las hacía, toda la familia desfilaba por casa para probarlas. Y de ahí el hinojo, y el recuerdo... Cuando era crío, siguiendo sus sabias indicaciones, con palitos de hinojo, pasaba la berenjena previamente abierta y con el adobo en su hendidura. Nunca las probé. Ya no quiero probarlas. El hinojo está ahí, a la vera del camino, recordándomela a cada paso.
Extraigo de mis rincones del dolor, unos versos que nacieron en julio del 2005. Tengo necesidad de ponerlos aquí por si ella los ve. Sé que le gustarían.
A mi madre y mi hermana
Antes fue mi madre
ahora mi hermana.
En el corto espacio
de dos meses:
DOS MUERTES.
Dos vidas segadas
y dos voluntades
de retornar en polvo
a la tierra amada.
Una a las eras,
a la tierra, al suelo,
como ella, con los suyos.
La otra a las alturas,
a los molinos, al viento
donde aspas y fuerza
se enamoran.
Las dos mujeres de mi casa,
de mis infantes días y noches.
Tan diferentes en la vida,
tan iguales en la muerte...
¡Qué gran vacío!
¡Qué gran ausencia!
¡Cómo añoro sentir otra vez,
de nuevo, sus pulsos y los míos!
La realidad convierte mis deseos
en estúpidos sueños.
-------------
Aun ahora estoy llorando.
Que quede entre nosotros
Bueno, que me pierdo. Cuando camino por las mañanas, al margen de esos arrebatos de furia que me producen, pienso en todo esto, en cómo comenzó mi historia en estos mares y en cómo, gradualmente, he ido siendo aceptado por gente maravillosa como Nekane, Libertad, Plateado, Maishane..., y tantos otros... Y el hinojo... ¡Oh! el hinojo. Cada día me recuerda a mi madre. No me lo reprocho porque siempre fui un "tiquismiquis" para la comida (siempre hasta que comencé a viajar por el extranjero). Nunca probé sus berenjenas pese a que cuando las hacía, toda la familia desfilaba por casa para probarlas. Y de ahí el hinojo, y el recuerdo... Cuando era crío, siguiendo sus sabias indicaciones, con palitos de hinojo, pasaba la berenjena previamente abierta y con el adobo en su hendidura. Nunca las probé. Ya no quiero probarlas. El hinojo está ahí, a la vera del camino, recordándomela a cada paso.
Extraigo de mis rincones del dolor, unos versos que nacieron en julio del 2005. Tengo necesidad de ponerlos aquí por si ella los ve. Sé que le gustarían.
A mi madre y mi hermana
Antes fue mi madre
ahora mi hermana.
En el corto espacio
de dos meses:
DOS MUERTES.
Dos vidas segadas
y dos voluntades
de retornar en polvo
a la tierra amada.
Una a las eras,
a la tierra, al suelo,
como ella, con los suyos.
La otra a las alturas,
a los molinos, al viento
donde aspas y fuerza
se enamoran.
Las dos mujeres de mi casa,
de mis infantes días y noches.
Tan diferentes en la vida,
tan iguales en la muerte...
¡Qué gran vacío!
¡Qué gran ausencia!
¡Cómo añoro sentir otra vez,
de nuevo, sus pulsos y los míos!
La realidad convierte mis deseos
en estúpidos sueños.
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Aun ahora estoy llorando.
Que quede entre nosotros
Carta a mi amigo Plateado
Amigo mío:
Tu botella, mecida por las olas y arrastrada por las corrientes, golpeó el casco de mi goleta en medio de la noche y me despertó de un sueño de siglos.
Pardiez que me asombran tus comentarios sobre lo que denominas "tu limitada imaginación". Cualquier navegante que se tercie, no sólo leerá tus textos, sino que volverá a ellos tantas veces como surque los mares ávido de encontrar ese tejido noble y escaso, fibra de corazón, con que bordas cada palabra de tus textos.
Voto a bríos, que ubicas con experta precisión el lugar de tu nacimiento. Y no menos alto es mi juramento cuando observo que éste se produjo 48 días antes que el mío, también en La Mancha, en su corazón. Allá por donde anduvo perdido el caballero de la triste figura, en el eje de poblaciones que a buen seguro te sonarán: Campo de Criptana, Miguel Esteban, Villafranca de los Caballeros, Herencia, Tomelloso... Sí, ahí, en Alcázar de San Juan.
No salí de la patria chica con mis padres, sino solo. A buscarme la vida, a hacer algo más de lo que podría haber hecho allí. Y recalé en Madrid a finales de los 60. Y a mediados de los 70, cuando trasladaron a mis padres a Valencia, me vine a esta tierra. Y, no sin antes haber alcanzado lugares que había soñado de pequeño (o sea, hacer realidad mis sueños), las envidias y los recelos de los demás les empujaron a urdir una trama que, muy a su pesar, no les salió como esperaban aunque consiguieron su propósito de retirarme. Así pues, amigo mío, heme aquí en la misma posición que tú, haciendo lo que me place hacer, disfrutando de mis perros y mis gatas, de mi scooter y mis amigos, de todo aquello a lo que sin darme cuenta, negligentemente, había renunciado. Con una indemnización que me permitirá llegar a la edad de jubilación, hoy disfruto de la vida, con una energía que antes malgastaba y que hoy utilizo en vivir.
Aunque ya percibía, como te dije, que algo así pudiera haberte acontecido, tu narrativa, aparte de la congoja que supone saber que un amigo ha sufrido de ese modo tan salvaje, está salpicada de ese talante alegre del que ha vencido las dificultades y se emplea a fondo en una lucha diaria con la vida para estar siempre en primera línea.
La descriptiva de tus narraciones es mucho más rica en matices que la de muchos que pretenden ver. Tú estás muy por encima de personas que teniendo esa facultad que a ti te negó la vida, empobrecen su vida día a día malgastándola sin más horizonte que la monotonía de los seres pequeños.
Y sí, amigo, te presto un faro para todo este verano. Aunque no creo que puedas divisar mucho más.
La vida está llena de heroísmo y tú eres uno de esos seres intrépidos y valientes que se enfrentan a ella con una carga de optimismo que ya quisiera yo.
¿Sabes? Me enorgullece en grado sumo considerarte AMIGO. Así, con mayúsculas.
Había pensado, en una de esas jornadas en que mi viejo cascarón trataba de zafarse de las corrientes que lo arrastraban hasta peligrosos arrecifes, que pasada esta calima y los calores que la provocan, podíamos quedar un día, en tierra firme, a mitad de camino entre tu puerto y el mío, para degustar una agradable comida y una no menos agradable charla.
¿Tortosa? Un gran lugar para saborear excelentes preparados culinarios. ¿El otoño? Una excelente estación para disfrutarlos aún más.
Aprovecho que la mar se encrespa y dejo con cuidado mi botella sobre sus crestas de espuma, y la veo alejarse hacia tu catamarán donde llegará a buen seguro.
Un fuerte abrazo.
Que quede entre nosotros
Tu botella, mecida por las olas y arrastrada por las corrientes, golpeó el casco de mi goleta en medio de la noche y me despertó de un sueño de siglos.
Pardiez que me asombran tus comentarios sobre lo que denominas "tu limitada imaginación". Cualquier navegante que se tercie, no sólo leerá tus textos, sino que volverá a ellos tantas veces como surque los mares ávido de encontrar ese tejido noble y escaso, fibra de corazón, con que bordas cada palabra de tus textos.
Voto a bríos, que ubicas con experta precisión el lugar de tu nacimiento. Y no menos alto es mi juramento cuando observo que éste se produjo 48 días antes que el mío, también en La Mancha, en su corazón. Allá por donde anduvo perdido el caballero de la triste figura, en el eje de poblaciones que a buen seguro te sonarán: Campo de Criptana, Miguel Esteban, Villafranca de los Caballeros, Herencia, Tomelloso... Sí, ahí, en Alcázar de San Juan.
No salí de la patria chica con mis padres, sino solo. A buscarme la vida, a hacer algo más de lo que podría haber hecho allí. Y recalé en Madrid a finales de los 60. Y a mediados de los 70, cuando trasladaron a mis padres a Valencia, me vine a esta tierra. Y, no sin antes haber alcanzado lugares que había soñado de pequeño (o sea, hacer realidad mis sueños), las envidias y los recelos de los demás les empujaron a urdir una trama que, muy a su pesar, no les salió como esperaban aunque consiguieron su propósito de retirarme. Así pues, amigo mío, heme aquí en la misma posición que tú, haciendo lo que me place hacer, disfrutando de mis perros y mis gatas, de mi scooter y mis amigos, de todo aquello a lo que sin darme cuenta, negligentemente, había renunciado. Con una indemnización que me permitirá llegar a la edad de jubilación, hoy disfruto de la vida, con una energía que antes malgastaba y que hoy utilizo en vivir.
Aunque ya percibía, como te dije, que algo así pudiera haberte acontecido, tu narrativa, aparte de la congoja que supone saber que un amigo ha sufrido de ese modo tan salvaje, está salpicada de ese talante alegre del que ha vencido las dificultades y se emplea a fondo en una lucha diaria con la vida para estar siempre en primera línea.
La descriptiva de tus narraciones es mucho más rica en matices que la de muchos que pretenden ver. Tú estás muy por encima de personas que teniendo esa facultad que a ti te negó la vida, empobrecen su vida día a día malgastándola sin más horizonte que la monotonía de los seres pequeños.
Y sí, amigo, te presto un faro para todo este verano. Aunque no creo que puedas divisar mucho más.
La vida está llena de heroísmo y tú eres uno de esos seres intrépidos y valientes que se enfrentan a ella con una carga de optimismo que ya quisiera yo.
¿Sabes? Me enorgullece en grado sumo considerarte AMIGO. Así, con mayúsculas.
Había pensado, en una de esas jornadas en que mi viejo cascarón trataba de zafarse de las corrientes que lo arrastraban hasta peligrosos arrecifes, que pasada esta calima y los calores que la provocan, podíamos quedar un día, en tierra firme, a mitad de camino entre tu puerto y el mío, para degustar una agradable comida y una no menos agradable charla.
¿Tortosa? Un gran lugar para saborear excelentes preparados culinarios. ¿El otoño? Una excelente estación para disfrutarlos aún más.
Aprovecho que la mar se encrespa y dejo con cuidado mi botella sobre sus crestas de espuma, y la veo alejarse hacia tu catamarán donde llegará a buen seguro.
Un fuerte abrazo.
Que quede entre nosotros





