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Que quede entre nosotros
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El trueno y la mar en calma. La nobleza. La lealtad. La amistad. Una caricia y un beso al viento de la noche.... Y más.
Sindicación
 
Respeto
Hoy va de vagancia. Rescato una carta que me publican hoy en un diario de la región. Pizca más o menos...
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RESPETO

He llegado a la conclusión de que la falta de respeto (lo voy a repetir hasta la saciedad), hace que todo vaya como va en este país nuestro de cada día. Pero es que el respeto forma parte de la educación, y ésta no parece interesarle a nadie.

Si los gobernantes y quienes se oponen, no fueran los primeros en dar ejemplos de incivilidad, de agresividad verbal y del siguiente paso que es el insulto; quizás los ciudadanos aprenderíamos a vivir en el respeto, dentro de su marco. Es algo que nos deben, nos adeudan: RESPETO.

Si el respeto preside una reunión, una charla, un debate, cualquiera que sea el tema; estoy seguro de que se podrán poner de manifiesto unas u otras ideas y al final, haber creado una atmósfera de concordia difícil de romper. Pero no, aquí no reina el respeto sino que está desterrado.

Se jactan algunos, como el Sr. Navarro (Director General de Tráfico), de haber reducido el número de sanciones, incluso de víctimas, en la carretera. Que espere el señor Navarro a que esos energúmenos que desconocen el verbo respetar porque ni él ni sus acólitos se lo han enseñado a conjugar, comiencen a causar accidentes mortales en caminos vecinales, vías agrícolas, urbanizaciones, etc. Porque es ahí donde ahora se desfogan aquellos a quienes simplemente asustan las medidas implantadas. Digamos pues que es la pera que este señor, de nombre pronunciado de forma similar, se sienta tan ufano por haber causado simplemente una reacción de temor, de miedo, no de haber conseguido educar a los conductores. Me gustaría mucho equivocarme. Éste sólo es un ejemplo, desgraciadamente la vida diaria nos muestra muchos más.

Si los jóvenes (no todos tienen capacidad para separar el trigo de la paja), un gran porcentaje de lo que ven y oyen son muestras de agresividad, de fraudes, de luchas encarnizadas por el poder (cualquiera que sea su indumentaria); no es extraño que se contagien, que vivan desesperanzados y al borde de la frustración. Y que sus manifestaciones sean el resultando de ese indeseado germen.

Son los poderosos y quienes aspiran a serlo, quienes deberían crear escuela en el respeto (y no en la falta de él), de ética y de honestidad. Los males se previenen. Una vez afectados por ellos, erradicarlos siempre resultará traumático, doloroso o imposible.

Podría extenderme durante páginas y páginas, aunque sé que hay un límite, un número de líneas que recortan mi derecho a expresarme pero que respetan el derecho de otros ciudadanos a expresarse también.

Ojalá que nadie piense que es una carta catastrofista. Ojalá que alguien quiera reflexionar sobre el respeto. Y puestos a pedir, ojalá esos mandamases que nos acaramelan en las semanas previas a las elecciones, aprendan a conjugarlo y nos lo demuestren en cada uno de sus actos. Habrá tenido sentido.
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Pues eso...

Que quede entre nosotros
No