Querida Abuelita

Querida abuelita:
Han pasado ya ocho días, desde que tu alma se liberó de las ataduras de tu cuerpo enfermo y anciano. El dolor, se acabó para ti, y comenzó para aquellos que te aman tanto.
Te vi, allí, a través de un cristal frío, y pensé que al fin podías dormir tranquila y feliz.
Parecías tan descansada, tan en paz al fin… El río salvaje que emanaba de tu manantial de vida, fue convirtiéndose en una hilera casi invisible, débil y dolorosa, que llegó al final de camino seca, sin fuerzas.
Quise arrancar de tus labios una sonrisa, romper la monotonía de tu enfermedad con unas sonoras carcajadas, como solía hacer cuando iba a visitarte. La complicidad entre las dos era tan sutil, como divertida. Pero sabía que esas carcajadas habían dejado de poner color a tus momentos, y por lo tanto, mi corazón no disfrutará ya en esta vida de esos momentos entre las dos.
Abuelita, preciosa y maravillosa abuelita, tu corazón era tierno y compasivo. Fuiste la mujer más fuerte que jamás he conocido, te aferraste a la vida y a los tuyos hasta el último momento. Fue difícil dejarnos atrás, pero hoy se que tu alma libre de yugos vuela libre, al fin, entre aquellos que se fueron antes que tu, y que vinieron por ti, para que tu partida fuese mucho mas amena.
Cuantos momentos disfrutados a tu lado, cuanta felicidad sembraste en el campo de mi vida, abuelita. El recuerdo, eso es lo que nunca abandonará mi corazón, y las flores de tu cariño incondicional, al menos en mi corazón, florecerán día a día. Tus manos, benditas, que acariciaron mi carita de niña y sujetaron mis manos de mujer. Tus ojos que brillaban de alegría cuando entraba por la puerta, tus labios que me dieron besos tiernos y calurosos. Tus brazos y tu pecho, llenos de un amor templado y tranquilizador.
Ah, y aquellos momentos, cuando tu ironía sacabas las risotadas aunque estuviera llorando de rabia. Los momentos en la cocina, cuando hacíamos dulces, pucheros, o cualquier otra cosa que me hacía saltar de impaciencia, manos artesanas, trabajadoras, suaves y expertas, llenas de amor.
Ay abuelita de mi corazón, no volverán mis labios a posarse en tus mejillas, ni podré acariciar tu pelo mientras que me susurras cositas al oído. Eres una de las personas mas importantes de mi vida, y ya no podrán mis ojos posarse en tus mejillas, ni mirarte a los ojos y comprender tus pensamientos al verlos brillar.
Sentada en la puerta de la casa vi ese coche venir, y entonces fue cuando supe que el fin de ver tu carita había llegado y rompí a llorar de dolor con rabia y frustración. No pude soportar la idea de no volver a verte abuelita, aunque espero que cuando llegue mi hora, tu serás la primera persona que encontraré con los brazos abierto recibiendo mi alma.
Cuando todo se acabó, olí tu ropa y las lágrimas resbalaban en mis mejillas como bolas de cristal líquido. Sabía que te voy a echar de menos, pero también sabía que tu sufrimiento era inmenso al final y que para ti, la muerte de la carne era la libertad de tu alma y el final de tu pesadilla. Intenté no ser egoísta, y pensar en el fin de tu calvario, le di gracias a Dios, por terminar tu agonía, y llevarte entre sus brazos para darle descanso a tu alma cansada.
Jamás podré olvidarte abuelita, te amo mucho, todavía, porque el amor es infinito y no tiene fin jamás. Tu recuerdo me acompañará día a día, pensaré en ti y todas esas experiencias maravillosas que vivimos juntas, las cosas que aprendí de ti, tu cariño. Eres como la tempestad que viene arrasando, y cuando te vas, todo lo que dejas atrás deja huella, pero una maravillosa huella que jamás será borrada de mi corazón.
Me cuesta terminar lo que escribo, quizás porque se que he dejado mucho en el tintero, podría escribir por horas de mis pensamientos, pero, quiero que sepas como me siento, aunque ya quizás, no puedas escucharlo de mi propia boca, al menos por ahora. Te echo de menos abuelita, y se que ahora cada vez que coja el coche para ir al pueblo, no podré verte, ni abrazarte, ni bromear contigo. No podré abuelita, porque tú ya te has ido, o al menos tu cuerpo lo ha hecho, porque tu presencia está siempre con los que amas y te aman. Hasta pronto abuelita, solo Dios sabe cuando podré verte de nuevo, y espero que ese día sea, para nosotras, el rencuentro feliz y lleno de amor que anhela mi corazón. De mi parte, da todo el cariño a los que ahora comparten contigo sus días, aquel, que ha mis días de felicidad al pronunciar “abuela” cada vez que te abrazaba., tan orgullosa de poder tener una abuela tan maravillosa como tu y una mujer tan hermosa en mi vida.
Susie
Los colores del firmamento

El atardecer, mil colores dibujan la inmensidad al despedir un día más. El sol se esconde tímido entre las nubes y el infinito. Se despide de nosotros para bañar otra mañana en un firmamento opuesto de esta tierra tan maravillosa.
Admiro la belleza de esta despedida, atónita, ante la grandeza de aquello que es imparable, inevitable, y inmensamente bello.
Me gusta admirar la despedida diaria de esta estrella que nos da tanta vida, siento como en sus momentos finales se lleva consigo la luz y el calor, como si se apagase en un mar de aguas tranquilas. Se lleva un día mas, otro de tantos en los que ha sido testigo de tantas experiencias. Invita a meditar, a buscar dentro de nuestros pensamientos, de nuestras memorias para nunca olvidar que estamos vivos y seguimos avanzando hacia el mañana. Un mañana que es incierto, pero esperamos con ansiedad, para alcanzar no se que sueño, en no se que sitio.
El día de mañana cuando el último atardecer de nuestro tiempo adorne el firmamento, quizás no podremos admirar su belleza desde la ventana, pero nuestra alma volará hacia sus colores, y entonces, quien sabe si seremos parte de aquellos colores, de esa esencia que toca nuestros corazones con su despedida, volaremos, hacia la inmensidad para unirnos a ese adiós y quizás saludar otra mañana en otro tiempo, en otro lugar…
Ahhhh, la belleza del firmamento y los pensamientos que evoca… maravilloso, simplemente maravilloso.
Susie





