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VIAJAR EN UN RAYO DE LUZ
Anécdotas sobre esos Viajeros llamados por la medicina "pacientes psiquiátricos"
Acerca de
Diario del Gran Viajero, alguien que envidia a los verdaderos Viajeros y se esconde tras un eufemismo falso.

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Sindicación y Notas
 
EL PEÓN DEL REY DE NEGRAS
Anécdota nº 39

Siguiendo el hilo al tema musical, me ha venido a la cabeza la canción de Mecano que da nombre a esta anécdota. Y, de oca a oca...

Me encanta el ajedrez. Es curioso, sigue siendo un juego que no se suele mirar como una diversión: o sabes mucho o mejor dices que sólo sabes jugar a las damas. Sí que es cierto que puedes llevar el ajedrez hasta conceptos que sobrepasan el tablero, pero no entiendo por qué es tan difícil encontrar alguien dispuesto, simplemente, a pasar el rato sin pensar que tenemos la obligación de ser clones de Kasparov.

Una noche vi que habían comprado un tablero de ajedrez. Como aquel al que le gusta curiosear y tocarlo todo cuando visita casa ajena, no pude evitar colocar las piezas en el tablero. Por el simple hecho de ver cómo lucían aquellas figuras.

Una de mis conocidas Viajeras superó el trámite de afirmar que no tenía ni idea y accedió a jugar una partida rápida. De no saber, nada: defendía bien y conocía jugadas como el enroque largo y corto... en fin, que para no haber jugado desde la escuela, no estaba mal. La intención es lo que cuenta.

Pero el protagonista de esta anécdota no es ella: el mismo Viajero de la anécdota anterior (el del tabaco), como digo, siempre absorto en su humo, se acuclilló a un lado y observó. Le pregunté si sabía jugar y me dijo que no tenía ni idea, que su hermano sí sabía. Y demudó su gesto en un aparente desinterés.

En esto que llegamos al "jaque". A la contrincante, que habla en catalán, la avisé: "escac!". Y nuestro protagonista, que no habla esta lengua, no me entendió y me paró los pies antes de continuar:

-Oye, oye... ¡No hagas trampas, que cuando se hace "jaque", hay que decirlo!

Es decir, que el que parecía absorto y desconectado, en realidad había seguido toda la partida. Gracias a anécdotas como esta y muchas más, siempre que se "hace el loco" se lo decimos: "¡míralo, el que parece que no se entera de nada y sabe más que nosotros!"

Definitivamente, todas las personas somos, en el fondo, una caja de sorpresas.

 
MÚSICA y PERSONAS
Anécdota nº 38

Lo reconozco: yo soy uno de esos que relacionan prácticamente todo lo que pasa en su vida con alguna canción. Supongo que viene de familia: tengo una hermana que hace tiempo me comentaba como, mientras realizaba un curso de inglés, encontraba muchísimos ejemplos de las frases de los ejercicios en letras de canciones. Y que la profesora alucinaba.

Tengo que alegar a mi favor que no soy de los que lo van diciendo (que de esos hay muchos): a mi parecer, eso ofrece una imagen de músico fracasado con la que no me gustaría que me identificaran...

El otro día asistí a un momento precioso. De buena mañana, unos de mis apreciados Viajeros se despertó, como siempre, con la misma idea fija en su cabeza: fumarse un cigarrillo. Dormido aún, sin abrir los ojos y deambulando, se paró un momento a ponerse bien las zapatillas: otra de sus debilidades es llevarlas siempre que puede de cualquier manera.

Hablando, pues, con una compañera sobre otra compañera (que ya hacía más de un año que había dejado su puesto) con la que había hablado por teléfono, preguntó que qué decíamos. Le dijimos, y era cierto, que le mandaba recuerdos. "¿A mí me manda recuerdos?" Nada curiosa respuesta para alguien que está prácticamente solo en esta vida... "¿Te acuerdas de ella?" le preguntamos.

Su respuesta: "Pues claro, que siempre cantaba aquello de «Vale, que a lo mejor me lo merezco...». Y así cantó todo el estribillo.

Podría parecer que su respuesta es normal, pero no es nada habitual. Como ya dije antes, él sólo vive para su tabaco. Y teniendo tabaco, parece que el resto del planeta le da igual. Los que lo conozcáis, estoy más que seguro de que ya sabéis de quién hablo...

Yo me sentiría orgulloso de que alguien me recordase por una canción. Y esa estrofa perfectamente entonada de Alejandro Sanz fue, seguramente, la mejor manera de comenzar aquel día.

 
RECUERDOS DEL PASADO
Anécdota nº 37

Ayer leía las notas manuscritas de muchos conocidos Viajeros en los que relataban algún momento del pasado, de sus recuerdos.

Son muchas las ocasiones (aunque normalmente buscadas) que algunos de ellos acceden a mostrar algún momento de su pasado.
Recordar aspectos de la vida pasada suele ser gratificador. Los profesionales hallamos muchas pistas sobre cómo mejorar la relación con todos y cada uno de ellos.

Cuando una persona de cuarenta años sólo recuerda con buenos ojos aquello que le ocurría con 7 u 8 años demuestra haber vivido, durante décadas, inmersa en la incomprensión de los demás y, seguramente, sus niveles de afecto estarán por los suelos. Y así nadie lleva bien ninguna enfermedad...

También es muy común hallar entre esas líneas uno de los sentimientos más duros para una especie social como la nuestra: derivado de lo que escriben, ahora (incluso viviendo en compañía) se sienten solos. Puedes montarles un entorno repleto de personas y seguirán sintiéndose igual. Un poco como aquello escrito por Jardiel (conocido por mi a través de El Oscuro): "El Amor es un ingenioso juego de espejos, que hace que cuando estamos solos nos creamos estar en compañía."

Podemos escudarnos entonces en el síntoma, la consecuencia, en la abulia y la dificultad de relación propia del parte médico. Pero ahí también hay incomprensión. De los familiares, de los amigos. Dolorosa, en cualquier caso.

Muchos seguro que hemos pensado en lo horrible que debe ser, habiendo visto siempre, quedarse ciego. Cuando estas enfermedades sobrevienen durante la vida y obligan a romper con el pasado. Pero aunque en el caso de la ceguera parece muy claro que siempre se desearía volver atrás, con ellos no suelo ver lo mismo. Dicho de otra manera: muy felices deben haber sido para que ansíen volver atrás.

Relaciono esto con un comentario que recibí hace un tiempo, mientras conversaba sobre estos temas con uno de mis conocidos. Me comentó que, a veces, cuando pensaba en el pasado, lo veía igual que cuando se miran fotografías antiguas: piensas en volver a vivir aquellas escenas, pero en el fondo no desearías volver atrás.

Ya veis: hasta en los momentos más tristes, hay un momento para la poesía.