MEDICACIÓN Y BROMAS
Anécdota nº 61
Noche divertidísima el otro día. Uno puede pensar que el prejuicio de negarse a tomar la medicación es totalmente extendido entre los Viajeros que siguen un tratamiento, pero en realidad no es así.
La otra noche, un apreciado Viajero me comentaba estas dos situaciones.
La primera, cuando me reclamaba su medicación antes de ir a dormir. No es lo mismo pedirla (a veces, por ganas de meterse en la cama, exigirla) y acostarse casi sin despedirse a que te digan “dame ya la pantera rosa, a ver si me calmo un poco”. Por pantera rosa se refería a un medicamento que, ciértamente, tiene la forma y el color del clásico entre los pastelitos...
Pero, ¿por qué necesitaba calmarse? Pues porque, palabras suyas, ese día se encontraba con la libido por las nubes... Y justamente, ese mismo día había ido a recibir su dosis de medicación inyectada (hay algunos medicamentos, generalmente de base oleosa, que se inyectan cada cierto tiempo y van liberándose poco a poco; para así evitar tomar dosis orales importantes o en pacientes con dificultades para seguir el tratamiento).
Y de una situación normal en su vida (ir a la enfermera a que le pusiese la inyección) dibujó una hilarante escena que despertó las risas de todos los presentes:
– Con lo salido* que estoy hoy, en vez de pasar al revés, mira qué me ha pasado. Estábamos la enfermera y yo en el box, ha cerrado la cortina... ¡y me ha apoyado sobre la camilla, me ha bajado los calzoncillos y me la ha clavado! ¡Eso debería ser al revés!
Se merece como mínimo un aplauso el hecho de llevar con tan buen humor la necesidad de depender de por vida de una medicación y de generar tan buen ambiente mientras lo explicaba. Admirable.
* Véase la tercera acepción del RAE.
Noche divertidísima el otro día. Uno puede pensar que el prejuicio de negarse a tomar la medicación es totalmente extendido entre los Viajeros que siguen un tratamiento, pero en realidad no es así.
La otra noche, un apreciado Viajero me comentaba estas dos situaciones.
La primera, cuando me reclamaba su medicación antes de ir a dormir. No es lo mismo pedirla (a veces, por ganas de meterse en la cama, exigirla) y acostarse casi sin despedirse a que te digan “dame ya la pantera rosa, a ver si me calmo un poco”. Por pantera rosa se refería a un medicamento que, ciértamente, tiene la forma y el color del clásico entre los pastelitos...Pero, ¿por qué necesitaba calmarse? Pues porque, palabras suyas, ese día se encontraba con la libido por las nubes... Y justamente, ese mismo día había ido a recibir su dosis de medicación inyectada (hay algunos medicamentos, generalmente de base oleosa, que se inyectan cada cierto tiempo y van liberándose poco a poco; para así evitar tomar dosis orales importantes o en pacientes con dificultades para seguir el tratamiento).
Y de una situación normal en su vida (ir a la enfermera a que le pusiese la inyección) dibujó una hilarante escena que despertó las risas de todos los presentes:
– Con lo salido* que estoy hoy, en vez de pasar al revés, mira qué me ha pasado. Estábamos la enfermera y yo en el box, ha cerrado la cortina... ¡y me ha apoyado sobre la camilla, me ha bajado los calzoncillos y me la ha clavado! ¡Eso debería ser al revés!
Se merece como mínimo un aplauso el hecho de llevar con tan buen humor la necesidad de depender de por vida de una medicación y de generar tan buen ambiente mientras lo explicaba. Admirable.
* Véase la tercera acepción del RAE.