DERECHO CIVIL SOBRE LO RELIGIOSO
Anécdota nº 63
Parece que vaya a comentar las palabras de un disidente de la religión impuesta, pero es algo de mayor valor.
Muchos Viajeros conocidos, seguramente por desconocimiento o interpretación absurda o por simple atracción hacia lo místico, son creyentes y practicantes (mayoritariamente católicos). Allá cada uno con sus creencias, no tengo nada que objetar (salvo cuando se les toma el pelo de manera descarada).
Con los nuevos tiempos democráticos, muchos de ellos tienen clarísimo sus derechos y los ejercen y recuerdan a veces hasta la desesperación. La libertad de credo está clarísima y pobre de ti que planees cualquier actividad un domingo por la mañana e interfieras en su visita semanal a la iglesia...
Un día, un compañero y yo hablábamos con nuestro protagonista, precisamente un domingo por la mañana, y ante la estampida hacia la iglesia, le preguntamos:
— ¿Tú no vas a la iglesia?
— Yo no, ¿para qué?
— ¿Pero no eres cristiano?
La respuesta, que en un principio nos hizo soltar carcajadas (ya que ninguno de los dos tenemos especial predilección por lo religioso), demudó en una mirada de “vaya pedazo de respuesta que nos ha dado”.
— Yo no soy cristiano, yo soy una persona —dijo.
Hay mucho ahí para reflexionar.
Parece que vaya a comentar las palabras de un disidente de la religión impuesta, pero es algo de mayor valor.
Muchos Viajeros conocidos, seguramente por desconocimiento o interpretación absurda o por simple atracción hacia lo místico, son creyentes y practicantes (mayoritariamente católicos). Allá cada uno con sus creencias, no tengo nada que objetar (salvo cuando se les toma el pelo de manera descarada).
Con los nuevos tiempos democráticos, muchos de ellos tienen clarísimo sus derechos y los ejercen y recuerdan a veces hasta la desesperación. La libertad de credo está clarísima y pobre de ti que planees cualquier actividad un domingo por la mañana e interfieras en su visita semanal a la iglesia...
Un día, un compañero y yo hablábamos con nuestro protagonista, precisamente un domingo por la mañana, y ante la estampida hacia la iglesia, le preguntamos:
— ¿Tú no vas a la iglesia?
— Yo no, ¿para qué?
— ¿Pero no eres cristiano?
La respuesta, que en un principio nos hizo soltar carcajadas (ya que ninguno de los dos tenemos especial predilección por lo religioso), demudó en una mirada de “vaya pedazo de respuesta que nos ha dado”.
— Yo no soy cristiano, yo soy una persona —dijo.
Hay mucho ahí para reflexionar.