pasatiempo
si te fijas en la mañana
resulta curioso observar cómo unos van, otros vienen y otros solo vagamos
la prisa
el cansancio, a veces etílico
la calma que te deja observar, mirar
en realidad, en las ciudades, es un proceso continuo: mientras unos van otros vienen, siempre, y siempre encuentran ojos que no tenían otra cosa que hacer que mirar, a veces interrogándose solo a modo de diversión cómo será la vida de ese hombre con corbata y maletín con ruedas cuando llegue a casa: estará solo? le esperará su mujer, sus hijos? irá primero a visitar a su amante, o en cambio prefiere pasar el tiempo frente a la tele, sumido en la vorágine que impone el ritmo urbano?
y la imaginación de muchas vidas se entreteje, permitiendo recrear una sociedad paralela, permitiendo observar cómo la imagen de alguien es capaz de transmitir un todo (con el enorme riesgo de equivocarse: ya sabéis, las apariencias engañan)
la forma de moverse: agitada, tranquila, con impedimentos
las arrugas de la cara: las de reírse, las de amargura
la voz, el tono, el color
el vestido (no solo cuando te identifica dentro de una tribu)
la mirada
todos estos datos permiten ir completando el hipotético retrato de la persona elegida como intérprete de esa recreación
al final, un divertimento banal, sin mayor trascendencia
hasta que un día te presentan a una de esas personas, y puedes confrontar los datos imaginarios con los reales
y te das cuenta de hasta qué grado nos mostramos, más allá de lo que nuestras palabras muestran

resulta curioso observar cómo unos van, otros vienen y otros solo vagamos
la prisa
el cansancio, a veces etílico
la calma que te deja observar, mirar
en realidad, en las ciudades, es un proceso continuo: mientras unos van otros vienen, siempre, y siempre encuentran ojos que no tenían otra cosa que hacer que mirar, a veces interrogándose solo a modo de diversión cómo será la vida de ese hombre con corbata y maletín con ruedas cuando llegue a casa: estará solo? le esperará su mujer, sus hijos? irá primero a visitar a su amante, o en cambio prefiere pasar el tiempo frente a la tele, sumido en la vorágine que impone el ritmo urbano?
y la imaginación de muchas vidas se entreteje, permitiendo recrear una sociedad paralela, permitiendo observar cómo la imagen de alguien es capaz de transmitir un todo (con el enorme riesgo de equivocarse: ya sabéis, las apariencias engañan)
la forma de moverse: agitada, tranquila, con impedimentos
las arrugas de la cara: las de reírse, las de amargura
la voz, el tono, el color
el vestido (no solo cuando te identifica dentro de una tribu)
la mirada
todos estos datos permiten ir completando el hipotético retrato de la persona elegida como intérprete de esa recreación
al final, un divertimento banal, sin mayor trascendencia
hasta que un día te presentan a una de esas personas, y puedes confrontar los datos imaginarios con los reales
y te das cuenta de hasta qué grado nos mostramos, más allá de lo que nuestras palabras muestran

en el parque
una nube de algodón flotando por el aire
un colchón blanco cubriendo el suelo
las ruedas auxiliares de las bicis de los niños se envuelven en ellos, y la brisa fresca del NE hace que parezca un festival, o una imagen onírica de una película sobre la infancia recuperada
vuela y vuela el algodón
Beñat, ven!, le grita un niño a otro, los dos han elegido jugar en medio de la nube de abuelitos (no de diente de león, de origen arbóreo)
y veo la hierba surgir en medio del asfalto
siempre me ha gustado esa imagen
saber que la vida podrá con esa alfombra dolosa con que en menos de un siglo hemos cubierto la tierra
y ese pensamiento de futuro tal vez apocalíptico me lleva al pasado, a imaginar el tiempo anterior a la palabra, y a intentar recrear el momento en que la comunicación se abría camino en el mundo, y el otro mágico momento en que unos símbolos empezaron a querer transcribir esos sonidos
la palabra como hija de la mente
la pretensión largamente mantenida de que ese poder nos hacía los únicos poseedores de alma en el universo conocido
la palabra como peldaño y como obstáculo para llegar a un nivel superior de consciencia
porque cuando nos extasiamos con algo bello, no hay palabras en nuestro interior
y al nombrarlo perdemos esa conexión directa con la belleza
y luego intentamos recuperar esa sensación a través de adjetivos impetuosos de verbos silentes de adverbios delimitadores
y a veces, si dejamos que el hálito que impulsó las palabras nos toque, llegamos a sentir algo parecido
pero siempre será la sombra de la luz
algodones blancos que vuelan en mi corazón

un colchón blanco cubriendo el suelo
las ruedas auxiliares de las bicis de los niños se envuelven en ellos, y la brisa fresca del NE hace que parezca un festival, o una imagen onírica de una película sobre la infancia recuperada
vuela y vuela el algodón
Beñat, ven!, le grita un niño a otro, los dos han elegido jugar en medio de la nube de abuelitos (no de diente de león, de origen arbóreo)
y veo la hierba surgir en medio del asfalto
siempre me ha gustado esa imagen
saber que la vida podrá con esa alfombra dolosa con que en menos de un siglo hemos cubierto la tierra
y ese pensamiento de futuro tal vez apocalíptico me lleva al pasado, a imaginar el tiempo anterior a la palabra, y a intentar recrear el momento en que la comunicación se abría camino en el mundo, y el otro mágico momento en que unos símbolos empezaron a querer transcribir esos sonidos
la palabra como hija de la mente
la pretensión largamente mantenida de que ese poder nos hacía los únicos poseedores de alma en el universo conocido
la palabra como peldaño y como obstáculo para llegar a un nivel superior de consciencia
porque cuando nos extasiamos con algo bello, no hay palabras en nuestro interior
y al nombrarlo perdemos esa conexión directa con la belleza
y luego intentamos recuperar esa sensación a través de adjetivos impetuosos de verbos silentes de adverbios delimitadores
y a veces, si dejamos que el hálito que impulsó las palabras nos toque, llegamos a sentir algo parecido
pero siempre será la sombra de la luz
algodones blancos que vuelan en mi corazón

replantación

la maga ha regresado
volvemos a plantar las raíces
hay que tener cuidado con la sal
(mañana compro cicatral)
de cuajo
esa raíz de lo que parecía ser una hermosa planta ha sido arrancada, de cuajo
pasé dos días con ana, y eso ha roto algo dentro de ella
algo que dice ya es irrecuperable
y me ha dicho adiós
como yo le dije una vez, las cosas no son ni buenas ni malas, tienen consecuencias
estas son las consecuencias de mis actos
voy a morirme un rato
pasé dos días con ana, y eso ha roto algo dentro de ella
algo que dice ya es irrecuperable
y me ha dicho adiós
como yo le dije una vez, las cosas no son ni buenas ni malas, tienen consecuencias
estas son las consecuencias de mis actos
voy a morirme un rato
menú
Hoy he estado haciendo encuestas, y me he quedado a comer un menú en Bilbao (8 euros, ensalada, arroz a la cubana, copa de chocolate, gaseosa Revoltosa sin calorías y vino tinto cosechero Castellano).
Había una mesa de cuatro personas, pronto se han acercado dos más: un hombre y una mujer. La mujer los iba besando mientras el hombre hacía las presentaciones, y enseguida me he percatado de que venían de un velatorio. Luego han llegado cuatro personas más, entre ellos una anciana con dificultades para bajar las escaleras.
Cómo unos se quedaban en el llanto y otros enseguida cambiaban la faz me ha hecho reflexionar sobre cómo unos dejan que las emociones perduren, afilándolas, sintiendolas, casi aferrándose a ellas; y cómo otros, a pesar de sentir esos golpes de dolor en ciertos momentos, tienden a transformarlos, en breve tiempo, llevados por la conversación y el deseo de no seguir sintiendo ese desgarro.
Yo me acerco más al segundo grupo: transformo rápidamente las emociones dolorosas o violentas, no las dejo perdurar ni echar raíces en mí. Esto no me viene mal, salvo en su extremo, cuando evito las dificultades como si no existieran. Es entonces cuando esta actitud se convierte en un problema para mí, es entonces cuando me gustaría tener la fuerza y la claridad para decir: esto es así, esto es lo que siento, esto es lo que quiero (eso que llaman asertividad, cuya carencia sufro).
Por eso, ahora, haciendo un alarde de dicha asertividad, digo: te quiero a ti, mi maga, y a la vez lamento el dolor que esta elección causa (ahí está el quiz de la cuestión, su paradoja, el deseo de no hacer daño muchas veces causa más dolor) (sobre todo si lo sumamos a la falta de claridad que proviene de no afrontar los problemas) (llevo como carga el hecho de que hablar, decir lo que siento, contar "la verdad", me causaba trastornos dolorosos, aparentemente evitables con la ocultación y la mentira: enfrentarme a eso -es lo que estoy haciendo- exige de mí un esfuerzo y un darme cuenta de qué es realmente lo que quiero, lo que busco, lo que toca mi corazón). Y mientras lo que quiero encuentra los derroteros para implementarse, espero; y mientras espero, observo la ansiedad y el deseo, y vigilo -cuanto puedo- la dañina costumbre de caer en codependencia.
E intento encontrar momentos para estar presente: comer cuando como, apreciando la madurez del tomate, la conveniencia del aliño, la tersura de la lechuga (a esto me ayuda mucho comer algo con lo que disfrute: una palmera de chocolate que llena mi boca y deja que la mezcla de hojaldre y chocolate inunde mis sentidos, mientras poco a poco voy masticando); andar cuando ando, sin irme en pensamientos fuera del cuerpo; más difícil me resulta ser el observador en una conversación, en un encuentro: todas las observaciones son a posteriori, me sigo perdiendo en el otro.
En general me evado en pensamientos, en deseos, en fantasías que crean opciones de futuro (un trabajo, una casa, nuevos horizontes) sin llegar a concretar nada.
Y mientras yo divago, la vida continúa, y mayo comienza a marcear.
Había una mesa de cuatro personas, pronto se han acercado dos más: un hombre y una mujer. La mujer los iba besando mientras el hombre hacía las presentaciones, y enseguida me he percatado de que venían de un velatorio. Luego han llegado cuatro personas más, entre ellos una anciana con dificultades para bajar las escaleras.
Cómo unos se quedaban en el llanto y otros enseguida cambiaban la faz me ha hecho reflexionar sobre cómo unos dejan que las emociones perduren, afilándolas, sintiendolas, casi aferrándose a ellas; y cómo otros, a pesar de sentir esos golpes de dolor en ciertos momentos, tienden a transformarlos, en breve tiempo, llevados por la conversación y el deseo de no seguir sintiendo ese desgarro.
Yo me acerco más al segundo grupo: transformo rápidamente las emociones dolorosas o violentas, no las dejo perdurar ni echar raíces en mí. Esto no me viene mal, salvo en su extremo, cuando evito las dificultades como si no existieran. Es entonces cuando esta actitud se convierte en un problema para mí, es entonces cuando me gustaría tener la fuerza y la claridad para decir: esto es así, esto es lo que siento, esto es lo que quiero (eso que llaman asertividad, cuya carencia sufro).
Por eso, ahora, haciendo un alarde de dicha asertividad, digo: te quiero a ti, mi maga, y a la vez lamento el dolor que esta elección causa (ahí está el quiz de la cuestión, su paradoja, el deseo de no hacer daño muchas veces causa más dolor) (sobre todo si lo sumamos a la falta de claridad que proviene de no afrontar los problemas) (llevo como carga el hecho de que hablar, decir lo que siento, contar "la verdad", me causaba trastornos dolorosos, aparentemente evitables con la ocultación y la mentira: enfrentarme a eso -es lo que estoy haciendo- exige de mí un esfuerzo y un darme cuenta de qué es realmente lo que quiero, lo que busco, lo que toca mi corazón). Y mientras lo que quiero encuentra los derroteros para implementarse, espero; y mientras espero, observo la ansiedad y el deseo, y vigilo -cuanto puedo- la dañina costumbre de caer en codependencia.
E intento encontrar momentos para estar presente: comer cuando como, apreciando la madurez del tomate, la conveniencia del aliño, la tersura de la lechuga (a esto me ayuda mucho comer algo con lo que disfrute: una palmera de chocolate que llena mi boca y deja que la mezcla de hojaldre y chocolate inunde mis sentidos, mientras poco a poco voy masticando); andar cuando ando, sin irme en pensamientos fuera del cuerpo; más difícil me resulta ser el observador en una conversación, en un encuentro: todas las observaciones son a posteriori, me sigo perdiendo en el otro.
En general me evado en pensamientos, en deseos, en fantasías que crean opciones de futuro (un trabajo, una casa, nuevos horizontes) sin llegar a concretar nada.
Y mientras yo divago, la vida continúa, y mayo comienza a marcear.
del periódico
he leído esta mañana en el periódico una noticia breve, de pocas líneas, pero se me ha quedado grabada
una pareja de novios italianos, de veintitantos años, se han matado casi a la vez, en dos diferentes accidentes de tráfico
él en moto
ella en coche
ninguno de los dos ha podido saber, antes de morir, que el otro le acompañaba
una sensación contradictoria me ha recorrido la espalda
una pareja de novios italianos, de veintitantos años, se han matado casi a la vez, en dos diferentes accidentes de tráfico
él en moto
ella en coche
ninguno de los dos ha podido saber, antes de morir, que el otro le acompañaba
una sensación contradictoria me ha recorrido la espalda
un comienzo
me mandaste un mail, por san valentín
después empezamos a chatear
y fuimos descubriendo que nos atraíamos
pensamos en quedar para conocernos
nos decíamos: lo más fácil sería que nos viéramos y no hubiera química entre nosotros
empezaba abril cuando llegó el día de la cita
perdona, ¿por aquí voy bien al retiro?
y me gustaste, y te gusté
dos semanas después volvimos a encontrarnos
dos cuerpos que empiezan a reconocerse
dos corazones que comienzan a desnudarse
tu cuerpo breve sobre mí
tu sonrisa amplia, tus besos cálidos, hirvientes, juguetones
tus gemidos, tus jadeos
el calor de tu piel contra mi piel
el juego de mirar dentro el otro
sentirme dentro de ti
verte sonreír, llena de felicidad, al recibirme
todos esos recuerdos se agolpan en mi cabeza
y forman parte del presente, del regalo de la vida
que se enrosca como tus piernas
la semilla va creciendo
y extiende sus raíces para hacerse fuerte
la lejanía abrasa como el sol de agosto
y un temporal pasó por encima
sigue creciendo
la semilla sigue creciendo
te quiero, mi niña, mi yoni, mi maga

después empezamos a chatear
y fuimos descubriendo que nos atraíamos
pensamos en quedar para conocernos
nos decíamos: lo más fácil sería que nos viéramos y no hubiera química entre nosotros
empezaba abril cuando llegó el día de la cita
perdona, ¿por aquí voy bien al retiro?
y me gustaste, y te gusté
dos semanas después volvimos a encontrarnos
dos cuerpos que empiezan a reconocerse
dos corazones que comienzan a desnudarse
tu cuerpo breve sobre mí
tu sonrisa amplia, tus besos cálidos, hirvientes, juguetones
tus gemidos, tus jadeos
el calor de tu piel contra mi piel
el juego de mirar dentro el otro
sentirme dentro de ti
verte sonreír, llena de felicidad, al recibirme
todos esos recuerdos se agolpan en mi cabeza
y forman parte del presente, del regalo de la vida
que se enrosca como tus piernas
la semilla va creciendo
y extiende sus raíces para hacerse fuerte
la lejanía abrasa como el sol de agosto
y un temporal pasó por encima
sigue creciendo
la semilla sigue creciendo
te quiero, mi niña, mi yoni, mi maga






