Si mañana amaneciera y el mundo se hubiera vuelto loco....
Podría abrir los ojos y no encontrarme sola en mi cama, despertar acompañada por un hombre que ya no me abrazaría y dormiría dándome la espalda. Quizás buscar caricias en una manos que ya no me toquen o besos de labios secos.
Tal vez mañana amaneciera un día distinto, con la banda sonora de dibujos animados como música de fondo; quizás el ruido en la habitación contigua fuera el grito de mis hijos jugando. Puede que los amara mas que a mi misma, y renunciara a la soledad que ostento por sus sonrisas y sus manos sucias.
Cómo saber si mañana me sentiría plena por tener una familia con mis gestos en sus rostros, y ese hombre sin mi nombre en su mente.
Podría, un nuevo día, hacerme compañía la sensación de ser útil para los demás, el pilar de una casa construida con mi esfuerzo y a cambio de mi libertad.
Si “sembrar para mañana” fuera el objetivo, y “que nada les falte” el fin, habría perdido la batalla, y mi alma tendría otro dueño.
Si mañana amaneciera y mi vida no fuera mía... volvería a cerrar los ojos.
A los que ya no están.
Si hoy me acuerdo de vosotros es que hubo un día en que fuisteis tan importantes para mí, que cargasteis durante tiempo las piedras que me construyeron.
Desde un profesor con bigote, maestro de EGB en un colegio publico de Móstoles y con nombre “don” Fermín, que me tomo de la mano y me subió al primer escenario que pise con ocho años.
Aquella profesora de literatura del instituto, Isabel, con la que tanto disfrutaba hablando y por la que me plantee en que consistía realmente la barrera generacional.
Blanca, la mujer que amo a un hombre y hubiera entregado por él su vida. Aun no sé si llego a hacerlo. Y que me enseño que el trabajo es menos duro cuando lo hacen los demás, pero las lagrimas no son menos dolorosas si las llora otro. Los dos hermanos que no tuve y que quien sabe, tal vez hubiera sido yo distinta también gracias a ellos. Tal vez sea yo distinta gracias a ellos.
Los amigos del colegio; Alicia, la niña que antes desarrollo y que me protegió bajo su ala cuando era solo una chica rara, callada y de pelo corto.
Su poema:
En abril nacen las flores
Y el diez de Abril nacen los colores;
Nace la alegría, nace la ilusión,
Por que nació una niña
Tan bonita como el sol.
Miguel, aquel chico que despuntaba en matemáticas, y que jure no olvidar el día que limpiaron su mesa de flores.
Amelia, junto a la que descubrí que los cuerpos no solo podían sentir calor o frió según la estación del año. Sus silencios, mi vergüenza, y años mas tarde, la sonrisa cómplice de haber pasado juntas una importante etapa.
Aquel chico, con sus dieciséis años de entonces, que me robo el primer beso.
Todos los que pasaron y solo plasmaron su firma en mi libro de visitas.
Vicente, el primer niño que jugo a ser mayor a mi lado, y al primero que hice daño como adulta.
Susana, la amiga en la que deseaba mirarme y que nunca me devolvió el reflejo.
La vieja amiga que seguirá estando aunque no nos veamos, o no queramos vernos, por si no nos gusta el resultado de los años, y que compartí en multipropiedad con mi familia. Y de la que no doy el nombre... por que nos lee, y ella ya sabe de quien hablo.
Sergio, que aunque sigue siendo parte de mi presente, forjó y limpio de piedras el camino de mi pasado, y tal vez quiera desaparecer de mi futuro si de verdad hubiera encontrado ya a su alma gemela.
No incluyo en estos recuerdos al grillo de pelo corto. Ella sigue estando a pesar de los celos, a pesar de los días, a pesar de los desacuerdos, a pesar de los hombres, a pesar de las mujeres. Ella sigue estando. Y se mete en mi cabeza cuando cierro los ojos y busco sentimientos sólidos en los que basar mis lágrimas, ella me recuerda en mi memoria, que el sol sale cuando menos te lo esperas, tras horas de oscura noche. Ella, que con su fuerza, marca instrucciones para no perderme en el mapa de mis sentimientos. Por la que me alegro si no esta sola y a la que siempre quiero a mi lado. Ella, desconocida y trasparente. Perdida en un bosque sin luz, y guía de mis miedos. Ella que me extraña mientras la evito para que me eche de menos.
A los que ya no están, a los nuevos, a los viejos que permanecen, a los que siempre estuvieron y seguirán siendo pilar para esta débil que os necesita y que no os lo dirá nunca. A los que caen sorprendentes y sin aviso sobre el desierto de mi memoria dando lugar a oasis de emociones.
Desde un profesor con bigote, maestro de EGB en un colegio publico de Móstoles y con nombre “don” Fermín, que me tomo de la mano y me subió al primer escenario que pise con ocho años.
Aquella profesora de literatura del instituto, Isabel, con la que tanto disfrutaba hablando y por la que me plantee en que consistía realmente la barrera generacional.
Blanca, la mujer que amo a un hombre y hubiera entregado por él su vida. Aun no sé si llego a hacerlo. Y que me enseño que el trabajo es menos duro cuando lo hacen los demás, pero las lagrimas no son menos dolorosas si las llora otro. Los dos hermanos que no tuve y que quien sabe, tal vez hubiera sido yo distinta también gracias a ellos. Tal vez sea yo distinta gracias a ellos.
Los amigos del colegio; Alicia, la niña que antes desarrollo y que me protegió bajo su ala cuando era solo una chica rara, callada y de pelo corto.
Su poema:
En abril nacen las flores
Y el diez de Abril nacen los colores;
Nace la alegría, nace la ilusión,
Por que nació una niña
Tan bonita como el sol.
Miguel, aquel chico que despuntaba en matemáticas, y que jure no olvidar el día que limpiaron su mesa de flores.
Amelia, junto a la que descubrí que los cuerpos no solo podían sentir calor o frió según la estación del año. Sus silencios, mi vergüenza, y años mas tarde, la sonrisa cómplice de haber pasado juntas una importante etapa.
Aquel chico, con sus dieciséis años de entonces, que me robo el primer beso.
Todos los que pasaron y solo plasmaron su firma en mi libro de visitas.
Vicente, el primer niño que jugo a ser mayor a mi lado, y al primero que hice daño como adulta.
Susana, la amiga en la que deseaba mirarme y que nunca me devolvió el reflejo.
La vieja amiga que seguirá estando aunque no nos veamos, o no queramos vernos, por si no nos gusta el resultado de los años, y que compartí en multipropiedad con mi familia. Y de la que no doy el nombre... por que nos lee, y ella ya sabe de quien hablo.
Sergio, que aunque sigue siendo parte de mi presente, forjó y limpio de piedras el camino de mi pasado, y tal vez quiera desaparecer de mi futuro si de verdad hubiera encontrado ya a su alma gemela.
No incluyo en estos recuerdos al grillo de pelo corto. Ella sigue estando a pesar de los celos, a pesar de los días, a pesar de los desacuerdos, a pesar de los hombres, a pesar de las mujeres. Ella sigue estando. Y se mete en mi cabeza cuando cierro los ojos y busco sentimientos sólidos en los que basar mis lágrimas, ella me recuerda en mi memoria, que el sol sale cuando menos te lo esperas, tras horas de oscura noche. Ella, que con su fuerza, marca instrucciones para no perderme en el mapa de mis sentimientos. Por la que me alegro si no esta sola y a la que siempre quiero a mi lado. Ella, desconocida y trasparente. Perdida en un bosque sin luz, y guía de mis miedos. Ella que me extraña mientras la evito para que me eche de menos.
A los que ya no están, a los nuevos, a los viejos que permanecen, a los que siempre estuvieron y seguirán siendo pilar para esta débil que os necesita y que no os lo dirá nunca. A los que caen sorprendentes y sin aviso sobre el desierto de mi memoria dando lugar a oasis de emociones.
Cronos
Alado y guadaña en mano, el tiempo lo arrasa todo.
Como la vida en si misma engendra a la muerte, la tristeza alberga la esperanza o el recuerdo de la felicidad.
El tiempo. Curioso parámetro finito en el que nacemos, crecemos, nos relacionamos, a veces incluso nos reproducimos, y morimos. Pocas diferencias con aquel anuncio de mata cucarachas.
Y a pesar de las palabras derrotistas, me siento bien. Me manifiesto para que nadie piense que ya me aburrí también de este cuartito donde me quito la ropa y me miro en los iris de mas de doscientos ojos a través de una pantalla. Pero últimamente no estoy teniendo demasiado tiempo, y cuando lo tengo, prefiero no dar disgustos a mi jefe, que bastante bien se porta el pobre ya....
Aunque deseo volver al tema que ahora me altera: el tiempo.
Como un niño gatea cuando quiere, dándome la oportunidad de disfrutarlo y verle envolverlo todo con su sonrisa picara, mientras me abraza y me hace su cómplice. Pasa ante mi despacio y me felicita cuando juego con él. En cambio, el mismo tiempo se ha hecho grande, y se ocupa de él mismo, corre y no me dice donde va ni a que hora llegara, me deja sola en un salón vacío, esperándole, preocupada por su retraso... que estará haciendo? Cuales son sus compañías? Hace que me sienta vieja, por que se transforma en un muchachuelo irresponsable, que cruza mi vida veloz sin darme explicaciones, y me mira de reojo con la prepotencia que infecta a quien juzga.
Que hago con mi tiempo?
Paso noches buscando en la radio alguna emisora, algún consultorio en el que plantear mi duda, como las madres que, preocupadas por el futuro de sus hijos, buscan apoyo para entenderlos e incluso respetarlos, mientras estos se parecen y se alejan cada vez mas de uno mismo.
Desde hace unos días busco una vía de escape. Le estoy dando demasiadas vueltas a la cabeza por la tonta sensación de estar perdiendo mi vida.
No me confundáis; sé que no la pierdo, que la vivo y la exploto, ero la impaciencia y mis habituales nervios, me ponen aun más nerviosa.
Pareciera que el tiempo se me escurriera, que los días se me filtraran como agua en las manos. Es la sensación de no alcanzar a explicar algo, de no encontrar la palabra correcta, de no recordar el nombre de alguien que debes recordar, de no poner música a la canción que una vez significo tanto...
Quiero marcharme y escuchar el sonido de mi propia música, que los días rápidos y las noches cortas no me permiten oír.
Yo soy de letras, por lo que las matemáticas y mucho menos la economía no son, en absoluto, mi fuerte. No sé si “estar libre de deudas” significa que puedo meterme en algunas, pero me tranquiliza que de las deudas se sale trabajando y para trabajar hace falta tiempo. Tiempo, que tengo y que no se como gastar si no es trabajando.
Desapareceré una semana, lo tengo decidido. Me marchare a Canarias por prescripción facultativa, diagnostico avalado por todos los que me ven y opinan que no me favorecen las ojeras. Que debería dejar de maquinar un futuro incierto. Que me como demasiado la cabeza dándole vueltas a cosas sin sentido y de las que no encuentro el comienzo del cordel para deshacer los nudos.
Esta decidido, pasare unos días tirada en una playa nudista, sin mas compañía que el viento que les sobre a los surfistas y los pasodobles de los pensionistas alemanes. Con un lecho de arena blanca y el cielo y el agua como juego de cama.
Me marcho sola. Alguien aun desconocido, de quien solo he oído hablar, y por quien siento el mayor amor, me ha citado en una cala. Voy a encontrarme conmigo, con ese yo que da tanta guerra por lo abrumador de los últimos meses. Si todo marcha bien, y consigo convencerla, ambas regresaremos a Madrid juntas.
Mi limitado presupuesto me permite comprar algunos libros para llevarme y desde aquí pido consejo... que me recomendáis como lectura en mi retiro espiritual?
El viaje será en dos semanas, y aunque hace días (bastante) que no tenéis noticias mías, no pienso esfumarme para siempre. Aquí esta mi casa, y si me ausento por mas tiempo del debido, cuidad la casa, no dejéis que los fantasmas campen a sus anchas, regad los geranios, tal vez con vosotros, y lo siempre alegre de vuestros comentarios no se mueran y hasta recobren los colores. Tomad las llaves y sentios cómodos.
EL tiempo corre y no me espera. Las estaciones cambian, y no le he perdido aun el miedo al invierno; desde hace días vengo recibiendo llamadas de este, comunicándome que pasara conmigo unos meses, y que viene cargado de emociones. Le albergare en mi casa, comerá en mi mesa y dormirá en mi cama. Voy a convertirlo en MI invierno... pero para eso necesito ser YO

Como la vida en si misma engendra a la muerte, la tristeza alberga la esperanza o el recuerdo de la felicidad.
El tiempo. Curioso parámetro finito en el que nacemos, crecemos, nos relacionamos, a veces incluso nos reproducimos, y morimos. Pocas diferencias con aquel anuncio de mata cucarachas.
Y a pesar de las palabras derrotistas, me siento bien. Me manifiesto para que nadie piense que ya me aburrí también de este cuartito donde me quito la ropa y me miro en los iris de mas de doscientos ojos a través de una pantalla. Pero últimamente no estoy teniendo demasiado tiempo, y cuando lo tengo, prefiero no dar disgustos a mi jefe, que bastante bien se porta el pobre ya....
Aunque deseo volver al tema que ahora me altera: el tiempo.
Como un niño gatea cuando quiere, dándome la oportunidad de disfrutarlo y verle envolverlo todo con su sonrisa picara, mientras me abraza y me hace su cómplice. Pasa ante mi despacio y me felicita cuando juego con él. En cambio, el mismo tiempo se ha hecho grande, y se ocupa de él mismo, corre y no me dice donde va ni a que hora llegara, me deja sola en un salón vacío, esperándole, preocupada por su retraso... que estará haciendo? Cuales son sus compañías? Hace que me sienta vieja, por que se transforma en un muchachuelo irresponsable, que cruza mi vida veloz sin darme explicaciones, y me mira de reojo con la prepotencia que infecta a quien juzga.
Que hago con mi tiempo?
Paso noches buscando en la radio alguna emisora, algún consultorio en el que plantear mi duda, como las madres que, preocupadas por el futuro de sus hijos, buscan apoyo para entenderlos e incluso respetarlos, mientras estos se parecen y se alejan cada vez mas de uno mismo.
Desde hace unos días busco una vía de escape. Le estoy dando demasiadas vueltas a la cabeza por la tonta sensación de estar perdiendo mi vida.
No me confundáis; sé que no la pierdo, que la vivo y la exploto, ero la impaciencia y mis habituales nervios, me ponen aun más nerviosa.
Pareciera que el tiempo se me escurriera, que los días se me filtraran como agua en las manos. Es la sensación de no alcanzar a explicar algo, de no encontrar la palabra correcta, de no recordar el nombre de alguien que debes recordar, de no poner música a la canción que una vez significo tanto...
Quiero marcharme y escuchar el sonido de mi propia música, que los días rápidos y las noches cortas no me permiten oír.
Yo soy de letras, por lo que las matemáticas y mucho menos la economía no son, en absoluto, mi fuerte. No sé si “estar libre de deudas” significa que puedo meterme en algunas, pero me tranquiliza que de las deudas se sale trabajando y para trabajar hace falta tiempo. Tiempo, que tengo y que no se como gastar si no es trabajando.
Desapareceré una semana, lo tengo decidido. Me marchare a Canarias por prescripción facultativa, diagnostico avalado por todos los que me ven y opinan que no me favorecen las ojeras. Que debería dejar de maquinar un futuro incierto. Que me como demasiado la cabeza dándole vueltas a cosas sin sentido y de las que no encuentro el comienzo del cordel para deshacer los nudos.
Esta decidido, pasare unos días tirada en una playa nudista, sin mas compañía que el viento que les sobre a los surfistas y los pasodobles de los pensionistas alemanes. Con un lecho de arena blanca y el cielo y el agua como juego de cama.
Me marcho sola. Alguien aun desconocido, de quien solo he oído hablar, y por quien siento el mayor amor, me ha citado en una cala. Voy a encontrarme conmigo, con ese yo que da tanta guerra por lo abrumador de los últimos meses. Si todo marcha bien, y consigo convencerla, ambas regresaremos a Madrid juntas.
Mi limitado presupuesto me permite comprar algunos libros para llevarme y desde aquí pido consejo... que me recomendáis como lectura en mi retiro espiritual?
El viaje será en dos semanas, y aunque hace días (bastante) que no tenéis noticias mías, no pienso esfumarme para siempre. Aquí esta mi casa, y si me ausento por mas tiempo del debido, cuidad la casa, no dejéis que los fantasmas campen a sus anchas, regad los geranios, tal vez con vosotros, y lo siempre alegre de vuestros comentarios no se mueran y hasta recobren los colores. Tomad las llaves y sentios cómodos.
EL tiempo corre y no me espera. Las estaciones cambian, y no le he perdido aun el miedo al invierno; desde hace días vengo recibiendo llamadas de este, comunicándome que pasara conmigo unos meses, y que viene cargado de emociones. Le albergare en mi casa, comerá en mi mesa y dormirá en mi cama. Voy a convertirlo en MI invierno... pero para eso necesito ser YO

Cuando me canso
¿Qué me ocurre? Preferiría ser la única; que nadie mas tuviera que pasar por eso, y que nadie me entendiera para así, poder esconderlo en el fondo de un cajón. Olvidar que una vez mas me aburrí hasta de mi sombra, pero no traicionarme a mi misma negándome lo que siento.Si yo, que ante la luz me crezco, incluso del sol me canso. Y cuando me escucho decirme a mi misma, sin pensar, lo cansada que estoy del verano, tengo que negarme la razón que se le daría a los locos, y reprenderme:
- Tu te escuchas?, te das cuenta de lo que dices? Pasas la vida quejándote: por que no tienes lo que deseas o por que ya no quieres lo que tienes, por que perdiste algo que quisiste, por que no sabes lo que quieres... No quiero escucharte, y si pudiera lo impediría. Pero soy tu, y me es imposible ignorarte. Afortunados aquellos que no te padecen!
Pero yo también tengo que aguantar a mi voz, siempre critica, siempre dura; sin un consuelo, sin palabras de apoyo. Mi peor juez.... y hasta de mí me canso.
Aunque esos son los momentos sencillos, los que puedo quejarme y hasta llegar a creerme mis quejas; Mientras lo hago consigo ver al final una luz (mis problemas o incomodidades tienen un fondo, que una vez alcanzado, podrán solucionarse y volveré a sentirme liberada de ellos).
Los difíciles son los que, como anoche, me desbordo de lastima por mi misma.
No hay nada en mi de lo que pueda compadecerme: TODO marcha BIEN, y aun así me desespero por que no es perfecto, por que la perfección no alcanza ni por asomo a mi estado de animo.
Quizás es que también me canso de sentirme bien, y el monstruo devora alegría que llevo dentro se lo come todo, hasta mis ganas de sonreír.
Paso días sintiéndome bien, querida y plena. Días en los que parece que el mayor esfuerzo que he de realizar sea mantener los pies pegados al suelo. Y tras esos días comienzo a cuestionármelo todo: Los amigos con los que ayer me divertía y me parecían interesantes, sus conversaciones inteligentes y cada nueva aportación un nuevo descubrimiento, dejan de serlo y les veo como seres insulsos y sin nada que contar. Mientras que para las amigas con las que ayer disfrutaba manteniendo charlas de horas y gestos cómplices, hoy me agobian con una “llamada inoportuna” o un mensaje vacío.
El hombre que hizo saltar mis alarmas, y por el que pensé abrir la caja de caudales, se transforma en la sombra de un árbol desnudo.
Ya.... yo también lo pienso...
La voz me habla de nuevo y me dice:
- Soberbia e insoportable! Eso es lo que eres.... Que Fulanito ya no me divierte.... que Menganita siempre me cuenta lo mismo... Que he perdido el interés por Tarantaníto y ahora me molesta hasta que me mire. Deja de mirarte el ombligo y comprende que no ofreces mucho mas... Tu! Tu que cierras puertas, que miras por encima del hombro a quien intenta tenderte su mano; Tu, que vendes una imagen para que los demás la compren y cuando se han hipotecado por unos míseros centímetros de tu corazón, les desahucias, y lloras por que nadie quiere conocer a quien en realidad eres.
Sé que esa voz chillona que me grita por las noches y me roba el sueño, la que me acosa, la que me acorrala, tiene razón.
Me canso de lo que tengo, de lo que me dan y de lo que doy por que no sé que quiero.
Ójala fuera la única, que nadie mas supiera de lo que hablo. Desearía que estas palabras pasaran inadvertidas por incoherentes y volver a esconder la cabeza, fingiendo normalidad amarrándome a los días placidos, a los que me elevan de compañía de gente a la que adoro, y negar después que soy yo, y no ellos, quien cambia.
Malas intenciones.
Son fáciles de disimular, basta con decir “jamás fue mi intención” y sobra con pedir disculpas.
Nacemos sin ellas, y un día cualquiera mezclas el placer de ver sufrir a otro con el de que este dolor sea mayor que el tuyo, por que quien enferma de mala intención padece dolor en si mismo.
El sabor metálico de la desilusión, el gusto amargo de la derrota, el paladar añejo del hastío, el regusto sangriento y cálido de la venganza.... sabores
Las malas intenciones comienzan a disfrutarse mientras se cocinan, se gestan en una ofensa y se cuecen a fuego lento mientras pierden la dignidad y toman la consistencia densa del odio.
Agréguese orgullo al gusto y una pizca de despecho.
No deje de agitarlo, es importante mantenerlo liquido para que se cuele con facilidad por las heridas.
Preparado el guiso es fundamental su presentación; viértalo para su comensal en un cuenco de vulnerabilidad. Acompañe el plato con guarnición desconcierto de y dentro de lo posible alargue la sobremesa con licor de saña.
Sírvase siempre caliente y no deje de contemplar las facciones de su comensal; le daran pistas sobre la efectividad de los ingredientes y lo acertado de su elaboración.
Si el resultado cumple sus expectativas, es importante compartir el triunfo entre sus amistades, pero procure ser modesto y nunca, nunca revelar los auténticos ingredientes.
Buen provecho.
