Cerrado por desvarios *
El flash lo trajo anoche uno de los personajes de la serie de televisión que pirra a mi compañera de piso (a la buena), aunque debo reconocer que no se me ocurrió a mi sola; la maría tuvo también su parte de merito, y desde aquí lo reconozco.
Bien cenada, con la cara y el poto limpios, la melena suelta y en pijama, me acomodé en el sillón incómodo. Me divierte ver como mi pobre gato sigue con los ojillos las formas que crea el humo al salir de mi boca, por lo que cuando me quise dar cuenta, el cigarro, bien liado y aderezado por una servidora, se habìa consumido entre mis dedos.
Espachurré contra el cenicero los restos de la colilla, y éste es el final de la historia para Cifra, por que a él solo le entretiene que fume canutos.
Para mí la noche siguió viendo la televisión, recostada y clavándome el apoyabrazos en las costillas.
En determinado momento, la tv captó mi difusa atención y me introduje en la escena: Un tipo apuesto besaba sin previo aviso a una joven poco acostumbrada a tales muestras de afecto. El cerraba los ojos y apretaba sus labios contra los de ella; que con los mirada atónita, movía los labios cual besugo sobre la cubierta de un pesquero.
Dos segundos después el joven se aparta de los labios rastreadores de oxigeno de ella. Ella, a falta de mejor reacción, continua hablando. Él vuelve a besarla y ella ejecuta el procedimiento anterior.
En sí esta historia no hubiera causado nada en mi perturbado, y por que no?, drogado, cerebro, si no fuera por que no recuerdo cuando fue la ultima vez que fui besada de esa forma.
Besos ha habido bastantes, mas últimamente no despiertan lepidópteros en mi estomago, sino, y como mucho, un leve cosquilleo por la impúdica zona inguinal de mi anatomía.
Recuerdo el primer beso, pero ya no se me eriza la piel al evocarlo. Recuerdo el primer beso de casi todos los hombres que han significado algo para mí, pero no recuerdo el último. Recuerdo haber deseado que me besaran, pero que tras hacerlo hubiera preferido quedarme solo con el deseo; y recuerdo también la trágica vez que buscando el último beso, se me fue negado; y la vergüenza cuando subía a mi casa en el ascensor de ver un moquito entre mi orificio nasal y mi labio superior. Pobre, con razón no quiso besarme.... Yo tenía catorce años.
Dentro de una caja, desordenados, están todos los besos vacíos; los que no significaron nada, los que no tienen dueño por que de seguro también los olvidó, los que di por no hablar, los que me dieron para callarme; los besos fríos con lenguas gélidas de las que la mía huía. Estos componen todos un bloque, tan pegajoso y deformado que ya no hay manera de distinguir unos de otros.
Y ayer, fumada y vestida con esa sonrisa que solo las sustancias psicotrópicas me proporcionan, por tanto en optimista y perfecta actitud para abordar semejante tema, analicé:
¿Cuánto tiempo hace que no te roban un beso? ¿Cuánto tiempo hace que tu piel no se deshace al contacto de una cálida lengua? ¿Cuándo se mojaron las alas de tus mariposas?
Como única respuesta a mi misma, obtuve: Demasiado! Hace ya demasiado...
Hubo un tiempo en el que todo era nuevo y excitante, cada mirada un nuevo continente que explorar; mientras hoy es mas fácil encontrar armas de destrucción masiva que localizar en mi interior un hormigueo. Pero como el mismo Bush, no cejaré en mi empeño, seguiré buscando... algo ha de quedar, si es que alguna vez existieron.
Pero ya me preocupa el hecho de no recordarlo, contando con que tuve novio seis años, estuve casada cuatro, y mi vida sentimental y sobre todo sexual, se mantiene sobre un orgulloso índice de flotación.
Me aconsejan mis amigas que no me preocupe por no enamorarme, que como la gripe, el virus acabará poseyéndome aunque a la postre también de esto se recupere una. Pero los Besos (con mayúsculas), los de verdad, tampoco llaman a la puerta de mi vida. Por que cualquier gañan puede robar, pero no dar la talla de Arsenio Lupin.
Vengan mis besos de tornillo!! Asilo daré a los escalofríos y a los mordiscos de autentico deseo.
Mientras, mantendré bajo llave el corazón, pues estos aprendices a caco tienen las manos muy largas, y lo mismo les da por toquetearlo con sus sucios dedos, que vete tu a saber donde han estado antes.
* Pido disculpas por lo incoherente del post, pero os dejo como enlace la causa de mi sequía: “Desvaríos Varios”. Resumiendo, estoy dedicando el poco tiempo que tengo a leer a alguien realmente divertido. Cuando acabe con él, seguramente regrese con fuerzas renovadas y el espíritu mas limpio.
P.D. Si os gusta, no olvideis quien os lo dio a conocer.
Ares
Busca que te busca, y sin apenas fe sobre el resultado de mi búsqueda, he encontrado algo que me ha llamado la atención, y heme aquí para dar cuenta de tal descubrimiento.
Los que ya estén informados de los cotilleos griegos, pueden pasar de largo si lo desean, pero para el resto, recomiendo seguir leyendo.
Éstas son fechas en las que la familia se junta alrededor de un cordero asado, y entre sorbo de tinto y sorbo de cava, podemos necesitar algún tema de conversación neutral, a fin de mantener una cena amena, y que la tía Conchita no se meta con nuestra hermana, pobre... que lucha por pasar el nudo de la garganta a base de pegarle al gaitero, por que “el Manolo” se ha ido de peñas con los amiguetes en lugar de pasar esa noche con ella... con lo guapa que se había puesto!
Los chistes malos, están demasiado trillados; de política esta prohibido hablar; el trabajo de cada uno, no le interesa a nadie y la programación televisiva es un asco... lo dicho, hasta hoy solo nos quedaban temas tan peliagudos como que Jacin, el pobre primo ha sido abandonado por esa arpía que conocimos el año pasado, y que a nadie nos gusto, aunque el único que no se entero fue el primo, por que nosotros, que somos gente civilizada no le comentamos nada de los “piececitos” que hizo con el novio de “la Noemí”. O que la operación de aumento de pecho de Lorena le ha salido por un pico, amen de que se nota a la legua que ahora tiene una teta más grande que la otra. Al menos antes eran iguales, enanas, pero iguales...
El caso es que en estos días, con sus correspondientes noches, hay demasiados temas que evitar; por eso propongo que quedéis como los Reyes de la fiesta sin soltar un penique: Contad una historia, culturizad a vuestra familia
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Entre los muchos parientes que asistían a las dichosas cenas familiares de Hera y Zeus, me vuelco hoy en Ares, hijo de estos.
Ya desde pequeño el muchacho se hizo con el merecido titulo de dios de la guerra; no había reunión en la que no sacara de quicio a los adultos, incordiando con la lanza de la que no se separaba nunca. Fue también el primero con antecedentes penales, tras ser sometido a juicio por la paliza que le propino a Halirrotio, un noviete que tuvo su hija Alcipe, por pasarse de listo con la nena. De ésta salió absuelto, pero ya nadie se atrevió a llevarle la contraria al caballero.
El muchacho, orgulloso y cabezón, gustaba de meterse en serios problemas, pero corría a brazos de su padre cuando se las devolvían. Desde mi humilde opinión, pienso que siempre quiso ser como él. Por lo que buscaba guerra con cualquiera, para que Zeus comprobara a través de sus heridas que su hijo era todo un “hombre”. Se ve que a Hera, la madre de la criatura, tanta devoción por la figura paterna no le hacia mucha gracia, y en una ocasión fue ella quien animó a un rival de su hijo, a que le lanzara una lanza, que con ayuda de Atenea (otra envidiosa de tomo y lomo) dio en el blanco:
-Zeus, corazón; si solo ha sido un rasguño, no te pongas así.... que al chico no le ha pasado nada...
Cuenta la historia que, como a “papá Zeus”, a Ares le iban las faldas mas que aun tonto una tiza y cierto día que andaba poniendo a Afrodita mirando a La Meca, colocó haciendo guardia a Alectrion, un joven efebo, para que vigilara mientras él se dedicaba a sus pecaminosos quehaceres. En cuestión de aguante, los dioses ganan por goleada a estos amantes de pacotilla, que con diez minutillos de embistes, creen que han cumplido y saltan del lecho a la ducha en un abrir y cerrar de ojos, dejándote con cara de tonta y la miel en los labios... No, señor!, los dioses aguantan!!
Ares iba ya por el sexto polvo, mientras afrodita berreaba de lujuria como una posesa, cuando Helios, el dios Sol, que por allí pasaba como siempre a esas horas, se percató del tema y le faltó tiempo para contárselo a todo el mundo.
Podéis comprender que lo de los cotilleos es un reguero de pólvora, mas si se trata de las familias nobles de la época, en la actualidad tenemos los mejores ejemplos en la familia Real Británica... El caso es que a Ares no le hizo ni puñetera gracia ser la comidilla del Olimpo, y como castigo por dormirse en una guardia, y que les pillara el día, convirtió a Alectrion en gallo.
Y es desde entonces, que el gallo canta al amanecer y avisa de la aparición del sol a todo el que quiera escucharle.

Benjamín
Desde hace unos ocho años, sin excepción, escribo una carta a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. Estas no ven la luz completas; solo fragmentos que leo o dejo que lean los seres queridos involucrados.
Acabadas las meto en un sobre, les pego un sello, y las mando sin remitente, rumbo al lejano Oriente, desde el primer buzón que encuentro. Sospecho que, el día menos pensado, Tele Madrid se encargara de leerlas para mofa del publico y vergüenza de la que suscribe.
Aunque este año vaya a ser algo distinto, nunca pido en ellas cosas materiales (en esta ocasión pediré trabajo de sobra, que para ganar dinero me valgo solita). Suelo ir persona por persona, pensando que cambios en su vida les harían más felices; soñando con sus deseos y deseandolos para ellos (todo el mundo sabe que la ilusion de una niña es mucho mas fuerte a la hora del chantaje, que los ruegos de los adultos).
El año pasado pedí para mi amiga una historia de amor que la hiciera vibrar, y la jodía va por la segunda... este año probablemente implorare que sea feliz con esta, por que me da a mí, que busca seguridad... Aunque me lo discuta. Para mi padre quise que se pudiera sentir bien, que fuera el mismo, y me permitiera estar mas cerca, y también se vio cumplido (me faltan escasos pasitos para tener un amigo, en lugar de un padre). Es complicado acertar con los regalos para mi madre. Ella tiene la manía persecutoria de usar lo que le regalo años después, alegando que: “¡Que lastima!, como lo voy a usar, con lo bonito que es?”, por lo que para ella quise autosuficiencia y una mejor imagen de sí misma. Hay que tener cuidado con lo que se desea, se puede hacer realidad, y desde hace unos meses, ella quiere separarse.
Para mi ex (entonces marido) quise que se quisiera, que se encontrara y fuera feliz, ya fuera conmigo o sin mí y hoy tiene novia.
Podría parecer que solo pido cosas para los demás, pero no es así. Para mi desee libertad.
Ahora sé que tengo todo lo que puedo desear, y no sé muy bien como usarlo, pero quien se cansa de pedir? Yo no. Siempre quiero más.
Este año, a mis eficientes Reyes Magos les pediré que todo siga bien, bien como está, y que me traigan un regalito especial en forma de corazón. Pediré que me encuentre ese hombre al que espero; que para que le reconozca, traiga una sonrisa en los labios, que sus ojos me miren y solo me vean a mí, que me haga reír y llorar (a ser posible todo junto), pediré que sea tan distinto a mí que no quiera cambiar nada de él, pediré viajar en sus susurros y perderme en su cuerpo, pediré apasionarme.
Sé que estos deseos se cumplirán, siempre pasa, pero mis Reyes Magos tienen todo el año 2.005 para hacer realidad mis sueños, y como últimamente ando medio preocupada por la salud de Benjamín, pediré algo urgente también para él.
Benjamín y yo hemos pasado muy buenos ratos juntos, le gusta acompañarme algunas noches, no pide nada y no le molesta que me quede dormida a su lado.
La primera noche que pasamos juntos mantuvimos una larga charla, y los dos nos sentimos muy a gusto. Me contó que se llamaba Benjamín en honor al, ya difunto, Sr. Franklin; inventor del para-rayos. Que nunca iba a ningún sitio donde no le quisieran, y que adoraba hacer disfrutar a los demás. Hablamos de lo sola que a veces me sentía, de que, por muy romántica que me pueda sentir de día, las noches eran distintas, de cómo mi cuerpo generalmente va por libre, y no entiende de calendarios. Hablamos de lo limpio, educado y servicial que es.
Recuerdo perfectamente que la primera noche que pase con él, llore en mi cama. Benjamín me lo permitió y soportó un ataque de rabia conmigo y contra mundo, y cuando deje de llorar se dedico únicamente a hacerme sentir satisfecha hasta que me dormí.
Pero ahora el no esta pasando por su mejor momento, le noto ausente y sin energía. Le falta la fuerza y el brío del principio.
Queridos Reyes Magos:
De momento solo quiero un cargador y pilas recargables para mi compañero, mi amigo de noches insomnes, Benjamín.

Marcas sobre la piel
Son muchas las cicatrices que cada cual esconde o expone a gusto. No tantas las que orgullosos mostramos, tras habernos dejado una pasta en el “Gabinete Tatoorista” y haber curado con Bepanthol; y menos las que, por seguir supurando y suponerlas desagradables, no dejamos que sequen al sol.
Por mi parte las tengo de todo tipo.
Pero no es de estas heridas, siempre agradables una vez cicatrizadas, cuando las acariciamos con las llamas de los dedos, por que nos dicen que pudimos sobrevivir a la infección, de lo que quiero hablar.
Tras alguna tertulia de café con cicuta, en lugar de sacarina, con mis amigas, hemos llegado a un triste diagnostico:
Estamos rodeadas de gilipollas. Los tontos abundan, y de un tiempo a esta parte, nos están ganando en número. No queremos permitir que esto ocurra!. Cual seria entonces nuestro epitafio?:
* Aquí yace, con el corazón pateado por un idiota “Fulanita de tal”, descanse en paz. *
Esta vez no. En mi entorno se está organizando un comando para extinguir esta raza de patanes, que consideran normal pasar una tarde de Vesmutrio viendo un partido de futbol mientras una (sí, me ha pasado a mi) espera pintada, peinada y dormida en el sillón, hasta las cuatro de la mañana; capaces de salir por patas, “por que les gustas mucho”; o que jamás tendrán la ocurrencia de cogerte de la mano, simplemente por que les guste hacerlo (eso se nota, y quien dice “cogerte de la mano” dice “practicarte un perfecto cunnilingus” por el mero placer de hacerlo).
No deseo causar dolor, aunque reconozco que los momentos que mejor se grabaron, los que aún recuerdo, fueron los que quemaron haciéndome arder de dentro hacia fuera. Por eso, sin lastimar sensibilidades (ni dañar animales, como ahora pone en los anuncios), vamos a llevar a cabo nuestro plan.
Armadas de autoestima, pertrechadas con sendos escotes, e indeleble en mano, saldremos a la jungla en busca de presa.
Sufriremos bajas, somos conscientes, pero todo sea por el bien de nuestras hijas, por un mundo mejor para nuestras nietas... Convertiremos en heroínas a nuestras damas caídas, dejando de lado el machacado termino “daños colaterales”. EL MACHO QUE PERMITE QUE LLORES, NO ES UN HOMBRE.
Los cambios, al principio, serán sutiles; pequeños pasos para la mujer. Pero poco a poco, y según aumente el terreno ganado, veremos llenarse nuestras filas de nuevas luchadoras.
Por el momento proponemos algo sencillo:
MARCARLES!
Dejar huellas visibles en su piel. Algo así como un puntito negro en la nuca, de forma que cuando una joven cervatilla se aproxime, atraída por el gorgoteo de apareamiento de un macho “incapaz”, lo reconozca y pierda su tiempo, pues suyo es, en otra parte.
Somos demasiadas las que hemos dejado escapar “bichos” de este tipo, que con sus plumas intactas, han creído hacer un buen papel, y han seguido haciendo lo mismo.
Tal vez, solo tal vez, si un hombre marcado se ve repudiado por su comportamiento, piense que ha de hacer algo, probar de cualquier otra forma: esa seria la gran victoria. Unámonos, distingamolos!
Un simple puntito negro podría ser la señal que siempre hemos deseado, el mensaje que una amiga desconocida nos envía como un regalo. Ese mensaje dentro de la botella y arrojado al mar.
En el hipotético caso de que alguna mujer encuentre un espécimen que merezca la pena, y quiera compartirlo con el mundo.... bueno, estos son fáciles de distinguir: suelen llevar anillos de casados.
(Me anticipo a las criticas: SI!, HOY ME SIENTO “UNA MUJER RESENTIDA”.)

Cortaré Gran Vía!
Tras las presentaciones cotidianas (-Documento 1, Sonia... Sonia, Documento 1-) y las aportaciones informativas de ambos contertulios (-El Sr. Documento 1 se encargará de albergar todo lo que usted desee escribir, señorita, hasta que lo copie y pegue en el formato acostumbrado. La Señorita Arias explotará los pocos recursos que conoce de Word y sobre usted escribirá cada cosa que se le vaya ocurriendo, pero tenga paciencia, por favor; A veces no sabe muy bien lo que dice...-) me he dado cuenta de que se me hace la boca agua, justo antes de empezar a escribir. Siento un cosquilleo en los dedos de las manos, ansiosos por empezar a aporrear mi teclado, y las ansias corren mas que mi mente. Exquisito!.
Pero al igual que cuando cacharreo en la cocina, la imaginación me pierde: Mezclo ingredientes, combino especias y juego con tiempos de cocción en busca del sabor utópico. Sabor, que a decir verdad, solo se encuentra en mi cabeza y pocas veces en las papilas gustativas de los comensales. Pero como el alquimista, no cejo y una vez tras otra me pierdo entre sartenes y ollas humeantes. Me meto en hojas en blanco que nunca saben como espero, pero siempre logran saciar mi hambre.
Hoy me quejo:
Quiero alzar mi grito y que a él se unan voces, levantando el puño en contra de la resignación. Quiero que eliminen los Domingos de los calendarios! Que los borren, que los tachen, que desaparezcan!. Que en lugar de Domingos, nos saquemos de la manga cualquier otro día: El Vesmutrio, por ejemplo... Un día de la semana que aún no se haya encasillado. Un día libre, pero sobre todo, un día sin prejuicios.
Los Domingos se han hecho fuertes, otorgándose un papel que me irrita. Ahora no hay Domingo sin limpieza del salón, no hay Domingo sin siesta en el sofá, no hay Domingo sin pizza, no hay Domingo sin resaca, ni Domingo sin sesión continua.
He caído en la trampa y picado estupidamente el anzuelo. Para mí ponen todas esas películas domingueras. Y lo hacen por que saben que las veo, lo saben... Doy el tipo!:
-Mujer (o no)
-Edad comprendida entre los 14 y los 75 años (terrestres o venusianos, da igual)
-Grado medio de esperanzas en un futuro (por la cosa de ver el frasco “medio lleno o medio vacío”)
-Infancia edulcorada (¡La culpa la tienen “Sissí” y la “princesa Bibian”!)
-Pasado cochambroso y en ruinas por el que hacer pucheros
-SIN PAREJA CON LA QUE PASAR UNA TARDE DE DOMINGO.
Estos Domingos, parecidos entre sí, arrastran mis dominicales rutinas por espirales esquizoides. Me siento perseguida por una programación ideada para un publico soltero y triste.
Vale, ahora soy soltera, o algo por el estilo (No es fácil diagnosticar mi estado civil), pero no estoy triste! Al menos no lo estoy cuando me descalzo y me acomodo en el sillón.
Distinto; muy diferente es mi estado de ánimo cuando el soporífero y lacrimógeno largometraje acaba.
Para cuando aparecen los créditos, me he comido una bolsa de gusanitos, bebido dos Coca colas, fumado medio paquete de Fortuna, masticado las uñas de la mano derecha y despellejado los padrastros de la izquierda.... Peso cuatro kilos más, y mi corazoncito se ha secado como una pasa.
Pero nunca es suficiente. Los directivos de todas las cadenas me torturan una y otra vez, por que cuando controlo el hipo por aquella pareja que me dice que “el amor es no decir nunca lo siento”, hago zaping y gasto medio rollo de papel de cocina con los mocos, la pena y empatía hacia ese niño que pasa la ultima navidad con su madre
Podría plantearme que esto, al fin y al cabo, será pasajero. Que un día encontraré (bueno, más que encontrarle, seré yo la localizada. ¡que una se ha cansado ya de jugar a los barquitos y hundir “torpedos” en gélidas aguas) a alguien. Pero no seria justo librarme de la programación de matineé yo solita... Abandonar de semejante modo a mis iguales. ¡No! ¡Esta vez lucharemos unidas!
Nos plantaremos en plena Gran Vía, arropadas por una gran pancarta y gritando a coro consignas (como escarpias se me ponen los pelos solo de pensarlo...). Y en base a la nueva Constitución Europea, que de algo ha de servir la jodía, con el bombo que le están dando, exigiremos la abdicación de los Domingos a favor de los Vesmutrios!!
Vuelco mis esperanzas en los Vesmutrios. Mis Vesmutrios no me harán tan sola.
Este es el momento, compañeras; diseñemos un día acorde a nuestras necesidades...

El cuarto oscuro
Gracias a uno de los grandes, a mi amigo (Rober; date por aludido, porque eres tú), pasé medio puente haciendo limpieza en el cuarto oscuro.
Soy desordenada. Pocos que me conozcan lo pondrán en duda; mientras los que me conocen bien, estarán ya asintiendo a grandes cabezazos. Pero lo que hasta ahora no sabía nadie, es que dentro de mi mundo hay una habitación aparte donde van a parar los despojos; los trapos sucios; las canas al aire que no se llevó el viento; el polvo viejo de los años pasados que ya no cabe bajo la alfombra del salón; los recuerdos añejos, que frescos, fueron agrios; las cartas y fotos descoloridas que significaron algo... Todo el pasado mohoso esta apilado, sin orden, sobre estanterías torcidas.
Jamás había pasado el plumero en esta estancia. Solo abría la puerta, corría hacia el fondo visible y soltaba el lastre antes de volver a cerrar con un portazo a mi espalda.
Mi amigo me llamó el sábado por la tarde y me propuso un plan que, tiempo atrás, hubiera rechazado:
-Niña, haz una maleta que en media hora estoy en tu casa!
-Mmmm?
-No tienes nada que hacer... no? Pues nos vamos!
-¿Cómo que “nos”? ¿Cómo que “vamos”? y ¿Se puede saber a dónde “nos” “vamos”?
-De paseo... Nos vamos de paseo.
-Hombre... haberlo dicho antes!! Eso lo aclara todo. ¿Qué se supone que se mete en una maleta para dar un paseo?
-Jajajajaja, bragas limpias! ¿No te lo enseño tu madre?. Echa ropa de abrigo y ya seguirás haciendo preguntas tontas por el camino.
- (Me esta perdiendo el respeto!) Pero, a donde vamos!?
-Te veo en un rato, un beso. Ah!, coje un gorro de esos tuyos... piiiiiiiiii.
-..... Rober!. No me cuelgues, coño!....
Preparé el equipaje para un destino incierto en quince minutos, descubriendo así que la mejor manera de hacer una maleta es meter de TODO un poco. Rápido y efectivo. Y me acomodé en su coche rumbo al Norte (única pista que me dio).
No tardo en oscurecer, mientras me contaba delicias de la gastronomía de cada pueblecito que cruzábamos; hasta que interrumpió su narración:
-Asómate por la ventanilla y mira el cielo. Últimamente te veía algo triste y pensé hacerte algún regalo para que supieras cuanto te quiero. Además te estas cerrando, y la mejor manera que se me ha ocurrido de que saques eso que te pesa, es la de cambiar tu escenario. Podemos darle una patada en el culo a la cotidianidad, juntos.
Le di las gracias con una sonrisa y abrí el primero de los muchos regalos que después vendrían.
-Desde mi casa no se ven estas estrellas.
-No están. Y no están por que desde tu terraza no quieres verlas...
Aquel cielo fue una pequeña linterna para mi cuarto oscuro. Posé su luz sobre algunos pensamientos abandonados: Mi sueño de viajar, de ser una extranjera que, mas por falta de dinero que de tiempo, pocas veces he podido hacer realidad. Sentirme libre, sin relojes ni responsabilidades. Mirarlo todo con ojos de niña...
Tres horas después llegamos a Vitoria y besé, reí y bailé con mi siguiente sorpresa. Allí nos esperaban unos amigos suyos. Gente cariñosa como poca he conocido, que me prepararon demasiados “rones” con coca cola, y al son de salsa, bachata y merengues intentaron enseñarme a mover el cucu como dios manda, sin éxito...
Sin muchas preguntas por su parte, y ninguna explicación por la nuestra, dieron por sentado el vínculo que Rober y yo compartíamos y nos instalaron en la misma habitación con dos camas pequeñitas.
Tercer regalo:
-No te preocupes, este fin de semana estarás a salvo de todo acoso. Puedes dormir tranquila. Yo solo quiero mimarte y hemos venido para eso.
Dormí acurrucada, arropada y abrazada por una locomotora, por que Rober ronca como un oso pardo, pero lo hizo con tanto cariño... que no me atreví a clavarle el codo en las costillas.
Y a mi cuartito oscuro le nació una bombilla de 60W, dando luz a todas las veces que me he sentido acorralada, presionada u obligada, precisamente, por que en esta ocasión no ocurrió nada de esto. El me dio sus abrazos, su calor y su compañía.
Al día siguiente disfrutamos del arte culinario de nuestros venezolanos anfitriones, que pacientemente resolvieron todas mis dudas acerca del “mondongo” que metí entre pecho y espalda:
-¿Qué es esto?
-tú lo llamas “callos”
-¿qué es esto?
-bolas de harina de maíz
-¿qué es esto?
-yuca
-¿qué es esto?
-patata
-¿qué es esto?
-mazorca de maíz
-¿qué es esto?
Rober:
-Calla y come!
-ayyyy!
Ruta turística por Vitoria, una ciudad chiquita y preciosa que descubrí caminando, mientras zampaba bombones como una posesa (Rober, DOCE! Doce kilos he debido coger!) y vuelta a casa entre abrazos y risas.
El ultimo día lo pasamos en San Sebastián.
¿Cómo es posible que esa ciudad exista? ¿Cómo es posible que sea tan bonita? ¿Cómo es posible que no la haya visitado antes?
Nos amenizaron el camino de ida “los Rodríguez” (esta es mi versión, la de Rober debe ser que le jodí un disco que le gustaba cantándolo durante todo el viaje, mientras por la ventana buscaba ovejas pastando y gritaba de alegría cada vez que veía las chimeneas de una fabrica echando humo...), y de nuevo me sentí en paz conmigo, abriendo ventanas en mi cuarto oscuro para que se llenara del aire frío del norte.
Durante la visita a San Sebastián, quedé tan enamorada de este lugar, que solo cerré la boca para masticar... si hasta lo que masticaba sabía a gloria!
Yací, con menos estilo que la bella durmiente, casi todo el viaje de vuelta ¡Pero que mujer esta sexy buscando una postura cómoda en el asiento del copiloto??! Imagino que sería el cúmulo de emociones, o el cansancio, o que soy una vaga de escándalo...
Pero, por si te quedó alguna duda:
Rober, gracias. Junto a ti, me sentí feliz. Y gracias a ti, mi cuarto oscuro quedó impoluto...
100 rostros – 0 espejos
Una tarde de tantas, conduciendo camino a casa, me dio por darle vueltas a algo.
Parte de culpa tuvo Sabina, desgañitándonos ambos, al son de “la del pirata cojo”. A falta de que vengan bien dadas, mi flaco se coló “en la piel de todos los hombres que nunca será” y una vez mas hizo saltar un resorte dentro de mi:
Gonzalo, tú lo sabes. Hay mil (una) cosas que no deseo pero, que quiero? Que buscar? Donde hacerlo? En que marco?, en que pared se encontraría, este lienzo sin terminar, cómodo?
Miré a mi alrededor, fijé la vista en cuanto me rodeaba y lo que vi fue gente, personas con su historia particular cada una. Intenté imaginarla; recree sus vidas con los mínimos datos que contaba...
Una pareja callaba en mi retrovisor. No se miraban, no sonreían, no hablaban y aunque pretendieran lo contrario, no parecía que pensaran en nada. Ignoraban la presencia del otro como quien rechaza un rumor. Bucee en los ojos de ella y me ahogue en su vacío. Un torbellino de preguntas se mezclaba con el rancio color del miedo a recibir respuestas. Él exageraba cada movimiento fingiendo una normalidad ausente, mientras sus pupilas saltaban como el niño que caza mariposas, en busca de un tema de conversación neutral.
Segundos después pasé a formar parte de sus vidas. El semáforo verde..., su gesto de alivio..., la mano en el claxon y mi coche, reanudando la marcha, nos hicieron a los tres cómplices. Y aunque no estoy segura, creo que ella me sonrió.
Mas coches, coches llenos de gente, gente que en sentido contrario se lanzaban contra mis subjetivas criticas.
Vi parejas hablar sobre como llegar a fin de mes, sobre la hipoteca, los regalos de reyes y las cenas en familia.
Uno o dos ejemplos se escaparon del patrón; ella miraba embelesada a un conductor dentudo y sonriente, seguro y cálido, que apretaba su muslo en lugar de la palanca de cambios, aunque mi puesto de vouyer no me dejara concretarlo.
Como un espectro que posee a la vidente en trance, entre y salí de cada ser humano, de los hombres, las mujeres, los niños, y hasta los perros que asomaban las orejas a un aire frío desde las ventanillas bajadas. Hice míos, por que míos eran, sus pensamientos; compartí con ellos sus esperanzas y acaricie sus victorias como propias. Pero ya sea por falta de tiempo o de entusiasmo, o por esta melancolía itinerante que hace mella en todas mis ganas, no logré encontrar espejos en ninguno de esos rostros.
No me sentí cómoda en mas asiento que el mío

Microscopio
El placer de las cosas pequeñas.
Acostumbrada, como estoy, a la vivencia de grandes acontecimientos (en los mejores casos), o las avalanchas de sucesos y emociones (en todos los demás... ), esto de tener que aprender a disfrutar de las cosas pequeñas se me hace cuesta arriba.
Tienen los anglosajones, muy suyos para todo, una de tantas frases que se me quedaron grabadas al oírlas, aunque en este caso me la tuvieran que traducir antes (mas por la pronunciación de quien me la enseño, que por mi rudimentario ingles, que ésta es muy fácil...): “No news, good news”.
Pero algo me esta pasando; No sé por que se me ha olvidado ponerle buena cara a los tiempos de calma. Necesito una dosis extra de esfuerzo a fin de canjear la mueca de asco, los bostezos y el gesto de “dios, como me aburro!”, Por la sonrisa de siempre.
Vivo rodeada de detalles tan pequeños que si no les brindara la atención que merecen, pasarían francamente desapercibidos.
Hace justo una semana, mi padre, ese señor que le da la vuelta a mi mundo solo con una mirada, hizo algo en principio pequeño, pero que para mí significo el mejor de los regalos. Mi padre me escribió un poema. Y me lo dedicó:
A Sonia, por que nunca supe contarle cuentos con final feliz.
(Coño! Papá... Cuanto te quiero!!!)
Las cosas pequeñas no cambian que Murphy continúe haciendo de las suyas, y es que mientras las relaciones familiares (con mi familia, la mía, la propia) navegan viento en popa, no me faltan trabajo ni dinero (aunque tampoco me sobran), y mis amigas me hacen sentir necesitada y querida; otra faceta de mi vida anda pelín floja (Medusa!!! Llámame!).
Me niego a relajarme. Después de la calma viene la tempestad. Pero este pensamiento que antes me perseguía y al que tanto temía, es hoy el motor de cada día.
Quiero una tempestad! Una grande y gorda. Una tormenta enorme que haga temblar los cimientos. Una con rayos y truenos y viento, y relámpagos que lo iluminen todo por un segundo.
La felicidad del prójimo también es uno de esos pequeños detalles que hace que elimine la cara de lechuga mustia. Saber que la gente que aprecio se siente bien.
Mi zaragozana favorita volverá el próximo lunes, me contara mil historias de su viaje a Roma. Sabré hasta que punto ha cambiado su vida, mientras cruzo los dedos para que me diga que se queda en Madrid, viviendo conmigo, y que aunque se ha sentido plena y libre, destierra la idea de irse a vivir a tierras de arte y espaguetis.
Navegando por la red he sabido también de la felicidad de mi ex y su nueva pareja.
Y la anterior pequeña buena noticia, me lleva a una mayor: En Febrero podré tramitar mi demanda de divorcio!. (A él le prometí que no le haría pasar por un juzgado solo... que esperaría a que tuviera una pareja que le apoyara para convertir la separación de echo, en una de pleno derecho).
Y ahora, tras releer lo escrito sonrío de nuevo.
¡Que barbaridad!, qué de cosas maravillosas me arropan.