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Desnuda no es sin ropa
desnuda, para ti
Acerca de
Si puedes arrinconar todas tus victorias y arriesgarlas por un golpe de suerte, y perder, y empezar de nuevo desde el principio y nunca decir nada de lo que has perdido; Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones para jugar tu turno tiempo después de que se hayan gastado, y así resistir cuando no te queda nada excepto la voluntad que les dice "Resistid". Ruyard Kipling. IF
Sindicación
 
Polvo en las espuelas (III)

Dos noches fueron demasiadas.

Había pasado horas analizando cada gesto; jugando como un niño a colocar los cubos y las esferas en el hueco adecuado, pero no logró que ninguna encajara. Entonces volvía a mirarle. Le escrutaba intentando penetrar dentro de aquel cuerpo que araba su costado con ferocidad, que la mordía con odio; aquel cuerpo que la llenaba con furia, alejándola de él; no queriendo tenerla cerca, y atrayéndola de nuevo, no queriendo dejarla marchar.

Ahora él dormía de espaldas a la única ventana. Solo en ese estado le parecía un ser humano capaz de reír, de sentir, de llorar, de amar... solo cuando no era consciente de sí mismo. Aparto con cuidado un mechón de su cara, y dos labios se curvaron cóncavamente.

-¿Qué es? Dímelo tu...– susurro al oído de Hipnos, guardián del sueño de su amante -No logro saciarme de cuanto me das, pero a la vez no tienes nada que yo desee. Ayúdame a saber que me atrae a ti; tal vez así podria arrancármelo...

Sentada sobre la cama analizó la habitación buscando, con la mirada primero, lo que más tarde habría de meter en una maleta. Nada de todo aquello era suyo. Todo de él, y no quiso seguir compartiéndolo.

Así localizo una sonrisa bajo la mesilla de noche; dos caricias enredadas en las sabanas revueltas; un “te deseo” algo seco, atascando la puerta; varios cabellos sobre la almohada; algunos orgasmos a los pies de la cama, y cinco arañazos en su espalda.

Deslizo sobre su cuerpo la camisa abotonada a la espalda, se calzo sus botas y volvió a maquillarse.

-No hay caso... Los churretes de rimel no suavizan mis rasgos....- le dijo a una desolada mujer que se aclaraba la cara en un mundo paralelo.

Bajó por las escaleras que separaban su cuarto del saloon, arrastrando un pesado equipaje lleno de nada y su propio vacío en la otra mano, por los peldaños de madera. Solo un par de bultos, que en otra vida debieron ser hombres, yacían apoyados en la barra que la señorita Suzón pretendía dejar impoluta antes de marcharse.

Ambas compartieron unos instantes de complicidad; a ninguna le agradaba lo que estaba haciendo.

El momento se esfumó mientras una mano se apoyaba en el tobillo de la Sheriff, buscando equilibrio para incorporarse y agudizando un dolor del que hasta ahora no se había percatado:

-¿Puedo ayudarle?- dijo mientras le tendía una mano
-Puede, pero deshonraría el buen nombre de todos los borrachos si permitiera que lo hiciera- fue, no sin dificultad, la respuesta

Un hombre, demasiado joven para verse tan abatido, se interpuso entre ella y el tramo que restaba para alcanzar a su amiga, a tan escasa distancia que pudo oler el wisky en todo su cuerpo. Sin más explicaciones tomó el asa de la maleta que ella había abandonado y la dejó sobre una mesa.

-¿Qué diablos lleva aquí? ¿Piedras?
-Un pasado. Y mejor será que me deshaga pronto de él o no tardará en eclosionar, y me encontraré con un montón de ilusiones y sin un lugar donde ponerlas.-sentencio con una sonrisa helada
-¿Es suyo? ¿Seguro?...-dijo mientras lo golpeaba repetidamente con un dedo - Juraría que anoche yo tenia uno. Pero ahora no logro encontrarlo. Demasiado alcohol tal vez.- y paso sus manos de los bolsillos a la frente
-Tal vez...- Tomo de nuevo su maleta y se dirigió hacia la puerta
-No servirá de nada...
-¿Cómo dice?- espetó desde el centro del saloon
-Tendría que arder usted, junto a su equipaje, para que ambos desaparecieran. Sus ojos la delataran siempre; cualquiera que la mire sabrá que solo se teme a usted, que es esclava de sus circunstancias...
-Usted no me conoce. ¿Por qué piensa que puede hablarme así?
-No se ofenda; solo soy un borracho y si por mí fuera, ni siquiera me conocería a mí mismo. No sé de lo que hablo, quizás por eso lo hago tanto.... Albergo la esperanza de averiguarlo algún día. Pero acepte la palabra de alguien que no le desea ningún mal, del mismo modo que no le desea ningún bien: Su pasado, sus ilusiones, sus anhelos, sus sueños, todos sus sentimientos... No son suyos, es usted quien les pertenece a ellos y actúa a gusto de su voluntad.

Las ultimas palabras apenas llegaron audibles a sus oídos. Mientras un filosofo con resaca continuaba adorando el tono de su voz, la Sheriff cruzó la puerta y salió a la calle.

Se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra la pared, y desabrocho su bota derecha. No podía soportar mas el escozor que sentía en el tobillo.

Una lagrima se suicidó desde su mejilla cuando vio lo que la estaba hiriendo.

La última noche que pasara con él, el fuego les había quemado desde las escaleras a su cuarto. Se habían arrancado la ropa como fieras y segundos después eran uno; él, mezclando su saliva con el sudor de ella; ella, enredándose, asfixiándole, cual serpiente del pecado, obligandole a abrir para los dos una puerta a un paraíso de placer.

La imagen se vio más nítida en su memoria:

Él la había poseído sin llegar a desvestirse del todo. El peso de su cuerpo, el calor que derrochaban, y el placer de dejarse amar, habían sido más fuertes que el dolor de unas sucias espuelas en su piel. Y ahí estaba la cicatriz, palpitante y ardiente por la infección; una cascada de estrellas desde la parte baja de su gemelo, hasta casi los dedos de su pie. Una pulsera de estrellas que le recordaría su capacidad de amar. El regalo sin remite que no dejaría nunca que olvidara quien era.

 
Orión.


Estoy pelín liada preparando algo para La tecla Invitada, del Blog A los que buscan (momento publicitario patrocinado por Desnuda no es sin ropa); por lo que he tenido poco tiempo de currarme nada en la línea que a mí me gusta. Por que aunque este mal decirlo (lo voy a soltar de todas formas), escribo para mí. Pero me encanta, que os sintáis tan cómodos en esta, que es vuestra casa.

Por eso hoy vuelvo a las andadas...

Creo que ya tenéis una idea de que cuando os cuento una historia sobre mitología es por que me quedo sin tema, verdad?, Este no es el caso... es mas por fuerza mayor: Estoy “estrozando” mis neuronas en otras cosas.

Gracias al anuncio que puse (por que por supuesto que lo puse) ya tenemos nuevo compi de piso que encaja absolutamente en el perfil que requeríamos. Podéis felicitarme por que me siento FELIZ!

Y ahora a lo que íbamos, os voy a contar otra de las historias que me apasionan:

¿Conocéis a Orión?, seguro que alguna vez habéis oído hablar de él, pero para que quedéis estupendamente, en fiestas, saraos y demás eventos en declive, os voy a facilitar algunos detallitos de su vida y obra:

Orión nació en buena cuna. Su padre Poseidón (dios del mar) y su madre Gea (diosa de la tierra) le mimaron mientras procuraban la mejor educación para su vástago.

El joven Orión creció entre algodones, y tanto, pero tanto, tanto que cuando se iba a montar en yate con papa, y se lanzaba al agua, esta no le curia los hombros. Todo un muchachote estaba hecho nuestro Orión....

En plena adolescencia, con las hormonas causando estragos en su organismo, conoció a la joven y bella Mérope, hija del rey Enopión. Y perdió por ella el juicio.

Se puso su mejor traje y con los rizos peinados hacia atrás pidió la mano de la linda niña a su padre, cosa que se estilaba por aquellos tiempos.

Don Enopión (que tonto, tonto, no era...) puso como condición que Orión demostrara su valor.

Por esos entonces el Reino de Enopión había sido arrasado por una plaga de alimañas y bichos inmundos (Seguramente arañas, que mira que acojonan las jodías...) y Orión que no conocía la palabra miedo, acepto el reto de solucionar el problema que el Rey tenia con los bichos a cambio de su bendición para desposar a su hija.

Aquí tenemos a nuestro héroe, pertrechado con su arco y sus flechas (pues oyes, lo mismo no eran arañas...) bosque adentro, y eliminando cuanto detestable bicho se cruzaba en su camino.

Cumplida la misión volvió ante el Rey y reclamo a Mérope (la joven y bella muchacha que en esta historia, como en casi todas, cuando el amor de una mujer interviene, no es mas que para joder en lo posible). El rey dijo que "nanai", que la niña se quedaba con él. Que no estaba dispuesto a privarse de las natillas que hacia la niña, solo por que a un grandullón de diera la gana de hacerla su esposa. Vamos, que la criaturita se quedaba y a Orión le podían dar con viento fresco.... Orión, del cabreo intento matarle, pero el escurridizo rey se escondió en una cueva, frustrando la satisfacción personal que nuestro chico buscaba.

Orión, digamos que se lo tomo mal... Y como aun le quedaban unas cuantas flechas, volvió al bosque y se entretuvo en matar a cuanto animal salía a su paso. Mató leones, mato tigres, mato guepardos.. Que, aunque no frecuentan los bosques, en ese momento estaban allí de vacaciones (un disgusto para las familias); mato osos, mato patos, mato ciervos, y mato un buho que no le había hecho nada, pero le miro mal.

Gea, su madre, intentó calmarle:

-Orión, nene... deja de matar bichos y vente a cenar, que mañana se te habrá pasado...
-Que no máma!, que estoy la mar de mosqueado, que el Rey Enopión me la ha jugado.... Jo! ¿Quiere quedarse con Mérope para el solito por que cocina como los ángeles? Pues no va a poder comer ni arroz con leche!! No le pienso dejar ni una mísera vaca!!


Y continuo exterminando fauna...

Pasada una semana Gea no pudo soportar tanto caprichito del niño. No le había educado para que tuviera esas pataletas, y le mando un animalito pequeño para hacerle parar.

Cuando su hijo vio aparecer un diminuto escorpión no pudo dejar de reírse de lo ilusa que su madre se estaba mostrando.

En un descuido del chico, el bichito asqueroso clavo el aguijón en el tobillo izquierdo de Orión (vale..., pudo ser en el derecho, pero la historia la cuento yo, y si digo que fue en el izquierdo, es que fue en el izquierdo), vertiendo el mortal veneno en su caudal sanguíneo.

Zeus, que pasaba por allí en ese momento, puso el grito en el cielo:

-Pero donde hemos llegado? Cómo es posible que una madre le haga esto a su propio hijo!!

(Como el avispado lector entenderá, por un descuido Zeus debió olvidar que el se había ido zampando a sus hijos uno por uno... pero esa historia otro día....)

El caso es que el soberano del Olimpo se negó a permitir que un pariente, el hijo legitimo de unos dioses muriera de forma tan ridícula, y lo subió al firmamento junto a sus perros labradores (Canis Mayor y Canis Menor), para que cuando los hombres miraran al cielo le vieran y pudieran recordarle por sus hazañas de cazador y no como el bobo que dejo que un escorpión le picara en un pie (sí, sí... en el tobillo izquierdo). Y ya que estaba decorando la cúpula celestial y viendo que le quedaba un hueco, así.. como muy vacío, coloco al escorpión en la otra punta, para que no se acercara nunca mas a Orión.


 
La alemana ya no es nuestra compi.
Querido Nuevo Compañero de piso:

Sabemos que llevas tiempo buscándonos, pero debe ser que buscabas donde no era. Para facilitártelo aquí estamos!

Somos tus compañeras:
Dos chicas de 26 años que valemos mas que las pesetas, simpáticas y poco “agobiantes” (obviaremos nuestra increíble belleza física, por motivos que más adelante comprenderás). Ambas vivimos en un piso de Aluche, a unos diez minutos de la estación de RENFE y METRO, y a un minutillos de varias paradas de autobús que te llevan a donde quieras, al que le sobra una habitación y que sin ti se ve triste.

Te llevaras estupendamente con nosotras, por que somos curritas y apenas estamos en casa, ... como tu, vamos... El otro inquilino es un gato siamés gordo, pero a este no conseguimos meterle en vereda para que haga algo útil con su vida, y se la pasa durmiendo y ronroneando.

Tenemos pensado hacer alguna fiesta en casa, (esperamos que no te moleste) pero hasta ahora nuestros planes se han visto truncados por temas logísticos: Logísticamente no conocemos a muchos varones, por lo que una fiesta entre amigas se parecería demasiado a una reunión de Tupper Ware. ¿Cómo? ¿Qué tu te encargas de eso? Perfecto! Pasemos a otro asunto:

Tu tienes aproximadamente nuestra edad, un trabajo (que ya es tener), o varios (cuidado que trabajar tanto es malo....), eres chico, extrovertido, agradable, limpio, no te molesta que una de nosotras fume ni que el gato ande por la casa (excepto por tu cuarto). Y eres gay: sí, has leído bien. Preferimos que seas gay, por la cosa de que no haya piques entre nosotras que somos muy celosonas (aparte de hetéros).

Puedes permitirte pagar X mensuales como alquiler, en el que se incluyen todos los gastos de la casa y se excluyen los de tu comida y los de tus útiles de higiene personal. ¡Por que tu te lavas!. (Los potingues para limpiar la casa están incluidos también y esta no se limpia sola... hay que arrimar el hombro). El primer mes (por eso de no pillarnos los dedos) tienes que pagar el primer y el ultimo mes. No es una fianza, es para que avises con un mes de antelación si quieres marcharte y no haya malos rollos.

Tu habitación mide unos 9 m2 (te la puedes quedar amueblada o vacía), y esta entre nuestras dos habitaciones.

Ahora te lanzo un acertijo: Una de nosotras es bastante escandalosita las noches de pasión desenfrenada.... ¿Cuál es? (Que tontería. Lo sabrás enseguida...).

El resto de la casa (un salón grande, un baño tirando a feo, la cocina con microondas, horno, lavadora, frígo, y lavavajillas, y una terraza larga donde se toma el sol en veranito que da gusto) son de uso común y dan al exterior.

Si tienes vértigo, se te pasara enseguida. Una de dos: o te vuelves loco o te curas, por que vas a vivir en un octavo.

Tendremos que llegar a un acuerdo sobre qué se ve en la tele, por que a una le pirra “aquí no hay quien viva” y la otra no se pierde un “siete vidas”

Si te has reconocido y quieres venir a vivir con nosotras, pregunta por Sonia y quedaremos para que le eches un vistazo a tu nueva casa.

Un beso y bienvenido!


P.d. Si a parte del equipamiento de serie anterior, traes como Extras dar masajes, jugar con nosotras al Cinquillo, y hacer limpiezas de cutis a tus queridas compañeras de piso.... Estamos dispuestas a cocinar algun dia!
 
Mundos profundos


Suelo caminar sobre asfalto, dando un paso detrás de otro, en el escenario que la educación me ofreció. El suelo es firme y la fuerza de la gravedad afianza la seguridad de lo cotidiano. Mundo de tierra donde, con solo alzar la vista, me siento protegida por iguales, tan asustados o perdidos como yo, y aun así contentos de no ser distintos.

Pero existe un mundo submarino, al que en contadas ocasiones he escapado en brazos de una Sirena.

Si el oxigeno no da aliento y mi glotis cierra el paso al aire viciado, sigo la estela de burbujas de mis Ninfas de nácar, diosas de la sensualidad que no necesitaron caminar entre hombres para saberse mujeres.

Cuando la atmósfera es una lapida y el astro rey, que todo lo ve, desaprueba por inmoral mi conducta, buceo junto a ellas y bailo entre peces de mil colores, mientras las algas acarician mis tobillos y se enredan en mis muslos, sintiendo su piel, piel mía, ardiendo desde dentro y desde fuera de mi propio cuerpo. Sus ojos son los míos, su boca es mi boca, sus dedos mis dedos y su pasión la mía... Hermoso reflejo elevado al cuadrado.

Cada día las observo desde la orilla, arañando la arena hasta que mis uñas sangran y los granos se me escurren entre los dedos. Frustración de mujer incomprendida; nacida de hembra y amante de hombres, agoto mis fuerzas en la búsqueda del cofre que guarda el placer, sin una rupia o un doblón que llamar tesoro.

Mis Sirenas también tienen pasado: Cuenta el Viento que hace mucho tiempo se enamoro el Sol de una niña, y descendió a la tierra para pedir su mano. Se presentó cegador e imponente, trayendo como regalo un ramo de fuego y prometió llevarla al cielo para hacerla allí su compañera. La niña, asustada, salió de casa. Camino durante horas hasta que el agotamiento la hizo detenerse en una playa. No había rastro del Sol y en el agua vio bañarse a la Luna, tan serena, tan fresca, tan pura; tan similar a ella. Esta con una sonrisa le ofreció su compañía en el mar donde el viento no enredaría su cabello, tejió con la espuma un tapiz de deseo y con él cubrió su cuerpo; beso con labios de plata sus párpados y la meció sobre su pecho hasta que la niña quedó dormida.

Así les sorprendió el Sol, que enfermo de celos maldijo a la niña sellando sus piernas para ahogarla, y desterró a la Luna a algún lugar del firmamento donde nunca tuviera que verla para olvidar la ofensa.

Cuenta el Viento que la Luna acepto su castigo, pero no permitió que otra inocente sufriera su suerte y le salvo la vida sembrando de escamas su cuerpo y de coral su pelo.

La Sirena vivió por siempre en el mar, alimentándose de los jugosos frutos que en el fondo hallaba y aprendió la canción de las olas para cantársela agradecida a la Luna, que cada noche baja para bañarse con ella.

Mis sirenas... almas inquietas que jamás dejaran de dibujarse. Sirenas de piel, castigadas por amarse a si mismas privándolas de su derecho innato a dar vida.