Valencia (PALITO PALITO): Rompeolas
Unas horas y algunas duchas de agua fría despues, se diluyeron mis ansias de descuartizar falleras. Había llegado la noche y, más relajada, decidímos conocer una de las zonas de marcha valenciana.
Los hados confabularon en pos de que el Señor de las Morcillas y yo pasasemos esta velada a solas, y mi niña me dió su bendición para que saliera y me diviertiera; mientras ella se entretenía, abrazada a la taza del vater, vomitando hasta que le entrara sueño... Creo que fue un corte de digestión provocado por una leve insolación: mas tambien podria haber sido la causa, el susto que debió causarle mi repentino ataque de furia.
Olvidé comentar que mis niveles de mimos estaban bajo minimos antes de esta escapa, y que el Señor de las Morcillas decidió sacarlos de la reserva a base de tapitas, vinitos y demás viandas. (Lástima, nena, que no pudieras acompañarnos... te hubiera encantado el jamón de jabugo)
SdlM: -Chica!. Para, que te va a dar algo... parece que no hubieras comido en años.
Sony: -Jamon del bueno, no. ¡Que rule ese tinto!
SdlM: -¿Te apetece una copa cuando termines de mojar pan en la salsa de las anguílas?
Sony: -¡Povf cruaaaaro!
SdlM: -Tragate eso y no hables con la boca llena
Sony: -Uy!, perdona. Decia que por supuesto, me encantaría.
SdlM: (por lo bajini) -Que desastre...
A pocos metros del Mesón 5J dimos con el Rompeolas (Si alguien de Valencia está leyendo, imagino que ya conocerá el sitio, pero si no es asi; por favor, visitadlo. Me he animado a escribir sobre este fin de semana, solo para hablar de él). Con la única idea de apretarme entre pecho y espalda un par de pelotazos, cruce las puertas del más carismático piano-bar que he pisado. Tomamos asiento en una mesita a pie del escenario, y empecé a sentir el cosquilleo de que no me hayaba en un lugar común.
Paredes decoradas con fotos de Sinatra o Areta Franklin, alternaban repisas en las que descansaban flautas, saxos, y trombones. Sobre el escenario, el nombre del bar, y bajo el luminoso unos bongos, un teclado, y un caballero de edad incierta.
El camarero dejó dos cubatas ante nosotros y dio comienzo el espectáculo...
El hombre, de pelo cano y ojillos de niño pícaro, se acomodó a los teclados y esperó que la concurrencia guardara silencio. Jugó distraído con algunas teclas y empezo a hablar mientras la música se iba haciendo cada vez más clara.
Me encanta que esteis aquí. Ya sabeis que sin vosotros solo sería un chiflado que canta en un local vacío. Pero por favor, consumid... consumid mucho. Esta noche veo caras nuevas; para los que no me conoceis o los que me negais el saludo, me presentaré: Mi nombre es Jaime, Señor Costa para mis de deudos o Elcabronesequecanta, como tambien me conocen mis acreedores.... Pero qué os voy a contar, si cuando Dios hizo la luz, yo ya debía tres recibos.
Siguío charlando con el publico sin dejar de cocinar musica con sus dedos, y nos miró...
- Pareja! Es vuestra primera vez?- Por estar a mi espalda, no pude ver a mi acompañante mover la cabeza negativamente, mientras yo lo hacia de forma afirmativa- Pelirroja, este tío es un caradura... mírame! Yo sería solo para ti.
- EEEHHHH!!!! - se escuchó desde el fondo del garito
- Bueno, y de Coral... mi mujer. Pero podríais haceros amigas; ir juntas de tiendas, prepararme arroz con leche y darme masajes en los pies... ya sabeis, esas cosas que os gustan a las mujeres.
- Jaime!
- Tranquila, Coral. Prometo callarme si sueltas el cuchillo. Olvida lo dicho, Pelirroja; nuestro amor es imposible. Pero creo que el tipo este está muy enamorado... Mirad que cara de bobo! ¡Luces para el hombre enamorado!.... Pelirroja, a mi no me engañas... debe ser un crak en la cama. ¿Tu le has visto?, este tio tiene esa cara siempre!. Y ya que estamos... Permitidme un segundo: CORAL!! Esta noche me toca?
- No!
- Esta tampoco??. Nada chicos, que esta noche tambien la paso aquí con vosotros haciendo el gilipollas.... Alguna petición? Pelirroja, despues de nuestra apresurada ruptura, creo que al menos te debo una canción...
- Me gustaría escuchar un fado...
- Tenemos una rara entre nosotros!, Una madrileña que viene a Valencia para que le canten en Portugues... ¡Con dos cojones!...
Cantó, con cariño y dedicandome algún que otro guiño, “María, la Portuguesa”; que lejos de ser lo que esperaba, me dejó un maravilloso sabor de boca. Siguieron más peticiones que interpretó divertido; subieron y le acompañaron en el escenario algunos espontaneos, y cuando pensé que ya sabía de qué iba aquello... apareció él:
Miguel Brass.
Este canario no mayor de 45 años, coqueto y de voz rota, se metió al publico en general, y a mí en particular, en el bolsillo; acariciando la poesía de Cortés con su acento isleño y la mirada perdida mas allá de los focos que le dejaban, ante nosotros, desnudo. El silencio, solo roto por los suspiros que Jaime arrancaba de su piano, podía palparse; como podía la emoción cuando Brass recitó el poéma “Àrbol, mi amigo”. Sentí que me mecía el ritmo de sus palabras, arrullandome el dulce siseo de los susurros, y dejandome arrastras por su deje de majorero curtido, tan parecido al argentino, cerré los ojos hasta quedarnos solos, su voz y yo...
Volvímos en trance al hotel tras despedirnos, como viejos amigos, de los regentes del Rompolas, y en el espejo del ascensor que habría de dejar a mi amigo en la octaba y a mí en la segunda planta, vi mi sonrisa tranquila.
Valencia (PALITO): Artillería floral
Con un beso en la mejilla me despedí de Cifra, que decía adios con la patita desde el mueble de la entrada. Cerré la puerta y abrí los ojos cuanto pude para no perder detalle. Nos esperaban cuatrocientos kilómetros de confidencias a 160 por hora y un amigo nacionalizado en el cielo, a orilla del Turia.
Diez minutos antes de encontrar el sentido de la vida, llegamos a nuestro destino, y es que cuando mi niña pisa, es que pisa de verdad.
Si alguna vez estuve en Valencia, lo olvide junto con otras tantas cosas como me niego a recordar; pero por la relativa cercania de sus playas a mi Madrid, me pareció un buen lugar para descargar la adrenalina que bullía dentro de mí. Esta vez no deseaba soltar lastre, que bastante guarrindongas dejé ya las calas de Fuerteventura el año pasado; llenas de culpa escondida bajo la arena y remordimientos en sus rocas, lanzados desde los acantilados. En esta ocasión me sobraba con buena conversación y compañía para tranquilizar la mente y expulsar a los fantasmas de los que papá no me deja hablar.
Desde que las habitaciones en los NH son gratuitas, mi niña y yo podemos permitirnolas, tomando el sol en sus azoteas, buceando en sus piscinas y poniendonos hasta las tetas de cruasanes a la plancha y huevos con beicon en los bufet de desayuno. Dos dias de risas a remojo, arroz negro y cacique cola, a cargo del señor de las Morcillas. ¿Cómo si no?.
Dio la casualidad de que, el día de nuestra llegada, se celebraba una fiesta popular; o tal vez se celebró por eso exactamente...: Las falleras mayores del reino se vistieron de gala y, a lomos de percherones cabreados , recorrieron arriba y abajo la avenida principal. Aparecieron despues mas falleras de edades varias sobre mágicas (y no tan mágicas) carrozas, pertrechadas con refajos, peinetas, alpargatas, calzas y raquetas.
Para sorpresa de los presentes, valencianos y madrileños en su mayoria, ya que en el resto de la península no era puente, lo que más nos llamó la atención a mis amigos y a mí, fue verlas con las raquetas...
-Niña!! Mira; esa de las ensaimadas en las orejas lleva una raqueta en la mano!!
-Pero qué dices?, el calor te esta derritiendo el cerebro. Debe ser la Fallera Reina, y lo que sujeta, el cetro.
-Pues el cetro tiene cuerdas cruzadas y es igualito, igualito al que lucia la Sanchez Vicario.
-Es verdad! Es una raqueta!
-Domingueros - Pronuncio como saludo una señora a nuestro lado con ganas de conversación - Cuando todas las carrozas hayan desfilado, comenzará la Batalla de flores...
-Y en que consiste tal evento, buena mujer?
-De esta cabalgata saldrá la carroza que se presentará en las Fallas, y una vez el juez de el pistolezado de salida, el publico lanzará flores a las falleras.
-Que bonito.... Y las raquetas para que son?
-Para devolverlas
-Que original...!- Para este momento ya me estaba viendo vestida de Doña Jimena y peinada por el estilista de la Princesa Leya, surcando los siente mares sobre el mascaron de proa de un galeón pirata y por tripulacion, mis niñas; con cuchillos en los dientes, las faldas arremangadas, las enagüas sucias de agua de mar y parches en los ojos.
Perdida en tales mundos de tesoros y bucaneros andaba yo, cuando... un floripondio de color amarillo se estrelló contra mi globo ocular izquierdo.
-Que coño... ¿Quién ha sido?
-La de la peineta dorada!!, La señorita Scarlata del vestido de flores!!
-Nena, no me jodas! Que son todas iguales
-La que sonrie con saña, no la ves?!
-Ahora si! Pero solo por un ojo
-Toma este capullo y devuelve el tiro
-Que capullo ni que niño muerto... ¡Mi reino por una piedra! Esta fallera no vuelve a poner esa sonrisa de satisfacción mientras pueda evitarlo! Al menos con dientes!!!
Temo que mi grito de guerra fue algo desmedido, pues mis amigos me sacaron a volandas de entre el gentío, silenciando mis blasfemias con argumentos ridiculos...
-Disculpenla; es la hora de su medicación...
-Padece el Sindrome de Tuaret, pero es buena chica.
-Tranquila, señora... que habla mucho, pero despues no se bebe, aun caliente y en sus propias entrañas, la sangre de nadie. Ella es más de ron con coca cola...
Y así continuamos nuestra marcha por la hermosa Valencia; yo expulsando espumarajos por la boca y lagrimones como puños de mi ojo, y ellos con las orejas coloradas y la cabeza gacha por la vergüenza que les hice pasar.
Lo niegan; lo negaron durante toda la noche... pero creo que pensaron seriamente abandonarme a mi suerte entre esas fieras con puntería.
El cristal con que se mira
De pequeña jugaba con el mercurio que contenian los termómetros. Todos se rompian en mis manos y, aunque milagrosamente nunca me corté con un cristal, me cargué algunos anillos por contacto con el mineral.
Es una experiencia hipnotica; contemplar la bolita gris y sentir la necesidad de tocarla, eran uno. La acariciaba con la yema y me sorprendia ante la falta de resistencia que ofrecia. Un liquido que no moja, no cala y no empapa, no puede ser un liquido. La hacía rodar por mi palma hasta que una diminuta esfera se desprendia del nucleo, que no apreciaba falta, para unirlas despues con mis manitas de ocho años.
Jugaba escondida en el baño, en el unico suelo blanco de toda la casa; evitando al gato que husmeaba y metia sus bigotes por todas partes, pues mamá decia que si lo lamia se moriria, y a mamá, que me perseguía pasillo a traves y zapatilla en ristre, al grito de -Me vas a matar de un disgusto!-. De este modo supe del peligro de estos elementos inestables*
En cambio, nunca me dio por experimentar con cristales o lentes. Los niños del edificio (tan brutitos ellos) asaban hormigas en el parque a base de multiplicar el calor de los rayos del sol dirigiendolos contra el infeliz bicho.
Ya mas crecidita, mantengo actitudes que fragüé de cria; como la capacidad de sorpresa, la empatia hacia lagrimas ajenas, la busqueda y analisis de señales, la teoria de accion - reaccion que me enseñó el Quimicefa, agarrar la camisa del hombre que me acompañe mientras camino a su lado o pegar mocos debajo de las mesas.
No me plantearé ahora el por qué de mi suerte al dar con gente tan especial como he conocido, ni lo maravilloso de sus mundos interiores o cómo podría agradecerles que me hayan querido y aportado tanto; pero medito sobre el modo en el que acaban desapareciendo. Resulta paradogico que a mayor intensidad en nuestras relaciones, mas veloz o lejana sea la estampida.
Tal vez mi subconsciente, ese fondo de macho chovinista y altanero que me hace girar la cabeza ante un buen culo; ese terrorista suicida que se lanza contra las crueles verdades en busca del paraiso de las divinas mentiras; el grosero albañil que escupe desde algun rincon de mi cerebro: -No hables tanto y muevete!-, siga demandando realizarse como tal y, harto de dividirse en partes mas pequeñas de mi misma con las que entregarse a cada persona, en cada situacion, esté boicoteando el savoir fair de esta, que lo es, buena chica; intensificando la presion sobre la que someter a la gente que quiero a mi lado.
Quizas por eso; por no sentirme autosuficiente y segura, por no dominar a mentes mas debiles, ni tener o al menos saber lo que quiero... por no calentar hasta hacer arder a hormigas en mi tierna infancia, ejerza ahora como lupa ante la gente que me importa, centrando en ellos todas las atenciones, pidiendoles tanto como puedan dar, sometiendolas a mis deseos y desvarios, y emitiendo tal calor y pasion que, tras una prolongada exposicion, solo pueden intentar escapar o sucumbir a la intensidad de mis necesidades....
Con lo bien que estaba yo jugando con mercurio.
*Nota: Niños, no realicen estas practicas en sus casas: El mercurio es muy toxico, y todas las mamás tienen zapatillas y punteria.
Sangre
No tengo dudas acerca de si alguna vez me lees o no; me consta que lo haces y que no te hace gracia que hable con esta tranquilidad de mi vida (y de la nuestra) en un espacio tan público; pero no hayaras hoy, aquí, una disculpa.
Quiero decirte lo que debí contarte ayer, más la falta de valor y confianza, no me dejó pronunciar estas palabras:
Te quiero. Te querré hagas lo que hagas, digas lo que digas, y me hieras tan profundo como desees.
Te respeto. Respeto tu manera de pensar y tu forma de vivir, y el modo en el que tomas sin pedir, mientras abres para que los demas cojamos.
Te admiro. En los tiempos que vivivimos, cuando todo es válido, y nada vale nada, eres tú lo mas parecido a un héroe que puedo ver.
Te espero. Con mi sonrisa de niña y el corazón en un puño, mantengo la fe en que un día me busques. Cuando lo hagas encontraras a una mujer que rompe esquemas por seguir solo un patrón, el tuyo.
Te envídio. A tí, que por nada sientes apego y gracias a tu esfuerzo continuas a flote. Envídio tu temple, tu orgullo, tu carácter. Carezco de esto, pero me visto de tí, y ensayo tu método cada vez que el mundo tropieza a mis pies.
Te entiendo. En tus maneras nunca has deseado el mal ajeno, pero piensas en tí sobre todos los demas.
Te adoro por como eres, no por quien eres.
Y a pesar de todo, si pudiera me alejaria completamente, aumentando la distancia que, de por sí, nos separa. Te llamaría dos o tres veces al año y nos contaríamos solo las cosas importantes, las buenas noticias; lo acontecido a cada uno, que solo interesa al otro; endulzando con un “a veces te extraño” las miserias a las que la rutina nos somete.
Pero en lugar de esto, te pregunté -¿Qué vas a hacer?- y no supe cortar tu - No lo se...- con un certero - Cuenta conmigo; todo ira bien-
Algo bueno espera
La actitud con la que enfretarse a las miserias, propias o ajenas, marca la existencia de cada uno. Pequeñas decisiones, pasitos de bebé, puntos de inflexion que nos conducen a un final distinto en cada caso, pudiendo ser tan minimas que unas veces nos damos cuenta al cabo del tiempo y otras, simplemente, no somos conscientes nunca.
Ayer, de vuelta a casa, pilotando con dos copas a mi chulo, lloré hasta que mi corazon gritó de dolor dentro del pecho.
Quiso algun dios, pelin excaso en lo que a sentido del humor refiere, que me dieran dos malas noticias y, lo admito, tropecé. La balsa de aceite sobre la que descansaba mi animo hizo aguas; me sentí sola y desorientada; mas sola y perdida de lo que suelo estar y (tonta de mi) solo se me ocurrio hacerme la fuerte y callar durante algunas horas para que mi boca no prununciara un -Tengo miedo- en lugar del -Me tienes para lo que necesites- que tejí para dos buenas amigas.
Pasé la tarde intentando ser la muleta de una de mis niñas y sintiendome culpable por no estar tambien con la otra que me necesitaba.
-Sé fuerte para ellas - me repetía una vez tras otra. - Sé util para ellas - oia dentro de mi cabeza cada vez que la marea de lágrimas ardía en mi garganta - Sé para ellas - gemia mi alma ante la pena de saberme tan indefensas como las mujeres a las que deseaba abrazar.
Aguanté el tiron con la dignidad que pude, sonreí e incluso me sentí orgullosa de la determinacion y consecuencia con la que hablaba la reina de las barbacoas. Y al final me despedí de ella con un beso y con la seguridad de que, si existiera una imagen en la que me gustaría verme reflejada, solo podria ser la suya.
De vuelta a casa, demasiado tarde para encontrar despierta a la otra heroína de esta historia, pensé en ella. Cruzaron nuestros recuerdos varios semaforos, vi su sonrisa en el retrovisor, y aun sin haberla perdido, la eche de menos en el asiento del copiloto.
Comprendo su necesidad de aire. ¿Cómo no?, si a mi me pesan los pulmones. Tiene que vivir como desee, y será feliz como merece.
Ese fue el momento en el que comenzó el alud: El alcohol amordazó al sentido comun que insistia en que parara el coche en el arcen, y el casset a toda leche no me dejó escuchar mis propias palabras de consuelo... Solas, mi estupidez y yo, conduciendo de noche por una carretara que solo San Pedro podría haber proyectado; perdí de vista la calzada, las lagrimas que llegaban a mis labios dejaron de saber saladas y su gusto a cianuro me quemó el paladar.
Pedí una señal. Puse mi vida en manos del Destino, o del Futuro, o de cualquier fuerza que quisiera hacerse cargo de mi, por que yo ya no tenia ganas, y rogue: - Si es esto lo que me espera; si he de sentirme una y mil veces tan triste como me siento ahora; Si no hay algo por lo que merezca la pena seguir sintiendo el dolor en el alma que ahora siento... Suplico que todo termine aquí, en esta carretera, sin despedidas ni esplicaciones. Si no habrá un final feliz en este cuento que no acaba nunca, no quiero llegar a casa.
Continué conduciendo y llorando, con la certeza de que las luces de un camion me deslumbrarian en el siguiente cambio de rasante, y un dolor fisico y punzante en el corazon, hasta que pude creerme que estaba aparcando en mi calle.
La noche era anoche; si no lo fue es por que algo bueno me espera.
Opium®
Era pequeña cuando descubrí el calor que podia brindar otro cuerpo y, aún mas niña, cuando supe que el mío era un catalizador de sensaciones, procurandome ratitos a solas para experimentar en mi cuarto. Me consideraría incluso precoz , si no fuera por que compartia juegos y conocimientos con el resto de niñas de mi edad que vivian en el edificio. Sin saber como llamar a lo que hacíamos, callabamos y jugamos; y sin contarle a los adultos las reglas de nuestros juegos, jugabamos y callabamos. Así, hasta los catorce años, compartímos el secreto; edad a la que ya sabíamos a que jugabamos y por que callabamos; edad a la que mis padres se mudaron y les perdí la pista.
Tuve novios; bastantes o alguno, según con quien lo compare, y mi mente se centró en los hombres y los estímulos que con ellos recibía. Era facil abandonarse al saber hacer de una cálida lengua, divertido el baile de dedos y caricias de unas manos curiosas, mágica la burbuja de deseo en la que me transportaba su olor, y frenético el palpitar de mi pecho ante una mirada que dijera -eres mía...- sin pronunciar palabra.
Despues, apareció ella...
Yo, que me pierdo entre palabras, y necesito de susurros para que mi piel se erice, perdí el norte ante la sola visión de una mujer, tardando varios segundos en salir de mi catatonia y en recordar que debia respirar para no ponerme azul.
Al trote del 27, la vi. Se apollaba contra la marquesina de una parada de autobus, ajena al tráfico de la Castellana y hoy, desde la objetividad del calendario, podría describir a mi diosa de alabastro como si aun se hayara ante mis ojos: Gruesos y rosas labios, casi fucsias, húmedos y dulces como el caramelo que lame un niño; venenosas serpientes de fuego en su cabello minuciosamente despeinado, y los parpados maquillados con la sabia de un tallo recien cortado. Una orquidea entre geranios. Todo en ella era perfecto y solo el oro que adornaba su cuello y muñeca, rompia el aura de Ofelia muerta que su piel de espuma emanaba. Dios! Que hermosa era... La observe de arriba abajo, deteniendome en su mano de niña, que distraida acariciaba un pecho, en contraste con las sandalias de femme fatal sobre las que dos firmes columnas la sostenian.
Un temblor de mil alfileres se derramó desde mi espalda hasta los dedos que, helados, quisieron recorrer su vientre y encontrar en su interior un lecho. Se secó mi lengua y se encharcaron mis ojos al saber que no bucearía nunca en el oasis de aquella boca. Deseaba, sobre el mio, su peso; quería enredarme en ella y presenciar asi el fin del mundo.
El autobus reanudó la marcha, alejandome a la vez de Cuzco y de mi ninfa nacarada, mientras odiaba a cada pasajero, buscando en sus ojos mi demencia, con la rabia de un amante inseguro y celoso.
-Mañana.- pensé -Mañana volveré a verla- Y un brusco conductor desmembró mi delirio al toque de atención que anunciaba: -Señorita, hemos llegado al final de la linea. Tiene que bajarse del autobus.-
Tuve novios; bastantes o alguno, según con quien lo compare, y mi mente se centró en los hombres y los estímulos que con ellos recibía. Era facil abandonarse al saber hacer de una cálida lengua, divertido el baile de dedos y caricias de unas manos curiosas, mágica la burbuja de deseo en la que me transportaba su olor, y frenético el palpitar de mi pecho ante una mirada que dijera -eres mía...- sin pronunciar palabra.
Despues, apareció ella...
Yo, que me pierdo entre palabras, y necesito de susurros para que mi piel se erice, perdí el norte ante la sola visión de una mujer, tardando varios segundos en salir de mi catatonia y en recordar que debia respirar para no ponerme azul.
Al trote del 27, la vi. Se apollaba contra la marquesina de una parada de autobus, ajena al tráfico de la Castellana y hoy, desde la objetividad del calendario, podría describir a mi diosa de alabastro como si aun se hayara ante mis ojos: Gruesos y rosas labios, casi fucsias, húmedos y dulces como el caramelo que lame un niño; venenosas serpientes de fuego en su cabello minuciosamente despeinado, y los parpados maquillados con la sabia de un tallo recien cortado. Una orquidea entre geranios. Todo en ella era perfecto y solo el oro que adornaba su cuello y muñeca, rompia el aura de Ofelia muerta que su piel de espuma emanaba. Dios! Que hermosa era... La observe de arriba abajo, deteniendome en su mano de niña, que distraida acariciaba un pecho, en contraste con las sandalias de femme fatal sobre las que dos firmes columnas la sostenian.
Un temblor de mil alfileres se derramó desde mi espalda hasta los dedos que, helados, quisieron recorrer su vientre y encontrar en su interior un lecho. Se secó mi lengua y se encharcaron mis ojos al saber que no bucearía nunca en el oasis de aquella boca. Deseaba, sobre el mio, su peso; quería enredarme en ella y presenciar asi el fin del mundo.
El autobus reanudó la marcha, alejandome a la vez de Cuzco y de mi ninfa nacarada, mientras odiaba a cada pasajero, buscando en sus ojos mi demencia, con la rabia de un amante inseguro y celoso.
-Mañana.- pensé -Mañana volveré a verla- Y un brusco conductor desmembró mi delirio al toque de atención que anunciaba: -Señorita, hemos llegado al final de la linea. Tiene que bajarse del autobus.-
No estan lejos
Ven. El día ha sido duro; lo se, pero quiero calmarte, ahora que es noche cerrada, y solo mi voz rompe el silencio. Ven, tumbate a mi lado y deja que acaricie tus parpados; deja que enrede mis dedos en tu pelo y bese tu frente. Quisiera arrullarte en mis brazos como si aun fueras un niño.
Ven; quiero contarte un cuento con el que hacerte dormir; verte cerrar los ojos, mientras mis palabras te rozan y que tu respiracion se acompase al ritmo de la mia. Ven, tumbate a mi lado y permite que te abrace mientras los susurros te envuelven.
¿Ves el cielo?, parece que las estrellas estuvieran aquí, cerca de nosotros, pero por mas que estiremos los dedos para tocarlas, se nos escapan... Esto es lo que sentiría un alma pobre, sin embargo para eso se pusieron ahí. Ellas nos provocan desde el cielo con su belleza, dandonos la esperanza de alcanzarlas y ver asi nuestros deseos cumplidos
Hace muchos años, cuando aun dioses y hombres compartian al planeta, una niña pregunto a Atenea:
-¿Qué son esas luces brillantes que hay en el cielo?
-Se llaman estrellas, Sofía- contesto mientras le acariciaba el pelo a la pequeña tumbada en su regazo- y son todos los deseos que los hombres podeis ver cumplidos
-¿Qué hacen ahí? ¿Por qué no estan aquí abajo?
-Hubo una vez en la que lo estuvieron. Todos los hombres tenian a mano cuanto pudieran desear, y dejaron de darle valor
-Pero ahí arriba... Estan muy altas. Si con ellas la gente puede hacer realidad sus sueños, ¿Por qué colgarlas tan lejos de nosotros? A veces parece que solo quisierais castigarnos
-Pequeña, sois unos seres complejos... Necesitais estimulos. Mis hermanos, los dioses, contemplaron vuestra tristeza al no sentiros distintos los unos de los otros; no podeis evitar compararos entre vosotros, y al no saberos mas dichosos que vuestros vecinos, que vuestros amigos, o incluso, que vuestros hermanos... vagabais por la tierra con la mirada llena de decepcion. Para poner fin a vuestra pena, los dioses decicieron esconder las estrellas en el interior de las montañas. De esta forma, quienes se esforzaran lograrian sus deseos, y os sentiriais felices y orgullosos de vosotros mismos, pero olvidaron la naturaleza codiciosa del hombre. Cavando la tierra, hayasteis otros regalos; encontrasteis minerales preciosos a menor profundidad que las estrellas y optasteis por canjearlas a cambio de ver vuestros anhelos cumplidos. Llegó el momento en que los hombres terminaron por olvidar las estrellas, explotandose entre ellos para conseguir los minerales que aceleraban y facilitaban la adquisicion de sus caprichos, y los dioses se enfadaron. Retiraron del interior de la tierra las estrellas, y las colgaron en el cielo, con la esperanza de que al menos unos pocos mantuvieran la ilusion de ver satisfechas las necesidades que no pudieran canjearse por minerales, como el amor, y aunque los esfuerzos debieran ser mayores, vieran cumplidos sus sueños, deseandolos tanto como alcanzar con los dedos las estrellas





