Verte
La luz de un rayo iluminando el cuarto, le liberó del sueño; y acurrucado bajo las sábanas entre las que ahora se hallaba solo, esperó el sonido del trueno que le acompañaría. Acaricío el espacio vacío donde ella había dormido, mientras aspiraba el aroma que dejó en la almohada y se recreó con el sabor de su cuerpo, aún en el paladar; hasta que, de un salto, dejó el féretro en el que la cama se había convertido sin ella.
Perdonó cada pecado del tipo que, desde el espejo, le devolvia la imagen de un hombre feliz, pleno y esperanzado ante la promesa que le entregó antes de marcharse:
- Diana, ¿Volveré a verte pronto?
- Claro. No cuento con mucho tiempo, pero estoy segura de que el destino tiene guardado para nosotros un nuevo encuentro.
Abrió el grifo del agua caliente, dejando que el vapor se convirtiera en una densa niebla, y paseó por cada momento, recuerdos ya, que acababa de vivir junto a ella: la larga melena oscura que acariciaba su pecho; la ligera sonrisa, en esa boca dulce y entreabierta en busca de un beso; el brillo magico e hipnotico de su mirada; la piel calida y suave de su cintura, de su cuello, de sus muslos... Y solo un corte con la cuchilla de afeitar le pudo hacer volver a la realidad.
Los elementos rugian furiosos. Fuera de casa, mas alla de las cuatro paredes que le apresaban, la vida galopaba a lomos de la mayor tormenta que podía recordar, y necesitó del aire helado, que aquella mañana de Domingo le brindaba, para dar rienda suelta a cuanta energia recorria sus venas.
Por primera vez en toda su vida, se sentía parte del mundo; un mundo a medida de los dos, donde no habia espacio para pasado alguno en el que ella no estuviera. Era el héroe de su Divina Comedia; un hombre solo contra todos los infiernos, y a salvo de estos gracias a la seguridad que da el amor.
Montó en el coche, arrancó el motor y encendió las luces. Quería llegar a cualquier lugar abierto; algún acantilado desde el que gritarle al cielo, cicatrizado de relampagos, que le habia vencido; y dejando atrás la vereda de árboles, que doblegados por el viento, se postraban a su paso, le dio la espalda a la ciudad.
Llevaba horas conduciendo bajo el titánico vendaval cuando llegó al risco desde el que, años atrás, había jurado lanzarse antes de morir de pena y solo, y tomando un trozo de papel de la guantera, bajó del coche.
-Mira, Abismo; lee esto: Dice que me quiere, que siempre supo que daríamos el uno con el otro, que jamás perdió la esperanza y ahora es feliz por nuestro encuentro. Escucha, Caos; he venido a recuperar mi palabra. Prometí entregarte mi alma a cambio de no padecer mas mentiras, de que el frio y las decepciones no habitaran mas mi vida, pero ella se adelantó a tus designios y lleno de luz mi futuro con su presencia. Es Diana quien me rescata... A ella se lo debo todo!
Orgulloso de sí mismo, por haber reunido el valor de gritarle a sus miedos que los desahuciaba, se sentó sobre las rocas a fumar un cigarro y, con el mechero, prendió el papel sobre el que ella había puesto su corazón, para regalarle las cenizas al viento. Única muestra de tregua que estaba dispuesto a entregarle.
Marchó sereno y en silencio, ocupando cada espacio de su mente en revivir aquella noche. El modo magnético en que sus miradas se habian encontrado y ya no habian podido desprenderse; el tiempo, que del mismo modo que fueron horas, pudieron haber sido años; sus palabras, que no acababan nunca; el tacto de su piel, y cuánto deseó perder la memoria, para recorrerla siempre virgen; el olor de su pelo; la calidez de su lengua; cómo temblaron sus labios al pronunciar unas palabras que, por fin, tomaban sentido; el nudo en la garganta que se tensó cuando ella se despidió tras besarle...
En sus retinas solo estaba ella y sus oidos ignoraban la manta en forma de lluvia que lo cubría todo, hasta que, con un golpe seco, cada sentido volvió a su lugar.
Apretó el volante con ambas manos hasta que por sus nudillos dejó de circular sangre. Quiso parar el mundo en ese instante, pero los limpiaparabrisas se negaron a congelarse, e impulsado, mas por el pánico, que pos sus intenciones, salió del coche.
La vio tendida de espaldas, quieta, pequeña, como un hada con las alas rotas; y al arrodillarse a su lado y tomarle la mano, comprobó que aun respiraba. Apartó el pelo que cubría su cara y la besó llorando. No pudo gritar... No supo gritar.
Cinco palabras, como una oración dirigida al dios de los desgraciados, sellaron para siempre la voz de ambos, que morian juntos en la muerte de ella:
-Solo deseaba volver a verte.
Perdonó cada pecado del tipo que, desde el espejo, le devolvia la imagen de un hombre feliz, pleno y esperanzado ante la promesa que le entregó antes de marcharse:
- Diana, ¿Volveré a verte pronto?
- Claro. No cuento con mucho tiempo, pero estoy segura de que el destino tiene guardado para nosotros un nuevo encuentro.
Abrió el grifo del agua caliente, dejando que el vapor se convirtiera en una densa niebla, y paseó por cada momento, recuerdos ya, que acababa de vivir junto a ella: la larga melena oscura que acariciaba su pecho; la ligera sonrisa, en esa boca dulce y entreabierta en busca de un beso; el brillo magico e hipnotico de su mirada; la piel calida y suave de su cintura, de su cuello, de sus muslos... Y solo un corte con la cuchilla de afeitar le pudo hacer volver a la realidad.
Los elementos rugian furiosos. Fuera de casa, mas alla de las cuatro paredes que le apresaban, la vida galopaba a lomos de la mayor tormenta que podía recordar, y necesitó del aire helado, que aquella mañana de Domingo le brindaba, para dar rienda suelta a cuanta energia recorria sus venas.
Por primera vez en toda su vida, se sentía parte del mundo; un mundo a medida de los dos, donde no habia espacio para pasado alguno en el que ella no estuviera. Era el héroe de su Divina Comedia; un hombre solo contra todos los infiernos, y a salvo de estos gracias a la seguridad que da el amor.
Montó en el coche, arrancó el motor y encendió las luces. Quería llegar a cualquier lugar abierto; algún acantilado desde el que gritarle al cielo, cicatrizado de relampagos, que le habia vencido; y dejando atrás la vereda de árboles, que doblegados por el viento, se postraban a su paso, le dio la espalda a la ciudad.
Llevaba horas conduciendo bajo el titánico vendaval cuando llegó al risco desde el que, años atrás, había jurado lanzarse antes de morir de pena y solo, y tomando un trozo de papel de la guantera, bajó del coche.
-Mira, Abismo; lee esto: Dice que me quiere, que siempre supo que daríamos el uno con el otro, que jamás perdió la esperanza y ahora es feliz por nuestro encuentro. Escucha, Caos; he venido a recuperar mi palabra. Prometí entregarte mi alma a cambio de no padecer mas mentiras, de que el frio y las decepciones no habitaran mas mi vida, pero ella se adelantó a tus designios y lleno de luz mi futuro con su presencia. Es Diana quien me rescata... A ella se lo debo todo!
Orgulloso de sí mismo, por haber reunido el valor de gritarle a sus miedos que los desahuciaba, se sentó sobre las rocas a fumar un cigarro y, con el mechero, prendió el papel sobre el que ella había puesto su corazón, para regalarle las cenizas al viento. Única muestra de tregua que estaba dispuesto a entregarle.
Marchó sereno y en silencio, ocupando cada espacio de su mente en revivir aquella noche. El modo magnético en que sus miradas se habian encontrado y ya no habian podido desprenderse; el tiempo, que del mismo modo que fueron horas, pudieron haber sido años; sus palabras, que no acababan nunca; el tacto de su piel, y cuánto deseó perder la memoria, para recorrerla siempre virgen; el olor de su pelo; la calidez de su lengua; cómo temblaron sus labios al pronunciar unas palabras que, por fin, tomaban sentido; el nudo en la garganta que se tensó cuando ella se despidió tras besarle...
En sus retinas solo estaba ella y sus oidos ignoraban la manta en forma de lluvia que lo cubría todo, hasta que, con un golpe seco, cada sentido volvió a su lugar.
Apretó el volante con ambas manos hasta que por sus nudillos dejó de circular sangre. Quiso parar el mundo en ese instante, pero los limpiaparabrisas se negaron a congelarse, e impulsado, mas por el pánico, que pos sus intenciones, salió del coche.
La vio tendida de espaldas, quieta, pequeña, como un hada con las alas rotas; y al arrodillarse a su lado y tomarle la mano, comprobó que aun respiraba. Apartó el pelo que cubría su cara y la besó llorando. No pudo gritar... No supo gritar.
Cinco palabras, como una oración dirigida al dios de los desgraciados, sellaron para siempre la voz de ambos, que morian juntos en la muerte de ella:
-Solo deseaba volver a verte.
Bajos instintos.
Escuché la noticia en la radio por la mañana, de camino al trabajo, cuando aun el cerebro no se ha oxigenado lo suficiente a base de bostezos indecorosos. Supe, por voz de una cívica locutora, que vivimos rodeados de locos y psicopatas; que parapetados tras gente de bien, se escondian monstruos capaces del hecho que narraba. Así me enteré de que un joven acababa de empujar a las vias del metro a una chica, a la que no conocia, alterando radicalmete su futuro. Y tambien en ese momento supe que acababa de ser descubierta.
Al parecer formo parte del reducido numero de trastornados peligrosos, que antes de temer por su integridad o su vida en el arcen del tren, sienten el impulso de hacer algo despreciable; y es la consciencia de esta posibilidad lo que les mantiene contra la pared, anclandose a si mismos al suelo, para no cometer lo que se saben capaces. Osea que, potencialmente, soy una asesina sin escrupulos.
Supongo que todos (o solo un pequeño número, como defendía la locutora) llevamos una fiera irracional dentro; un pedacito de sociopatas, algo de Jack el Destripador, un Jason dormido abrazado a su motosierra; pero nos sentimos a salvo del resto de gargolas, solo por que somos capaces de amansar a nuestro propio diablo.
Mas, cómo volver a sentirte parte de tu ancestral manada, una vez cruzada la linea que separa al hombre del animal? Yo lo hice.
Llevaba meses dejando caer, entre mis amigos, que necesitaba las habilidades de un profesional para poner fin a cierto problemilla familiar; pidiendo, con una sonrisa inocente y ojos de niña pícara, presupuesto economico para un trabajito sin preguntas; moviendo hilos para dar con un sicario de confianza, pues por la “M” de mercenarios, no constan en las Paginas Amarillas. En este tiempo, las reacciones fueron diversas: unos se escandalizaban, otros me daban lecciones de moralidad, y la mayoria no me tomaban en serio y me reían la gracia... Hasta que, sin saber muy bien cómo, logré atar todos los cabos y me tomé la justicia por mi mano:
Negocié con tres delincuentuchos la cantidad e impuse mis normas –Nada de sangre. Quiero huesos rotos, hematomas, contusiones... pero ni una gota de sangre. Y respetadle la cara y la cabeza - Concretamos el dia, la hora y el lugar, y zanjé el tema hasta la fecha de autos.
Sin darle muchas vueltas a lo que iba a presenciar, me acomodé en el lugar con mejores vistas que pude encontrar en aquel polígono, sabiendo que mi hermano no tardaría en aparecer y alli le darían caza mis esbirros. No me equivocaba. Solo habian pasado veinte minutos cuando le vi trapichear, a la puerta de un garito, con un niñato de mas o menos su edad. De entre las sombras surgieron mis asalariados; convencieron al socio de que se marchara mostrandole una bailarina, y acorralaron a su victima contra el muro de la nave industrial.
La primera hostia la recibió en el pómulo derecho, y el miedo a saber que el resto de mis normas serian, una por una, pasadas por el mismo lugar por el que se acababan de pasar esta, me hizo cerrar los ojos.
Tal vez solo parpadeé, o quizas dejé que volara el tiempo... no lo se. Pero al abrirlos, nada se parecía a lo que hubiera esperado:
Los tres verdugos encaraban a un hombre de pelo cano, con vaqueros y chaqueta de pana, algún héroe espontáneo con ganas de que le partieran el alma; mientras mi hermano yacía incosciente e ignorante de dónde procedián las patadas en el costado que continuaba recibiendo.
No le reconocí al principio; me lo impedia la distancia, pero supe que era mi padre al escuchar su grito:
-¡¡Parad!!. ¡¡Dejadle. Es mi hijo y vais a matarle!!
Con una rabia desconocida en él, apartó a los sayones del cuerpo de mi hermano y no dejó de maldecirlos y jurarles despellejarlos vivos para hacerse una cartera con la piel de sus pelotas, hasta que le pudo el llanto, viendolos alejarse .
Se arrodilló junto a él y con las excasas fuerzas que debían quedarle levantó el despojo sangrante en que se habia convertido y se lo llevó al pecho.
De mi garganta, de mi estomago, de mi pecho y de mi alma emergió un alarido que rompió la noche he hizo que el llanto de mi padre y el mío propio se unieran en una mirada. Él por lástima hacia su hijo, yo por el dolor de hacerle daño.
El remordimiento, la más sucia sensación que hasta hoy he sentido, me arrancó de la pesadilla y desperté enredada en las sabanas, muerta de frio, al galope mi corazon, y sin poder dejar de llorar, aún sabiendo que todo había sido un sueño.
Cronica de un soponcio
[Lease con el tonillo trasnochado de cualquier detective de cine negro]
Una mala noche, una mala semana y un mal mes en general. La ducha no había logrado llevarse por el desagüe la sensación de estar perdiendo el tiempo; ni la toalla pudo arrancar el frío en el estómago que me provoca repetir un ritual que no conduce a ninguna parte. Quizás, exigirle claridad a mi cerebro estimulandolo con ron barato, sin procesar bocado alguno desde hacía más de dieciocho horas, no sea la mejor idea que haya tenido... Aun asi, me decidí a abandonar mi cueva para afrontar lo que, algun dios bromista, me tuviera preparado.
Prendí el primer cigarro del dia, según puse pie en esta ciudad de nadie y, dejando vagar el pensamiento con soluciones absurdas a problemas de otros, acaricié la llave de mi Chulo en el bolsillo de la gabardina mientras, como un automata, me dirigía a él.
Sé que pasaron ocho minutos; el tiempo que tardó la colilla en hacerme reaccionar quemando mis labios frios. Justo el tiempo que demoré en darme cuenta de que estaba parada frente a un hueco de aparcamiento vacío. Ocho minutos en los que lo único que se me ocurrió fue pulsar el boton verde de mi movil para hacer voz la noticia que no podia creer al escucharla en mi cabeza:
-Me han robado el coche.
Al otro lado de la linea, la última persona con la que había hablado el dia anterior, mi amiga M, me devolvía el saludo:
-Que coño dices!!?? Como que te han robado el coche?
-Pues eso; no está!
-Date una vuelta a la manzana e intenta recordar donde lo aparcaste
-No estoy imbecil!! No está! No está!!
-Imbecil, no se; pero un poco histérica, te aseguro que sí...
Una mala noche, una mala semana, un mal mes en general, y presisamente hoy me roban el coche: Elegí un mal día para empezar a ser adulta.
-Vete ahora mismo a denunciarlo
-Voy
Mantuve el telefono en la oreja, en una postura similar a la de “El Pensador” de Rodin y los ojos vidriosos, hasta que le pregunté al “pi-pi-pi-pi” que escuchaba: -¿¿Y cómo carajo se supone que voy a ir a la comisaría!?-
No llevaría más de quince minutos llorando a moco tendido en plena calle, pensando la forma de dar con el caco en cuestión, para explicarle que me haría un favor enorme si me devolviera el coche, por que yo a pie no se moverme, y que aún me falta más de año y medio para terminar de pagarlo, y que, fijate tú el disgusto que tengo, por que como no me prostituya en la Casa de Campo, no se de dónde mierda se supone que voy a sacar el dinero para comprarme otro... (lo admito: no tengo idea de si todo lo anterior lo pensaba, o se lo gritaba a los vecinos, que ya habian empezado a asomarse a los balcones); cuando, de la nada, se materializó ante mí un coche patrulla con sus correspondientes patrulleros dentro. –Esta es la mía!- me dije. Y en un alarde de templanza y madurez les corté el paso:
-Agentes! (Buuuaaaa!!!!)-
Prestos a cumplir con su deber, la pareja de locales bajaron la ventanilla y me interrogaron:
-¿Qué le pasa, señora?
-Me han robado el coche!!! (Buuuuaaaaa!!!)- respondí, francamente confusa, pues no sabía si hablaban conmigo, o con alguna “señora” que por allí andara.
-¿Dónde?- Preguntaron; imagino que para ganar tiempo, pues no se me ocurre nada mas ridículo, a parte de “¿Quién?”, en una situación así
-Ahí- dije, apuntando al lugar donde debia estar mi Chulo
-Tiene usted que decunciarlo-
-Esto.... Sí, bueno... ya (Buuuuaaaaa!!!)
-¿Tiene la documentacion del coche?
-Estaba dentro! (Buuuuaaaaa!!!)
-Ah!, claro...
Mientras tomaban nota del modelo, color y matrícula (dato que no recordaba, por que soy un puto desastre), llamé al trabajo y un maravilloso compañero, tambien conocido por el sobrenombre de “Cómomolaelhijodemijefe”, vino en mi rescate. Verle y abrazarle fue uno. Por fín me hayaba en los protectores brazos de un hombre... de dieciocho años, si. Pero, al cabo, un hombre. Que una, para estas cosas, es muy tradicional.
Había llegado el final del primer acto para Doña Maruja del Tercero; que dejandose arrastrar por la emoción del momento gritó:
-Se lo llevó anoche una grua!!! Yo lo vi! Lo vi!! El coche morado del que hablan se lo llevó la grua, por que estaba en medio de la calle, a eso de las siete de la mañana-
Arrastrados por sus dotes detectivescas, los policias ataron cabos, y date! Esta fue su conclusión:
-Señora, está segura de que puso el freno de mano cuando aparcó?
-Si
-Pues tiene toda la pinta de que la grua se lo haya llevado por obstaculizar la vía pública.
Con el rimel corrido y los ojos hinchados, mi adolescente caballero me llevó al trabajo y juntos comenzamos la busqueda telefonica, por cada depósito de Madrid, sobre cualquier pista que pudiera conducirnos hasta mi secuestrado Chulazo.
Una llamada antes de abandonar las pesquisas telefonicas por su nulo resultado, le conocí a él. Virgilio; funcionario público, de noble corazón y aterciopelada voz que se compadeció de mí, y asumió la tarea de localizar el vehiculo a traves de la intrincada red informatica del ayuntamiento y sus depositos.
-Sonia!, lo tenemos. Acaba de ser dado de alta en el depósito 2 de Mediodía- Me comunicó extasiado a las 11:32 AM.- Pero tengo que informarte, mi pequeña compañera, que el parte del operario gruista es claro: muestra indicios de sustracción.
-¿Qué indicios, Virgilio, amigo?
-Está sucio
-Bueno... Es que cada vez que lo lavo, llueve; y no está la cosa como para ir tirando el dinero por las alcantarillas.
-Desordenado y revuelto por dentro
-Veras... Ayer fui de compras y puede que dejara una o dos bolsas de plastico tiradillas en el asiento de atrás...
-Y falta la caratula del CD
-Está en la guantera!!
-De acuerdo, mi joven muchacha. Corre entonces a poner una denuncia por robo en toda regla, a bien de librarte del multarro que te van a endiñar y rescata tu corcel de aquel inhóspito lugar.
-Gracias, Virgilio. Gracias, mi guía
-Ha sido un placer Y que alguien imponente te acompañe...
-Será “la fuerza”, Virgilio.
-No, pequeño saltamontes... No necesitas fuerza, sino un hombretón; porque el depósito se haya en pleno corazón de la Barranquilla.
Partímos pues, mi joven y psicotropicado escudero y yo, rumbo a la conclusión de nuestra aventura.
Poner una denuncia en ésta desalmada ciudad no es dificil, pero si lento; lo que dilató la llegada al gueto de los muertos vivientes, a bien pasado el ocaso; cuando todos los gatos son pardos, y los yonquis buscan sus venas a la luz de los faros de cualquier coche. Aún me pregunto cómo podían encontrarlas, si a mi se me heló la sangre en las mias al descender a aquel infierno.
Tras identificarnos, nerviosos, un oficial nos acompañó por el cementerio de vehiculos, para los que, muy probablemente, cualquier pasado fue mejor; hasta el lugar en el que mi Chulo esperaba.
Una mala noche, una mala semana y un mal mes en general; pero al menos he recuperado el coche... Pensé, segura de que todo había sido un pequeño susto provocado por el fallo de mi freno de mano; hasta que entré en él, y noté que el asiento había sido desplazado hacia atrás, que en lugar de mi desordenado orden, ahí reinaba el mas absoluto caos, y que no habia rastro de mi CD (en su lugar, un hueco), idem de las colillas del cenicero (detalle que agradezco a los cacos, por que ya estaba hasta arriba).
Era cierto...: Alguien me había abierto el Chulo en la puerta de mi casa, para llevarse el lector de música, un sombrero vaquero, cinco manuales de contabilidad y mi colección de cd’s; a parte de para limpiarle el polvo al salpicadero, cambiar la documentacion del coche de sitio, y olvidar una navaja en el asiento del copiloto.
Mi caco es un poco raro, además de muy cuidadoso, pues no rompió nada. Por lo que espero que no se beba todo el equipo de música, que se vea guapo con el sombrero, que disfrute con salud la música que a mí me gusta, y le saque partido al curso de contabilidad que se ha agenciado; y aprovecho para agradecerle lo de la limpieza del cenicero:
-Caco, fue todo un detalle.
Mas si no lo digo, reviento:
-Me jode que te hayas llevado el CD de Sabina, aun sabiendo que puedo encontrarlo en cualquier tienda de música.... Pero, ese con patos dibujados en la portada... no puedo recuperarlo.
Una mala noche, una mala semana y un mal mes en general; y aunque el Chulazo y yo seguimos juntos, esta aventura me ha costado el regalo mas dulce que nadie me habia hecho.
Humildemente
No habia caido en la cuenta; no le había prestado la mas jodida atencion, hasta que me lo plantaron en las narices.
Todos los disfraces me sientan bien, incluso el de desconsolada plañidera; por eso, y por que no me daba la realisima gana, no habia dedicado un solo segundo a pensar en ello, pero ahora que lo he procesado, nada escapa a su onda expansiva. Es como si siempre hubiera estado ahí, esperando a que abriera los ojos y admitiera su existencia; como si Wally me saludara desde el centro de la lamina coloreada; como ver por primera vez la Torre Eiffel de una imagen en 3D... ¡ya no puedo ignorarlo!
Yo, que danzaba feliz y contenta por este valle de lagrimas, lanzando balones fuera desde mi mas que convencida inocencia, cargo ahora con un dato cronologico que pesa como su puta madre; y aunque podria jugar a buscar culpables, la conciencia me ha cortado el agua por impago de su ultimo recibo, y como no me lave ahora las manos con Coca Cola, voy a tener que hacerle frente.
Llevo sin mantener una relacion como Dios manda, una historia sentimental seria, plena, tradicional y satisfactoria, desde hace lustros.
Dicho asi podria parecer pecata minuta, pero saquemos la calculadora...
Tengo veintisiete años (no cumpliré los veintiocho hasta el proximo Abril); paseé por primera vez de la mano de un especimen del sexo opuesto (que no fuera mi padre) a eso de los trece, me dieron mi primer beso de tornillo a los catorce años y desde los dieciseis, no han pasado mas de quince dias naturales sin que peque y me regocije de ello. Pasé por la vicaría y dije “si, quiero” a un señor muy majo a los veintidos, tras seis años de convencional noviazgo; y desde hace dos estoy, por fín, sola; compartiendo mi tiempo con la unica persona que me interesa llegar a descubrir del todo, osea: la menda lerenda.
No hay peros. No hay aunque. No hay conjuncion dubitativa que me haga plantearme otra trayectoria, porque soy yo la que ostenta orgullosa mi solteria... y a pesar de esto, bastó una simple cuestión para hacerme dudar:
-¿Dónde lo guardaste?- Me preguntó un amigo recientemente separado y en pleno proceso de reconstruccion de su zona cero.
-¿El qué?
-El corazon. No tienes pinta de que te lo hayan roto nunca, pero tampoco das la impresión de saber usarlo. Parece mas que lo tuvieras guardado en una caja de caudales; protegido.
Llevé mi mano al pecho y lo sentí palpitar
-Está aquí. ¿Que coño te hace pensar que no lo lleve puesto?
-Tu mirada de suficiencia y esa falsa sonrisa cuando hablas de tus decepciones. Procesas y depuras tus latidos; licuas cada beso y cada caricia con esa bomba mecanica que has creado para fingir que eres humana, pero a mi no me engañas... Se que no sientes.
-Anda el listo! Por que no vaya llorando por los rincones me plantas ese axioma? Quizás estoy bien asi; a lo mejor no compartir cortauñas ni cesto de la ropa sucia no me transforma en un ser intratable. Tengo justo lo que quiero.
-Tienes, justo, lo que mereces- Y eso me dolió.... –Desde tu gran huída, cuantas veces te has planteado pensar en alguien antes que en ti; dejar de dormir por velar la fiebre de quien descansa a tu lado;decirle a cualquiera lo que deseas por el mero hecho de que compartirlo ya te haría sentir mejor...
-Nunca
-¿Por qué?
-Por qué me cuído y me quiero sola
-Y, sola, maquillas tu realidad con la unica paleta que tienes... te falta perspectiva.
-Dilo directamente, no me vengas con gilipolleces
-Pareces dura y fria; pareces inalcanzable, tanto que no provocas en absoluto el deseo de desnudarte, pues no ofreces nada por lo que merezca la pena el esfuerzo. ¿Crees de verdad que estas sola por que quieres? ¿No es posible que estés sola por que nadie quiere estar contigo?





