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Desnuda no es sin ropa
desnuda, para ti
Acerca de
Si puedes arrinconar todas tus victorias y arriesgarlas por un golpe de suerte, y perder, y empezar de nuevo desde el principio y nunca decir nada de lo que has perdido; Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones para jugar tu turno tiempo después de que se hayan gastado, y así resistir cuando no te queda nada excepto la voluntad que les dice "Resistid". Ruyard Kipling. IF
Sindicación
 
Ministerio del Destino
Ministerio del Destino.
Jefatura de Asuntos Internos.
09:00 AM

- Buenos días, Jefe. ¿Da su permiso?
- Cupido!. Te esperaba... Buenos días. Pasa y toma asiento, por favor.
- Gracias. Acabo de recibir la nota de Chelo, su secretaria, citándome urgentemente con usted. ¿En qué puedo ayudarle?
- Veamos; desde los Departamentos de Contabilidad y Logística me han enviado sendos informes acerca de cierto expediente que desearía estudiar contigo, si no tienes inconveniente.
- Comprendo.
- Perfecto. Su código de referencia es C33.567.842/S.A. e imagino que estarás al corriente de todos los pormenores, pues lleva en tu cartera aproximadamente veintiocho años.
- Casi veintinueve... Trabajo en el dosier “Sonia Arias” desde hace veintiocho años, siete meses y seis días, para ser exactos.
- Si con “dosier” te refieres al equivalente de media Selva Amazónica en celulosa... sí, es el “Dosier Sonia Arias”. O el “Proyecto Almodovar”, como ya es conocido por lo estrambótico de tus métodos; aunque también podríamos llamarlo “La guerra de las Galaxias”, pues llevamos invertido, en medios para desarrollarlo, más fondos que en toda la saga.
- Admito que los gastos se han disparado, pero le ruego que tenga confianza en mi. Puedo probar avances significativos en el sujeto y estoy convencido de haber encontrado, por fin, el buen camino.
- Cupido, el sujeto es una mujer a la que has sometido a tantas ilusiones e incontables desencuentros que aun no comprendo por qué no ha arrojado ya la toalla.
- Yo mismo me he hecho la misma pregunta un millar de veces; y resulta tan sorprendente su caudal de amor, como la autonomía para emocionarse alimentada mayoritariamente de esperanza y con bajo consumo de realidad.
- Pues debe ser realidad lo único que no consume, porque... podrías explicarme para qué diablos has necesitado...? Deja que busque por aquí...: “Tres segundos de estrella fugaz”!. Cupido, se te ha ido la mano.
- Ha funcionado.
- Por supuesto que ha tenido que funcionar..! No hemos lanzado al cielo algo así desde... cuando? Los Reyes Magos? Y ellos buscaban al Mesías, pero te garantizo que de haber existido entonces los GPS’s, les hubiéramos enviado uno por mensajería urgente! ¿Qué pretendías con semejante derroche?
- Verá, Jefe... Sonia es un ejemplar difícil. Padece un miedo irracional a la dependencia y se niega a si misma el placer de enamorarse. En un descuido confesó que necesitaba una señal para aceptar que se había enamorado y, la otra anoche, se la proporcioné.
- Una estrella fugaz surcando el cielo despejado de la sierra madrileña durante tres segundos, no es una señal! ¿Puedes hacerte una idea de lo que nos va a costar en deseos para todos aquellos que la vieron? ¿Te fumaste la clase el día que expusieron el concepto “sutileza”?. Cupido, eres un profesional; de hecho eres nuestro mejor agente, pero a este paso qué será lo siguiente? Un letrero luminoso que rece: “Sonia, cretina, te has enamorado!”?
- A decir verdad, esa era exactamente la señal que ella había pedido... Eso, o una flecha parpadeando sobre la cabeza de su compañero que dijera “ ES ESTE. ES ESTE”
- Y tú has perdido el juicio y estarías dispuesto a proporcionárselo.
- Digamos, jefe, que siento cierta simpatía por esa muchacha. Quiero que sea feliz y se ha convertido en una cuestión personal.
- Que el Destino está costeando. Cupido, tienes el porvenir por delante y te aconsejo que no fijes en un expediente concreto todas las esperanzas... Podría decepcionarte y eso sería terrible para tu carrera. Pero dime, ¿Cuáles son los asombrosos avances que has conseguido?
- Durante el desarrollo del proyecto he cruzado la Felicidad en su camino por incontable numero de ocasiones y en tan diversas formas, que cualquier otro hubiera abandonado la búsqueda abrazando cada ocasión tan fuerte que la habría deshinchado. Ignoro si es la mejor fullera al poker que he conocido, negándose a abandonar la mesa mientras siga conservando una sola rupia que apostar, o una pésima jugadora de la Ruleta Rusa percutando, una y otra vez, el gatillo contra su sien; pero anhela el Nirvana del Amor más que seguir respirando y nada le satisface.
- Tal y como lo cuentas, parece que fuera una pobre desgraciada carente de cariño. Es así?
- Nada más lejos de la realidad: Su familia la quiere y cuenta con los cuidados y el respeto de amigos que la adoran. Es consciente de su innato don para elevar emociones, así como reconoce haber abandonado más de un corazón en el desierto de la indiferencia. Ha vivido experiencias maravillosas y padecido instantes de angustia hasta llegar a construir un balcón en su alma desde el que contemplar la vida; pero solo eso...: Por mas que observara y empatizara con la realidad de sus iguales, no la reconocía propia. No se sentía, ni deseaba hacerlo, parte de nada ni nadie. Hasta ahora!
- Qué has hecho, Cupido? Y lo más importante...: Cuanto va a costarnos?
- Prácticamente nada, Jefe... Eso es lo increíble. Había probado con hombres que la abrumaban e impedían que se mostrara tal cual, aun sin pretenderlo. El dinero y el estatus la ciegan hasta verse obligada a retirar la mirada. Puse a su alcance un par de políticos serios, al director de una editorial, un piloto, un locutor, un autor al que adora, un empresario y varios ingenieros; pero, por uno u otro motivo, no cuajaban. Y así, frustrado y algo encabronado, para qué negarlo?; le lancé un tipo normal como revancha: ni alto, ni bajo; ni feo, ni guapo; ni forrado, ni tieso; ni casanova, ni virgen; ni erudito, ni tontolaba; ni seco, ni cursi... Pero a rebosar de cariño. Y ella, como un corderito, sigue sus pasos, le sueña despierta y suspira ante él sin pudor alguno.
- Pues asunto resuelto!. Ya está; ya se ha enamorado. Rellena el informe y pide a Chelo que te asigne otra misión.
- Aun no, Jefe. Se que duda y está asustada. Abandonarla en este punto podría resultar fatal.
- ¿Temes que el chico la deje?
- ¿¿Dejarla??. En absoluto! Ese pobre muchacho acaba de descubrir su propia Caja de Pandora y es incapaz de desprenderse de cuanta dulzura, magia, ternura y amor está brotando de ella. Se comportan como dos chiquillos, dejándose notas bajo la almohada, utilizado la cara visible de la luna para comunicarse allá donde se encuentren y trazando proyectos como si fueran legítimos dueños del futuro. Pero no puedo retirarme ahora pues, antes de esto, ninguno de los dos creía en el Amor y serían capaces de asimilar cualquier escalón como el insalvable muro que tanto temen.... Tengo que guiarles de la mano por el camino que ya han empezado a recorrer. Considérelo un servicio de mantenimiento “Post-venta” incluido en la garantía
- Cupido, voy a contarte una historia y quiero que me escuches atentamente...
- Si va a hacer referencia a la Gran Crisis de Romeo y Julieta, recuerde que basé en ella mi tesis de fin de carrera y en este caso no hay, ni por asomo, Montescos o Capuletos contra los que luchar. Solo ellos mismos podrían destruir aquello que sienten con su deficiente fe.
- Los jovenzuelos creéis que lo sabéis todo... También yo lo pensé hace mucho, mucho tiempo. Ahora calla y escucha.
- Si, Señor.
- Al terminar mis estudios fui destinado como becario en la Corte del Rey Arturo. Añoro aquellos tiempos donde las cosas se hacían como es debido: a través de pócimas, conjuros y encantamientos. En la que los gobernadores eran elegidos por espadas encantadas y no mediante elecciones amañadas; los conflictos resueltos cuerpo a cuerpo y cara a cara, y no pulsando botoncitos que hacen volar la tierra. Era de corceles y dragones, sin Furbys ni Tamagotchis; de doncellas y cortesanas que hubieran preferido morir de frío que vestirse con un chándal, para quienes la música sonaba en las delicadas cuerdas de un arpa, pero ahora escuchan requetón por los auriculares de su MP3... Y los caballeros!! Aquellos eran dignos de llamarse Hombres: gallardos varones con férreos ideales por los que luchar hasta dar la vida; vigorosos amantes y espléndidos conquistadores, guardianes del honor de sus damas. Ahora, cuando salgo a la calle, solo hallo metrosexuales, grunchs, snobs, progres, pijos, punkis, bacalas, raperos, góticos, hippys, alternativos y demás jumentos... por eso salgo poco.
- “Bacalas”?, “Hippys”?. Sí que sale poco.. si. Pero iba a contarme una historia, no?
- Y maleducados... esos abundan.
- Discúlpeme. Continúe, por favor.
- Como te decía, realicé mis practicas en Camelot, sirviendo de consejero y acompañando como amigo a la hermosa Blanchefleur, hermana de Mark, Señor de Cornuelles. De algún condado cercano llegó a nuestras tierras un apuesto mancebo llamado Meliadus; célebre en los dominios tras haber derrotado y obligado a firmar la paz a Morgan, un rey déspota con su pueblo, egoísta y beligerante. Por aquel entonces los torneos eran tan populares como lo son ahora los botellones, pero con premios mucho mas suculentos que una resaca en el mejor de los casos; y del que organizó Mark, salió vencedor Meliadus. Para Blanchefeur, verle y enamorarse fue uno y su corazón estalló en gozo cuando éste pidió al Rey Mark su mano; pero, en lugar de amedrentarse ante la negativa recibida, se fugaron y se casaron en secreto. Fruto de este amor nació Tristán.
- ¿Y usted se quedó cómodamente en su puesto?
- No emplees ese tono conmigo.... Mi lugar estaba con Blanchefleur. Ella era mi misión y su felicidad mi destino. Pero me confié y una noche sin luna, el hijo de puta de Morgan...
- Señor...!
- Ruego sepas disculpar tan tosco vocabulario y comprendas la frustración que, contigo, comparto: Morgan asesinó a Meliadus; sumiendo a mi querida Blanchefleur en una tristeza tan profunda que acabó por enterrarla. El Destino, en su anárquica trayectoria, truncó la vida de dos amantes, mientras yo fracasaba en mi labor de asegurándoles un prospero porvenir. La culpa cegó mi razón y me vi en la obligación moral de encargarme del cuidado y la educación de su hijo Tristán.
- ¿Cómo? ¿Usted se saltó la norma de regresar a Jefatura y solicitar una nueva misión? El Código, en su Artículo 549 Epígrafe D, establece que no somos responsables del devenir de la historia, si bien podemos interferir en los acontecimientos, encauzándola hacia el desarrollo intelectual y emocional de la especie humana... Pero sin tomar, jamás, parte personal en ella.
- Ni se te ocurra juzgarme, aprendiz! Infringí la ley y un millón de veces volvería a hacerlo. El Destino de Blanchefleur era amar y ser amada y a él entregó su vida. En deuda con la pureza que ningún libro ni escuela puede enseñar, crié a su hijo instruyéndole en el manejo de la espada y volcando en él mi amor por el arte, sin hacer jamás mención del linaje al que pertenecía con la absurda esperanza de evitar la infección de la venganza. Y de nuevo erré
- ¿Qué ocurrió, Señor? Si pudiera poner en manos de alguien mi propio Destino, seria en las suyas. ¿Qué nefasto acontecer pudo sufrir el joven Tristán bajo su tutela?
- Cupido... Tú, yo y cada miembro de esta institución no somos más que burócratas. Meros funcionarios de algo mayor e infinitamente mas complejo que nosotros mismos. Míseras tuercas de una maquinaria que nunca llegaremos a entender: La vida. Tenemos el poder de guiar porvenires, del mismo modo que un jardinero puede alimentar y corregir el crecimiento de un árbol, llegando a destruirlo de hacerlo mal; pero las Vidas y sus Destinos absolutos están completamente fuera de nuestro alcance. La sangre de Tristán bramaba reclamando emoción desde sus venas y con los ojos anegados e ilusión en su rostro, besó despidiéndose del único padre que hasta entonces había conocido.
- ¿Le dejó partir?
- Si
- ¿Le abandonó a su suerte?
- Volví a mi trabajo. Continué con mi vida. Pagué con creces el pecado de mi vanidad ante el Tribunal Mayor y gané con sudor cuanto merito ostento ahora, a base de esfuerzo y dedicación. Pero... Y si una sola palabra al respecto escapa de tus labios, será la última... nunca perdí contacto ni la oportunidad de tender una mano a mi hijo.
- Entonces, Jefe... Me está diciendo que... Yo podría...? Es posible que si yo...?
- Las leyes son claras y estrictas. Desde este despacho las hago respetar y ha de caer toda mi ira sobre aquel que las incumpla. Lo sabes... Permite que prosiga narrando:
- Sí, Señor. He de escuchar atentamente.
- La variable del caprichoso azar llevo a Tristán hasta el Condado del Rey Mark, donde supo de su procedencia y; aunque fue muy atentamente recibido, ansioso de venganza mató al asesino de su padre, Morgan, tan pronto tuvo ocasión. El latir de su corazón le dictaba que al fin se hallaba en casa, entre los suyos, por lo que, no pudiendo soportar el dolor de su pueblo cuando un emisario del Rey de Irlanda, Morold, pretendió someterlos bajo descabellados impuestos, le retó y venció en una lucha sin prisioneros. Mas antes de fallecer, Morold logró herir a Tristán con una espada envenenada. Desde la clandestinidad hice que el viento llevara, de boca en boca, el rumor de que solo la princesa Isolda, hermana de su victima, conocía el antídoto contra la muerte que galopaba en sus venas; y así partió a Irlanda para salvar la vida mediante la magia de Isolda pero, haciéndose pasar por un trovador herido, ocultó su nombre. Isolda le curó e intrigada por la procedencia de aquel caballero de nobles modales, durante el tiempo que precisó de reposo, averiguó que el anónimo juglar era en realidad el verdugo de su hermano Morold y tuvo que enfrentarse a la decisión de vengar su muerte o perdonar a aquel muchacho fresco y bello como la nieve recién caída. Al recuperarse de su herida, Tristán cumplió la promesa que, antes de marchar, había hecho a su tío Mark pidiendo en su nombre la mano de la joven Isolda para desposarla, silenciando sus propios deseos y el amor que ya sentía por ella.
- No comprendo. Tristán se había enamorado de la princesa Isolda y a pesar de ello la reclamó como esposa para su tío... ¿por qué?
- Puedes imaginar que esta no fue una decisión tomada a la ligera, pero antepuso el honor y el beneficio de su pueblo a su propia felicidad. Pensó que emprendía así la senda correcta, cuando la única elección posible siempre ha de ser la de escuchar al corazón, sea cual sea el final del camino. Además, la puñetera Isolda, ese bicho por el que suspiraba, había intentado cortarle el cuello ya en dos ocasiones mientras dormía tras conocer su verdadera historia.
- Me huele a que ella también le amaba... Qué complicadas son las mujeres!
- Cupido, hombre! Tristán había matado a su hermano... Entiéndela
- Porque era un cabrón!
- Si... Pero de la familia. El caso es que todos se sorprendieron por la actuación de Tristán, y yo me tomé unos días de vacaciones en los que me reuní con la madre de Isolda, una mujer tan linda, como astuta; que, tras asentir que el mejor futuro para nuestros muchachos estaba en lugares diferentes, me prestó su ayuda y conocimientos en hechicería culinaria, para preparar juntos una pócima de amor que Mark e Isolda deberían tomar antes de los esponsales y gracias a la que se disiparían todas las dudas, naufragando en un amor absoluto del uno por el otro durante el resto de sus días.
- Jefe! Es usted todo un maestro en pasarse el Código por el forro!! Con la cantidad de barbaridades que me está contando... ¿Cómo se atreve el Ministerio a cuestionar mis métodos, reprochándome el nimio gasto de una estrellita de nada?
- Eres un insolente, amén de bastante obtuso al no advertir que te estoy facilitando información extraprofesional con un fin concreto, que no pienso pronunciar de manera explicita. Pero si insistieras en una inspección formal, no podría pasar por alto datos de tu hoja de gastos como: alteraciones climáticas a tu excéntrico capricho para provocar concretos cambios de humor en tu cobaya; planificación orquestal de la música ambiente en locales de media península; extrañas, y difícilmente justificables, coincidencias con individuos de su pasado que predecíblemente influirán en su futuro...
- En mi favor esgrimo que solo he hecho legitima utilización de la casualidad y apostillo que los seres humanos creen en ella a pies juntillas.
- No te me indignes, Cupido... Numeritos a mi, no. Haz uso de la humildad, que me parece que la debes tener aun sin desprecintar, y admite que estás volviendo a Sonia un poco loca. Esa joven ya mantiene largas conversaciones con su gato.
- Cierto! Y si les viera... parece incluso que la entiende! ¿No es divertido?
- Se está haciendo preguntas para las que su mundo no tiene respuestas y ha creado otro paralelo en su mente, viviendo al cien por cien ambas vidas. Se está agotando!
- La conozco mejor que nadie y se que puede con ello. Sonia es fuerte.
- Cupido! Por el amor de dios! Habla con sus zapatos!
- Bueno... Eso si me tiene un poquito inquieto
- Veo que lo vas entendiendo. Proseguiré con mi narración: Tristán e Isolda tomaron rumbo a Cornuelles negándose el amor que se profesaban y casi lo lograron; pero durante el transcurso de la última cena que habrían de compartir antes de presentarse ante el Rey Mark, Isolda sugirió brindar en nombre de la espléndida relación parental que desde entonces tendrían, con el licor del pequeño frasquito que su madre le había entregado para ella y su futuro marido, ingeniando una supuesta tradición ancestral.
- El Destino es inquebrantable!
- Eso pensé yo... pero como sabes, cuando este gran juego comenzó, se le hizo entrega al Hombre de un arma de doble filo: El Libre Albedrío; que al entrar en contacto con la tozudez de unos cuantos elegidos resulta las más rígidas voluntades; y mi Tristán siempre fue muy cabezón. Explicó a Isolda cada motivo por los cuales su unión se hacía imposible, a pesar de amarse como en los días de la humanidad nadie lo había hecho, y ella, aun ciega de pasión por él, reconoció el bien que podría hacer a Cornuelles como su soberana. De modo que, tan pronto pisaron los dominios del Rey Mark, mi hijo se alejó de su amada surcando el mar cual justiciero, acometiendo cuanta proeza atinaba a hallar en su camino en virtud de la Reina Isolda, hasta que una nueva herida le obligó a contemplar los ojos de la Parca.
- Hombres robustos de frágiles corazones confunden el amor como moneda de vida
- Profunda reflexión.... ¿Qué quieres decir?
- Que se lo estaba buscando. Uno no puede ir al encuentro de la muerte solo por que tu chica se acueste con un tío tuyo!
- Pero qué animal eres...! Tristán adoraba a Isolda desde la distancia, y aunque jamás pudiera poseerla, puso a sus pies cuanta victoria conquistó; mas recurrir de nuevo a las dotes sanadoras de aquellas manos con las que soñaba noche y dia, habría despertado fundadas sospechas en el Rey, y hubiera preferido expirar a traicionarla descubriendo ante Mark su amor.
- Y murió...
- Cupido, te aburre mi relato?
- En absoluto, maestro. Sin embargo no comprendo la relevancia del mismo para con el tema que nos ocupa.
- Discípulo mío... eres tonto. Pretendo tomes lección de la moraleja que en propia carne padecí.
- ¿Postergó en esta ocasión, Tristán, su viaje sin retorno?
- Con mi ayuda, lo hizo. En el delirio de un sueño, vertí la imagen de Isolda estrechando su cuerpo en Bretaña; y hacia allá ordenó dirigir su galera. Al despertar del sopor de las fiebres, descubrió junto a su lecho a la mujer bajo cuidados había recuperado la salud: Una joven de largo cabello azabache suelto sobre su pecho que, si bien no representaba el paradigma de la belleza, mostraba una mirada ávida e inteligente. Confuso y aun débil recibió de sus labios lo acontecido en los últimos días de la siguiente forma: “La luna y yo hemos velado durante un ciclo tu sueño y, como ella, yo también he cambiado. Cuando te trajo la espuma del mar, pensé dejarte morir pues no son bienvenidos en estas tierras los forasteros, pero con tal vehemencia gritabas mi nombre, que pudo la curiosidad al recelo y me vi preparando bálsamos para aplacar tu infección. Con el retorno del rubor a tu rostro y la paz a tus gestos, descubrí a un hombre hermoso que meladamente juraba amarme sin la cota del cuerpo, del tiempo o la vida, aunque mil veces muriera y mil reencarnara. Renuncié a mis tratados de alquimia por dar sentido a tus palabras en los embustes de los trovadores o en la ficción de los poetas, mas no encontré un solo suspiro que hiciera sombra a tus declaraciones y heme, al fin, enamorado del amor que destilas”. Tristán se incorporó en la cama, descansando su espalda sobre los almohadones de plumas, y por varios minutos fijó sus pupilas en la lánguida mirada y finos labios de aquella muchacha que le hacia entrega de su corazón a cambio de ser querida.
- ¿Qué?!
- ¿Cómo que “qué’?
- Lo siento, Jefe... no comprendo.
- Tampoco Tristán.
- Ah...
- En pleno desconcierto solo acertó a decir su nombre, ansiando dar algo de razón o sentido a cuanto disparate anegaba su mente y obteniendo por respuesta una única palabra: “Isolda”.
- Caramba!
- Por temor a malograr los sentimientos de quien le había salvado la vida, calló que no era su imagen la que buscaba en las tinieblas, ni la humedad de su boca, ni el calor de su pecho; sino de su tocaya, la Reina de Cornuelles. Y así, de silencio en silencio, terminó por desposar a la más diestra hechicera del condado de Bretaña, deseoso de olvidar en su regazo el vacío de su añorada Isolda.
- ¿Me dirá que no le dieron ganas de aniquilarle usted mismo? ¿¡Hasta donde puede alcanzar la estupidez humana!?
- Sencillo!: Exactamente unos puntos por debajo de nuestra propia soberbia. A diferencia de ti, yo pensaba que lo mejor para el porvenir de mi hijo era mantenerle alejado de una ilusión imposible; mediando a cada ocasión hasta inferir en su voluntad mi sentencioso deseo. Y, al igual que tú, Cupido, me equivoqué.
- ¿Ambos hubiéramos fallado?
- Sí, porque no es a nosotros a quienes corresponde elegir.
- Señor, Sonia ignora si alguna vez amó y únicamente pretendo ayudarla poniendo amor en su vida
- Permite que contradiga tamaña farsa: La responsabilidad tras la que te escudas rezuma intereses personales.
- ¿Qué insinúa, Jefe?
- Pretendo quede patente tras la conclusión de mi relato: El alma de Tristán resistió algunos años la indiferencia a la que fue sometida; al cabo de los cuales sucumbió al hastío y comenzó a pudrirse ante la perspicacia de su mujer que, resignada como ya estaba por no alcanzar jamás la pasión de su marido, se negó a diagnosticar su mal como ausencia de espíritu, inventando una enfermedad para la que su magia desconocía cura.
- Me lo temía....
- Claro! Eres muy avispado.
- Era previsible que Isolda de Bretaña, prefiriera enterrar a su esposo que exponerse al escarnio público. Del mismo modo que puedo imaginar que tampoco en esta ocasión quedó usted al margen... ¿Qué hizo?
- Alzar yo mismo las velas del navío de Tristán y partir rumbo a Cornuelles, como colofón por tres décadas de injusticias. A mi marcha me despedí de un hijo que apenas me reconocía entre la bruma de su locura, bajo la promesa de hacer cuanto estuviera en mi mano por devolverle el amor de su vida; desplegando blancos lienzos a mi regreso, en lugar de las acostumbradas velas negras, si la misión culminaba con éxito. Y así fue...
- ¡¡Con razón es usted el Gran Kahuna!! ¡Y mi héroe! Llevo por buena senda a mi pequeña Sonia; será feliz, pues ese es mi propósito, aunque para ello tenga que hacer arder el mismo firmamento! Como hizo usted: Isolda de Cornuelles sanó a Tristán con su sola presencia y ya nada ni nadie, más que el postrero trance, pudo separarles; y fueron felices; y comieron perdices; y col...
- Para... Has acertado en que nadie pudo separarles, pero nada más: Demente de celos, Isolda, la legitima esposa de Tristán, mintió sobre el color de las velas con las que retornamos y la desesperanza quebró el corazón de mi hijo; condenando a muerte también a su amada, que falleció de pena sobre su pecho.
- No!!
- Cupido...
- No murieron así! No ocurrió como usted lo cuenta... No es posible. El Amor es el arma; sé que lo es!! Ella es mi dueña y he de hacerle entrega de todo mi amor... Ella ha de ser feliz... Necesito hacerla feliz....
- Cupido, hijo; intenta calmarte...
- No!!
- Respira hondo y escúchame: El Rey Mark se negó a darles común sepultura, enterrando a su sobrino tras los muros de palacio y a Isolda en el mausoleo real. Pero, a días de la ceremonia, brotaron una vid y un rosal , respectivamente, de la tierra que les cubría hasta enredarse entre sí, y... juro que esto lo vieron mis ojos... por más que intentaran separarles, podándolos e incluso arrancándolos de raiz, una y otra vez volvían a encontrarse en un abrazo de vida.
- ¿Cómo dice?
- Ni tan siquiera la Muerte, Cupido, pudo separarles.