Qué ocurriría si...
Los días de lluvia, el tráfico le resultaba insufrible. Conllevaba triplicar la, de por sí, tediosa demora que suponía atravesar el centro, tomar la radial dirección norte y conducir por una carretera mal iluminada hasta la urbanización de lujo, de la que pronto tendría que despedirse si en breve no se hacia efectiva la ansiada promoción por la que llevaba luchando, sacrificando su vida personal, invirtiendo horas de sueño y pisando tantos cuellos como sus, desproporcionadamente caros, tacones tuvieran al alcance desde que escapó del infierno sobre ruedas que logró alejarla de una mediocre ciudad que la vio crecer, avergonzada por la vulgaridad de quienes aún, cada año, enviaban una felicitación o alguno de los feos regalos olvidados en una caja bajo la cama.
Los limpiaparabrisas interpretaban su monótona danza, acompasada por el chirriante sonido que uno de ellos emitía en cada subida, cuando otro semáforo se puso rojo deteniendo ante sí al conductor que la precedía y, a ella, frente a una marquesina de autobús bajo la que se guarecían alrededor de veinte personas con menos ingresos o mayor conciencia medioambiental que la suya. Ratificó la prohibición del disco y giró la cabeza bruscamente a su derecha al captar, por el rabillo del ojo, que alguien se acercaba y golpeaba con los nudillos la ventanilla, para después apoyar en ella el canto de la mano y dedicarle una anónima sonrisa.
Un claxon la asustó y, en vista de que el semáforo estaba abierto y nadie le impedía el paso, latiéndole el corazón en la garganta; bajó los pestillos con el codo, apretó con fuerza el volante y se puso en movimiento soltando tan rápido el embrague, que su nuca chocó contra el reposacabezas. Automáticamente echó un último vistaza por el retrovisor en dirección a la desconocida silueta que se alejaba en la luneta trasera y permitió a su mente olvidar el suceso, volcándose en todas las tareas pendientes que la esperaban en casa y que seguirían esperando, pues el cronómetro corría en su contra y un fin de semana no iba a ser suficiente para ultimar la presentación del lunes.
La lluvia había cesado cuando tomó el último tramo de tierra, cercado de cipreses en su linde, que desembocaba en la urbanización; lo que alivió al mínimo su temor de quedar encallada en el barro a escasos kilómetros de su añorado descanso. Accionó el intermitente, giró a la derecha del edificio que hacía las veces de centro de día para mayores y sala de exposiciones, cuando el presupuesto municipal lo permitía, y maniobró unos segundos hasta estacionar en línea frente a su puerta.
El frío le cortaba la cara y dificultaba la búsqueda del llavero debido al entumecimiento de sus dedos, y tan pronto sintió el rígido y aristado metal, dejó volar un suspiro de satisfacción. Seleccionó al tacto la única llave enfundada en plástico e intentó, repetidamente y sin éxito, introducirla en la cerradura.
El encapotado cielo no filtraba un mísero rayo de luna, pero si se permitía el descuido de apoyar el bolso sobre el capó del coche, para buscar con mayor comodidad el llavero correcto, correría el riesgo de mojar y arruinar la agenda electrónica o el monedero de piel; por lo que decidió regresar, tomar asiento en el lugar del piloto y, con la luz interior encendida, poner fin al encadenamiento de infortunios.
En su búsqueda dio con el paquete de tabaco que había jurado no desprecintar y se perdonó a sí misma el pecado de saltarse sus propias normas. Prendió la radio y continuó buceando en aquel agujero negro que parecía devorar materia, en busca de la dichosa llave, hasta que su atención se distrajo con la aparición del pintalabios que meses atrás había dado por perdido, pero al mover el retrovisor hacia sus ojos para concederse el placer de engalanarse sin motivo, no reconoció el rostro de la mujer que, del otro lado, la miraba horrorizada.
Comentario:
(Sí, he venido a leerlo otra vez)
Comentario:
Hola,he descubierto tu blog y... quiero más, me encanta. Genial tu forma de escribir.
Besos.
Besos.
Comentario:
¿Para cuándo una novela?
Me gusta ver en tu texto que tu estado de ánimo mejora.
Si no lo espero encarecidamente.
Quién es ese pintalabios que llevaba tanto perdido... Aprovéchalo para cambiar el semblante de horror, que tampoco será para tanto.
SALUD et al
Me gusta ver en tu texto que tu estado de ánimo mejora.
Si no lo espero encarecidamente.
Quién es ese pintalabios que llevaba tanto perdido... Aprovéchalo para cambiar el semblante de horror, que tampoco será para tanto.
SALUD et al
Comentario:
No se como vine a dar aqui pero me gusto tu blog, felicidades!
Comentario:
Yo también la he mirado horrorizada, pero enseguida la he perdonado (y eso que yo no soy nadie para perdonar...) Pero la he visto tan sola...
Por cierto. No entiendo el título.
¿Aún se puede remediar el mal de esa mujer?
Si puedo hacer algo dame toque. Si no puedo hacer nada, también dame toque.
Por cierto. No entiendo el título.
¿Aún se puede remediar el mal de esa mujer?
Si puedo hacer algo dame toque. Si no puedo hacer nada, también dame toque.
Comentario:
Conozco ese miedo al descubrir que ya no eres tú quien está al otro lado del espejo, espero que no llegues a conocerlo nunca, ó de haberlo conocido lo puedas olvidar.
Un besazo guapísima.
No sé porque llevaba todo el día pensando que hoy actualizarías, he acertado.
Un besazo guapísima.
No sé porque llevaba todo el día pensando que hoy actualizarías, he acertado.