
por Eric Leunam
desenterrando cuerpos
bajo la lluvia
atento contra
lo que queda de sano
en mí
luego me tiro sobre mi espalda
y agito mi pensamientos
entre toda esta temblorosa
oscuridad
indagando mis fragmentos
en busca de cierto
grado
de reconstrucción
soy un pájaro
reventado
por la noche
mis oídos gritan
(palabras de amor)
a las cucarachas
que galopan
sobre mi tumba
inevitablemente
pienso en la muerte
y luego pienso
en los perros envilecidos
por el amanecer
atravesando
la luna muerta
no hay manera de apartar
de mi cabeza:
los tobillos rotos
las piernas rotas
el mar quejándose
yo podría caer decapitado
en mitad de esta noche
yo quiero seguir aqui
ejecutando
la malsana danza
de la contemplación...

por Nicanor Parra
Qué es el hombre
......................... se pregunta Pascal:
Una potencia de exponente cero.
Nada
......... si se compara con el todo
Todo
......... si se compara con la nada:
Nacimiento más muerte:
Ruido multiplicado por silencio:
Medio aritmético entre el todo y la nada.

por Gonzalo Rojas
Escrita en el mar, el 25-X-58, entre las 2 y las 5 de la mañana, a bordo del "Laennec", Navifrance, por la ruta del Atlántico norte. No publicada hasta la fecha.
Lo feo fue quererte, mi Fea, conociendo cuánta víbora
era tu sangre, lo monstruoso
fue oler amor debajo de tu olorcillo a hiena, y olvidar
que eras bestia, y no a besos sino a cruel mordedura
te hubiera, en pocos meses, lo vicioso y confuso
descuerado, y te hubiera en la mujer más bella ¡por Safo! convertido.
Porque, vistas las cosas desde el mar, en el frío de la noche oceánica
y encima de este barco de lujo, con mujeres francesas y espumosas,
y mucha danza, y todo, no hay ninguna
cuyo animal, oh Equívoca, tenga más desenfreno en su fulgor
antes de ti, después de ti. No hay ojos verdes
que se parezcan tanto a la ignominia.
Ignominia es tu sangre, Burguesilla: lo turbio que te azota por dentro,
remolino viscoso de miedo y de lujuria, corrupción
de todo lo materno que es la mujer. ¡Acuérdate, Malparida, de aquella pesadilla!
No hay trampa que te valga cuando tiritas y entras al gran baile del muro
donde se te aparecen de golpe los pedazos de la muerte.
No te perdono, entiéndeme, porque no me perdono, porque el mar
-por hermoso que sea- no perdona al cadáver: lo rechaza y lo arroja como inútil estiércol.
Muerta estás y aun entonces, cuando dormí contigo, dormí con una máquina
de parir muertos. Nadie podrá lavar mi boca sino el áspero océano,
Mujer y No-mujer, de tu beso vicioso.
Lástima de hermosura. Si hoy te falta de madre justo lo que te sobra de ramera
y de sábana en sábana, desnuda, vas riendo
y sin embargo empiezas a llorar en lo oscuro cuando no te oye nadie,
es posible, es posible que descubras tu estrella por el viejo ejercicio
del amor, es posible que tanta espuma inútil
pierda su liviandad, se integre en la corriente, vuelva al coro del Ritmo.
Tal vez el largo oleaje de esta carta te aburra, todo este aire solemne,
pero el Ritmo ha de ser océano profundo
que al hombre y la mujer amarra y desamarra
nadie sabe por qué y, es curioso, yo mismo
no sé por qué te escribo con esta mano, y toco
tu rara desnudez terrible todavía.
No hablemos ya de mayo ni de junio, ni hablemos
del gran mes, mi Amorosa, que construyó en diamante tu figura
de amada y sobreamada, por encima del cielo, en el volcán
de aquel Chillán de Chile que vivimos los dos, y eternizamos,
silenciosos, seguros de ser uno en el vuelo.
No. Bajemos de ahí, mi Sangrienta, y entremos al agosto mortuorio:
crucemos los horribles pasadizos
de tus vacilaciones, volvamos al teléfono
que aún estará sonando. Volemos en aviones a salvar
los restos de Algo, de Alguien que va a morir, mi Dios, descuartizado.
Digamos bien las cosas. No es justo que metamos a ningún Dios en esto.
Cínicos y quirúrgicos, los dos, los dos mentimos.
Tú, la más Partidaria de la Verdad, negaste la vida hasta sangrar
contra la Especie (¿Es mucho cinco mil cuatrocientas criaturas por hora...?)
Los dos, los dos cortamos las primeras, las finas
raíces sigilosas del que quiso venir
a vemos, y a besamos, y a juntamos en uno.
Miro el abismo al fondo de este espejo quebrado, me adelanto a lo efímero
de tus días rientes y otra vez no eres nada
sino un color difícil de mujer vuelta al polvo
de la vejez. Adiós. Hueca irás. Vivirás
de lo que fuiste un día quemada por el rayo del vidente.
Mortal contradictorio: cierro esta carta aquí,
este jueves atlántico, sin Júpiter ni estrella.
No estás. No estoy. No estamos. Somos, y nada más.
Y océano,
.................y océano,
................................y únicamente océano.
Mi idea de ti es un cadáver que el mar trae a la playa...
No es alegría ni dolor este dolor con que me alegro,
y no es buena ni mala mi bondad a la inversa...
Te miro y tu silencio es una ceguera mía...
Es preciso destruir el porpósito de todos los puentes...
Es una plegaria mi conciencia de tener conciencia de ti,
y mi saberte sonreír es una flor marchita en mi pecho...
Que tus palabras te sean fieles
Roberto Bolaño
no importa hacia donde te arrastre el viento
(Sí. Pero me gustaría ver a Séneca en este lugar)
La sabiduría consiste en mantener los ojos abiertos
durante la caída (¿Bloques sónicos
de desesperación?) Estudiar en las estaciones
de policía Meditar durante los fines de semana
sin dinero (Tópicos que has de repetir, dijo
la voz en off, sin considerarte desdichado)
Ciudades supermercados fronteras
(¿Un Séneca pálido? ¿Un bistec sobre el mármol?)
De la angustia aún no hemos hablado
(Basta ya. Dialéctica obscena)
Ese vigor irreversible que abrasará tus derroteros
Ahora paseas solitario por los muelles
de Barcelona
Fumas un cigarrillo negro y por
un momento crees que sería bueno
que lloviese
Dinero no te conceden los dioses
mas sí caprichos extraños
Mira hacia arriba:
está lloviendo
pienso en mi muerte
hasta que el hambre
sacude mis intestinos
invoco mis días
más feroces y violentos
y me mantengo
apaciblemente sólo
mientras tecleo desde
mi oscuridad
alguien escarba
para que aparezca lo monstruoso
viene a mí un buitre atropellado
viene á mí un caballo muerto
en la carretera
viene a mi el cielo enfermo
y el teléfono permanece
apacible como
una tumba
escribo esto
con los ojos crispados
dentro de la media noche
mis uñas enterrandose
como arpones
mientras el tic tac del reloj
sigue haciendo eco
a los canticos
de la muerte
yo me aproximo con elegancia
a la locura y a el infierno
decapitado
enumero casi todo lo que sé
sobre el horror
los caracoles manchan
mi memoria
caras estúpidas como
canciones de amor
yo me oculto pues
de las anguilas
y de el mar
y me salvo
de el sol de la mañana
mientras la poesía
duerme tranquila
lejos
y a salvo de mí

yo pierdo la cordura cuando
salgo del margen
de la noche
desnudo como una
sábana
yo voy por ahí detrás de
la descomposición
y no tengo lo que se dice
un alma buena
ni sentimientos sensatos
yo asumo la horrible
connotación
del pez muerto
de las cucarachas
de las hormigas muertas
mientras la luna exhibe
en lo alto
toda su enfermedad
yo declaro que porto
un asesino
...No tenías más que una vez para nacer
y naciste cojo, tuerto, enano
o un poco tonto...
Roberto Fernández Retamar
...Todavía puede esta gente salvarse del cielo...
Virgilio Piñera
...y decido que me debo una supervivencia;
no es fácil: decirte que tú te mereces
días mejores
después de la historia de tu pasado...
Charles Bukowski





