De ESPANTAPAJAROS (Al alcance de todos)
por Oliverio Girondo
Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: “Mi amor”, digas: “Pescado frito”; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.
por Dylan Thomas
I
Quién
eres tú
tú que naces
en el cuarto vecino
tan patente en mi cuarto
que alcanzo a oír el vientre
cuando se abre y la sombra que avanza
tras la pared delgada como un hueso de jilguero
en el cuarto sangrante del nacimiento oculto
para el incendio y el girar del tiempo
la huella del corazón humano
no venera el bautismo
sino la sola sombra
cuando bendice
a la salvaje
criatura.
Yo
d e b o
recostarme
quieto como piedra
contra el delgado muro
para oír el lamento de la madre
oculta y la sombría cabeza del dolor
que tira del mañana cual si fuera una espina
y los cantos que elevan las comadronas del milagro
hasta que el recién nacido tumultuoso
me queme con su nombre y su llama
y la pared alada se desgarre
por su corona abrasadora
y se lance la sombra
desde la espalda
hasta la luz
radiante.
Cuando
él quiebre
el hueso de jilguero
y la primer aurora
con furia de torrente
se eche a bullir sobre el reino que llega
el reino de aquel que deslumbra a los cielos
y de la maternal doncella a quien roció la sangre
la que lo echó a la luz con una llamarada entre su boca
y lo meció después como a una tempestad
he de correr perdido en el terror
y en el brillar del cuarto
alguna vez encapuchado
y en vano lloraré
en el caldero
de su
beso
en
el giro
del sol
en el espumoso
ciclón de sus alas
porque yo me perdí y estoy acá
llorando junto al trono del hombre
que diluvia en la furia primera del torrente
y los relámpagos de la adoración
me vuelven al oscuro silencio líquido y enlutado
porque yo me perdí, yo que ahora he venido
al albergue inaudito
el que descubre
y el mediodía pleno
de su herida
ciega mi
llanto.
Allí
desnudo
agazapado
en el altar
de su pecho encendido
en el fondo sin cárceles del mar
despertaré al llamado babélico del juicio
y ha de trepar la nube por el vaho de la tumba
y el polvo sometido izará con sus llamas
los velámenes de todas las semillas
oh espiral que sube de la urna
rapaz de la mañana
del hombre
cuando
la tierra
y
el
mar nacido
alabaron al sol
Adán el ecuánime
Adán el que descubre
cantó sobre el origen
oh las alas de los niños
el vuelo hacia la herida de los jóvenes
ancianos que llegan de los desfiladeros del olvido
la marcha celestial de los que siempre caen
en la batalla; el acontecimiento
de los santos ante su visión
la casa rodante del mundo
y el dolor entero
abierto fluye
y yo
muero
Tener entre las manos largamente una sombra
de cara al sol
tu recuerdo me persiga o me arrastre sin remedio
sin salida sin freno sin refugio sin habla sin aire
el tiempo se transforma en casa de abandono
en cortes longitudinales de árboles donde tu imagen se disuelve en
humo
el sabor más amargo que la historia del hombre conozca
el mortecino fulgor y la sombra
el abrir y cerrarse de puertas que conducen al dominio encantado de
tu nombre
donde todo perece
un inmenso campo baldío de hierbas y de pedruscos interpretables
una mano sobre una cabeza decapitada
los pies
tu frente
tu espalda de diluvio
tu vientre de aluvión un muslo de centellas
una piedra que gira otra que se levanta y duerme en pie
un caballo encantado un arbusto de piedra un lecho de piedra
una boca de piedra y ese brillo que a veces me rodea
para explicarme en letra muerta las prolongaciones misteriosas
de tus manos que vuelven con el aspecto amenazante de un
cuarto modesto con una cortina roja que se abre ante el infierno
las sábanas el cielo de la noche
el sol el aire la lluvia el viento
sólo el viento que trae tu nombre.
por Efraín Huerta
Este lánguido caer en brazos de una desconocida,
esta brutal tarea de pisotear mariposas y sombras y cadáveres;
este pensarse árbol, botella o chorro de alcohol,
huella de pie dormido, navaja verde o negra;
este instante durísimo en que una muchacha grita,
gesticula y sueña por una virtud que nunca fue la suya.
Todo esto no es sino la noche,
sino la noche grávida de sangre y leche
de niños que se asfixian,
de mujeres carbonizadas
y varones morenos de soledad
y misterioso, sofocante desgaste.
Sino la noche de la muchacha ebria
cuyos gritos de rabia y melancolía
me hirieron como el llanto purísimo
como las náuseas y el rencor,
como el abandono y la voz de las mendigas.
Lo triste es este llanto, amigos, hecho de vidrio molido
y fúnebres gardenias despedazadas en el umbral de las cantinas
llanto y sudor molidos, en que hombres desnudos, con sólo negra barba
y feas manos de miel se bañan sin angustia, sin tristeza:
llanto ebrio, lágrimas de claveles, de tabernas enmohecidas,
de la muchacha que se embriaga sin tedio ni pesadumbre,
de la muchacha que una noche
y era una santa noche me entregara su corazón derretido,
sus manos de agua caliente, césped, seda,
sus pensamientos tan parecidos a pájaros muertos,
sus torpes arrebatos de ternura,
su boca que sabía a taza mordida por dientes de borrachos,
su pecho suave como una mejilla con fiebre,
y sus brazos y piernas con tatuajes,
y su naciente tuberculosis,
y su dormido sexo de orquídea martirizada.
Ah, la muchacha ebria, la muchacha del sonreír estúpido
y la generosidad en la punta de los dedos,
la muchacha de la confiada, inefable ternura para un hombre,
como yo, escapado apenas de la violencia amorosa.
Este tierno recuerdo siempre será una lámpara frente a mis ojos,
una fecha sangrienta y abatida.
¡Por la muchacha ebria, amigos míos!
"El arte y nada más que el arte. Tenemos el arte para no morir de la verdad"...
Nietzsche
"...algunas veces tú te equivocas, agarrando
el poema incorrecto
más a menudo yo me equivoco, escribiéndolo..."
Charles Bukowski
acostado en una
cama de esqueletos
ojos arenosos
espiritu borracho
escucho afuera
corretear
a mi asustadiza
infancia...
y todo lo desconocido se sacude
bajo este sol
que flota definiendo
su contorno
la bomba se estremece
antes de la explosión
la bala se conmueve un instante
antes del impacto
y se preguntan en donde
quedó la humanidad?
la luna se dilata
como una gran pupila
perros hambrientos sustituyen
a los dioses
que son arrojados como bolsas de
basura
no como botellas vacías
esperando todo
sin desear nada
escribo desde mi desesperación
con la soga alrededor del cuello
con la mitad de los pies
asomándose al abismo
y desde aquí lanzo mis disparos
de nieve y fuego
por alguna hermosa razón
la paz no es duradera
la locura florece
como violentas flores púrpuras
e ilumina el sendero
hacia la degradación
un buitre nos enseña el camino
pienso en la serpiente
una luz cegadora nos despierta
hiriéndonos los ojos
y el alma
pájaros se estrellan contra
las ventanas
estremeciendo a la fatalidad
dos mentiras entrelazan sus
cuerpos desnudos
en una cama
(el desperdicio de sus cuerpos
no el desperdicio de sus almas)
el cielo rojo también
es una mentira
las flores se abren cubiertas
de polvo
desde lo profundo de esta enfermedad
un grito de desesperación
estoy cansado
abatido igual que los pájaros
que chocan
contra el frio de las ventanas
yo quiero acostarme
yo quiero dormirme para no mirar
pero las imágenes vienen
a mi cabeza
aunque consigo dormirme
contando uno a uno
los cuerpos esparcidos como esporas
por el amanecer...
~ epitafios y pensamientos en lápidas
~ ¿la ballena es un pez?
~ bukowski violencia insectos
~ pila fuego nicanor parra muerte
~ divorcio en lebu
~ colegialas putas
~ talones inflamados
los árboles se inclinan
bajo la lluvia
casi como si no pudieran
soportarla
pero todo desaparece
en un momento
exactamente como esto
o como lo anterior
la noche gira como
una mano huesuda
enemigos y sueños
pies andando con dificultad
a través de pesadillas
como gelatina
perros que se niegan
cables ardiendo
en la fragilidad
hojas en blanco
como lápidas de mármol
inmovil frente a la ventana
aprieto los dientes
para no llorar
para no caer
me sostengo de
raquíticas palabras
quizá lance un grito
(un aullido)
a través de los siglos
mientras voy por la noche
en busca de un poco
de humanidad...





