logotipo

img_google
Erotismo (y humor)
G-69.com (enciende la pasión sin quemar la razón)
Acerca de
Domingo Negrín Moreno,
editor de Referente Digital
Sindicación
 
El orgasmo, al desnudo
El cerebro femenino desconecta durante el orgasmo las alarmas del miedo y de la emoción. La corteza (ligada a la conciencia) también se va a la cama en ese trance, pero a dormir. Científicos holandeses trascienden que el escáner desguarnece a las que fingen el placer para engañar a sus parejas. Una investigación similar –ésta, en Inglaterra– restringe la solvencia amatoria del hombre, porque condiciona el clímax al ADN de la mujer.
 
Olfato comercial
La mitología machista profiere que el olfato para las compras de sopetón es innato en las mujeres. Como correctivo celestial, la Universidad de Viena extrae de los perfumes sexuales un portentoso hálito de persuasión comercial. En el experimento, un aroma sintético desenmascaró a los voluntarios que hojeaban castas revistas. La reacción masculina fue de sumisión ante el reclamo mercantil.
 
Diversión soberana
El furor uterino emplaza a las mujeres en un plano de superioridad sobre los hombres. La doctora Elisabeth Lloyd acredita que el orgasmo de ellas no cumple, a diferencia del masculino, una función evolutiva. Si el propósito primordial del coito en los varones es preservar la especie, sus congéneres se encaraman al placer con la exclusiva antena del clítoris. La profesora de Biología de la Universidad de Indiana (EEUU) insinúa que, como sucursal, la sexualidad varonil reproduce los deseos femeninos, aunque sean éstas las que carguen con el mochuelo. Eso sí, el comportamiento depende de un gen, registrado por la Academia de Ciencias de Austria.