Almohadas para oídos espabilados
Las fantasías con poesía aletargan la monotonía y jubilan la pereza. En Lyon ruge una rijosa barahúnda. La batahola se sienta en los bancos del parque donde una espabilada fábrica de ilusiones oferta almohadas de terciopleo rojo que recitan historias eróticas cuando se esponjan con la cabeza. El artista Maryse Bodet ensarta en la fiesta estival de la monumental ciudad francesa cojines vocingleros a los que la alcaldesa de distrito estampa dos rombos para no lacerar oídos sensibleros.
Premio de consolación
La calentura que le entró a un veraneante en Mallorca no era de goce. Al joven turista le dolía lo que le había hecho su novia en una noche de locura sexual. La chica le metió, de mutuo acuerdo, un consolador de 20 centímetros que presurosamente bloqueó la salida desde dentro. Ni tragando aceite desatascó la cañería. Guardó el secreto hasta que al día siguiente reventó de rabia. “Sudaba, caminaba renqueante y repetía frases" contra ella (Última Hora). La guasa de sus vecinos de hotel no alivió el tormento. De esa pericia se encargaron los profesionales de la sanidad, que le operaron de urgencia.





