No tengo más de quince pantalones rosas en el armario. No tengo una mansión lujosa-rollo “Falcon Crest”- a juego con una enorme piscina cubierta.
No puedo presumir de un ex novio al que poder llamar impotente delante de sus amigos cuando a mí se me antoje; ni tengo una madre modelo a la que poder pedir prestada la ropa. No puedo chulearme de haber sacado el carné de conducir a la primera ni lucir gustosamente un bonito bronceado en verano como tampoco puedo decir que poseo un título de Ocio y Tiempo libre que no me deja- o sí- tiempo para ir a clase.
No tengo a Lauri para que me repita cien veces lo mucho que me hecha de menos cada día, ni tengo una clase recién salida del mundo yuppie a la que le parece lamentable no asistir diariamente a la facultad. No tengo una larga lista de novios que aventajan en atractivo a Peibol en por lo menos 5 puestos; ni puedo regocijarme de entablar relaciones con personas del sexo contrario con más de treinta años a la espalda.
No tengo una amplia memoria de victorias y derrotas acumuladas tras una partida al Pro, ni tengo un hermano pequeño que acabe siendo el traficante por excelencia cuando todavía no ha rebasado los 15 años.... No tengo un padre agresivo que ataque a sus vecinos y conciudadanos cuando éstos decoran con graffitis la pared ni tengo una avioneta con la que mi padre pueda llevarme a hacer turismo.
No tengo una hermana rubia y tonta, que vaya de Rocky por la vida cuando su tamaño recuerda inevitablemente a Pulgarcito. No puedo hacer chistes graciosos sobre aviadores y demás anécdotas sexuales como tampoco puedo hacer ostentación de plagiar el “Kamasutra” de cabo a rabo; cuyo comienzo precisamente se sitúa en la parte trasera. No tengo un piercing en el rostro por cada 2 cm cuadrados ni puedo consolarme con un pisito en Portonovo donde hacer virguerías cuando llegue el Agosto. No tengo que pasear a mi perrito cuando regrese mareada de una intensa noche de juerga ni tengo la necesidad de fumar un porro con la misma frecuencia que respirar.
No tengo diez mil bolsos de Fuencarral que se distingan exclusivamente en su color ni tampoco dispongo de cuatro cuartos de baño en casa cuya bañera de forma octogonal pueda obsequiarme con sesiones de hidromasaje.
No tengo petates cada vez que salgo con los de Bitácora o cuando bebo una copa de más ni recibo el honor de ser novata del año a la par que veteranas me cuelgan la etiqueta de borde. No tengo gafas rosas (sin graduar) a juego con un abrigo de niña pequeña y no tengo- ni espero tener- en mi haber, una víctima potencial en mi paso por Ortigueira...
En fin.... No tengo ninguna de estas cosas y tal vez nunca llegue a tenerlas (a pesar de que lo de poner gafas sin necesidad, se perciba como algo vehemente atractivo) ... No, no... Pero sí os tengo a VOSOTROS... que hacéis de cada día algo incomiable y único. A todos va dirigido mi homenaje. Por ser como sois, GRACIAS...





