Odio los cambios. Me asustan. A una persona de ideas fijas, y en cierto modo, aferrada a las viejas costumbres como yo, le cuesta enormemente asumir cambios de relativa trascendencia. Lo cierto es que me gusta que las cosas estén en su sitio. (Metafóricamente hablando ya que adoro que mi habitación sea entrañablemente caótica).
Llevo dos meses a la expectativa -no para encontrarme a mí misma, sino para "encontrar al resto" en el marco adecuado-, para intentar ser consciente de que las cosas antes eran diferentes y admitir que tal vez, no vuelvan a ser lo que fueron nunca máis.
Pero que tampoco intenten engañarnos aquellos eternos defensores de que el cambio siempre es para mejor. La retórica la dejaremos por tanto a discursos políticos que abogan por el progreso y la modernización del hombre.
(…)El FURANCHO ha muerto. El saquito de Rossy ha desertado. Icía y yo ya no somos las reinas de la pista con notables intervenciones escudándonos en el alcohol para un meneo “subidito de tono” en el medio del escenario.
Los cubatas ya no cuestan 3, 5 euros, y teniendo en consideración que el botellón ha expirado en ésta -nuestra querida villa- la economía se ve insalvablemente lesionada.
Mi hermana ha adelgazado 10 kilos, y por ende, ha adelgazado 10 Kg de humildad y tiento con su pobre hermanita que pasa a ser la Gorda oficial de la familia.
Sin embargo, hay cosas que nunca cambian. Todavía se entrevé aquella generación de adolescentes que juegan a ser mayores entrenándose noche tras noche en el difícil arte de desdrogarte…
Se percibe todavía la arrogancia de aquellas jovencitas sacadas de la revista “Vogue”, que olvidan por un instante dónde viven: en un pequeño pueblecito a orillas de Portugal al que poco le importa si sus cinturones van o no a juego con sus pendientes y el bolso…
Sigue existiendo aquel personaje que cada sábado se sube a la barra del local para “enloquecer a la multitud” con movimientos descoordinados y una potentísima ráfaga de luz procedente de una linterna balanceándose al compás de un comercial y repetitivo tema de house.
Por mucho que se niegue, siguen percibiéndose aquellas lagunas y prejuicios de un infante pueblo que vive de las apariencias, y que paradójicamente reniega de ellas cuando se le brinda la oportunidad.
Migajas de felicidad, recuerdos lejanos, palabras inventadas en un lenguaje que muy pocos acertaban a descifrar… Ahora, cada uno emprende una vida, y nuestros caminos se bifurcan en el horizonte, advirtiéndose como opuestos incluso. No hay rastro de nuestra piña… Sólo quedan naranjas ya (medias naranjas)…
Mientras…yo sigo en mi línea, añorando viejos tiempos en los que creímos ingenuamente que nada ni nadie cambiaría aquello que con tanto esfuerzo, tiempo y bases teóricas habíamos construido. Yo, sigo soñando que Kotarrada se sigue escribiendo con K, que algún día te recuperaré; Sigo soñando que nosotras somos lo primero, que ningún okupa vaya a usurpar la esencia de nuestro BANKITO para intercambiar besos indecentes…
…Sí, cerraré los ojos y seguiré soñando. Me convenceré ciegamente de que
NADA HA CAMBIADO.
Silencio. Una maleta con el equipaje a medio hacer. Un cruce de miradas. Respiración entrecortada… y en movimientos excesivamente lentos, un complaciente beso junto a la ventana. En aquella misma habitación, en aquella misma postura, donde habían crecido… donde se habían besado tiempo atrás, algo que hizo que sus vidas cambiasen para siempre.
Él se iba muy lejos; esa misma noche .Lo mejor era, sencillamente no pensar; contemplar a ciegas el final de una historia que no había empezado todavía. Como peones del ajedrez, no interesaban. No había opciones, quedaban amparados bajo el arbitrario porvenir. Que se amasen poco le importaba a nadie.
No había ninguna razón para aquel beso, pero sí un sentido. Aquella despedida dolía más que cien cuchillos atravesando sus entrañas pero necesitaban el tacto de los labios húmedos del otro más que un soplo de oxígeno.
La trascendencia de ese último beso traía consigo más dudas, más sufrimiento, incertidumbre sobre qué les depararía el futuro. Saboreaban ese momento vital con miedo. Su vida va a dar un giro de 180 º, a ellos-unos adolescentes ingenuos y soñadores- con grandes perspectivas pero nada más lejos de un par de inquietudes y deseos de superación.
¿Qué sería de ellos a partir de entonces? Nadie lo sabía. Sin embargo ambos tenían la certeza de que nada sería igual al amanecer. Optaron por permanecer junto a la ventana, alargando una despedida que albergaba muchas reservas y un beso que les reavivaba para morir de nuevo. Ella egoístamente se moría de ganas de coger aquella maldita maleta y tirarla por la ventana.
Él atravesaría el país para perseguir su sueño aunque para ello renunciase a lo único que le importaba en el mundo: ella. Asustado, se lamentaba porque -para bien o para mal-, sabía que nunca volvería a amar a alguien como a su Joey.
Sus caminos se separaron. Cada uno vivía (o desvivía) a su manera. Rememorando una y otra vez la agonía de haber perdido al amor de su vida. Cada vez que Dawson observaba a Joey desde la distancia; lloraba. Porque aquella criatura seguía siendo la niña más bonita que había sobre la faz de la tierra. Ahora ya no volvería a ser su niña nunca más .No podría estrecharla entre sus brazos o degustar su cuerpo tibio.
Al cabo de los meses, el reencuentro acentuaba el deseo irremediable de otro beso. Y Joey, la persona a la que mejor conocía y sabía todo de él, se comportaba como una completa desconocida negándole hasta un saludo. El hielo de la distancia les atacó a ambos, pero no por ello se dejaron de querer. Jamás dejarían de quererse.
Dawson seguía insistiendo en su sueño, pero juró renegar de ella para siempre: una y otra vez. Entonces, la amó en silencio. Escuchaba una canción triste y se refugiaba en los recuerdos de cuando algún día había sido feliz.
Le aterraba conocer a alguien porque tal vez, la imagen de Joey ocupase sus pensamientos de por vida. Creyó enamorarse, y relegó así la figura de su amada al pasado, aunque en el fondo la idea de ser infiel (de pensamiento) lo atormentase.
Ellos son caminos diferentes pero vidas cruzadas. Yo creo en ellos, en los dos, en su historia (de amor, o desamor), en que tarde o temprano vuelvan a estar juntos, en que él deje de ser un cobarde…
Y resignada en el sofá, aferrándome con fuerza al cojín y apretando los dientes con obstinación desmesurada, rezo para que él confiese que pase lo que pase no la olvidará. Para que con media botella de vodka en su mano y la otra media sepultando su hígado, no pueda ocultar por más tiempo su secreto…
A todos aquellos que sobrellevan, como buenamente pueden, una carga insoportable
Érase una vez, hace justo 20 años, una pequeña ave: media fantasma y media Andrea…
Inconformista, luchadora, comprometida, exigente consigo misma e igualmente exigente con los que la rodean.
Reclama lealtad: la misma que ella confiere y a mí me parece un trato justo.
A medida que transcurre el tiempo, su actitud se torna más escalofriante a ojos de extraños y más cálida a ojos de los que la conocemos (a pesar de sus palabras frívolas y dañinas que retira al poco de presentir que se ha pasado).
A lo largo de su vida se puede hacer recuento de los privilegiados besos que ha regalado a otros pajarillos en su nido del amor… Nunca se precipitaba; y por ello no se arrepentiría más tarde…
Aun así, como otra anduriña cualquiera, un beso urgente y equívoco la indujo a hacer sufrir. Eligió de quién enamorarse como si ese verbo fuera similar a escoger una chaqueta o un vestido. Decidió quién se merecía verdaderamente su pasión; sin importar que ella sintiera o no lo mismo. Fue entonces, un juguete del destino… Se obligó a sí misma a quererle y la situación la arrastró a un callejón sin más salida que la de confesar la verdad: “La Amistad no es sustancialmente comparable al Amor”…
Y esta ave engalanada con la fragancia de Jesús del Pozo, cayó en el despropósito de enamorarse de quién jamás habría sospechado. Aquel mismo extraño personificaba una réplica de nuestra anduriña, y al mismo tiempo, resultaba una espinosa ecuación: Orgullo, desconfianza, entrega y una ideología diferenciadora y carismática.
Ahora la ahoga en un mar de dudas la hipótesis de “Qué hubiera pasado” junto con las ganas de ambos de una segunda oportunidad…
Renegó de él en un principio, pero hoy se elevaría a su lado para siempre sin dudarlo... Cuando el móvil suena, su corazón -aún debilitado de su ausencia- parece salir disparado de su tumultoso cuerpecillo, y como es frecuente, lo niega en rotundo hasta la inconclusa saciedad.
Una visión apocalíptica, cruda y jodidamente real de la vida; actitud valiente, verdades sin miramientos; rechazo a la diplomacia, radicalización de un ideal, horas muertas en el sofá, remordimientos como consecuencia… Así podríamos resumir esta verdad a medias que es Andrea.
Un destino: Cuba. Un autor: Benedetti, Un retrato: Che Gevara, Una película: Inocencia Interrumpida, Un personaje histórico: Karl Marx, Una Pintura: Frida khalo, Una palabra: IGUALDAD…
Y HOY, quizá hoy, se sienta sola…Sobrevolando al oeste el horizonte (a la izquierda, siempre a la izquierda…) con el ala fracturado…pero prometo Andrea que ésta será la última vez no estaremos junto a ti …
Porque resquebrajaremos juntas un sueño, tu sueño… aunque la realidad demuestre que creer en el mundo se convierte en papel mojado.
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A una anduriña celosilla…
Felicidades.
Hubo un tiempo en el que no me despertaba entre gritos, quejas y demás alaridos…Hubo un tiempo en que no tenía que pedir permiso a nadie para respirar ni estaba obligada a dormir borracha por llegar a casa antes de haber salido…
Hubo un tiempo en que mis pies no caían rendidos sobre el colchón suplicando clemencia a las sábanas y unas manos envueltas por un nauseabundo olor a lejía me insisten en recuperar su vida anterior…
Hubo un tiempo que mis orejas no gemían de dolor como respuesta a una repetitiva canción de Bustamante a todo volumen y hubo un tiempo en que mis sábados no se reducían a la intención de divisar a alguien entre la multitud.
Hubo un tiempo que fregaba los platos cuando a mí me daba la gana y sobraban las explicaciones…Hubo un tiempo que tenía dinero para comprarme aquello que necesitaba. Existió una época donde yo escogía la comida, el horario y el canal de televisión. En aquella misma etapa me ahorraba reproches cada minuto y acariciaba la tranquilidad e intimidad que anhelaba en el momento oportuno. La misma que ahora envidio. Hubo un tiempo que no compartía un diminuto armario y no tenía porqué escuchar gilipolleces sin ningún atisbo de sentido…
Hubo un tiempo que permanecía en la cama horas poco recomendables y cogía el teléfono porque sí, sin más razón que hablar por hablar (me apetecía y eso bastaba). Hubo un tiempo donde no se hacían preguntas acerca del paradero de mis gafas, en el que podía vestir sin miramientos como una gitana y mirar al suelo mientras hablaba sola sin preocuparme de que alguien pudiese conocerme. Hubo un tiempo que no eran necesarias las excusas, los saludos forzosos, los pretextos y los engaños porque era LIBRE para pensar y actuar… Ahora parece tan lejano todo ello…
Hubo una fase, hace una eternidad ya, donde había un amplio abanico de emisoras para escuchar la radio y llegaba Internet a mi casa. Hubo un precioso tiempo donde nadie expiaba mis conversaciones y yo no me preocupaba ni albergaba remordimientos los domingos a la hora de reconstruir mentalmente lo que había sucedido la noche anterior. Entonces, daba exactamente igual levantarse con el rimel corrido, unos pelos de loca, aliento a alcohol y actitud resacosa.
Hubo una época, hace mucho mucho tiempo, donde no sé si era más feliz (…) pero era Dueña de mi vida…que no es poco.





