Verín se ha engalanado… de navidad. Luces, cintas, lazos, abetos revestidos de copos de nieve, turrón de chocolate, polvorones, lotería, películas de Macauly Culky, langostinos, perfumes caros…
Bolsas de papel con la insignia del Corte inglés, programas especiales de Norma Duval, telemaratones, visitas al pabellón, villancicos, juguetes, anuncios de Freixenet…
Verín, se ha engalanado…de verdad. Se adereza de bolas coloreadas, aguinaldos generosos y “tradicionales polvos de nieve”. Verín sabe a Suchard y huele a Channel nº 5; disfruta de una sesión especial de “Noche de fiesta” y brinda con cava en una copa de la última colección de fina cristalería del Corte Inglés…
24 de Diciembre. Un abuelito revoletea bruscamente en su vieja cómoda en una especie de reyerta consigo mismo para topar una posición placentera. Vacila ante su merecida doble ración de pan duro. Finalmente se permite el lujo de devorarlo aun constituyendo éste toda su cena de Nochebuena.
Contra todo pronóstico, insisto en terciar su “alzhéimer” como lo mejor que le podría haber deparado la vida. Le han abandonado. Está solo. Afortunadamente, dormirá ignorando que es Navidad.
25 de Diciembre. Daniel se levanta de un salto. Está excitado. Acude presto a la sala de estar. Los regalos se van apilando de forma caótica unos sobre otros. A pesar de sus 8 añitos recién cumplidos, Dani es de los más altos de su clase y sus esfuerzos por intentar alcanzar el último de los paquetes no tardan en verse recompensados.
Arranca con fiereza el papel que cubre su regalo. <¡¡Un balón!! ¡¡Un balón!!> exclama enfático- mientras corre a abrazar a su madre por tan acertado obsequio. Carmen sabía que a su hijo le entusiasmaban los deportes, en especial el baloncesto.
Entrenaba 2 horas a la semana y tenía un buen promedio de canastas, sobre todo encestaba los tiros libres. Los ojos inundados de júbilo de su pequeño, tornaron un poco más feliz a Carmen. Quiso entonces regalarle mil balones más.
Dani cercó el cuello de su madre con sus minúsculos bracitos y musitó al oído: “Te quiero mamá”. En sus gráciles labios se dibujaba una tierna, inocente y cálida sonrisa que aventuraba que estas navidades serían las más felices de todas (...)
(…)Ashmed también esbozó un sonriso. Sus dedos rígidos y entumecidos a causa del frío, recuperaban lánguidamente su movilidad. Vuelve al trabajo. También tiene 8 años…pero no es de los más altos de su clase. En realidad, nunca ha podido constatarlo. No existen escuelas para Ashmed ni para otros muchos en aquel pueblo perdido de Asia; y si existieran, no serían para Ashmed.
Exhala un soplo de aire caliente y lo deposita sobre sus afiladas y mustias manos. Las introduce en una media esfera deforme con el símbolo de Adidas. Siente un nuevo y punzante dolor en las manos cuando el duro material que agujerea se las oprime. Trata en vano que éste obtenga forma de globo. No recuerda cómo eran sus manos hace años… Tampoco importa. No puede perder el tiempo en tonterías. A su “corta” jornada laboral de 16 horas le quedan todavía 5 y su estómago empieza a crujir. Está hambriento. Está feliz. ..Retiene en su mente el suculento plato de arroz que le servirán en apenas unas horas. Y vuelve a sonreír.
Ashmed no sabe que hoy es Navidad. Para él no existen unas fiestas donde las compras nunca tocan a su fin, donde el Corte Inglés se "pone las botas", donde concurren excesos y alcohol, donde la abundancia y la opulencia podrían hacernos vomitar sin más miramientos.
No sabe que existen unas fechas depravadas e insolentes que te atormentan ante la amenaza de la soledad. Tampoco es consciente de que la Navidad trae consigo-sin que nadie pueda remediarlo- un recuerdo doloroso de familiares y amigos que no se sentarán contigo en el asiento de siempre…
No. Ashmed tiene suerte. Sólo se preocupa por si va a tener un bocado que echar a la boca y no se inquieta ante qué regalos va a hacer este año. Por eso, Ashmed puede sonreír…
Papá Noel ha traído un balón de adidas para Dani. En cambio, a Ashmed le ha agasajado con otro día de trabajo en precarias condiciones… Yo me pregunto: < “¿Habrá sido malo Ashmed?”>
Verín se ha engalanado, es cierto… ¿Pero, para qué? Para recordarnos que el atroz consumismo ha envilecido estas sentimentaloides fiestas.
Yo, al contrario que Dani o Ashmed, no puedo sonreír. Necesito algo más que "la pachanga" de Los del Río deseándome felices fiestas o una mesa repleta de exquisitos manjares (y langostinos con mayonesa) para considerarme afortunada; necesito algo más que a Demi Moore festejando estas fechas con una copa de champán, necesito dejar de fingir que estoy completa aunque tú no me quieras…
¿Cómo podría sonreír? En esta otra realidad navideña los Reyes Magos no te han traído hasta mí. Dejan carbón con un sabor más amargo de lo que acostumbra. No puedo apreciar lo poco que tengo… Sólo puedo llorar por lo que me falta y odiar como nadie ha aprendido a odiar el repulsivo y mugriento carbón.
Lorena, a pesar de todo, os desea FELIZ NAVIDAD Y UN PRÓSPERO 2006.
Esta es la historia de una niña que nunca supo ser niña. No recuerda haber cumplido 7 años y ni siquiera ha sido capaz de almacenar recuerdos acerca de los reyes magos o el ratoncito Pérez…
En el mundo que ella concibe Charlie jamás habría logrado la fábrica de chocolate de Willy Wonka; Campanilla no habría resucitado cuando su nombre era aclamado entre sollozos y polvos de hada…
En el mundo en el que ella planea, nadie tiene la más remota idea de quién es Calimero.
Pero no nos desviemos; volvamos a esta remilgada muchachilla. La de una niña que veía sangre en una bañera blanca cuando cerraba los ojos. Ensimismada en sus propios vómitos de autocompasión, vanagloriándose de sus miserias mientras la envidia dilapidaba sus más íntimos pensamientos. Escondía ,eso sí-en algún recóndito lugar de su conciencia- un vago sentimiento de culpabilidad por el que pronto aprendería a odiarse a sí misma.
La historia de una pequeña que quiso ser otra; la de una jovencita que a duras penas pretendía volar con alas desgarradas.
Cuando ésta quería huir, fruto del hastío que le deparaba su casa, los gritos, la incomprensión, el ahogo de sus mentiras encadenadas, el dolor que propinaba el mango de la escoba… cerraba la puerta dispuesta a emprender su camino, y rezagada en las escaleras, incapaz de dar un paso más, lloraba.
Asustada y cobarde, intentaba atravesar el umbral de la puerta con sueños de porcelana pero permanecía en el mismo peldaño rezando para que el castigo fuese benévolo.
Escupía veneno de serpiente y lo entumecía en páginas de Diario con olor a frambuesa. Las toxinas impregnadas en dicha pócima iban redimiendo su humanidad; víctima de sus mentiras (cada vez más frecuentes) que iban enfermando su alma…hasta hoy.
Se odiaba a sí misma, a sus falaces argumentos, a su recurrente falsedad. No podía verse sin sentir asco; abominaba en lo que se había convertido…sin poder discernir qué parte había sido culpa suya y cuál era producto del maltrato de sus compañeros…
Y entre penumbras, un rayito de luz iluminó efímeramente su alma. Entonces se enamoró perdidamente del primer chico que reconocía abiertamente su existencia en una esfera estrictamente amistosa; y tal vez a sus ya 12 años aquel chiquillo de rostro cálido y dulce fuese la única persona a la que nuestra protagonista no le deseaba ningún mal.
Con el tiempo esta adicta al drama aprendió a degustar su melancolía: se relamía en el sufrimiento y lo buscaba como al aire…; No le gustaba Heidi o Marco…sino la onda vital de Son Goku, las estrategias de las zorras de Melrose Place y las películas de nosferatus. Y es que esta historia habla de una niña que nunca supo ser niña….
No cree en las hadas. Lo siente. No CREE.
(…) Por favor: Disculpen que no continúe con la historia….pero llego tarde a Sanitas…y debo curar “algo” a punto de cicatrizar…Voy a por las recetas. Voy a por la REDENCIÓN….





