A veces creo que soy ciega, porque no veo…Y lo peor, nunca he querido ver. Quizá en algún que otro momento donde mi cara colisiona brutalmente contra un muro, admito, (en un ínfimo alarde de repentina valentía) que siempre soy yo quien tapa los ojos con una venda de superficial felicidad. Será porque así me convenzo de que mi vida es lo que quisiera que fuera. Impidiendo divisar la fisonomía real de las cosas, va transcurriendo el tiempo sin que yo pueda remediarlo.
Cada vez que me rompo, aglutino pedacitos de mí que reconstruyo con “superglue” de obstinada autocompasión…pero es yo, intentando ser yo, me siento defraudada. ¿Soy yo el problema?Al fin y y al cabo eres Tú lo que más me duele. Voy a dejar de mentir. Dejar de mentirme. Hoy estoy rota. Totalmente derruida… Porque he perdido una mano, la derecha… e intentando que la devuelvan he recibido la espalda. Hay cosas que se olvidan (…) Hay otras que NO.
Quisiera que fuera diferente, que mi venda permaneciese intacta, inmune, imperecedera… Quisiera dejar de descubrir en carne propia que todo mi mundo puede ir a peor. Hoy falta ese trocito de mí … y no lo encuentro. Es posible se lo haya quedado otra persona, quizá a la única a la que se la hubiera regalado. A lo mejor decide volver y con ella pueda sostenerme alguna que otra primavera sobre piececitos de papel…Nutriéndome de decepción y pegamento de cola, me repetiré a mí misma que nada ha cambiado…sin que esta vez (lo he prometido) acabe creyendo mis mentiras.
¿Alguien más quiere mi mano? Es muy práctica. Podéis tender sobre mi mano otra venda, ya que la parte más infantil e irracional de mí quisiera ver atada la misma gasa a mis ojos. De esta forma, cuando amanezca, podré seguir dando tumbos por el mundo, con palos de ciego…
Porque con vendaje o sin él… no puedo ver. Llorando no. Las lágrimas son un protector muy eficaz a la hora de distorsionar la idea más remota sobre mi vida. Creéme si te digo que lo que más quería era que estuvieras a mi lado…como siempre. Dando las dos palos de ciego…como siempre. Y si alguna vez perdía la venda, nos la volveríamos a poner. Una a la otra…Como siempre. Con nuestras ganas de comernos el mundo, que así de mentira, nos proporcionaba un estado de extasiada felicidad... Como siempre.
En cambio, hoy me siento sola. La venda está sucia, devastada...enrollada como un billete de 5 euros en los servicios de algún alter de última hora…precipitada al otro lado de la acera…
No creo que lo sepas, porque cuando me he girado, no estabas ahí para recogerla. Tal vez es hora de dar tumbos yo sola. Y no miraré hacia atrás para ver si me sigues desde la distancia. Esta vez NO. Duele demasiado.





