No soy Neruda… ¿para qué negarlo? … Y si él no fue capaz de describir el Amor… Dios me libre la vil osadía… Pero que no se diga que no soy atrevida; así que me refugiaré en el consuelo de siempre (emborracharme hasta perder el sentido) y me limitaré como tantos otros a un par de frases insulsas que hablen del sentimiento en su estado más melancólico y pasteloso.
Lo más desconcertante es que a veces incluso yo deseo caer en la perdición y congelar en mi rostro una sonrisa de niña ingenua y tonta que cierra los ojos y asoma un pelín la lengua para ser un poquito feliz. Caín me tienta con probar tu manzana y evadirme en ese mundo de fantasía que he creado sólo para ti… y francamente…cada vez, me siento más débil ante su insistente propuesta.
Tal vez el problema de Neruda estaba en que nunca tuvo amigos que hacían el jilipollas en honor a ese repetitivo nombre y que vendían su piel al diablo para terminar sufriendo en propias carnes su des-nombre. Por eso le odio y le odio (Al Amor, no a Caín que contra este hoy no tengo nada)…y por eso le temo…jurándome a mí misma que a mí no me pasará. Quiero ser inmune a esa cliptonita, a una máscara que en todos vosotros parece haber sido cosida con hilo de sangre. Cada vez son más numerosas las pupilas ciegas.
Una cancerígena enfermedad que contagia con síntomas apestosamente honestos y cuyos efectos más inmediatos derivan en felicidad tonta y pasajera acompañada de una angustia vital- quizá si cabe más tonta todavía, sí ese es el "AMOR".
En esto la industria hollywoodiense, las canciones de Alex Ubago, los aromas inasequibles de Hugo Boss y Coco Channel, la publicidad del Corte Inglés… han sabido ganarnos la partida. Crecí entre principitos azules y castillos con dragones a los que mi amado vendría a rescatarme y besarme. Aprendí a confiar en la pasión de dos amantes y a admirar y anhelar la locura de Romeo y Julieta.
Pero el tiempo da y quita razones, y no sé si serán las hostias, o la repentina madurez (véase incredulidad) pero me va repugnando más y más la idea de que cuando quieres tanto a otra persona se llega a perder el respeto por uno mismo. Y ni Perrault ni Anderson me avisaron en sus fábulas de que una princesita enamorada sería igual a una princesita arrastrada y anímicamente acribillada.
También de pequeñita me enseñaron breves nociones de matemáticas que mucha gente parece haber aparcado en la sinrazón más romántica e infantil: 1 + 1 son 2. ¿Y por qué ese empeño de que 1 + 1 = 1 en el Amor? “Amarse a uno mismo es el comienzo de un romance para toda la vida” decía Oscar Wilde.
Está claro que menos para Wilde y para una mortal capricornio de 21 largos años, amar significa anular…nunca sumar. Y en ello va implícito el derecho a ceder u obligar, sacrificarse o someterse… Todo por alcanzar un estado de complicidad de lobos invisible para el resto de la manada, pero jodidamente real. La pareja contará por tanto con el beneplácito de los actos noños, la palabrería infumable y el “legítimo” poder de no albergar secretos entre ellos aun suponiendo el vulnerar las confesiones de un tercero. Soy yo… ¿o esto es infame y absolutamente reprobable?
Renuncio públicamente al Amor. Y no temo al mañana. Si con gusto me golpea, no con menos gusto me levantaré. Y lo diré en bajito para que tú no me oigas, pero lo digo tranquila… porque si miento, nadie podrá reprochármelo jamás.
En su día ya negaron y en su día también olvidaron lo prometido. Suficiente castigo es ya el haber sucumbido a tragar un escupitajo propio cuando se lanzaba tan alto al aire. No me avergüenza el hecho de un día – consciente, irremediablemente consciente- sea yo la que beba de mi propia saliva. Yo también sé ser jilipollas por una causa de 4 letras. Sé autodestruirme, arrodillarme y dilapidarme mientras me cago en el puto Neruda de los cojones y su mágica descripción tan inexacta e imperfecta (pero incomprensiblemente bella) de eso tan raro que llaman “amor”. 
Conclusión: Neruda me supera. Pero¿alguien lo dudaba? No tengo ni la más remota idea de lo que es el amor. Os diré por tanto lo que NO es amor:
No es amor el dejar al lado tu individualidad para "fusionarse" con el otro.
No es amor la justificación de que sólo con esa persona en tu vida, no necesitarías a nadie más.
No es amor el dejar tus pensamientos e inexplicablemente coincidan con el de la pareja.
No, no es amor, el dejar de crecer y madurar y decidir por ti mismo. No es amor cuando no puedes seguir tu camino juntos -pero SEPARADOS-.





