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"Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final él mismo se convierte en esas historias. Siguen viviendo cuando él ya no está. De esta forma, el hombre se hace inmortal".
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“No todo es lo que parece, caperucita…”


Caperucita: Esa pobre ignorante



Los niños son esas almas cándidas, inocentes, ¡que no se enteran de la misa la mitad!
Toda la vida nos han contado la historia de esa niñita con abrigo rojo, sonrisa angelical y cesta con tarta de fresa.
La pobre contó la historia de como una mañana su madre la mando a casa de la abuelita, que vivía en una casa en el bosque, para llevarle una tarta de fresas.

Contó como se perdió y en medio del bosque se encontró con un extraño, que le dijo que era el lobo, y engañándola la mando por el camino más largo.

También narro el momento en que llego a casa de su abuela y la vio metida en la cama, y algo más peluda de lo normal… le empezó a hacer preguntas, su nariz, sus ojos, sus orejas, sobre su boca, y la “abuela” que en realidad era aquel extraño que dijo ser el Lobo, disfrazado, se abalanzo sobre ella para comérsela de un bocao.

Tuvo suerte porque en ese momento apareció un cazador que mato al lobo, salvando a caperucita, saco a la abuela que estaba encerrada en el armario y finalmente todos comieron tarta y fueron felices.

Caperucita… no todo es lo que parece!

Ahora que estamos entre amigos (así en petit comité) diremos que hemos tenido acceso a informes confidenciales que nos revelan que paso verdaderamente en esta historia a la que le faltan muchos datos y otros puntos de vista. Detrás de la historia que nos contó la pequeña Caperucita se estaban cociendo algunos otros asuntos.

La madre de Caperucita, una cuarentona, infeliz y abandonada por su marido… se despertó en su piso de 40 metros cuadrados dispuesta a trabajar de sol a sol para sacar a delante a su hija. Desde hacía años una idea le rondaba en la cabeza: “esta maldita “abuelita” es una avariciosa, tiene cientos de hectáreas de terreno, un chalet en el bosque… y nosotras aquí muriéndonos de hambre. Todo por su culpa porque su maravilloso hijo nos dejó tiradas por culpa de sus negocios”

Esa mañana tomo la decisión de hacer una tarta de fresas para la abuelita condimentada con un poquito de veneno. La muerte de la “abuelita” permitiría heredar todas sus propiedades y riquezas.

Despertó a su pequeña, la vistió con su chubasquero rojo y la mandó con el recado de llevar la tarta a la “abuelita”. La niña salió contenta a visitar a su abuela, a la que no veía desde hacia bastantes años ya que su madre y su abuela se culpaban mutuamente de la huida de su padre (pero esto la pobre caperucita no lo sabía). Tantos años sin ir y tantas obras en la M30 hicieron que la niña se perdiera por el camino.

Tras unos arbustos escucho unos ruidos, de entre la maleza salió un extraño personaje. Ella le pregunto: “Hola, ¿Quién eres?” Él contesto: “El lobo”

En realidad el tal Lobo, era el pacifista, vegetariano e independiente guarda de la finca de la abuela, que trabajaba cuidando las tierras de la “abuelita” a cambio de un terrenito donde cultivar sus plantitas. Aquella mañana se había comido unas setas alucinógenas y andaba desvariando por el bosque. Cuando se encontró a la niña no se le ocurrió cosa mejor que decir que “uuu soy el lobo”.

Tras las presentaciones “El lobo” pregunto a la pequeña que a donde se dirigía, ella le dijo que a casa de la “Abuelita”, pero que estaba perdida. “El lobo” se alerto al ver a una desconocida, con pinta de ingenua, abrigo rojo y bolso sospechoso, y pensó que tendría que avisar a la “Abuelita” de que una secreta con una cámara oculta se dirigía a su propiedad. Para asegurarse el tiempo suficiente mandó a la niña por el camino más largo y el atajó.

“El lobo” llegó corriendo a casa de la “Abuelita” para avisarle de que una poli de paisano estaba haciendo indagaciones y se dirigía hacia su casa. La “Abuelita”, conocida internacionalmente como una de las mayores traficantes de país y estafadora de hacienda, cultivaba en sus tierras plantaciones de coca y guardaba en su casa grandes cantidades de dinero. Al oír las noticias de su confidente reacciono rápido.

El plan era simple: ella se escondería en el armario y el lobo se pondría su ropa y se haría pasar por ella enferma en la cama, si las cosas se complicaban tendría tiempo para darse a la huida.

Caperucita llegó a casa de la “Abuelita”, llamó a la puerta y entró en la casa. Se encontró a su abuelita bastante diferente a cómo la recordaba.

La niña extrañada empezó a preguntar: “abuelita que orejas más grandes tienes…”, “abuelita que ojos más grandes tienes…”, “abuelita que nariz más grande tienes…”. “El lobo” se empezó a incomodar con tanta pregunta, y pensó que la secreta había descubierto el pastel.

Cuando la niña pregunto definitivamente “abuelita que boca más grandes tienes…”, “El lobo” se abalanzo sobre ella para intimidarla y terminar con ella. Pero en ese momento llegó el “cazador” que mató al “Lobo” y rescató a Caperucita y liberó a la “Abuelita”.

El “Cazador” era en realidad el padre de Caperucita, hijo de la “Abuelita” y marido de la madre de Caperucita. Que volvió tras años de ausencia para zanjar con el “Lobo” un ajuste de cuentas. El lobo había sido el que había dado el chivatazo de que trabajaba con la “Abuelita” en el trafico, porque quería quedarse con las tierras de la “Abuelita”, y el padre de Caperucita se vio obligado a huir en la noche sin poder avisar a nadie.

Cuando toda la familia aclaro el malentendido de años, pudieron ser felices y comer perdices. Eso sí, pensaron que lo mejor era dejar el trafico porque no les había traído más que problemas… pero claro todo esto la pobre Caperucita siempre lo ha ignorado!.


Moraleja:
Muchas veces nuestras historias están incompletas porque desconocemos otros puntos de vista. Porque la verdad puede no serlo tanto porque esconde muchas verdades.

Texto elaborado en el taller de expresión y comunicación. Actividad: puntos de vista.
 
Comentario:
Yo siempre confié en caperucita. Bueno la verdad es que esta historia, además de bastante graciosa, me ha hecho pensar un poco. Lo cierto es que tenemos siempre una realidad que incluso nos gusta creernos, si etiquetamos a las personas dentro de unos cánoces y grupos todo nos parece más fácil. "El lobo" siempre nos engañará, por lo tanto tendremos que tener precaución; "la abuelita" estará indefensa, así que no hace falta tenerle miedo; Caperucita no abandonará nunca esa lado infantil y soso. Pero claro, esta realidad prefabricada podrá conformar a una gran mayoría que no está dispuesta a observar que hay detrás de todos esos personajes. Siempre es bueno contemplar todos los puntos de vista, no vaya ser que el malo sea más bueno y la buena se convierta en la más mala. Yo estoy del lado de Caperucita que siempre le toca pringar con la "cestita", servir a los intereses de su madre, sortear al lobo y nadie se acuerda de ella.
 
Comentario:
Yo he sabido este fin de semana que es más ridiculo el adulto, que con máscara o sin ella muestra el lado absurdo de la mala educación... y aquel con traje de peter, campanilla o sin el poseia la dignidad e la risa! sin mas ni mas! cientos de besos
 
Comentario:
Desde el punto de vista de Peter Pan el País de Nunca Jamás era de los niños porque los adultos sólo se complican y se embarullan con caretas y disfraces.
Desde el punto de vista de un adulto, Peter Pan Nunca Jamás sería aceptado en su mundo maduro e inteligente. Porque con sus ideas y su traje ridículo sólo podría acabar sus días en un manicomio.
Y otro que observaba la escena se preguntaba:
¿Y si los adultos se quitaran sus mascaras?
¿Y si Peter Pan se quitase su ridículo traje?
¿Quién quedaría más al desnudo?
No