EL CEPILLO DE DIENTES
Algún día tenia que estampar aquel despertador digital contra esa pared empapelada. Si algo tenía claro es que nunca mas me iba a acostar con aquellos calcetines a rombos, pues se levanta uno con la sensación de haber dormido con los pies dentro de un caldero. Tras sacar fuerzas de flaqueza, consigo echarle cojones y salir de aquella cama tan calentita. Como alma a la que persigue el diablo, voy saltando como una rana hasta el suelo, pues nunca hice caso a mi madre cuando me decía que dejara las zapatillas junto a la cama.
Una vez con los pies calentitos, me pongo mi albornoz “made in Taiwan” y me dirijo al servicio… ya en el pasillo, me fijo en el reloj de la pared, recuerdo de Plasencia, y me percato de que llego tarde al trabajo. A toda velocidad derrapo en la curva de la cocina, pediendo una zapatilla en la maniobra, al tiempo que un traspié con la moqueta, doy un cabezazo y abro la puerta del servicio.
Una vez dentro y tras dejar las gafas sobre la encimera, abro el grifo y me lavo la cara. Ya listo, cojo el spray del desodorante e improviso un “play back” de El Puma frente al espejo. Tan solo me quedaba lavarme los dientes.
Cojo el cepillo y me aplico mi crema dental. Una vez iniciada mi limpieza bucal matutina, empecé a notar un dolor estridente que comenzaba en las encías y terminaba en el cogote, a pesar de ello, continué cepillando con devoción y constancia, a pesar de que el dolor se hacia cada vez mas latente, puntiagudo y evidente.
La incertidumbre me dominaba, y harto ya de aquella situación, tire el cepillo al lavabo y me puse las gafas.
Al mirarme al espejo, la imagen que llego a mis pupilas me dejo paralizado de terror. Tenía la boca hinchada, amoratada y ensangrentada, al tiempo que un fino hilo de sangre me salía de la comisura de los labios. Rápidamente miro a mi derecha y compruebo que el cepillo de dientes está en su vasito de cristal, limpio y con su dundita puesta. Paralizado ante la duda, mis ojos, casi Saliéndose de sus cuencas, buscaron la imagen casi perdida de mi lavabo.
Allí estaba, ensangrentada y llena de crema anticarro, mi maquinilla de afeitar “Guillete” de doble hoja.
Diego Caballero Adillo
Una vez con los pies calentitos, me pongo mi albornoz “made in Taiwan” y me dirijo al servicio… ya en el pasillo, me fijo en el reloj de la pared, recuerdo de Plasencia, y me percato de que llego tarde al trabajo. A toda velocidad derrapo en la curva de la cocina, pediendo una zapatilla en la maniobra, al tiempo que un traspié con la moqueta, doy un cabezazo y abro la puerta del servicio.
Una vez dentro y tras dejar las gafas sobre la encimera, abro el grifo y me lavo la cara. Ya listo, cojo el spray del desodorante e improviso un “play back” de El Puma frente al espejo. Tan solo me quedaba lavarme los dientes.
Cojo el cepillo y me aplico mi crema dental. Una vez iniciada mi limpieza bucal matutina, empecé a notar un dolor estridente que comenzaba en las encías y terminaba en el cogote, a pesar de ello, continué cepillando con devoción y constancia, a pesar de que el dolor se hacia cada vez mas latente, puntiagudo y evidente.
La incertidumbre me dominaba, y harto ya de aquella situación, tire el cepillo al lavabo y me puse las gafas.
Al mirarme al espejo, la imagen que llego a mis pupilas me dejo paralizado de terror. Tenía la boca hinchada, amoratada y ensangrentada, al tiempo que un fino hilo de sangre me salía de la comisura de los labios. Rápidamente miro a mi derecha y compruebo que el cepillo de dientes está en su vasito de cristal, limpio y con su dundita puesta. Paralizado ante la duda, mis ojos, casi Saliéndose de sus cuencas, buscaron la imagen casi perdida de mi lavabo.
Allí estaba, ensangrentada y llena de crema anticarro, mi maquinilla de afeitar “Guillete” de doble hoja.
Diego Caballero Adillo
Comentario:
Perdon estoy amargao
Comentario:
Me hace gracia esta historia, (como las otras...) para alguien como yo tan despistado y oficialmente majara esto no es nada friki. En fin supongo que el autor debe ponerse en situación y comprender....
Comentario:
Muy buen relato, lo cierto es que estuve leyendolo con tensión, como esperando que llegara el final para ver qué ocurría con ese cepillo de dientes...
Bueno, yo vivo con dos compañeros de piso y menos mal que ellos no utilizan cuchilla de afeitar sino maquinilla, pero lo cierto es que no suelo ser muy despistada, además yo primero desayuno y luego ya voy en busca del cepillo de dientes.
Espero sigas regalándonos historias como ésta. Un saludo.
Bueno, yo vivo con dos compañeros de piso y menos mal que ellos no utilizan cuchilla de afeitar sino maquinilla, pero lo cierto es que no suelo ser muy despistada, además yo primero desayuno y luego ya voy en busca del cepillo de dientes.
Espero sigas regalándonos historias como ésta. Un saludo.
Comentario:
Me gusta la atmosfera que acompaña esta historia, se respira un aire a antiguo, en mi humilde opinión muy bién logrado. Ademas de retro roza el "frikismo" con ese playback del Puma jajaj.
En serio, me gusta, es muy intensa, aunque creo que es un pelín exajerado el masoquismo con esa gillette, pero tiene gracia. Ya sabes, es peligroso estar dormido, ve con cuidado al afeitarte .
Por cierto, esto me ha recordado lo que le pasó a una conocida q cuando era pequeña era un poco sonámbula: un día se levantó para ir al lavabo, pero ella en realidad estaba dormida, sus padres la encontraron en la cocina, haciendo sus necesidades en el cubo de la basura y con un cuchillo en la mano (supuestamente substituyendo al papel de water).
En serio, me gusta, es muy intensa, aunque creo que es un pelín exajerado el masoquismo con esa gillette, pero tiene gracia. Ya sabes, es peligroso estar dormido, ve con cuidado al afeitarte .
Por cierto, esto me ha recordado lo que le pasó a una conocida q cuando era pequeña era un poco sonámbula: un día se levantó para ir al lavabo, pero ella en realidad estaba dormida, sus padres la encontraron en la cocina, haciendo sus necesidades en el cubo de la basura y con un cuchillo en la mano (supuestamente substituyendo al papel de water).
Comentario:
Me has dejado paralizada con tu corta pero intensa historia. Espero que no esté basada en hechos reales...
Me imagino perfectamente esa situación. Yo también soy muy despistada, hasta soy capaz de dejar el cepillo de dientes en el frigorífico..., pero hasta ese extremo no llego. ¡O eso espero! Por suerte yo no tengo una Gillete a mi alcance.
Me imagino perfectamente esa situación. Yo también soy muy despistada, hasta soy capaz de dejar el cepillo de dientes en el frigorífico..., pero hasta ese extremo no llego. ¡O eso espero! Por suerte yo no tengo una Gillete a mi alcance.





