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el escritorio en sombras
pequeño espacio para colgar mis poemas y mis andanzas y ocurrencias
Sindicación
 
adios musa
hay que redescubrir como encajar
mi espalda cansada sobre la silla,
porque se me ha hecho incomodo
hasta el mirar por la ventana,
porque no recuerdo como
eran los colores,
ni a que sabian las mañanas
con desayuno para tres,
para mi, para el papel,
para tu nombre...

hay que encontrar
como definir un nuevo verbo,
otra palabra que no te evoque
que ya es cansancio lo que provocan
todos tus matices,
ya es hastio el pensarte de nuevo,
y yo quiero seguir amontonando
sensaciones sobre la madera de mi mesa,
pero no hay nadie ronroneando
solo el inmenso silencio que siguieron
tus pasos calle abajo.

me dejaste muy suave, y ahora
me arañan todas las esquinas,
todo lo afilado me encierra
pues solo hay carne que exponer
y sentimientos que no incluyen rabia,
¿como engendrar un verso mas
si todo es ruido de gotas
sobre sabanas?

si almenos estuvieras,
diria tierno corazon
que ama te justifica
el verso tibio...
¿pero ahora que es
sino lo mismo?, si tu imagen
recreada ya no me satisface,
no me dice nada,
y ya no queda que decirte
ni a ti, ni a tus ojos,
ni al mañana...

adios musa, primavera,
adios niña, un pellizco, un recuerdo
un dulce beso en madrugada...
 
en la vastedad
en la vastedad
muñequitos de ceniza
siembran cristales
por la acera.

Yace, el señor
no se levanta,
aunque el ruego
revienta las campanas
que hoy no suenan.

tres endemoniandos
se visten de colores,
bilis, rencor,
y la otra mejilla
esa hipócrita a la
que nos obligaron a amar.

Salen en procesión
mis partes nobles,
y en un rincón de la ciudad
mi desnudez
vomita toda mi esperanza.

Y asi quedo
pellejo entre pellojo
hacia la pira,
arde en soportales
cerrados y el desvelo
de saberte del otro lado
me hace descerrajarme la chaveta.

en la vastedad, ciudad,
quien sabe si una idea
absurda de la misma,
el viento sólo habla
por todas nuestras
sacrificadas entrañas...
 
ardenas
yo que soy como de las Ardenas
recuerdo, sangre y arena,
escarnio y lamento, brizna de hierva
tinta en el tiempo,
rememoro y sueño...

Brecha en el cielo
supura la lluvia matices
de negro en el alba capciosa
del oscuro retrato de hoy,
del momento, segundos muertos,
amanecer y viento.

estremece la mamo el pincel,
y es obice su cuerpo
ante los ojos, pues no ven mas allá,
el mundo es ciego, único espectro,
rojos carmesies, de rojas pasiones
de viejas fabulas que son cuento.

ay... grito del cuervo,
se esparce en mi pecho
vacio, abyecto,
guerra, cicatriz a verdugones
violaceos la palabra que siento,

paz, olvido triste no te conozco,
anhelo de mar eres,
consuelo prometido...

eco el beso, bajo piel cetrina
rompe el silencio de mis manos,
y arde pira, arde ruego,
batalla el viejo verso con el nuevo
y yace, la razon marcada
por ayeres contemplados con tristeza.

noche que llegas
extraño el gozo de dejar el yo,
de acallar el ego,
quietos, pies quietos,
dejame tinta que mañana duermo...

paz, anhelo de mar,
te conozco en sueños,
consuelo perdido... Ardenas dolientes,
mi llanto aún vivo... combaten los versos...
 
tierra adentro
tierra adentro estepa sumergida
en mis dolores de cabeza,
no tiene nombre este pueblo
que me aguarda,
polvo que guardara mi cuerpo
cuando ya no sea cuerpo,
y no llene la boca el aire
lobrego y oscuro de mis dias.

cálida humedad de barro,
romero que despunta
ante el espliego de una tarde,
olor de lumbre, hogar jamas hallado
antagonista de la cicuta de la urbe,
yo deseo ir , para no verme más en el espejo.

sembrada de arrugas, arcilla,
cal en las paredes y decrepitud
silenciosa que se extiende
sobre suelo envaldosado,
pero es madera noble de un sillon,
es mi retiro, descanso y nube
para paginas no escritas...

hay que andar mas abajo de la vida,
donde el suelo no es suelo
y todo es oriundo de uno mismo,
mas alla de los soles que ciegan,
mas alla del ruido de sus labios,
en la quiebra de la vista
por detras del horizonte,
en esa sacra palabra que es tierra,
mi idea, pues moraré
en el olvido de mi mismo,
cuando sea polvo yo,
cuando mi corazon sea arena.

casa de cenizas en un pueblo blanco,
estampa de postal, recuerdo infante
no vivido, donde cohabite la noche
con mi hambre, donde yazga
el corazon al fin anclado,
tierra adentro estepa sumergida
entre mis sueños.