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Confesiones desde mi hamaca
Relato de día... sueños de noche
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Un beso...solo por venir a verme ********** ************
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Sindicación
  
 
35 Me atreví... me atreví
Pues sí, me he atrevido por partida doble. Ya se que parecerá una tontería , que pensareis que soy una exagerada, pero para mi eran unas barreras que me han costado bastante empezar a superarlas.

Bueno, una de ellas la arrastraba hacía mucho más tiempo que la otra; confieso que a pesar de tener que desplazarme en coche subiendo y bajando montañas, para ir a trabajar todos los días, no me gusta conducir, y lo hago por pura obligación. Una vez oí que había una enfermedad llamada algo así como “amaxofobia”, que es el pánico a manejar el coche, y me dije: eso debo de tener yo; pero no, yo el coche lo llevo bien, lo que no llevo tan bien son esas aglomeraciones de tráfico y el no saber por donde tengo que ir (si ya se que se han inventado los navegadores, pero no tengo), a eso he de añadir que mi sentido de la orientación, es pésimo... vamos que me pierdo hasta en el cuarto de baño.
Para ir hasta la ciudad, uso normalmente el transporte público, circular por mi misma hasta allí me produce ansiedad, y no digamos aparcar, eso ya me altera los nervios, hacerlo sola, era un reto que ya casi daba por perdido. Prefería perder una hora y media en un trayecto que puede recorrerse apenas en 20 minutos.

Y sí hoy me atreví... tras mentalizarme concienzudamente durante días, esta mañana me he levantado valiente, y sin pensármelo dos vez, me he decidido a cumplir aquello otro que debía hacer, desde hace hoy exactamente un año y un mes... y tampoco me atrevía.
Sin pensarlo me he montado en el coche, sintonizando mi música preferida he respirado hondo y me he lanzado a la aventura de alcanzar mi cometido. El primer tramo del trayecto lo conozco, es parte del que recorro habitualmente, así que bien, a partir de ahí y tomando la dirección adecuada, en línea recta me he lanzado entre la vorágine de automóviles. Sorprendentemente, conducía tranquila, sin ese estrés que a veces se me apodera, ni el ataque de bruxismo que me tensa las mandíbulas. Mi mente estaba centrada en las llaves que llevaba en el bolso, en esa puerta que por fin estaba decidida a abrir, en todos esos recuerdos de una vida que me esperaban tras ella y a los que ahora debía enfrentarme y deshacerme de ellos.

Por cierto, la ciudad esta llena de semáforos (creo que me he saltado un par en rojo), solo he invadido una vez el carril “taxi-bus”, y me he incorporado al lateral para girar por donde no debía , pero he llegado sin más novedades a mi punto de destino, donde para mi sorpresa habían pintado de azul, verde o amarillo todos los bordes de la calzada... con lo cual me ha tocado pagar (un dineral por cierto) previo cursillo intensivo que un amable señor me ha dedicado para usar correctamente la maquina chupa-euros y estacionar mi vehículo en el lugar adecuado, afortunadamente al ser puente habían huecos libres. Hay que ver que ahora para aparcar, como no tengas la tarjeta de residencia, el ayuntamiento te cobra casi como si fuera un parking privado, pero al menos lo he podido dejar todo el día, eso sí, vigilando continuamente la hora para ir a renovar el papelito horario y engrosar las arcas del ayuntamiento, porque los guardias andaban merodeando.

Y si, me he atrevido, me he enfrentado también a ese otro miedo y he atravesado esos muros que tanto respeto me producían. Lo primero que he sentido ha sido la ausencia de los no presentes, lo cual a evocado la nostalgia de una infancia vivida y he recordado que un día, fui mas niña todavía que ahora. He dejado que mi pensamiento fluyera, a la vez que con firme decisión, he ido abriendo armarios y cajones seleccionando lo que albergaban...con la impresión de estar desgarrando la intimidad familiar de toda una vida concluida, de la cual, alguna vez yo formé parte. Cada objeto me traía un vivo recuerdo, me transportaba en el tiempo me ubicaba en otro espacio. Y con dolor iba descartando aquello que una vez tuvo su importancia para alguien, pero el tiempo lo ha convertido ahora en inútil, lo ya caduco... lo inservible, como la vieja máquina de escribir de mi padre o sus viejos manuscritos, y recuperando con cierta alegría aquellas cosas que no recordabas y que al verlas no sabes porque te hacen sonreír, como la mantelería que mi madre me hizo ribetear a ganchillo, castigándome no se cuantos domingos sin salir, o la caja de fotos que todavía guardan constancia de tantos momentos, tantas situaciones... que algunas se pierden en la memoria.

El sonido del timbre y la voz de mi hija al llegar, me ha hecho ver que la vida empuja, que el pasado ya no existe y el futuro aun esta por venir, así que lo único que verdaderamente tenemos es el instante el aquí y el ahora.
Ha sido un día duro... pero necesario, una transición entre una generación y otra... y yo me he sentido en medio sin pasado ni futuro, sintiendo como la inmediatez del momento se desvanece en el instante, pero con la satisfacción de haberme atrevido a hacer lo que debía.
 
Comentario:
Ole mi niña!



;)
 
Comentario:
Bravo por ti y por tu valor. Más por tu segundo paso que por el primero.

A veces, hacer lo que se debe es lo más difícil del mundo.

Bravo :)

Besos
 
Comentario:
UMMM

Yo se lo que suponen ese tipo de valentías.
Y las aplaudo.
Y las animo.
Y las valoro.

Ánimo

Juan
 
Comentario:
UMMM

Yo se lo que suponen ese tipo de valentías.
Y las aplaudo.
Y las animo.
Y las valoro.

Ánimo

Juan
 
Comentario:
Meterse en armarios y cajones del pasado produce una fina melancolía mezclada con nostalgia. Tenemos atrás nuestra historia y el espanto de no saber aún quien somos.
Saltarse semáforos en rojo está muy mal. Indicame tu ruta para evitar posibles accidentes...
No