A veces te imagino
Óxido
Lara es la protagonista y la narradora. Mientras mira fotografías se recuerda diciendo:
«Esta es de un mercadillo en Maro. Una hilera de tarros antiguos de colores. Al lado estoy yo. Deseando perderte de vista.»
Según la definición literal del diccionario óxido significa hacer que se deteriore el buen funcionamiento del cuerpo de una persona o de una parte de él. Óxido, es el primer libro de Lara López, y en él explica con textos breves e íntimos, lo que significó el oxidamiento, y luego el final, de una história de amor, nada menos que la suya propia.
«Según tú, no me gustaban las cosas nuevas. Según tú, estabas cansado. Según tú, hacía tiempo que querías decírmelo. Creo que no fue en ese orden, pero eso fue lo que dijiste. Llevabas puesta una chaqueta nueva.»
Nunca había relacionado esa palabra, Óxido, con un amor que se empieza a perder, o alguna otra parte de tu vida que empieza a dejar de funcionar. Siempre pensé que encontrar la palabra o palabras exactas que explican una situación es fundamental para no volverse loco. El libro, aparte del título, es magnífico, el libro de una chica valiente.
Óxido, de Lara López.

Otro día en el mundo
Vetusta Morla
Oooohhhhh...
Sólo de lo perdido
"Octubre es un mes en el que en mi vida acostumbran a soplar vientos como de guerra, algunas amarguras se cuelan en lo hondo y otras, por el contrario, emprenden vuelo sin saber ni adónde. El de ese año me trajo a Elena y me quitó a la abuela. En apenas un par de semanas se veía a las claras que mis días iban a ser distintos y que lo que antes eran viajes a deshora a la farmacia de guardia podía convertirse con un poco de suerte en noches de jazz y vino, y películas y Elena y aire fresco y vivir, por fin vivir, aun sin terminar de tener muy claro qué entendía yo exactamente por esta palabra que me traía ecos de músicas desconcertantes que salen a veces desde el fondo de un bar, y evocaba borrosamente terrazas de Lavapiés, la espuma de un vaso de cerveza desbordándose, taxis al aeropuerto, hombros dorados, vestidos blancos. Vivir."
Carlos Castán, "Sólo de lo perdido", Destino.
Entrevista a Carlos en Página 2
3 histórias (Steve Jobs)
Todo flota
Dice Coloma que cuando nació su hija Frida entró el sentido común en su casa. También dice que no se atreve a decir que lo que ha escrito es un libro de poesía pero que le gustaria que quien se acercara a leerlo dijera que es parecido, que casi que también lo es.
Es un libro muy emocionante y poético, también con un lenguaje sencillo, como lo son los comentarios intercalados entre las poesias, de Frida, que con 4 años, convierte lo complejo en sencillo y a la vez en un misterio.
"La chica de los sueños de las chicas"
Una chica que está sentada en un café. Tiene el pelo largo y negro que se recoge, con un movimiento rápido, en un moño a la altura de la nuca. Alarga la mano hasta la taza de café y agarra algo. ¿Qué es?
Un bolígrafo.
Atraviesa su moño con un bolígrafo Bic que queda encajado en su pelo de un modo perfecto.
No quiero ser empresaria,
ni la mejor madre del mundo,
ni poeta,
ni tu amor.
Quiero ser la chica que convierte su bolígrafo en algo único.
---
Frida: Hoy he soñado con mi amiga Mei, ¿y entonces, de quien es el sueño, de Mei o mío?
---
"Sola y brillante"
Con el gozo de esperar.
Y la certeza de saber que nada llega.
En una calma de acero.
Me mando flores. Me escribo cartas.
En un apretado nudo.
No puedes imaginar lo que tengo dentro.
Sola y brillante como la chimenea que está por llegar.
Incandescente. Una patata asada envuelta en papel
de plata. Ábreme y abrásate.
Déjame. Sola y brillante.
---
Coloma: Frida ¿cómo se llama tu muñeco?
F: Él sabrá
---
Todo flota, de Coloma Fernández Armero.
En el valle de Elah
Cuadernos y cuadernas
Los cuadernos y cuadernas de Dani,
"Voy a mi librería favorita. Suelo negro, estantes de madera hasta el techo, con escaleras ancladas a ellos, que se desplazan sobre ruedas. Tranquilidad. Silencio. Mucha tranquilidad y silencio. El tiempo se detiene cada vez que atravieso su puerta principal en una de las avenidas más ruidosas de la ciudad.
El tiempo se detiene y es otro, de otro tipo. La que parece ser la dueña, una mujer mayor, tiene una mesa cerca de la puerta trasera que da a un callejón peatonal y no levanta la cabeza para nada. Esta en sus cosas, en su mundo dentro de su mundo. Casi nunca atiende directamente. Siempre, educadamente, se levanta, te acompaña hasta la mesa de otra chica más joven y le pide si puede hacer tal o cual gestión. Se despide y te deja con ella. Esta chica, la más joven, las demás podrían ser sus madres, madres tardías, es la única que dispone de ordenador. Un ordenador antiguo con Windows 98, Explorer 4 y con dieciséis colores. Entramos en internet como se hacía antaño, me vienen a la cabeza recuerdos de hace diez años, consultamos unos títulos. Aunque joven, se maneja torpemente con el ordenador. Toma nota del encargo y me comenta que cuando lo tengan me llamarán por teléfono. Las cosas son allí como hace diez años, como siempre, como antes de que la tecnología nos dictara la velocidad del tiempo."
Las telas aéreas
Es la única que no comparte carromato con otros artistas. Desde hacía ya unos meses le había tocado dormir con las 2 chicas que venden las palomitas y los refrescos a la entrada del circo. Normalmente son los puestos de trabajo que caen antes durante toda la gira, es fácil que encuentren un trabajo mejor o alguna ciudad simplemente les retenga. Pero también suelen ser chicas solteras, con ilusiones parecidas y ganas de compartirlas. Pero un día se van. Llegan a una ciudad y se quedan... Daba la sensación de estar acostumbrada, de no haber llevado otra vida nunca. Nació en un país del este hace 32 años, trabajó en distintos espectáculos desde pequeña, nunca estuvo más de un año en ninguna ciudad. Su número es el más arriesgado de todos, por eso a veces, durante el día, al verla ensayar o pasear por los alrededores de la carpa, sus compañeros la miran con cierta pena. Es el misterio que te pone encima la soledad. Tania sale casi al principio de la segunda parte, después del descanso, "... Con todos ustedes Tania y las telas aéreas...". Es un número mortal. Tania asciende por 2 telas de color rojo colgadas del techo y se sitúa a 10 metros por encima del suelo y sin protección, va vestida de blanco con ropa de lino, apenas pesa nada y su cuerpo es más sugerente si cabe por el miedo a que pueda caer, el silencio es absoluto y nadie baja la cabeza, el volúmen de la música sube hasta el punto más alto y entonces Tania se desliza hasta el suelo, solo entonces deja escapar una sonrisa enmedio de su respiración agitada, hace una reverencia hacia un lado, hacia otro, de fondo el maestro de ceremonias repite "... Un aplauso para Tania y las telas aéreas...". Ya no vuelve a salir hasta el final del espectáculo. En la despedida los artistas se situan alrededor del escenario "... Pat Bradford and Kate artístas del equilibrismo venidos directamente desde los antros más lugubres de Las Vegas, Bill and Rose capaces de cambiarse de vestido en segundos mezcla de transformiso y magia, Jean Cristophe artista inigualable en el trapecio, el payaso Luis Raluy y su inseparable acordeón, Dimond and Pearl y el baile clown, el ballet traido desde el Lido de París de Katherine Jane Smyth, desde Rusia la sensualidad de Tania y las telas aéreas... "
Al final, y como siempre en el circo clásico, los artistas despiden a los espectadores a la salida. A un lado está Tania, lleva puesta por encima una chaqueta. está agachada hablando con una niña pequeña.
Mañana
Yo siempre he sido más de Diego Vasallo, y de Enrique Vila Matas (por decir un contemporáneo)... pero me rindo ante la canción y el artículo.
Desde la terraza, Arturo Pérez Reverte.
"Ya les he contado alguna vez, creo, lo mucho que me gusta sentarme en la terraza de un bar, a ver pasar la vida. Las terrazas de los bares son ojeadero clave, atalaya imprescindible a la hora de mirar despacio, sin prisa, intentando desentrañar los porqués de las cosas y de las gentes. Cada cual se lo monta como puede,y algunos de nosotros necesitamos esas treguas de la vida. Así que procuro utilizarlas. Algunas de mis terrazas son apostaderos fijos, lugares conocidos adonde me encamino sin meditarlo siquiera; y otras veces sitios nuevos, de los que me apresuro a tomar gozosa posesión. Entonces abro un libro, pido un café o un jerez y leo un rato levantando la cabeza entre página y página. Alguien que pasa, un modo de andar, una mirada, un gesto, unos zapatos, una sonrisa, pueden cobrar de pronto significados apasionantes y reclamar su propia historia, real o imaginada, estableciéndose misteriosos lazos entre lo que lees y lo que ocurre ante tus ojos.
En esas estaba el otro dia,en un puerto del sur, recién desembarcado de un mar sin viento que se fundía con el cielo cubierto de nubes. Un mar quieto, denso y gris como el mercurio, con algunas gaviotas peleando sobre los pesqueros abarloados en el muelle. Releía el primer tomo de "El cuarteto de Alejandría", de Durrell, reflexionando sobre el modo tan curioso en que cambia un libro cuando lo lees de nuevo, diez o quince años después -aunque tal vez quien cambia no se a el libro sino tu-. Pasaba las páginas de "Justine", les decía, cuando enfrente se detuvo una pareja. Eran muy jóvenes, con aspecto de estudiantes. A él le calculé dieciocho o diecinueve años. Ella era solo un poco mas joven, y muy guapa, con tejanos y piernas largas. Parecían discutir, molestos por algo, y cuanto mas sonreía él mas enfadada parecía ella. De pronto él hizo un gesto para besarla y ella apartó la cara, alejándose con brusquedad.
La palmaste, compañero, pensé para mis adentros. Pero me equivocaba. Oí como el chico la llamaba: Marisa, Isa o algo parecido. Entonces ella se detuvo a los pocos pasos, se volvió, y no se que le vería en la cara; pero caminó de nuevo hasta él, y se abrazaron, y empezaron a besarse con tanto apasionamiento como si fueran a comerse los higadillos. Y él retrocedió hasta apoyar la espalda en la pared, y ella lo empujaba sin dejar de besarlo,y se dieron doscientos besos en minuto y medio, o a lo mejor fue solo un beso desaforado y magnífico que duró minuto y medio, vaya usted a saber. Y dejé al amigo Durrell sobre la mesa y me los quedé mirando francamente, sin reparo alguno, fascinado por la maravillosa escena. Y una dama que estaba con su marido en la mesa de al lado, interpretando mal mi mirada, se volvió hacia mi y comentó "que poca vergüenza", creyéndome tan escandalizado como ella de los mordiscos que se atizaban los jovencitos. Y entonces solté una carcajada que la dejó, me parece, un poco perpleja; y me estuve riendo así, en voz alta, un poco más todavía, sin poderme aguantar aquella alegría insolente y vital que me sacudía el cuerpo, mirando a los jóvenes que seguían a lo suyo. Me habría levantado en ese momento para ir a darles, a mi vez, un beso a cada uno, de no tener la certeaza de que iban a entenderme mal. Así que me quedé sentado, claro,viendo como por fin se iban agarrados el uno al otro por la cintura, besándose todavía de vez en cuando. Y les dediqué un largo sorbo de Tío Pepe. A vuestra salud, Isa,Marisa o como te llames, pensé. Porque un día dejareis de besaros, o besareis a otros, o ya no os besará nadie, y sereis imbéciles de corazón seco como aquí, mi vecina la beata Gregoria. O tal vez os rompais la crisma en una carretera, o se os lleve un cáncer a los cuarenta, o a lo mejor no. Y la vida,que es muy hija de puta, os traerá de aquí para allá y os dará unas cosas y os quitará otras, y vete tu a saber. Pero lo que nadie podrá quitaros es que esta mañana gris la habeis pintado de calor, y de ternura, y de ganas de comeros el alma el uno al otro. Y ese momento, vive Dios, ha sucedido, y ya no os lo podrá arrebatar nadie, nunca.Y cada día,cada hora en la que aun podais besaros así,antes de que llegue cualquiera de los miles de finales que os aguardan,es una victoria arrebatada al azar absurdo de la muerte y de la vida.
Así que anda y que te jodan, vida, me dije. Y aun sonreía cuando abrí de nuevo "Justine" y seguí leyendo."
Expiación
"Inglaterra 1935, el día más caluroso del año. A pesar de la amenaza de la II Guerra Mundial, Briony Tallis y su familia viven privilegiadamente en su mansión victoriana. Toda la familia se reúne para el fin de semana, pero el calor y ciertas emociones reprimidas crean una sensación de peligro. Briony, una escritora primeriza, es una chica con una gran imaginación. Una serie de malentendidos hace que acuse a Robbie, el hijo del ama de llaves y amante de su hermana Cecilia de un delito que no ha cometido. La acusación destruye el amor entre Robbie y Cecilia, además de cambiar el curso de sus vidas."
Dicen que la novela de Ian McEwan es de las mejores 20 novelas de la história de la literatura. Los 40 primeros minutos de la película son, entre los que yo he visto, de los que mejor me han hecho sentir en un cine, quizás nunca (aunque esas cosas también dependen de los momentos). En esos 40 minutos se van presentando los personajes de la historia, el director utiliza una manera de narrar que de repente vuelve hacía atrás, para volver a presentar lo mismo que estaba contando desde otro punto de vista, puede resultar recargado pero a mi me creó mucho interés y me pareció una forma mejor de ir entendiendo progesivamente la trama. En ese inicio se crea un ambiente misterioso y obsesivo de celos envenenados y de amor reprimido, y a todo ese ambiente le ayuda mucho esa sensación de verano languido y agobiante en el que no pasa nada en apariencia, pero todo sucede por debajo. La película resulta muy preciosista, con imágenes demasiado bonitas que pueden crear rechazo si no entras en la historia, a mi me ayudaron a sentirme más cerca de lo que estaba viendo. Conforme se va desarrollando, a menudo cae en situaciones cursis y se intuye un final previsible que luego no es así, y todo se deshace de una manera maravillosa (mérito del libro por supuesto), y lo que se esperaba un final dulce y feliz, acaba siendo triste y doloroso para ultimamente convertirse en otra cosa, ni dulce ni salada, pero para mi, bastante inolvidable. 2 horas y 10 minutos en un cine a oscuras, un día de viento.
Yo y mi terraza
Un documental de Ana Rodriguez Rossell.
Ana es azafata de vuelo, trabaja 15 días seguidos y 15 no. Cuando no trabaja tiene vuelos gratis, pasa tiempo en África y en otros lugares del mundo. Cuando si trabaja cada día amanece en lugares nuevos, conoce personas diferentes y en muchos lugares se siente sola. Ha salido en la tele y dice que a veces se descorazona con el ritmo que impone la vida, las prisas, las necesidades que nos creamos de tener, aparentar, consumir. En África se sintió desbordada cuando Seru (el protagonista) le invitó a su casa a tomar té, a pasar la tarde, a conocer a sus amigos. Y filmó este documental.
"Lamil es mi mejor amigo, todos los días viene a mi terraza a tomar el té. A Lamil le encanta mirar el mar, por eso es pescador. Esta es la tetera y no sé que hariamos sin ella. El té se cuece lento, sobre carboncillo mejor, para matar más tiempo. Europa tiene su reloj, África su tiempo. Estos pequeños momentos hacen que la vida en mi terraza sea genial y que la vida merezca la pena. El hombre es el remedio del hombre."
No, es para mi.
"Por lo general, los animales son tristes . Y cuando un hombre está muy triste, no porque tenga dolor de muelas o haya perdido dinero, sino porque alguna vez por un momento se da cuenta de cómo es todo, cómo es la vida entera y está justamente triste, entonces se parece un poco a un animal; entonces tiene un aspecto de tristeza, pero es más justo y más hermoso que nunca. Así es, y ese aspecto tenías, lobo estepario, cuando te vi por primera vez."
Herman Hesse. El Lobo Estepario
Clementine
Habíamos cogido tu coche esa misma mañana. Al llegar hacía mucho frio y nos tuvimos que abrigar. LLevabas una chaqueta negra, como de piel, que te llegaba por la cintura. Coincidía con esa semana en que el mar crece y sube hasta el paseo. Recuerdo que te quejaste de no poder pasear por la arena y acercarte hasta la orilla. Entramos en un bar completamente lleno. Era media tarde, las tres o las cuatro, o las cinco. En el bar hacía muchísimo ruido. Nos hicimos un hueco muy juntos al fondo del mostrador. Dijiste "Espera, verás". Mientras te hacías sitio levantabas la mano, dabas un salto, y sonreías para que el camarero te prestara atención. Las conversaciones eran tan animadas, la gente se mostraba contenta. Trajiste una botella de vino, y un plato con cuatro cosas. Señalaste el pintxo de boquerones con foie. Tu favorito. Mientras lo probaba empezaste a bailar, a tararear "I want you to know. He's not coming back". Te acercaste a besarme, besar a Clementine. Movías la cabeza a un lado y a otro, el pelo te cubría la cara y tú te lo apartabas. Te llamaba así por la película. Decías que era la mejor canción del mundo. Enfrente del mercado de La Brecha había un hostal barato con una dueña encantadora. Hacía muchísimo frío en la calle. Subías el volúmen cuando sonaba Radiohead.
¿Es tuyo eso?
"Empecé a escribirla en el hotel, tenía el riff y la primera estrofa, me gustaba, pero me había quedado un poco trabado. Bajé a por una quilmes al bar de abajo y cuando abrí la puerta, se abrió la puerta de la habitación de enfrente y apareció una mujer de sesenta años, desnuda, y me dijo, ¿es tuyo eso?. Le dije que sí, y me respondió “es hermoso”. Eso me hizo bajar a por la cerveza, subir y terminar la canción, tal cual.
A mi me hubiera gustado que hubiera salido una modelo yugoslava, pero salió una especie de duende a decirme que lo estaba haciendo bien. Si no hubiera aparecido, a lo mejor me hubiera tomado cinco quilmes y nunca la hubiera terminado.
Cuando la acabé, le pasé una nota por debajo de la puerta, para darle las gracias. Las musas no siempre van a ser tías que te abandonan, que te tratan fatal y que te tienen cogida la medida."
Q.G. sobre Hay partida.
Días extraños
Entre principios de octubre y hasta mediados de noviembre he pasado todos estos días trabajando en un mismo cliente. Allí, como suele pasar, me tuve que relacionar con mayor o menor "éxito" con un número determinado de personas. Después de los primeros días ya te vas haciendo una idea de lo que a nivel personal te deparará el futuro en los días posteriores. A veces no tienes mucha suerte y no sientes ni haces sentir afinidad, y otras tienes un poco más y alguien te presta atención al llegar, encuentras a quien le puedes pedir de salir a fumar fuera (aunque no fumes), o incluso sentir cierta pena el día que acabas y marchas, y llevarte un recuerdo cursi en forma de "... te escribiré, me escribirás?, espero que me llames algún día, te deseo lo mejor, te echaré de menos...". No estoy hablando de amor.
La semana pasada me llamó, no lo pude coger, luego escuché el mensaje en el contestador, un día mientras bajaba por la calle Balmes, debían ser las 6 de la tarde, ya de noche, acababan de encender las luces de navidad. No devolví esa llamada pero esta mañana le he escrito un mail, así un poco largo, sin apenas tópicos, nada de "... que tal?, todo bien?, he estado muy ocupado, saludos... ". No debería ser cómodo nunca con los mails.
Yo no quería ir a ese cliente, está perdido en la ZAL, lejísimos del centro de Barcelona, 5 semanas me parecían demasiadas,... pero era una buena oportunidad, y la afronté con los ojos lo más limpios posibles.
Un día con mis ojos limpios saqué mi lado más oscuro, algo me afectó y solté "...si este tio hubiera ido a mi cole de pequeño le hubieran dado tantas ostias que ahora no diría esas tonterías...". A mi lado alguien me mira asombrado, y me dice "uaaalaaaa, que chungo Emilio, no conocía esa parte de ti, eso es orgullo de barrio"... En ese momento me empequeñecí un poco.
En estas situaciones que me llevan a relacionarme de forma inesperada con personas nuevas, más preparadas que yo, con muchísimos más recursos y muchísima mayor autoestima, siempre tiro un poco de esa especie de dignidad u orgullo de barrio. No es que tenga un comportamiento maleducado. Eso nunca. Ni voy diciendo cosas como las de arriba, solo fue un comentario en voz baja. Es más un sentimiento de autoprotección interior.
No suelo pensar de donde viene ese sentimiento de barrio, ni tampoco pienso como era yo en ese momento, o por lo menos no tan atrás en el tiempo, quizás cuando miro alguna foto o en la calle me tropiezo con alguien que conocí, también cuando una reacción actual mía que no entiendo del todo siento que me viene de entonces.
Yo era un muy buen estudiante pero mis compañeros no me consideraban un empollón porque la parte de estudios era una parte pequeña que hacía más o menos bien, pero me "dedicaba" a más cosas. Era especialmente hábil jugando a fútbol, una vez un ojeador del Barcelona me vio por ahí, y me llegó una carta a casa interesados en mi para hacer una prueba, mi madre estaba tan emocionada con la carta en la mano. Tenía que presentarme un sábado por la mañana en el campo 0 (al lado del Picadero) y llevar botas de fútbol, botas que no tenía y que no quise que mis padres me compraran. Y acabé no yendo a mi cita con el futuro, en el fondo yo ya era muy del Madrid y muy inconsciente, no tenía ni idea de lo que significaba mi futuro. Lo del fútbol me dio muchas alegrías, mis amigos me decían que yo de mayor podría jugar en cualquier equipo profesional y a mi me encantaba oírlo y soñarlo, yo de hecho entonces ya jugaba con los de mi edad y con los chicos que eran de 2 y 3 cursos por encima de mi. Eso me daba mucho valor. Me llamaban para jugar con ellos, yo era un delanterillo endeble pero muy apasionado y sonriente. En aquella época Hospitalet no era el Bronx pero tampoco era fácil, la vida te exigía un poco, en los colegios había aún profesoras de esas que pegaban a los niños o te regañaban si se te caía el lápiz, en la calle había de todo, la mayoría de mis amigos no eran precisamente de la burguesía catalana, eran charnegos como yo, que sus padres habían venido a vivir a Barcelona y que no tenían una gran estabilidad familiar, años más tarde mi vecino de enfrente murió de una sobredosis de heroína a escasos 20 metros de la plaza Pirineos, donde quedábamos después del colegio. Muchos no pudieron tener nunca un trabajo bueno y pocos pudieron estudiar. No se trata de dar pena, sino que simplemente hubo una vida, hace no tanto, más humilde, sin ordenadores, ni ipods, ni actividades extraescolares, ni el calor de la calefacción al llegar a casa. Aunque es genial e inevitable mejorar, prosperar,... En la calle habían dos bandas, una la del Salinas, un tio asqueroso que nos robaba la pelota o nos echaba del campo para jugar con sus amigos, alguien que escuchaba flamenco malo y llevaba collares y anillos de oro, que asco, y luego estaba el Gómez que era un punky bastante acabado que como no tenia demasiados amigos se acercaba a nosotros y nos explicaba historias, decía que hasta iba a conciertos y todo... El Salinas y el Gómez quedaban en la calle Rosellón algunos días por la tarde a pegarse, era terrible, dos personas que quedaban expresamente para pegarse, y hasta pegarse tanto que acababan cuando ya estaban agotados y sin fuerzas, porque nadie se acercaba a separarlos, nosotros lo mirábamos de lejos, teníamos un favorito... Otra cosa que mis amigos mayores me "valoraban" mucho es que mi hermana era de las chicas más guapas del barrio, aún hoy alguno me lo recuerda y me pregunta por ella, el Gómez había estudiado con mi hermana, y todos la miraban con muchísimo interés, entonces no era tan fácil lo de las relaciones sexuales y una chica era un misterio bastante más grande que ahora. Supongo que es diferente crecer jugando a los videojuegos en casa que crecer en la calle. Y supongo que quien de pequeño ha luchado por unos valores de mayor los lleva en cuenta. Aunque suene a moral barata.
Ya se acabaron las 5 semanas, al afrontarlo con los ojos más limpios evité enfadarme y resultó mucho mejor de lo que me esperaba. También me ha servido para recordar que no se deben enviar mails cómodos y tópicos, y que lo de la infancia resulta más interesante y emotivo cuando lo comparto con mis amigos de entonces, con Micha o con Javi, y nos reímos hoy, de aquellos días extraños de entonces.
Promesas del este
Explicar los motivos por los que una película o cualquier otra cosa te puede llegar a gustar y luego recomendarla es tan complejo que se me hace cuesta arriba, de hecho a veces pienso que no es muy recomendable hacerlo, yo a veces le digo a alguien deberías verla, y luego siento que estoy invadiendo sus gustos, que como no le guste me sentiré fatal, etc... aunque en el caso de Promesas del este es ese tipo de película que si no fuera tan buena no habría manera de poderla recomendar.
Formalmente es un thriller clásico, la ambientación es un Londres lluvioso y frío, la historia no es de amor sin embargo tiene una parte de amor intenso, sin tonterías, el guión es complejo e hilvanado paso a paso hasta el final, la atmósfera es envolvente, oscura, y a la vez con aire de cuento de navidad y Naomi Watts está increíble, tan atractiva cuando se quita el casco, con los tejanos azules y las botas negras.
Pero los motivos por los que al salir del cine sientes algo especial son personales y difíciles de alcanzar.
Sencilla alegria
Ariadna es una chica de 33 años que acaban de despedir de su trabajo en la fábrica de hilos sintéticos, y que siente que lo ha perdido todo. Al salir de la fábrica y empezar a sentirse mal se adentra en el bosque que hay en la periferia de su ciudad, justo donde terminan los bloques de hormigón. Ese bosque se convierte es una especie de laberinto del que busca el centro para así poder salir, y donde, mientras tanto, se va encontrando una serie de personajes con los que se sienta a entablar conversación. Dos de esas conversaciones me han importado un poco más, quien no se ha sentido "desgraciado" al salir de tomar un café, o quien no ha pensado que eso que parecía tan malo te llevó a un lugar mejor...
"- Hace tiempo que mis padres murieron. Nunca tuve amigos, porque me cuesta relacionarme con las personas. Siempre pensé que lo que yo pudiera decir no interesaba a nadie. Sólo tenía un pequeño apartamento que pagaba con mi sueldo en una fábrica de hilos sintéticos. Al principio todo iba bien. Llegaba puntual, trabajaba mis horas, regresaba a casa. Cada día lo mismo. Pero un día empecé a soñar en una vida diferente: para empezar , imaginé que no vivía en aquella fea ciudad industrial, sino en un bonito jardín como éste...
- ¿Lo ves? dijo el anciano con placidez. Al proyectar tus sueños empezaste a construirlos.
- Bueno, el caso es que soñaba y soñaba cada vez más. Hasta que llegó un momento que no prestaba atención a las máquinas y los hilos sintéticos se me enredaban. Eso me sucedió al menos un par de veces. A la tercera me despidieron.
- ¿No te das cuenta? Una parte de ti que aún no conoces hizo que te equivocaras deliberadamente para que pudieras salir de la fábrica y llegar hasta donde habías soñado. A este jardín donde yo te estaba esperando.
....
Le dijo el camarero a Ariadna,
- He calculado que el contacto de un camarero con cada cliente que pide un café no supera de media un minuto escaso. Es el tiempo que suman el saludo y la pregunta "¿Qué desea tomar?", lo que te pide el cliente, cuando pones la taza sobre la mesa, la hora de pasar la cuenta y la despedida cuando se marcha. Son muchos momentos diferentes, pero el verdadero contacto entre el camarero y el cliente no supera en conjunto el minuto.
- ¿Y qué significa eso?
- Significa que es una oportunidad. Independientemente de la calidad del café, en ese minuto el camarero tiene ante sí tres opciones, o mejor dicho, tres posibles resultados que dependen de su actitud. En ese minuto puedes conseguir que la persona se marche peor de lo que ha llegado si eres grosero. O bien puede irse igual que ha venido si lo tratas con indiferencia. Pero también tienes la oportunidad de que salga del café mejor de lo que ha entrado si le regalas un poco de amabilidad. Todos tenemos cada día decenas de pequeños y grandes contactos con los demás. Nuestro reto es conseguir el tercer resultado: que su vida sea un poco mejor después de estar con nosotros."
El laberinto de la felicidad,
Alex Rovira y Francesc Miralles.
Párpados azules
"Al ganar un viaje para dos personas, Marina descubre que no tiene con quién compartir su premio, por lo que decide invitar a Víctor, un completo desconocido. Juntos descubrirán que para enamorarse no importan los escenarios idílicos ni las situaciones perfectas; si no existe la complicidad necesaria para amar, no habrá forma de mirarse a los ojos con amor."
bonita web
Hermanos Oligor
"… un día alguien que no conoces se fija en ti. Ese día te cambia la vida. Virginia se la cambió a Valentín. Cuando empiezas algo crees que va a ser para siempre y a veces no es así. Un día la magia como viene se va… te desenamoras…"
Divinidylle
1993
2007 Los aviones
Que me gustó muchisisisisimo el libro y... que no siempre todo cabe en un blog, ni ha de estar.
Carmen Laforet escribió Nada cuando tenía 23 años. Es la historia de Andrea, una chica con una ansia infinita de vivir sensaciones nuevas y con una sensibilidad a contracorriente de lo que le rodea. Un libro maravilloso escrito en el año 1944 y más contemporaneo que nada. Cuando acaba darías lo que fuera por seguir a Andrea en su viaje a Madrid con Ena.
"... mientras por afuera pasan los aviones..."
Andrea, en Nada
de Carmen Laforet.
"Me acuerdo de las primeras noches otoñales y de mis primeras inquietudes en la casa, avivadas con ellas. De las noches de invierno con sus húmedas melancolías: el crujido de una silla rompiendo el sueño y el escalofrío de los nervios al encontrar dos pequeños ojos luminosos - los gato del gato- clavados en los míos. En aquellas heladas horas hubo algunos momentos en que la vida rompió delante de mis ojos todos sus pudores y apareció desnuda, gritando intimidades tristes, que para mí eran sólo espantosas. Intimidades que la mañana se encargaba de borrar, como si nunca hubieran existido... Más tarde vinieron las noches de verano. Dulces y espesas noches mediterráneas sobre Barcelona, con su decorado zumo de luna, con su húmedo olor de nereidas que peinasen cabellos de agua sobre las blancas espaldas. En alguna de esas noches calurosas, el hambre, la tristeza y la fuerza de mi juventud me llevaron a un delirio de sentimiento, a una necesidad física de ternura, ávida y polvorienta como la tierra quemada presintiendo la tempestad.
Aquella misma tarde había sido la fiesta de Pons.
Durante cinco días había yo intentado almacenar ilusiones para esa escapatoria de mi vida corriente. Hasta entonces me había sido fácil dar la espalda a lo que quedaba detrás, pensar en emprender una vida nueva a cada instante. Y aquel día yo había sentido como un presentimiento de otros horizontes. Algo de la ansiedad terrible que a veces me coge en la estación al oír el silbido del tren que arranca o cuando paseo por el puerto y me viene en una bocanada el olor a barcos.
Mi amigo me había telefoneado por la mañana y su voz me llenó de ternura por él. El sentimiento de ser esperada y querida me hacía despertar mil instintos de mujer; una emoción como de triunfo, un deseo de ser alabada, admirada, de sentirme como la Cenicienta del cuento, princesa por unas horas, después de un largo incógnito...
Me acordaba de un sueño que se había repetido muchas veces en mi infancia, cuando yo era una niña cetrina y delgaducha; de esas a quienes las visitas nunca alaban por lindas y para cuyos padres hay consuelos reticentes. Esas palabras que los niños, jugando al parecer absortos y ajenos a la conversación, recogen ávidamente: «Cuando crezca, seguramente tendrá un tipo bonito», «los niños dan muchas sorpresas al crecer»..."
las fotos con las que más reconozco esta ciudad las hace cohetes naranjas, sin duda,
Muy solos, en el Eixample
"Com es que no hem parlat mai de debó vosté i jo?"
La história está situada en una casa de techos altos y baldosas, típica de l´Eixample barcelonés. Los dueños del piso tienen realquiladas tres de sus habitaciones: a una profesora de francés, a un guardia de seguridad y a una joven argentina embarazada. Cada uno de ellos tienen en esa habitación toda su vida, y ninguno desea marchar, pero el dueño, un anciano al que le gusta travestirse, se lo pide en los últimos momentos de su existéncia, porque desea morir solo junto a su mujer.
La película está dividida en actos donde cada parte es una conversación entre dos personas, la dueña de la casa y su supuesto hermano ("Quan érem petits em portaves a la estació de França, te´n recordes?"), o ella y el guardia de seguridad ("La vida debería evitar los tiempos muertos, aquellos en los que no pasa nada"), o la conversación lúcida y brillante entre el dueño y la profesora de francés ("Los motivos para pasear se encuentran durante el mismo paseo"), o entre él y la joven argentina embarazada que le pide que le diga la verdad. ("¿Porqué nunca me miras a los ojos? ").
Salí del cine lleno de tristeza.
" Hace tiempo que nadie me cuenta nada interesante. La gente está demasiado ocupada como para que le pueda llegar a pasar nada interesante".
La 2 Noticias
Estoy algo obsesivo, pero bueno.
Demasiado tarde
La canción y el libro son tan tristes que, mientras duran, te parece que te hacen sentir feliz del todo.
El invierno en Lisboa,
de Antonio Muñoz Molina.
"En la Gran Vía, junto al resplandor helado de los ventanales de la Telefónica, se apartó un poco de mí para comprar tabaco en un puesto callejero. Cuando lo vi volver, alto y oscilante, las manos hundidas en los bolsillos de su gran abrigo abierto y con las solapas levantadas, entendí que había en él esa intensa sugestión de carácter que tienen siempre los portadores de una historia, como los portadores de un revólver. Pero no estoy haciendo una vana comparación literaria: él tenía una historia y guardaba un revólver. Uno de aquellos días compré un disco de Billy Swann en el que tocaba Biralbo. He dicho que soy más bien impermeable a la música. Pero en aquellas canciones había algo que me importaba mucho y que yo casi llegaba a apresar cada vez que las oía, y se me escapaba siempre. He leído un libro – lo encontré en el hotel de Biralbo, entre sus papeles y sus fotografías – donde se dice que Billy Swann fue uno de los mayores trompetistas de este siglo. En aquel disco parecía que fuera el único, que nunca hubiera tocado nadie más una trompeta en el mundo, que estaba solo con su voz y su música en medio de un desierto o de una ciudad abandonada.
De vez en cuando, en un par de canciones, se escuchaba su voz, y era la voz de un aparecido o de un muerto. Tras él sonaba muy sigilosamente el piano de Biralbo, G. Dolphin en las explicaciones de la funda. Dos de las canciones eran suyas, nombres de lugares que me parecieron al mismo tiempo nombres de mujeres: Burma, Lisboa.
Me acordé de aquella canción suya, Lisboa: cuando la oía yo lo imaginaba a él exactamente así, tendido en la habitación de un hotel, fumando muy despacio en la penumbra translúcida. Le pregunté si por fin había estado en Lisboa. Se echo a reír; dobló la almohada bajo su cabeza.
–Desde luego –dijo–. En el momento adecuado. Uno llega a los sitios cuando ya no le importan.
–¿Viste a Lucrecia allí?
–¿Cómo lo sabes? –Se incorporó del todo, aplastó el cigarrillo en el cenicero. Yo me encogí de hombros, más asombrado que él de mi adivinación.
–He oído esa canción, Lisboa. Me hizo acordarme de aquel viaje que empezasteis juntos.
–Aquel viaje –repitió–. Fue entonces cuando la compuse.
–Pero tú me dijiste que no habíais llegado a Lisboa.
–Desde luego que no. Por eso hice esa canción. ¿Tú nunca sueñas que te pierdes por una ciudad donde no has estado nunca?
Lucrecia se acodó en la barra, probó el whisky y dijo, burlándose de sí misma y de Biralbo y de lo que estaba a punto de decir y amándolo sobre todas las cosas:
–Tócala otra vez. Tócala otra vez para mí.
–Sam –dijo él, calculando la risa y la complicidad–. Samtiago Biralbo.
Era igual que perderse en el paisaje de un sueño avanzando hacia esa única luz que tiembla en la oscuridad: a la izquierda de la carretera encontró el camino del que le había hablado la mujer y el indicador del sanatorio. El camino ascendía sinuosamente entre los árboles, mal alumbrado por bajas farolas amarillas ocultas en la maleza. Recordó algo que le había dicho alguna vez Lucrecia: que llegar a Lisboa sería como llegar al fin del mundo.
Volvió a la ciudad para perderse en ella como en una de esas noches de música y bourbon que no parecía que fueran a terminar nunca. Pero ahora el invierno había ensombrecido las calles y las gaviotas volaban sobre los tejados y las estatuas a caballo como buscando refugio contra los temporales del mar. Cada temprano anochecer había un instante en que la ciudad parecía definitivamente ganada por el invierno.
Tal vez fue en Lisboa donde conoció esa temeraria y hermética felicidad que yo descubrí en él la primera noche que lo vi tocar en el Metropolitano. Recuerdo algo que me dijo una vez: que Lisboa era la patria de su alma, la única patria posibles de quienes nacen extranjeros."
Y un día...
...llegas al blog de alejandro pelayo, pero porque antes te detuviste en mara, en deseando amar, en nuria, en sin ti, en mariana, en ya se desvanece, en eres lo que pareces, en un pinchazo en el pecho, en tenerlo ahí ya para los que necesiten las canciones...
"el invierno es bueno pasarlo en los cines
afuera hace frío
con suerte llueve
dentro sueñas ríes lloras
vives otras vidas
aprendes
a veces te aburres
a veces encuentras un motivo
cosas que nos ayudan a vivir
muerte a las frases hechas
que cada uno se exprese a su manera
no necesitamos pertenecer
somos diferentes
todo está bien
eres mi vida no me gustas
déjame solo quédate a dormir
vuelve pronto no te soporto
me encanta como quieras
te llamo luego déjame en paz
llora cuando te apetezca
el corazón lo necesita
de vez en cuando
llorar aclara las dudas
relaja
libera
a veces es lo mejor que te puede pasar
no poder parar
después viene sola
la risa
después
a otra cosa
sin darle importancia"
del blog de a. pelayo

Mara
Me encanta ver a Mara por la tele, el otro día me dió un pequeño sobresalto que también Nuria hablara de ella, y unos días antes se me fué una sonrisa cuando yo mismo, camino de casa, al acabar el día, me iba preguntando ¿que blusilla llevará Mara hoy?, ¿se habrá echado a un lado el flequillo?, hoy es viernes, seguro que se deja desabrochado un botón más de la camisa... Con Mara me pasa eso que me pasa a veces, de que lo quiero saber todo de ella, todo me interesa..., y un día alguien me dice que escribió un libro "Sin mi" que luego me compro y leo en nada, busco videos en el youtube, leo sus artículos, me la imagino sola en el sofá sin nada más que hacer esa tarde, poniéndose el dvd de Deseando amar, estremeciéndose entre las costillas y el ombligo (cómo ella tan bien explica) o cenando pasta y una copa de vino mientras su acompañante baja la luz...
Mara Torres | "Hacia la música"
"El otro día un oyente me envió un correo electrónico donde me sugería para el programa la música de la película In the mood for love (Deseando amar), de Wong Kar-Wai. Yo había visto la película en el cine hace cuatro o cinco años y me gustó tanto que me compré el dvd y después, un buen amigo me regaló el cartel, que es tan bonito, y lo tengo apoyado en la pared al lado del sofá, de manera que lo veo cada vez que entro en la casa. Deseando amar es un película extraña de la que apenas tengo recuerdos nítidos sobre personajes o escenas, en cambio, recuerdo perfectamente las sensaciones que me inundaron al verla, los silencios llenos de palabras, los cuerpos encontrados sin rozarse, la seducción desde la invisibilidad. Así que ayer por la tarde me fui a comprar el disco de la banda sonora y lo he puesto justo antes de empezar a escribir estas líneas. Casi me muero de la emoción al oír el primer tema, ¡es una música que andaba buscando desde hacía tiempo! Es una música que yo había escuchado antes en el anuncio de un coche en el que una mano va acariciando muy despacio algunos cuerpos. Siempre que veía el anuncio pensaba ¿de quién será esta música que me hace disfrutar tanto? ¡Y la he encontrado! Es de Shigueru Umebayasi, compositor habitual de Wong Kar-Wai. Me siento afortunada. Creo que hoy es un día en el que he tenido mucha suerte.
Apenas sé nada de música. Sólo distingo entre la que me gusta y la que no. Entre las músicas que me conmueven, me animan, me entristecen o me alteran, y las que no. Entre las canciones que me cuentan algo y las que no. Las que me hacen estremecer y las que no. Me da completamente igual cuándo y quién las haya escrito y compuesto, si ocupan los primeros puestos en las listas de ventas o si no las conoce nadie, si están escritas en un idioma que entiendo o en una lengua que desconozco, solamente me dejo llevar por ese movimiento indescriptible que se me hace por dentro, entre las costillas y el ombligo.
Recuerdo la última vez que lloré desconsoladamente con una canción. Estaba cenando pasta y tomando una copa de vino, cuando la persona que estaba conmigo se levantó, bajó un poco la luz y puso un disco. Sonó una canción. Voz y piano. En inglés. No era capaz de distinguir si quien cantaba era un hombre o una mujer porque tenía una de esas voces ambiguas, sin género, pero dejé el tenedor sobre el plato, me aparté un poco de la mesa y me puse a llorar. Me parecía desgarradora, tristísima. Sabía que me estaban hablando del vacío, de la ausencia, del después de amar, del dolor. “El cantante es Jimmy Scott -me dijo él-. La canción Nothing compares to you.” Me extrañé. Era una canción que yo había oído cientos de veces en la versión de Sinead O´connor. ¿Por qué me parecía entonces que en ese momento la estaba escuchando por primera vez? Supongo que porque, en definitiva, en ese momento, en esa forma lenta de hablar la canción que tiene Jimmy Scott, era la primera vez que la escuchaba.
Qué duda cabe que si nuestras vidas fueran libros, los marcadores de páginas serían las canciones que nos han ido acompañando a lo largo de los años porque el poder evocador de la música es tan fuerte como el de todas las magdalenas de Combray juntas y todo su tiempo recobrado. Cuántas veces he estado en un lugar cualquiera y ha sonado una canción que me ha llevado, sin avisar, hasta una noche en un café madrileño escondido a diez años de distancia. Porque la música no me lleva donde yo espero, sino hacia donde ella quiere llevarme. Por ejemplo, yo hubiera preferido que la bso de In the mood for love me hubiera llevado a cualquiera de las escenas que tiene la película, pero no, me ha llevado, misteriosamente, hasta un anuncio de un coche. Nunca soy yo la que elige el destino del viaje, sino ella. Es así siempre.
Está acabando el disco.
Me he marchado, sin darme apenas cuenta, a los silencios llenos de palabras. A los cuerpos encontrados sin rozarse. A la seducción desde la invisibilidad."
Y una entrevista más extensa...
Insinuantes y animosas
La ficción tiene toda la culpa.
"Llegué a casa cansada, ésa es la verdad, porque entre unas cosas y otras llevaba unos cuantos kilómetros en el cuerpo, y después de tomarme dos cuencos de un gazpacho exquisito que me había dejado en la nevera la fiel Remedios, entré en el dormitorio limpio y recogido y noté que tenia la conciéncia en calma. No había ningún recado en el contestador. Me tumbé en la cama, que llevaba varias semanas siendo para mí un potro de tortura, y me puse a pensar en lo horrible que sería que Tomás me dejara. Miré el reloj; a las diez le llamaría para decirle que no habían venido los de Panasonic, pero que ya no hacía falta, que la habitación se había convertido en otra cosa, en un espacio abierto y ventilado surcado por semillas volanderas. En fin, cosas bonitas, insinuantes y animosas, lo que me saliera, que había puesto piso y le invitaba a venir. Se extrañaría, me diría que estoy loca, pero ya me las arreglaría yo para hacerlo notar cuánto le estaba echando de menos. Y saborée de antemano nuestra conversación, perfilé incluso algunas frases, aunque ya se sabe que este tipo de ensayos no valen absolutamente para nada".
Lo raro es vivir. CMG
"Lo que dolería por siempre ya se desvanece" J.D
"Me pregunto ¿como empezó?..." Deseando amar.
Ritmo lento
Yo mismo, siempre digo que en internet está todo, pero eso no acaba de ser del todo cierto. Hay un mercado muy amplio de información, todos los videos, canciones y músicas, cualquier aspecto relacionado con viajes lo puedes planificar hasta el detalle, incluso convertirlo en un sucedáneo de lo que realmente siginifca llegar a otro lugar, pararte a escuchar otras personas o tan solo andar con la incertidumbre de no saber que hay al girar la esquina. Puedes hacer la compra en un súper, en un centro comercial, hasta te puedes comprar esa ropa que te pareció tan diferente y bonita en aquella tienda de Londres, y te la traen a casa. Hay tecnología, telefonía, actualidad hasta saturarte, paraiso de freakys y gadgets. Y sin embargo, un día, no hay nada de lo que buscas si te sales del orden establecido en el que todos coincidimos. Buscaba... yo que sé, una entrevista, alguna biografía que alguien se hubiera decidido a transcribir, algo que fuera un poquito más allá de la información que hay en la wikipedia, me apetecía verla en un video para ver como vestía y movía las manos, más allá de las fotos.
Al final encontré sólamente esta grabación de una hora de hace 20 años, un repaso que se me ha hecho brevísimo de su vida y sus libros, en el que habla de su padre "Nunca me forzó a ninguna cosa, parecía que no me estaba enseñando nada", qué emoción me dió escuchar esa frase, que explicacion tan sencilla y perfecta. De encontrar a alguien que esté tan ilusionado como tú en escuchar "...si siempre pudiéramos hablar bien con toda la gente, tal y como queremos, y tuviéramos un tiempo, un plazo narrativo, una pausa para hablar y ser escuchados...". De ese ritmo lento en los paseos por las calles transversales, hablando y tomando el sol en aquel Madrid. Sus amigos Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Sastre..., que como ella misma dice "me quitaron la pedantería". Su reconocimiento de que Retahilas era el libro con el que se sentía más contenta, más ella misma (aún no había escrito Nubosidad). Su aceptación de las influéncias, Pavese, Aldecoa... Ese "deseo por mirar todo lo que pasaba a mi alrededor". O apreciar su encanto inevitable durante toda la entrevista al mirar a la cámara o al tocarse el pelo. Y acabar recitando un poema como cancioncilla "Una, dos y tres, escondite inglés..."
Nubosidad variable
Creo que soy más de Mariana.
Sofía es maravillosa, siempre tiene las palabras adecuadas, es capaz de retenerte y atarte a sus histórias y a ella misma, tiene un sentido del humor increible y es una sola decidida y valiente, sin dejar de ser un poco frágil a la vez.
Mariana es un desorden, atada a pasiones desesperadas, incapaz de conocerse ni de encontrarse, atractiva y por momentos increiblemente brillante y un rato después asustada, cariñosa y luego arisca no se deja querer, busca tan torpemente ser feliz.
----
"Cuanto te quiero Sofía! Me parece imposible que no falten más que unas horas para verte. Lo que más me admira de ti es como te montas en marcha, es que se te dice con voz desalentada ´Soy incapaz de tomar ninguna decisión. Me encantaria tenerte aquí conmigo, sería mi único consuelo´, y saltas tú ´¿A qué hora sale el primer tren? Supongo que no habrá problemas para el billete, sal a Cádiz a buscarme. Si no vuelvo a llamar es que he cogido ése, el de la noche...´ Y desde medianoche, ese mañana ya es hoy, te voy a ver hoy mismo! ¿Cómo quieres que me duerma?
...
Ahora mientras te estoy escribiendo, levanto de vez en cuando la cabeza y veo colgado el cuadro enfrente de mi. Es una acuarela 55 por 40 y se titula ´Nubes de despedida´. La tenía Manolo colgada en su estudio, nunca la había expuesto porque no quería venderla, y yo le dije muchas veces que me daban ganas de robársela, que era lo que más me gustaba de todo lo que había visto suyo. Representa unas nubes de atardecer sobre el mar, y a lo lejos un barco y una figura femenina desvaída que le dice adiós desde un acantilado, una preciosidad, ya lo verás luego. Me lo ha mandado tal como estaba allí, con el mismo marco, y hasta un poco de polvo trae. Está claro que le dió el repente de ir a su estudio antiguo, descolgarla sin más, hacer el envoltorio y salir pitando a traérmela. Todo a escondidas y en secreto, de eso no me cabe duda, como un asunto de amor que es. Manolo nunca me había visto llorar, me doy cuenta ahora, y le debió impresionar mucho verme desencajada y sin careta, aunque no supiera reaccionar de momento. Tal vez empezara a rumiar el plan cuando volvía el solo camino de Cádiz, ya con la noche encima, se tuvo que acordar de muchas cosas en ese trayecto, seguro que no ha dejado de pensar en mi desde entonces, y también ha tenido que pensar, claro, en el pretexto que le pondría a Sheila para escaparse esta tarde sin que se notara que era un caso de urgéncia lo que le apartaba de su lado. Posiblemente ella no conocerá la acuarela de la enamorada diciendo adiós ni sabría apreciarla aunque la hubiera visto, y menos todavía podría entender porqué me la regala, private bussiness, amiguita, esta história entre tu boyfriend y yo no te concierne, hoy te ha mentido, hoy no te ha dicho donde iba, sorry, estás completamente excluida de esta novela de amor con final agridulce... Dentro del paquete, pegada al marco con cinta adhesiva, había una tarjeta con esta breve leyenda ´Ya tenemos un huerto regado a medias y sólo nuestro: el de la añoranza. No me lo descuides´.
....
Me está entrando sueño, Sofía, y nos espera un día intenso. Acabo de poner el despertador a las siete, porque a y cuarto viene el taxi que me va a llevar a buscarte a Cádiz. No parezco ni hermana de la de ayer, es increible que pueda sentirme tan feliz. Pero estoy rota. Voy a ver si duermo unas horas para recibirte en forma.
Tu amiga."
Mariana.
"Nubosidad Variable"
Carmen Martín Gaite.
Vania en la calle 42
Es media tarde en 42st. Los actores van llegando al teatro, el New Amsterdam, un teatro derruido y abandonado durante años, hoy es día de ensayo de la obra completa, Tio Vania de Anton Chejov, dicen que es el texto más hermoso y desencantado que se ha escrito nunca, no hay decoración ni vestuarios, pero si una preciosa música de jazz, Vania está en una cafetería haciendo tiempo comiéndose una especie de ensaimada, Sonia y Yelena llegan juntas cogidas del brazo, contándose confidéncias, Astrov, que viene algo detrás, se une a ellas, viene con las manos en los bolsillos y una media sonrisa, se le nota contento, hay una lenceria que abre 24 horas, el profesor Serebryakov mira al cielo, amenaza lluvia, Lynn sube las escaleras del metro, Vania invita a una amiga a los ensayos, se la presenta a André, el director, Gofre ya está dentro, ensaya con la guitarra, conforme se encuentran se explican como les va la vida, Astrov ensaya tres obras a la vez, está muy cansado, Vania relata la história del teatro a sus invitados, Sonia le dice preocupada a André que se siente incómoda en el segundo acto, Yelena se quita el abrigo y va a buscar un café, la cámara va de un lado a otro, si no conoces la imágen todo sigue su curso, es Vania que se sienta de lado en un banco y cierra los ojos, pero si ya la conoces, entonces te entra un cosquilleo, Astrov le pregunta a Nanny cuanto hacen que se conocen, y en ese momento la cámara dá la vuelta por detrás de esa conversación y... y es entonces, en ese increible momento cuando la realidad se confunde con la ficción, el texto original y las relaciones personales se enredan inevitablemente, Julianne Moore está más bella y sentida que nunca, Wallace Shawn hace ese Vania histérico y derrotado que ha perdido todas sus oportunidades...
"No me ha dicho nada y sin embargo me siento contenta. No me deja ver su corazón y su alma, y aún así, soy feliz".
Hay partida
11 de junio 07, Sitges
el amor está sobrevalorado, hay amistades muy pequeñas en las que te sorprendes pensando...
"y de repente las ganas de escribir", que dice ella
"... desde entonces tu amor
tuvo una maroma:
me amabas
porque una tarde de invierno,
en lugar del cine,
te llevé a ver salir los barcos".
cristina p.r.
buena chica
un día tiré las entradas de cine, otro, enfadado, me deshice de los papeles con los que me envolvias los regalos, en un cambio de mail perdí las cuentas y el contenido, ya no recuerdo si ese libro lo compré solo un invierno o me lo regalaste aquella tarde en que fuimos al cine e hicimos el amor, creo que ya ni siquiera escucho aquella canción ni me gusta aquel artista, me dejó de hacer daño pasear por barcelona y también coger un avión a madrid, un día caminando por ahí pensé que tampoco eras tan maravillosa e incluso llegué a dudar de que tuvieras las tetas tan bonitas, lo pensé por despecho o por dolor, pero también luego me quedé con alguna foto con tu letra en la parte de atrás, las tarjetas de los restaurantes que a veces me firmabas cuando eras algo parecido a mi chica, aunque nunca lo fuiste del todo, los papelitos, aunque a algunos ya no se les aprecia la tinta, las prenditas de ropa que siempre te pedía, un tejano roto azul lois que a los dos nos venía bien, y el olor a vainilla y las cartas de madrid con las que creí que por fin!, aunque no te llamaras ana, los hoteles de noche y aquella casa tuya cerca de la estación del tren, o hasta hoy cuando después de ducharme puse música muy alto antes de que sonara el teléfono mientras ordenaba tarjetitas, y aunque me acuerdo de todo te mezclo con otras sin saber si eres tú de quien estoy hablando... el salón - carmelitas - salero - és - santutxo - bliss - limbo - zoo café en escudellers - tinta roja - la lluna en santa anna - oolong - bodega sepúlveda - lucio - café de l´academia - kasparo - santa maria - taxidermista - yashima - granja elena - yamadori - lupino - mamacafé - ra - windsor...
"Ella quería algo y después no lo quería"
Marta Pérez Martín.
Una piedra roja, una azul, una amarilla.
papabubble
del armario saco una camiseta azul, por la puerta salgo a la calle a andar un rato y que me dé el sol, en el autobús que sustituye al metro pienso en lo de "cuando vas a venir otra vez por aquí...", si me siento fuera y pido algo caliente de beber?, aunque sea verano, en la tienda miro de lejos las estanterias, elijo "dos en la carretera", estaba a un lado de mil títulos de ciencia ficción, y si es sábado espero mirando al teléfono que alguien se acuerde de mi y me quiera ver, pienso en ayer, en antesdeayer, en hace un año, junto las palabras porque, aunque no sé, quiero escribir un post, busco una foto bonita de la ciudad que evoque algo, miro a una chica con flequillo que se sube el sujetador, me imagino que te estoy diciendo que sales en aquella canción, que en septiembre empieza algo y si me dices un nombre yo ya dije mercuriana, que en octubre avería y redención, pasar el día fuera de casa, comprar un bote de cristal de caramelos papabubble en un taller de cuento, perfumarme como si fuera una chica, esperar de mi que lo que está dentro cada día esté mejor
La luna debajo del brazo
Verano
He quedado con M. De repente quería celebrar una cosa pequeña (y no hacerlo solo, como tantas otras veces). A media mañana le llamo "hola soy e... vas a hacer algo hoy... aunque ya me imagino que si... bueno solo era por si tenías un rato...". Corren tiempos de gente superocupada. Llega dos horas más tarde, de verano: el pelo recogido en dos coletas, la cara lavada, huele a champú, y tiene ojeras de colores: rojo, verde y amarillo. Buscamos un lugar para comer al sol, viendo la gente pasar, en el Ra, un plato de pasta y una cerveza, detrás de un mercado, con muchísima calor, final de julio, lleno de extranjeros. Al acabar buscamos un sitio de helados. Bajamos hasta el rompeolas y nos sentamos en las escaleras de piedra, al pie del mar, del mar sucio del puerto de Barcelona, hay un barco de pasajeros enorme al fondo y las golondrinas han cambiado, ya no son como eran. Reimos un momento mientras contamos el número total de calorias de dos bolas de helado de vainilla, y la cantidad de cosas que tendremos que hacer en los sucesivos días para que no se queden ahí, para siempre...
Suena el teléfono, un amigo que le gusta el cine de verdad, no como a mi, me envia un mensaje:
"... era mayor, creo que hoy ya todos, se fué Ingmar Berman, el verano siempre se lleva algo..."
Se lo digo a M. Dice que nunca ha visto una película de Berman. Yo le digo que tampoco he visto nunca una peli suya. Pero nos dá pena. M. dice que como homenaje las podemos ver todas este verano. Es una idea buenísima. El verano siempre se lleva algo.
ayer, bikini...
Ana
"Caótica Ana es una historia contra la tragedia, conducida por la fuerza del optimismo y la necesidad de Ana de ser feliz" Julio Médem.
El 24 de agosto.