El día de primavera
Hoy he trabajado en una empresa donde no había estado antes. A las 10 me he ido a desayunar y no he vuelto hasta una hora y media más tarde!,... Al salir a la calle no me esperaba el dia de primavera, después del frio de los últimos dias. He empezado a caminar por un pasaje en cuesta donde se veía Barcelona al fondo y me daba un sol caliente y maravilloso todo el rato, y sin chaqueta me he puesto a pensar y he hecho planes, y no he sentido miedo, y sonaban canciones, y sonreia solo, como un tonto, y ha pasado hora y media y me ha dado igual, porque ya los hay dias feos, y sentía que la sangre me hervía y el olor era dulce, y de repente todo iba como tiene que ir, y todo era despacio, y nada era breve, y las luces se han encendido, estoy seguro,...
"Camino por el paseo de Gracia en una hinchada mañana de primavera. Ayer el viento barrió el polvo de la atmósfera y el aire está especialmente diáfano. El sol lo atravesaria casi sin tocarlo si no fuera porque la brisa que viene del mar ahueca e infla un poco esa refracción. Los colores tienen una turgéncia inigualable y selecta que se contagia, por un curioso mecanismo del cerebro, a los olores. No conozco nada más prometedor que la sensación de recibir un mes de mayo en las Ramblas de Barcelona. El aire gira a azules y hace ignición el primer amarillo de las farolas, me baño en aire caliente y húmedo, expando los pulmones y aspiro esa vida que veranea..." Sabino Méndez, capítulo La canción que hay que cantar de vez en cuando.
"La sonrisa es la única cosa que no te puedes dejar en casa. Piensa que hay muchos tipos que pueden hacer lo que tú haces, y tal vez, lo hagan mejor, muchos de ellos; pero si consigues que tu sonrisa sea la más luminosa, siempre contarán contigo" Joseph Grimaldi, Consejos desde detrás de una carpa.
"Y lo que abrevien las distáncias, lo engrandezca mi memória"
Nueve. Bunbury
Olvídate de mi
Clementine.- Voy a casarme contigo. Lo sé.
Joel.- (desconcertado) Vale
Clementine.- Deberías ir al rio Charles conmigo algún dia. En ésta epoca del año está helado.
Joel.- Me dá un poco de miedo
Clementine.- Prepararé un picnic, un picnic nocturno, los nocturnos son diferentes, podriamos...
Joel.- Me parece bien... pero,... pero ahora deberia irme
Clementine.- Deberias quedarte.
Joel.- No..., en serio, tengo que levantarme muy temprano, y...
Clementine.- Me gustaria que me llamaras. ¿Lo harás?. Me gustaría.
Joel.- Si.
Clementine.- (asomándose a la ventana) !Deseamé un feliz dia de San Valentín cuando me llames!!!. Sería muy agradable.
(Joel llega a casa, coge el teléfono, marca el número de Clementine...)
Clementine.- (nada más descolgar) ¿Porqué has tardado tanto?
Joel.- Acabo de llegar.
Clementine.- Ya. ¿Me echas de menos?. ¿Quieres volver a verme?
Joel.- Es raro, pero si quiero.
Clementine.- Has dicho si quiero, supongo que significa que estamos casados.
Joel.- Supongo
Clementine.- Quedamos... ¿Mañana por la noche? ¿Luna de miel sobre hielo?

La história de Mari
Conocimos a Mari un dia de Sant Jordi. La conocimos Carlitos y yo a la vez, en una parada de las Ramblas donde Carlitos firmaba el Escritos que nunca me leerás. Mari paseaba con Txell buscando libros, y se detuvo frente a nosotros, cogió el libro, lo hojeó, y Carlitos y yo nos miramos de esa forma que nos miramos cuando los dos pensamos en lo mismo. Luego vino todo muy poco a poco, pero rodado, Carlos le explicó que él era el autor, que estaba basado en su experiéncia de acomodador en los cines Icaria, que podía ir cuando quisiera, que estaba invitada , que dentro del libro aparecía su e-mail por si no le gustaba podía reclamar (o simplemente escribirle, claro), en fin, Carlitos desprendió todo su encanto, y es que, realmente, no era para menos.
Mari no compró el libro a la primera, dijo que seguiría mirando y que si no encontraba otro que le gustara más volvería, tardó en volver unos minutos donde Carlitos y yo pudimos dar rienda suela a nuestros instintos: ¿has visto?, ¿te has fijado?, ¿tú crees que volverá? (bueno, no sé si exactamente con éstas palabras), volvió, lo compró, regresó a Sabadell, y leyó el prólogo la primera noche, y esa primera noche dijo que no quería leer más, que hacerlo sería como traicionarme, luego leyó todos los capítulos, y le hizo a Carlos un montón de "reclamaciones" por mail.
Era la época donde Carlitos y yo sólo pensábamos en hacer cosas inverosímiles: escribir un libro, presentarlo en el Fnac, firmarlo en las Ramblas, acostarnos con las lectoras (bueno, ésto último es una metáfora),... por eso, un día decidimos presentarnos en Sabadell, Carlos quería conocer más a Mari, y yo quería volver a ver los labios de Mari (ay no, quería dar apoyo moral a mi amigo), ellos se habían estado escribiendo todo éste tiempo pero no se habían vuelto a ver,...
Cogimos el ferrocarril y nos presentamos en Sabadell, Carlos avisó a Mari la noche anterior, por mail y de madrugada (así no había posibilidad que nos dijera que no a tiempo). Al llegar a Sabadell, Mari aún no nos había respondido, ¿le parecería bien?, ¿mal?, ¿no querría ni vernos?. La verdad es que no quería ni vernos. Haciendo tiempo pasamos la mañana desayunando, ideando el plan de ataque y yendo a los sitios donde solía ir Mari (un bar llamado Kafka, un parque con vistas a la luna, la zona de lenceria de una tienda de ropa, la zona de lencería de una tienda de lencería,… en fin, todos aquellos sitios donde puede estar una chica joven un sábado por la mañana).
Mari nos respondió a media mañana, nos dio una dirección y nos dijo que estuviéramos allí a las 14:30h. La dirección era un local de Telepizza, donde ella trabajaba. Al entrar nos recibió una camarera simpatiquísima, y nos hizo sentarnos en la única mesa que había, con un mantel blanco de papel, con velas de colores, con nuestros nombres en papelitos, y con una notita para cada uno. Estábamos invitados a todo lo que quisiéramos, Carlitos estaba muy nervioso y apenas comió nada. Durante todo el rato Mari nos estuvo observando a través del cristal, desde su coche, que tenía aparcado en la otra parte de la calle. Ella lo preparó todo y a nosotros nos parecía estar dentro de un cuento.
Más adelante las cosas se normalizaron. Carlitos y Mari pudieron quedar tranquilamente sin mi, y cuando ya pasó un tiempo, pude empezar a conocerla y descubrir que dormía en una gran cama azul, que le encantan los baños de espuma, que no hay dia que se vaya a dormir antes de las 3 de la madrugada, que el objeto que le gustaría de mayor tener en su habitación es un panel transparente para cambiarse de ropa, que le gustan los dias frios y lluviosos, que le encanta dar paseos sola a medianoche y hacer amigos entre los mendigos o con un tio que tocaba un instrumento rarísimo, que tiene una amiga que le corta el pelo y le regala esas faldas larguísimas hasta los pies que tan bien le quedan, que tenía un amigo en un frankfurt que siempre me cayó mal, que un dia se peleó con su novio y se plantó en su casa toda de negro, con los labios pintados de rojo y un girasol enorme en la mano para pedirle perdón, que tiene grabado con su voz un mensaje en el despertador que dice “Marikilla despiertaaaaaa, Marikilla que te levantesssssss”, que los obreros que había enfrente del balcón de su casa no hacian más que echarla piropos, qué un dia nos fuimos sin pagar de la heladería del Maremágnum y nos pillaron, o que una noche celebramos su cumpleaños en aquel restaurante que nos gusta tanto y al que vamos tan poco, y estábamos los dos tan contentos, y no sé si era el vino o que era, o la tarde que sentados en la muralla de la Catedral te leí aquel libro que te gustó tanto, o cuando se pararon aquellos dos amigos mios que no me hicieron ni caso y que estaban más pendientes de ti que de mi, o aquella tarde fea en aquella terraza detrás de la Boqueria donde fué menos fea cuando me regalaste el libro de Mafalda, o el concierto de Ismael Serrano en Hospitalet, aunque creo que ese dia nos pasaba algo a los dos, o aquel dia que paseando encontraste aquel abrigo chulísimo en aquella tienda tan moderna en el Born y que te insistí en que te compraras, que solo quedaba uno y era una oferta buenísima, o los paseos aquellas tardes de Navidad donde me decías que la Navidad era fea y que cuando la quitaban, o la llamada que me hiciste aquel fin de año, después de las uvas, en el que los dos éramos incapaces de celebrar esos dias como lo hace todo el mundo, o todas las conversaciones, las alegres y las tristes, o todas las cosas, las que forman tu história, o por lo menos, por lo menos, la parte de la história donde salimos Carlitos y yo.
A Mari.
[Gracias por la sorpresa,... no estoy acostumbrado a tener muchas, y pensé que te debía la história]
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La chica del puente
Un puente de París de noche. Una chica se inclina sobre el Sena con los ojos empañados en lágrimas y un ansia enorme de ahogar sus penas. "Pareces una chica a punto de cometer un error", pronuncia una voz por detrás.
Alguien, salido de la nada, se preocupa por ella. Es Gabor, un lanzador de cuchillos que necesita una diana humana para su espectáculo.
La chica, Adèle, que nunca ha tenido suerte y no tiene donde ir, se va con él. Su huida juntos la llenan de amor, erotismo y, sobre todo, de esperanza.
"No puedo darte todos mis sueños, pero estás en todos ellos…"