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Sencilla alegria



Ariadna es una chica de 33 años que acaban de despedir de su trabajo en la fábrica de hilos sintéticos, y que siente que lo ha perdido todo. Al salir de la fábrica y empezar a sentirse mal se adentra en el bosque que hay en la periferia de su ciudad, justo donde terminan los bloques de hormigón. Ese bosque se convierte es una especie de laberinto del que busca el centro para así poder salir, y donde, mientras tanto, se va encontrando una serie de personajes con los que se sienta a entablar conversación. Dos de esas conversaciones me han importado un poco más, quien no se ha sentido "desgraciado" al salir de tomar un café, o quien no ha pensado que eso que parecía tan malo te llevó a un lugar mejor...


"- Hace tiempo que mis padres murieron. Nunca tuve amigos, porque me cuesta relacionarme con las personas. Siempre pensé que lo que yo pudiera decir no interesaba a nadie. Sólo tenía un pequeño apartamento que pagaba con mi sueldo en una fábrica de hilos sintéticos. Al principio todo iba bien. Llegaba puntual, trabajaba mis horas, regresaba a casa. Cada día lo mismo. Pero un día empecé a soñar en una vida diferente: para empezar , imaginé que no vivía en aquella fea ciudad industrial, sino en un bonito jardín como éste...

- ¿Lo ves? dijo el anciano con placidez. Al proyectar tus sueños empezaste a construirlos.

- Bueno, el caso es que soñaba y soñaba cada vez más. Hasta que llegó un momento que no prestaba atención a las máquinas y los hilos sintéticos se me enredaban. Eso me sucedió al menos un par de veces. A la tercera me despidieron.

- ¿No te das cuenta? Una parte de ti que aún no conoces hizo que te equivocaras deliberadamente para que pudieras salir de la fábrica y llegar hasta donde habías soñado. A este jardín donde yo te estaba esperando.

....

Le dijo el camarero a Ariadna,

- He calculado que el contacto de un camarero con cada cliente que pide un café no supera de media un minuto escaso. Es el tiempo que suman el saludo y la pregunta "¿Qué desea tomar?", lo que te pide el cliente, cuando pones la taza sobre la mesa, la hora de pasar la cuenta y la despedida cuando se marcha. Son muchos momentos diferentes, pero el verdadero contacto entre el camarero y el cliente no supera en conjunto el minuto.

- ¿Y qué significa eso?

- Significa que es una oportunidad. Independientemente de la calidad del café, en ese minuto el camarero tiene ante sí tres opciones, o mejor dicho, tres posibles resultados que dependen de su actitud. En ese minuto puedes conseguir que la persona se marche peor de lo que ha llegado si eres grosero. O bien puede irse igual que ha venido si lo tratas con indiferencia. Pero también tienes la oportunidad de que salga del café mejor de lo que ha entrado si le regalas un poco de amabilidad. Todos tenemos cada día decenas de pequeños y grandes contactos con los demás. Nuestro reto es conseguir el tercer resultado: que su vida sea un poco mejor después de estar con nosotros."

El laberinto de la felicidad,
Alex Rovira y Francesc Miralles.
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