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Sus brazos de niña

"En mi pueblo había pocos niños, un maestro, un cura y una escuela donde hacía mucho frío. Yo tenía dos amigos: mi primo, que se había caído por la ventana de pequeño y se había quedado cojo y algo tonto, y Toni.

Toni era dos años más joven que yo. Se vestía con la ropa vieja de su hermano que la hacía parecer un pingajo. Tenía los ojos de diferente color, como si perteneciesen a dos personas distintas. Recuerdo que se comía las uñas hasta hacerse sangre y que me tomaba de la mano cuando corríamos por el prado de vuelta a casa.

Compartíamos pupitre en la escuela y ella me pasaba mensajes con caras de princesas y de perros y con serpientes que se enroscaban alrededor de los cuellos de las princesas ahogadas. Dibujaba muy bien.

En verano, nos gustaba bañarnos en el río y pescar truchas con la caña de su padre. Una vez pescamos una.

Recuerdo que nos sentábamos escondidos en el fondo de la iglesia y escuchábamos los rezos del rosario de los viernes. El cura se levantaba y el cohorte de viejas respondía. Yo llevaba siempre en el bolsillo un par de grillos.

Recuerdo un día de Corpus en que rezamos arrodillados codo con codo, el pange lingua. Sus brazos de niña tocaban los míos: "Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariéncias. A ti se somete mi corazón por completo y se rinde completamente al contemplarte"

Blanca Riestra,
Todo lleva su tiempo.
No