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La invasión de los ultracuerpos
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Libreme Dios (Aunque el no me libra mucho, la verdad; por lo visto, le caigo bastante mal) de comparar a los manifestantes del 18-J con vainas vegetales invasoras llegadas del espacio exterior. Pero es que, según iba bajando la calle Hortaleza el sábado a eso de las 6 menos algo, cada vez me iba sintiendo más como Donald Sutherland en la peli: MIraba a un lado y a otro con cara de sospecha, no sabiendo si los que me cruzaba eran amigos o enemigos, si en algún momento un grupo de ellos iba a poner los ojos como platos y empezar a ulular mientras señalaban en mi dirección y me perseguían...

Quizás tenía que haber sido más discreto, haber intentado parecerme a ellos. De veras que hice un esfuerzo por contener mis impulsos promiscuos zoofilos habituales de todo gay y no andar por ahí follandome a todo quisque, incluyendo a una cabra, a el dueño de la cabra, a la madre del dueño, a un pequeño cabritillo inocente y (la mayor perversión de todas) a Federico Trillo. Me costó, pero lo conseguí. Lo que pasa es que tampoco llevaba un polo con solapas de la bandera de España o iba de la mano de un niño deshidratado, así que estaba bastante aterrorizado. Y la cosa se puso peor.

Se puede decir: "¿Y si vas para sufrir, hijo mío, para qué vas?". Y además, con toda la razón del Mundo. Lo confieso: soy un morboso. Sentía la necesidad intestinal de verle la cara a esa gente que, por ejemplo, había venido exprofeso desde Murcia, que hermosa eres, tragándose cuatro horas en un autobús y un bocadillo de chorizo rancio, casi frito por los treinta grados a la sombre, solo para venir a Madrid una tarde a merio asfixiarse al solanero y desgañitarse contra los maricones... quiero decir, a favor de la familia.

La realidad superó con mucho mi morbo, y era aún más aterradora. Y es que ellos eran, efectivamente, ultracuerpos. Esto es, son como nosotros. "Gente normal" y eso. No tienen cuernos, ni uniforme militar, ni sueltan espumarajos por la boca poseídos por el espíritu de Jaime Campany, cual niña del exorcista... No, tú los ves por la calle o cualquier día comprando en el idem y nunca dirías que bajo esa pacífica y cantarina fachada se encuentra un homófobo que está dispuesto a asarse vivo solo para poder recordarte que tú eres diferente a él, diferente inferior, claro. Están en nosotros. Como los ultracuerpos.

Así, a simple vista, hay que decirlo: había mucha gente. Mucha. Teniendo en cuenta que el otro día a Rajoy le pareció que la de la ATV era la mayor manifa de la historia de la democracia, ésta seguramente sería la mayor manifestación de la historia intergaláctica y habrá que llamar a George Lucas para que nos de los datos definitivos. En realidad, yo creo que eran unos 300.000, o 400.000. Aún así, es muchísima gente.

ÚLTIMA HORA, INTERUMPIMOS LA PROGRAMACIÓN HABITUAL: La botella acaba de decir que el 18-J fue "Quizás la mayor manifestación de la historia de la democracia". La sorpresa es que para ella también la democracia en este país empezara cuando dejó la faena su Chemari.

La verdad es que, a simple vista, no parecía muy claro porque se estaba manifestando el personal. Con tanta bandera de España, uno podía pensar que se había ganado un Campeonato Mundial de padel o algo parecido. En un moemnto dado, seguramente a causa de una leve insolación vespertina o la concentración excesiva de odio acumulado en la zona, y a juzgar por como estaban las cabezas, me pareció que aquella era en realidad una manifa a favor del tinte pal pelo, preferiblemente rubio... las chicas mozas parecían gritar "¡FAR-MA-TIN, FAR-MA-TIN!"... Pero no, hablaban de la familia. Lástima, porque soy gran fan del tinte y en ese caso no me hubiera importado unirme.

Ya más de cerca, no había duda de lo que se hablaba y lo que se decía. Una gran bandera española de por los menos veinte metros llevaba escrito en negra y letras enormes "NADA SIN DIOS". Dos chicos llevaban camisetas negras con el lema "Por favor, que cierren ya el armario". En general, los lemas y pancartas se dividían en 3 tipos:

1. Los de "Sí, ¿Y qué?". Esto es, los de "La familia sí importa", "Viva la familia", "La familia mola". Pues eso... Sí, ¿Y qué? ¿Quién ha dicho lo contrario?

2. Los homófobos: Vease el señor de la boina y la oveja, los de "no quiero que mi padre se llamen Fernando y Paco" (Como dijo Javi, a lo mejor preferían que se llamaran Borja Mari y Pocholo), y la increible ocurrencia de que el matrimonio es una propiedad y que hay que echar a los okupas. El problema en ese caso sería, claro, que si el matrimonio es una propiedad, el alquiler lo estamos pagando todos... pero bueno, esa es otra historia.

3. Los de "¿eeeehhhhh?": Vease el señor que dice que España es de María, no de la masonería. ¡A mi la legión! O los de "La verdad te hará libre" (¿Bueno señora, pero su verdad o la mía?).

Nos fuimos enseguida. Estábamos agobiados, y un poco acojonados (No ayudó nada el grupo de neonzais auténticos con lo que nos cruzamos, cabeza rapada y complementos varios incluidos). Intentábamos subir a la mani de Carlinhos Brown pero había mucha gente en Cibeles y era casi imposible torcer la esquina; Así que estábamos atrapados, rodeados de ellos. Sin podernos mover.

Yo me fijaba sobre todo en los niños(la pederastía y los gays, ya se sabe). Los que repetían las consignas que gritaban sus padres, sin saber muy bien lo que estaban diciendo. Con música y todo. Era como un remake veraniego de "el pueblo de los malditos", todos los niños monos y estupendos lanzando consignas de odio al otro, al raro, al diferente. Vamos, que a los niños los dejan solos y aquello se convierte en "El señor de las moscas" (cojoneras) en un plis plas. Y que ironía. Unos señores enseñando intolerancia y homofobia a sus hijos, mientras protestaban contra el derecho a educar de otros. Toma ya.

Sería el calor, la falta de líquidos, o lo que fuera, pero creo que los cuatro que eramos nos empezabamos a sentir bastante mal, con ciertas nauseas. O a lo mejor sería miedo. Miedo de que se giraran contra nosotros en cualquier momento y nos señalaran con el dedo mientras gritaban al identificar sentimientos en los demás. Porque eso es la homofobía: la falta de sentimiento, de empatía, de comprensión al otro. Estaba todo lleno de ultracuerpos, pero conseguimos escapar.
 
El ataque de los clones
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Bramaban los altavoces de la COPE: "Las calles adyacentes rebosan". Esta es Gran Vía, tomada desde el cruce con Alcalá.

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Si señor, el matrimonio es mío. Y la calle también.

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Merchandising del PP, uy perdón, digo de España. El simpático tendero lleva su gorra de España, uy perdón, digo del PP.

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En esta pancarta, un hombre (con boina) y una oveja se quieren casar... "¿Esto también es matrimonio?"
Momento histórico: es la primera vez que se ve a un burro sosteniendo una pancarta contra los derechos de los animales.

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Una mani completamente civil... no religiosa. Eso dicen los de la COPE.

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... Y la culpa de todo la tienen... ¿Los gays? ¿ZP? ¿El Papa, por flojo? ¿Rajoy, por no venir? No... ¡La culpa la tienen los masones!

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Los niños, felices y contentos. Es de suponer que algunos curas, más todavía.
 
Las afotos 3
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Central Park. Muy Central, muy Park, y la leche de bonito.

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Marcha contra el SIDA en Central Park. Como no es España, la poli y la organización estaban de acuerdo: hubo tropecientas mil personas, lo menos.

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Anthony. Está loco. Y boca abajo.
 
las afotos 2

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Postes, palmeras, coches y calles vacías: Una foto representativa de LA.

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La Filmoteca Angelina, más bonita que la madrileña y un rato más kitsch.

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Las huellas del Pato Donald, la única celebridad auténtica de todo Hollywood Boulevard.

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Momento recordatorio. No sé por qué estaba allí, en medio de la nada de West Hollywood... pero mola.
 
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El misterioso C., paseando por un bonito parque cerca de casa.

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No es Blade Runner, aunque lo parezca. Es Times Square en una noche lluviosa.

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