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Es duro ser verde
Verde que te quiero verde
Sindicación
 
Consejos para guionistas
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Sí, escribir sin faltas de ortografía es importante. Sí, hay que saber colocar los puntos de giro. Por supuesto, cada personaje debe hablar acorde con lo que es, y todos deben tener una motivación, y... Todo eso. Pero hay un consejo sin el cual un guionista de bien no debería poder vivir:

- Nunca, nunca, NUNCA, llames a un personaje episódico BLANCA.

Hala. Tal como suena...

¿Por qué? Porque, por cualquier motivo (por ejemplo, que conviene más que sea chico) puede que tengas que sustituir ese nombre por otro (por ejemplo, Guillermo) y después de que Word haga la sustitución de rigor(por ejemplo, 70 veces) darte cuenta de que en tu guión aparecen bonitas frases como "La pared era muy Guillermo" o "Que piel más Guillermo tienes". Por ejemplo.

Le puede pasar a cualquiera. Por ejemplo, a mí. Y ahora, si me disculpais, tengo un largo texto que corregir.
 
Filosofías de vida

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Cuando yo estaba en 8ª de EGB, un día entró la profesora de lengua a clase y dijo: "Hoy no abrais el libro que no hace falta. Hoy vamos a escribir todos una redacción". Se hizo un silencio sepulcral: estabamos estupefactos. O más bien flipados, porque en aquella época seguramente no conocíamos palabras de más de 4 sílabas.

Pero lo mejor estaba por llegar. Nos repartió folios, se aseguró de que todos teníamos bolígrafos y ya con todo preparado, pronunció en voz alta el tema de la redacción:

"La vida"

En realidad, viniendo de Doña Lali, no nos sorprendió tanto; y no, no era porque fuera normal tener un trauma con ese nombre. Es que solo habían pasado unos días desde que una ex-alumna del colegio a la que nosotros no habíamos conocido se suicidara, tirándose por el balcón de su casa. Todos los que la habían tratado estaban muy afectados, y con razón... pero, egoistamente, no servía de mucho consuelo cuando te tenías que enfrentar a una hoja en blanco que había que llenar hablando de "la vida". Un marrón, vamos. Después llegaría Forrest Gump para decir que era como una caja de bombones y todo resuelto, pero en aquellos principios de los 90 aún no habíamos conocido a ese nuestro futuro gurú.

Acabamos la redacción. Prometo que no tengo ni idea de lo que escribí, y ahora me da mucha curiosidad; más aún cuando, sinceramente, si ahora me viera en la misma situación seguiría sin tener ni pajolera idea de lo que decir.

Pero eso no fue todo. Al día siguiente, Doña Lali llegó con una hoja escrita y cara de determinación. Nunca antes una clase deseó tanto que la profesora dijera "abrid el libro"... así que, por supuesto, no lo dijo. En su lugar, soltó: "Vamos a hacer un debate". Sí, un debate. Dividiríamos la clase en dos: los que creían que la vida merecía la pena, y los que no. Está visto que Forrest Gump aún no había llegado, pero "Moros y cristianos" sí... solo que a nadie en la tele se le ha ocurrido todavía un debate tan demencial. Creo.

En realidad, esta historia no va sobre Doña Lali o el debate, que no recuerdo y debió de ser infumable; pero hay algo que sí recuerdo muy bien. En un momento dado, le pedi a la profesora que me enseñara el folio que llevaba: resultó que había cogido la frase más siginificativa de las redacciones de todos los alumnos para poder dividirnos en los dos grupos. Solo recuerdo una frase, la frase de Ignacio López.

Aclaración: Ignacio López no era conocido precisamente por sus muchas luces. Pero nada podía prepararme para esa frase, que nunca olvidaré, y que al parecer resumía de forma concisa y brillante toda su filosofía vital:

"La vida es un asco, sobre todo si no te gusta estudiar"

No sé por qué se me quedó tanto. Por su contundencia, quizás. O por su amplitud de miras. O porque ya entonces, con 13 años y sin tener las cosas muy claras, a pesar de todo esa frase me hizo reflexionar, y me dije a mí mismo: "Este tío es gilipollas"

En realidad, está historia tampoco va de Ignacio López, sino de "Remake", la nueva película de uno de los directores de "Smoking room", Roger Gual. No, él no es gilipollas, ni mucho menos. Más bien es todo lo contrario, un tipo con mucho talento. Pero en general casi todos, y en particular uno de los personajes de "Remake", se podrían apuntar a esa filosofía del "la vida-es-un-asquismo".

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No me acuerdo del nombre de ese personaje tan "asquista", ni siquiera sé como se llama el actor. De lo que estoy seguro es de que si él en la vida real no es así, hay que darle un Oscar; y si resulta que en realidad sí está haciendo de él mismo, hay que matarle. Con dolor. El zagal, hijo de Juan Diego en la película, es el típico que se queja de ser un incomprendido, él que es incapaz de relacionarse con la gente por qué siempre está haciendo bromas sin gracia, el que dice que el mundo es un asco, el que le echa la culpa a los demás de todo lo (malo) que le pasa y al que le gusta tocar los cojones con supuestas gracias hirientes. Una joya, vamos. Su momento cumbre en la peli es hablar de un "proyecto" de ciencia-ficción que tiene, llamado "Ocho extraterrestres y medio", de desarrollo delirante y cuyo mensaje final se encarga de dejar claro él mismo: "Todo en la galaxia es una mierda".

Él es el peor, pero el resto de personajes son también un poco así: gente tristona, sin mucha perspectiva y sobre todo derrotados, muy derrotados... Aunque también están los optimistas, que bien por cabezas huecas o por ilusos irritantes, salen aún peor parados que los anteriores. Moraleja: la derrota mola, el mundo capitalista de hoy da asquito, ¿y que puede hacer uno si no decir que todo apesta?

Y es que ellos en los 70 molaban, cuando eran hippies, pero ahora, reunidos en la misma casa tropecientos años después y con sus hijos de compañía (¿quien se lleva a sus hijos, que ya tienen pelos en los huevos como se puede comprobar en un momento erótico festivo, para pasar un fin de semana en el campo, aunque sea en plan revival?), lo único que pueden hacer es tirarse los trastos a la cabeza, darse la bofetada de rigor que siempre acaba con una escena dramática en casos así, y discutir sobre lo malos padres, hijos, y ex-hippies que son. A veces se pasan de dramáticos, pero hay que entenderles: convivir todo un fin de semana con los labios de Silvia Munt no tiene que ser fácil.


Que no se me malinterprete: la peli está bien. Todos los actores estupendos y sus dialogos ingeniosos y tal... Hay momentos graciosos, en los que no se toman demasiado en serio a sí mismos: y el director-guionista parece no hacerlo en casi ningún momento... pero aún así, los personajes me seguían cayendo mal. Muy mal. ¿Será que he interiorizado esas teorías Sydfilianas de que un personaje debe ser activo y querer algo o si no ni es personaje ni es na? Puede. Pero confieso que también me pasa en la vida, que esa gente que justifica todo con ese "la vida es una mierda" me cae un poco como el culo. Me suena a excusa de tomo y lomo, a un "no es culpa mía si al mundo lo han dibujado así", " a "No me muevo, pero no por ser vago, sino por una postura moral y ética ante la vida. Y que he vivido mucho, coñe"

Por supuesto que hay gente cuya vida es un asco, claro, por muchos y muy serios motivos; pero este grupo de ex-hippies con cargo de conciencia y sus mendrugos de hijos no forman parte de ese club, ni mucho menos. Ellos son miembros de otro: de ese que usa el pesimismo como postura chic para justificar todo lo malo que les pasa. O sea, que su vida es una mierda, pero apenas una cagarruta al lado de la boñiga de vaca enriquecida que es la sociedad. A mí, que conste, me encanta justificarme, pero hay que ser un poco creativo y con más sentido del humor, joer.

Si no, uno acabará como Ignacio López. Que no se como acabó, por cierto, pero me lo imagino: muy probablemente quejándose de que las mujeres son todas unas guarras, los jefes unos pesaos, los compañeros unos trepas, las oposiciones están todas amañadas, la tele es una basura, ya no hacen cine como antes, los críos de hoy no saben ná, todos los políticos mienten, y no se puede fiar uno de nadie. Moraleja: La vida es un asco, sobre todo si eres un poco capullo.







 
Salir del armario

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La primera vez que lo dije, me quedé fenomenal. El gran secreto estaba ahí fuera, daban ganas de gritarlo por los tejados. Pero eso no lo ha hecho más fácil, y cada vez que tengo que hablar de "ello" se me siguen poniendo los pelos como escarpias.

Ejemplo: El otro día. Al descolgar el teléfono tras recibir una llamada, sonó una dulce y armoniosa voz. Como no podía ser de otra forma siendo dulce y armoniosa, quería algo, en este caso que me hiciera una tarjeta de crédito de unos grandes almacenes. Bastante innecesario, supongo, pero mi respuesta estuvo claramente influenciada por uno de los mantras que mi madre repitió, en plan Mister Miyagui, muchas veces durante mi infancia, : "Si es gratis, sí".

La amable teleoperadora comenzó a preguntarme los datos, y todo iba bien (me sabía todas las respuestas) hasta que llegó este momento:

Teleoperadora: ¿Profesión?
Yo, tras un embarazoso silencio: Eeeeehhh... pues trabajo en una productora.
Teleoperadora: Ah. ¿Categoría profesional?

(Aquí iba a responder "poca", pero aún me queda dignidad)

Yo: Pues, estoooooooo... soy guionista.
Teleoperadora: Ah.

Me costó mucho decirlo, y sentí un gran alivio cuando ella no me devolvió la palabra maldita, con interrogaciones, en plan "¿Guionista?", como si le estuviera hablando de unicornios tomando café con papá noel en el triángulo de las Bermudas. Y tampoco me colgó ni nada.

Y aquí es cuando tengo que confesar que salir del armario como guionista me resulta bastante jodido. Y no sé por qué: se supone que ser guionista es bueno... por lo menos hasta que dices a alguien en qué has trabajado y a) No lo conocen; b) Lo conocen y les parece una mierda; c) Lo conocen, les encanta y quieren saber todo sobre el asunto, martilleando con preguntas sin fin sobre cosas como "es más alto que en la tele, ¿no?" o d) No lo conocen pero igual les parece una mierda porque todo lo español, lo que ponen por la tele, y especialmente lo español que ponen por la tele, es una mierda pinchá en un palo. Mal rollo, en cualquier caso.

Creo que no es porque la mayoría de personas humanas no sepan muy bien lo que eso de "Guionista" y piensen que son los actores los que se inventan sus frases (aunque muchos lo piensan). Supongo que tiene que ver con lo intangible de este trabajo: llevas meses trabajando en algo que no se ve, no se toca, no se sabe lo que es. Puedes pasarte años currando una cosa y que realmente sí que sea como el unicornio tomando café con papa Noel en el Triángulo de las Bermudas: que más da, si no existe. Y la mecánica del trabajo también es difícil de entender: "O sea, que tú te sientas y... piensas, ¿no? Y si no se te ocurren cosas... ¿Sigues pensando, no?". Es que, oiga, no suena a trabajo serio.

Ni siquiera con la familia se puede abrir uno. Porque mis padres, por más que me respetan y se alegran de que las cosas me vayan bien, aún no han acabado de asimilar muy bien eso de "guionista". Para empezar, les provoca una cierta intranquilidad, y con razón: es un mundo inestable, en el que un día estás escribiendo un guión en tres idems y unas horas después estás en la calle (y ese guión nunca ve la luz del día). En el fondo de su corazón, yo lo sé, ellos preferirían que fuera médico, abogado, cartero o cualquier cosa que tenga una oposición y suponga convertirse en funcionario. Normal: de ahí no te echan nunca, y cuando se lo cuentas a la gente, nadie exclama incrédulo "¿Cartero?", como si le hubiera hablado en otro idioma.

Y eso no es el único problema a la hora de que los padres hablen de "ello" con otros. No me imagino esta situación, por ejemplo:

Pili: Oye, mira que... tenía que preguntarte una cosa.
Mi madre: Dime, Pili, dime.
Pili: Verás, es que me han dicho que tu hijo es guionista...
Mi madre (orgullosa): Sí, sí...
Pili: Pues mira, es que... resulta que mi Manolo tiene problemas con su segundo acto.
Mi madre: Vaya por Dios.
Pili: Sí, hija, sí. Además a mi me da que tiene los plot poins mal puestos, y los dialogos hace falta engrasarlos.
Mi madre: Claro.
Pili: ¿Tú crees...?
Mi madre: No te preocupes, mujer. Yo hablo con mi hijo, y seguro que se lo puede mirar.
Pili: Ay, muchas gracias. Menos mal, porque...
Mi madre: nada, nada, mujer... para que estas las amigas si no para estos momentos difíciles...

No. Ser guionista no es como ser mecánico, doctor, abogado o policía. Tampoco es que no sirva para nada pero, seamos sincero, si llega el segundo diluvio universal y en el arca solo caben unos pocos elegidos que deben asegurar la continuidad de la especie, no me imagino que ningún guionista vaya a quitarle sitio al ingeniero espacial. Ni siquiera al abogado, por si hace falta demandar a Dios, o algo. Y en el caso de que quisieran entretenimiento por las noches, seguramente preferirían pillar a Chiquito de la Calzada, para que les contara chistes. ¿Para que quieres un guionista cuando tienes un Condemorrrr?

La verdad es que la mayoría de días, me encanta lo que hago. Pero por un motivo o por otro, me cuesta decirlo en voz alta. Quizás no he dado todavía con el por qué... se admiten sugerencias. O a lo mejor solo me pasa a mí. Y a mi madre.






 
La canción de Encarna
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Hace un par de años pude ver en el estupendo y muy prestigioso Festival de Berlin un documental titulado "La canción de Nomi", sobre la vida del cantante ochentero Klaus Nomi. Nomi vestía de forma tan alienigena que hacía que el David Bowie de los 70 pareciera el yerno perfecto; era un tipo misterioso, artista maldito y atormentado. Entre otras cosas, la película hablaba de sus problemas con el caballo, la represión de su homosexualidad y su afición al cruising como única forma de conseguir contacto con otros seres humanos (Nota: Cruising significa sexo en lugares públicos como parques o baños de centro comercial. Nota 2: Contra lo que pudiera parecer, la palabra Crusing no proviene etimologicamente de "Tom Cruise". No, no, no. Por favor, Don Tom, no me demande)

"La canción de Nomi" ganó un premio en Berlin. También arraso en festivales, empezando por Sundance, "Capturing the Friedmans", otro documental aún más descarnado. En él, familiares se enfrentan entre sí en virulentas grabaciones caseras, dudosos testimonios narran repulsivos abusos sexuales, y una familia entera desvelaba todas sus miserias ante el caso que llevo al padre y a uno de los hermanos a la carcel por pederastia. Era fascinante y repulsivo a la vez, como Karl Nomi y su canción techno-triste de persona infeliz y alienigena.

La otra noche, Tele 5 programó en su late night "La obsesión de Encarna", reportaje sobre la vida de la periodista más popular (en todos los sentidos) durante muchos años en esta país nuestro. En él se mezclaban "Cabezas parlantes" (esto es, testimonios de personas que conocieron a Encarna) con documentos visuales y sonoros de archivo (en este caso, de ella misma en entrevistas televisivas y en sus programas de radio). Exactamente igual que en "La canción de Nomi" o "Capturing the Friedmans".

Solo que, en el caso de "La obsesión de Encarna", la crítica se ha puesto las botas. El gran Javier Pérez de Albeniz dice que es "Periodismo de pacotilla" y que la parece " lamentable que un programa de estas características, basado en el rumor y la maledicencia, despierte tanta expectación".

En realidad yo le diría que el programa sobre Encarna es, como los mencionados anteriormente, un documental sobre un tema fascinante a la par que repelente. Sí, un documental. Como esos que ponen en la 2 sobre pingüinos en el Polo Norte y que suelen sacar un chari casi tan bajo cero como las temperaturas de la zona... Pero sobre personas, que a veces podemos ser mucho más animales, sobre todo con nosotros mismos.

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¿Qué diferencia hay entre hablar de la represión de Klaus Nomi o la de Encarna Sánchez? ¿O en contar como el patriarca de los Friedman revelaba a su abogado que el niño pequeño que visitaba a un compañero recluso le estaba poniendo cachondo, o como Encarna se desmayaba después de acabar sus últimos programas, drogada hasta las cejas pero incapaz de confesar a nadie que estaba terminal? Poca o ninguna, creo yo. Pero Encarna se ha convertido en un personaje del corazón, y parece que cualquier interés sobre su persona deba circunscribirse solo al morbo barato. Esto es, que si un nuevo documental habla de las aficiones sadomasoquitas de Hitler, es aceptable y lo podemos poner en el canal Historia; pero si hablamos de que a Encarna estuvo ingresada tres meses en un psiquiatrico, eso es basura. A mi en realidad todo me parece mucha, mucha hipocresía.

Parece pues que la curiosidad sobre las vidas ajenas solo es aceptable en ciertos casos. Libro sobre el alcoholismo de Humprey Bogart: bien, regalo estupendo para amigos cinéfilos. Libro futuro sobre el alcoholismo de Massiel: una bazofia, para regalar a la abuela maruja. Quizás es que se piensa que los personajes del corazón tienen poco que aportar como seres humanos, que su experiencia no es interesante, pero no estoy nada de acuerdo. En la vida de todo hijo de vecino se pueden encontrar aspectos intrigantes, y es aún más probable en la de aquellos que han tenido exito, han rozado la gloria o se han bañado en ella antes de ahogarse, y ese momento de triunfo no ha hecho sino contrastar más aún con sus miserias, que en el fondo son las de todos.

Y sí, oiga: Encarna era un personaje fascinante. Lesbiana franquista, reprimida y enamorada, exitosa e infeliz, millonaria a la que su dinero no pudo salvar de una muerte joven, capaz de firmar un cheque a una familia pobre que no conocía de nada mientras difama e intenta hundir a una compañera por el simple hecho de hacerle la competencía... Un caso clínico, una vida tan triste como, sí, interesante.

Ojo, que no estoy diciendo ahora que el Tomate vaya a ser primo hermano de "Informe semanal". No me suelen gustan los programas del corazón, por tres motivos sobre todo: La persecución a la que someten a la peña, la actitud mojigata de escándalo de sus programas (¿Kate Moss esnifa? Por Dios hija mía que chock) y su hipocresía (Ahí esnifan todos, señora, o al menos la mayoría).

Pero en el documental sobre Encarna, no había persecuciones, solo gente que decidió participar voluntariamente, amigos y enemigos (si había más de los segundos que de los primeros parece deberse a que, las cosas claras, Encarna no parecía ir por el Mundo precisamente en plan "flower power"). Tampoco se hacía ningún escándalo del hecho de que fuera lesbiana, sino más bien se constataba que ella lo llevaba muy mal, y con mucha culpabilidad.

De hecho, me atrevería a decir que en todo momento había una cierta corriente de simpatía hacia Encarna, sin ocultar en ningún momento sus (muchas) zonas oscuras... Supongo que no es lo mismo perseguir a la Obregón por un aeropuerto y luego a la Beckham en una tienda de joyas, y luego a la de más allá y tiro por que me toca... que dedicarse durante semanas a un solo personaje, recoger testimonios sobre su vida, descubrir como pensaba y por qué hacía lo que hacía. Como le ocurre a un guionista, de tanto trabajarlo a veces uno se encariña hasta con el malo.

No, "La obsesión de Encarna" no está para ganar en Sundance. Pero es un buen documental, que da voz a seguidores y detractores, no especula demasiado y brilla más cuando deja que sea la propia Encarna la que, ella sola, muestra sus miseria mientras coloca la mejor de sus sonrisas y dice que lo más importante en la vida es la sinceridad y la honestidad.

¿Es posible que su difusión cree un ejercito de aprovechados que se pasen de plató en plató ara hablar de la vida de "Directamente Encarna"? Puede. Pero si el hijo del señor Friedman se pasara por "A tu lado" para comentar el juicio de su padre, "Capturing the Friedmans" no dejaría de tener el mismo valor como documento.

Por supuesto, siempre habrá gente que diga que "a los muertos hay que dejarles en paz". Propongo que en ese caso se dejen de escribir biografías de personajes fallecidos, y que seamos conscientes de que cada vez que nos interesamos por el affaire Katherine Hepburn-Spencer Tracy no somos unos cinéfilos curiosos, sino unos cotillas de mierda. En todo caso, yo creo que a Encarna le hubiera horrorizado mucho más que este documental se hubiera emitido mientras estaba viva, y que es cuando la gente se muere cuando se debe hablar de ella. Cuando ya no se le puede hacer daño, y cuando los demás podemos aprender, fascinados, de historias ajenas tan tristes y tan terroríficas como las de Klaus Nomi, los Friedman o sí, Encarna Sánchez.

 
Yo tenía un audímetro.
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Sí, es cierto. Los audímetros existen. No son una leyenda urbana, ni una enlequía, ni la broma macabra de un grupo de sádicos que se descojonan del Mundo cuando leemos las audiencias y comprobamos que "Domino day", pese a tratarse de horas y horas de fichas de domino cayendo sin parar y, sobre todo, a pesar de ser retransmitido por Carlos Sobera, hace un veintipico por ciento de "share" (A partir de ahora "chari", que ya sabemos que el roce hace el cariño).

No. Los audímetros son una realidad. Lo sé porque yo tuve uno.

El audímetro es una aparatejo como la mitad de grande que un video pero con el doble de luces. Y es que hay un pilotito que se enciende por cada potencial espectador, ocho en total para una casa. Cada uno tiene asignada una letra, de la A a la H. De la misma manera, cada habitante del hogar tiene una letra propia con su perfil -sexo, edad, trabajo, educación - que sirve para que se diga eso de, bueno, hemos hecho un 2% de chari pero en el target comercial (Inciso: El target comercial es que la gente que te ve que de verdad importa para los anunciantes, esto es, la que más gasta) hemos llegado al 2 y medio; Menos da una piedra (aunque si esa piedra la retransmite Telecinco dos horas en plano fijo, siempre que le pongan luego un debate comentando la jugada con Lidia Lozano, el Conde Lequio y la madre de la piedra, seguro que hace un chari del 15)

La cosa funcionaba así: Llegabas a casa, y encendías la tele. Enseguida, el audímetro comenzaba a pitar de forma bastante desagradable para recordarte que tenías que chivarle quien estaba viendo la TV, por más inconfesable que fuera que estabas "haciendo zapping" con el porno del plus a rayas. Entonces, con el mando del audímetro apretabas la tecla correspondiente a tu letra, y se encendía en el aparatejo. La mía creo que era la D, eramos cinco en casa y las tres letras restantes eran para invitados. Si se apretaban, había que especificar grupo de edad, sexo, etc... cosas importantes para el target comercial, claro.

¿Funcionaba el audímetro? Si no querías que te dejara sordo con el pitidito de los cojones, no había más idem. Ahora bien... ¿Cada vez que entraba alguien nuevo en la habitación, y sin el pitido del infierno, se hacía el esfuerzo inconmesurable de coger el mando y apretar la tecla correspondiente? Al principio, sí, en plan niño que empieza el cole y tiene todos los rotuladores en el inmaculado estuche y va peinado con la raya en medio. Luego, no. Casi nunca. (Y cuando digo luego, me refiero a dos semanas después de empezar, lo que tarda también el niño en tener el estuche hecho un cuadro dadaísta con más bajas que el pelotón de Tom hanks en "Salvar al Soldado Ryan" y el pelo lleno de chicle y piojos que seguro que lo ha cogido de otro, oiga).


¿Falseabamos los resultados? Pues sí, alguna vez. Yo vivía con un frikifan de "Expediente X" (Pensaba que la peli esa que hicieron al final iba a ganar el oscar. Incluso después de verla) que, aunque solo viera la serie él, nos ponía a todos, tres invitados incluídos. Los de Sofres debieron pensar que allí se reunia el club de fans. Por otro lado, si alguien quiere atribuirle a él el exito de Mulder y Scully en España, que tenga en cuenta que nosotros hacíamos lo mismo con "Magazine" de Canal + y no me suena que ese entrañable programa encabezara nunca la lista de los más vistos (es más, era superado ampliamente por la peli porno con rayas).

Y como nos pasaba a nosotros, supongo que les ocurrirá a otros. Dudo mucho que las madres de España puedan convencer a sus hijos de que no se les olvide apretar la tecla cada vez que entran o salen del salón (¡Si a la Supernanny hasta la cuesta que hagan la cama!). También dudo que los mayores se acuerden de hacerlo ellos mismos, más aún cuando tienen invitados y en cada caso hay que especificar todos esos datos del dichoso target comercial, y uno está hipnotizado por la caja tonta y esas fichas de dominó cayendo acompañadas de la dulce voz de Carlos Sobera (lo mío es un trauma, lo sé)

O sea, que los datos del audimetro es para ponerlos en cuarentena... pero no tanto. Porque por otro lado, es cierto que las cifras parecen guardar bastante relación con la realidad. ¿Cual es el programa de Cuatro del que todo el mundo habla? "House". También resulta ser, según los audímetros malditos, el de más audiencia. ¿Alguien puede negar que, sobre todo antes, en la época en la que batía records, a una aplastante mayoría le chiflaba ´"Aquí no hay quien viva"? ¿O que es más que logico que el telediario del gran German Yanke solo lo vean los cuatro gatos que compraron su último "besteller", titulado "Ser de derechas"?

Por otro lado, si la manipulación existe, es por eso, por vagancia o frikismo. Me temo que no hay manos negras, y lamento comunicar que en la puerta de mi casa nunca se presentó Berlusconi o cualquiera otro de los italianos que gobiernan la televisión en España (es logico que sean ellos, con las Mamma Chicho de carta de presentación no se podía esperar otra cosa) para proponernos subir de forma fraudulenta La Chari de sus programas a cambio de suculentas sumas de dinero (Total, ya lo hacíamos nosotros gratis, aunque solo con los programas que nos gustaban). Y a los dos años te canjeaban los puntos que habías conseguido (en relación al tiempo que habías tenido el aparato, creo) por un regalo que, si no recuerdo mal el catálogo, era bastante mísero (en plan colchoneta, toalla, o auriculares de propaganda de esos que te dan en Renfe). Así que de sobornos, poco. Una pena.

Todo esto viene a cuento porque dentro de poco mis compis de trabajo y yo nos vamos a tener que enfrentar a La Chari. Y da un miedo que te cagas. Asumiendo que no voy a dormir la noche antes, no tengo ni idea de qué hacer. ¿Mandar curriculums, escribir mis últimas voluntades, emborracharme, entrar en el Burger King con una metralleta? Todo es posible. Porque las audiencias es como cuando uno hacía esos exámenes que no tenía ni idea de cómo le habían salido (Los de verdad, no los de "Me ha salido fatal pero no voy a decírselo que me canea" o "Que bien me ha salido pero voy a ser modesto, no vaya a ser"). Estás esperando que salga la nota un poco acojonado, la verdad, más aún cuando tanto trabajo depende de ello.

Pero cuando llegue La Chari y nos diga que nota hemos sacado, por lo menos yo no seré capaz de echarle la culpa a los audímetros, aunque sea cierto que estamos en las manos de 3000 hogares españoles que puede que sean tan descuidados o tramposillos como nosotros lo fuimos. Creo que es el sistema menos malo, y, con sus cosillas, funciona.

Moraleja: La Chari, con sus defectos y todo, se merece un respeto.
 
El chino
Imagino que todo el Mundo (esto va sin segundas) estará hasta las narices del tema, pero tenía que compartir esta noticia por puro surrealismo.

Sacado de Libertad digital (Culpa mía, lo sé), este titular:

"ETA se encuentra detrás de la comisión de los atentados acontecidos el pasado 11 de Marzo"


La acompaña esta foto:

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Y ya en el parrafo de introducción se puede leer este momento colosal:

"El Mundo desvela ahora que la Comisaría de Telesforo Rubio ha ocultado al magistrado una nota en la que un confidente desvela que un primo de El Chino dijo que "ETA se encuentra detrás de la comisión de los atentados acontecidos el pasado día 11 de marzo de 2004".

Y luego dicen que en España no hay guionistas. Madre mía, esto lo pillaba Oliver Stone y hacía un peliculón que riete tú de "J.F.K". ¿Posibles títulos? "A.C.B.´s", "Me lo dijo Pérez" o "Vida de este chino".

Seguiremos informando.


 
La Charon

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A la salida del cine donde vimos "Instinto Básico 2" parecía haber dos comentarios mayoritarios. El primero, con tono de sorpresa: "Pues no está tan mal, ¿no?". Y luego, ya con otro retintín: "Y a ella se le nota la edad". Si es que la gente es muy mala... Aunque sea verdad.

De todas formas, meterse con "Instinto básico 2" y con su cuasi cincuentenaria actriz haciendo de Femme Fatale es, "El jueves" dixit, como comparar a Jesus Gil y Jabba-El-Hut o Jordi Pujol y Yoda: de puro fácil, da asco.

Es una peli que ante el público ya nace como torcida, amorfa. Después de tantos años, parece el intento un tanto desesperado - y muy obvio - de una actriz en decadencia por tener un exito comercial, y de unos productores por exprimir hasta el último euro de un hit pasado, pero a destiempo y sin el resto del equipo de talentosos que hicieron que la primera parte fuera tan excesiva, tan divertida, tan brillante. Y quince años después, que es como volver al parque dónde paseaba uno tres lustros antes buscando rememorar tardes de primavera y descubir que el lugar ha sido tomado por los yonquis, dónde había verde ahora hay cemento, y la zona de los columpios se ha convertido en un Carreful. Un poco desolador.

La verdad es que los nuevos guionistas y el director lo tenían muy jodido, y uno tiende a solidarizarse: hagan lo que hagan, a todo el Mundo le iba a parecer fatal, pues se trata de un intento un tanto desesperado - y muy obvio - de una actriz en decadencia por tener un exito comercial, y de unos productores por exprimir un hit pasado, pero a destiempo (Sí, me repito, pero es que está tan claro que es la única intención, leñe). Y sí, a los pobres les han caído palos por todos lados, claro; aunque la peli no sea mala, más bien un pelín aburrida, bastante sosa, y con un final demencial e impausible con giro, giro y giro y venga otro giro, que más que un desenlace parece un concurso de gimnasia rítmica - el sino del thriller moderno, oiga.

La penica es que les ha quedado así de sosa - y bastante frigida sexualmente - porque, supongo yo, ante lo que se les venía encima han preferido hacer una peli así como discreta, con cierta clase... y no. Sobre todo porque se les ha colado un topo: La Charon. Ella es como de otra película: con una mirada pérfida mezcla entre Alexis Carrington y la "Dayana de "V", un vestuario que parece recomendado por el sastre de Cruela de Vil, y una sutileza al exponer su maldad solo comparable a la de Bruja Avería - de hecho, en cualquier momento parece que se va poner a cantar "Viva el mal/Viva el capital/Os voy a matal" (Es pa que rime). Vamos, que está más pasada de vueltas que el coche con el que se la pega en la primera escena de la peli. Y, pese a eso (O quizás por eso mismo) es lo más ameno del asunto, y hace que no te aburras demasiado.

Pues sí, debe ser un marrón que te encarguen una peli así, sabiendo que ya te están esperando con cuchillos afilados. Aunque luego recuerda uno que probablemente por ese marrón han visto mucho verde, cerca del milloncejo de euros. (Por no hablar de los quince de La Charon). Y claro, quieras que no, eso debe compensar un poco.