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La verdad
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El otro día estaba yo sentado en la calle fuencarral charlando con un amigo y...

Espera, no. Esto ha quedado demasiado casual. Parece que yo me dedique mucho a eso de estar sentado charlando con amigos en la calle Fuencarral, y no. Lo de sentado, vale. Lo otro, desgraciadamente cada vez lo hago menos, por falta de tiempo, energias o amigos, vete tú a saber. Que la amistad se cultiva, como las plantas, si no se queda pocha; y sin tiempo y energías, pues, el jardín se queda un poco descuidado. Como el blog, vamos.

Pero, en fin, el otro día sí. Estábamos esperando a alguien para irnos a cenar. Y, como pasa siempre, apareció quien no debía. No es que le conociéramos personalmente, no... Pero conocíamos a su calaña, como dirían en algún espeluznante doblaje español. Era un bohemio.

Llevaba el uniforme oficial: camiseta de rayas, el pelo desordenado, barba de tres días. Y los accesorios: videocámara digital al cuello y, lo más importante, un marco de cuadro. Así, por las buenas. O sea, el típico tío que tú lo ves y piensas "es un jipi" y lo ve su madre y piensa "Teníamos que haberle llevado al colegio de pago, Mariano".

Y sobre todo, llevaba encima un entusiasmo y una determinación espeluznantes. Lo comprobamos cuando paró a una chica, le pidió que sujetara al marco mostrando su cara en el "cuadro", y la grabó mientras le contaba algo, así, como si fuera una mona lisa del Mercado Fuencarral. Se lo agradeció con una gran sonrisa, y siguió su camino... hacia nosotros.

En este punto, nos dimos cuenta de que no solo era un "jipi", sino algo mucho peor: era un cineasta experimental. E hicimos lo que cualquier ser humano hubiera hecho en nuestro lugar: usar el viejo truco, aprendido en el Instituto, de "Si no te miro a los ojos no me vas a preguntar a mí, nanananananaaaa..."

Falló, por supuesto. Tranquilo y sonriente, se acercó y nos preguntó si hablábamos inglés, dijimos que sí. Y luego me preguntó a mí si podía sujetar el marco, por favor. ¿Cómo decirle que no? Casi parecía de cortesía, como si necesitara ayuda para aguantar el peso... No hay duda: El tipo era listo. Si me hubiera preguntado "¿Queréis participar en mi documental chungo-experimental en el que tenéis que contestar a una pregunta surrealista sujetando un marco de cuadro en medio de una calle céntrica y concurrida?" probablemente le hubiera dicho que no...

En realidad, probablemente le hubiera dicho que sí de todas formas porque tengo un serio problema para decir que no a casi cualquier cosa, pero eso no me hace apreciar menos la habilidad del tío. Se lo había currado, tenía experiencia. Nos enfrentábamos a un profesional, una maquina de experimentar, mitad hombre mitad bohemio indie, Robo-pop, o algo parecido.

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Cogí el marco. Me apuntó con la cámara. Respiré hondo. Intenté relajarme. Al fin y al cabo, tampoco podía ser para tanto. No me iba a obligar a meterme un pepino en la boca y recitar una poesía de Antonio Gala mientras me colocaba pinzas en las orejas... ¿No? ¿Verdad que no? Y entonces me apuntó con la cámara y habló. Me hizo una pregunta en inglés, simple, sencilla, escueta:

"What is the truth... for you?"

Lo primero que se me vino a la cabeza es que prefería lo del pepino y Antonio Gala, la verdad. Mejor dicho, que prefería eso a "la verdad". "¿Cual es la verdad para ti"? ¿Mande?

No podía pensar. Soy de esos a los que siempre se le suele ocurrir la réplica ingeniosa sentado en el sofá de casa, cuatro o cinco horas después de que te hayan dejado sin palabras. Y eso en condiciones normales, sin un marco de cuadro en la mas manos y una cámara de vídeo en las narices.

Él me pidió que dijera lo primero que se viniera a la cabeza, espontaneamente. Espontaneamente la verdad es que tenía ganas de matarle, pero esa me parecía demasiada verdad hasta para una peli experimental. Así que me inventé algo, creo, sobre sonrisas honestas. En serio.

Cursi, vale. Absurdo, un rato. Pero me permitia salir del paso, del marco del cuadro, del objetivo de la cámara. O no.

Él ni se inmutó, ni movió la cámara. Sonrió, y volvió a hablar.

"Ok. And what is the universal truth?"

"Tu puta madre", pensé. Podía haber dicho "your fucking mother", pero me daba vergüenza. Para el caso, era lo mismo: peor es el silencio, y yo no tenía ni idea de qué decir. Después de pensarlo mucho durante unos segundos embarazosamente eternos, dije: "No tengo ni idea de lo que decir"

Pero él insistió: lo primero que te venga a la cabeza. Me reiteré en que mis sentimientos homicidas no le iban a interesar y me quedé como mi cara: en blanco. Finalmente, viendo que no daba más de mí o quizás notando que si el marco hubiera tenido cuadro se lo hubiera ya estampado en la cabeza, me sonrió, dijo "Thank you" y pasó a mi amigo.

Luis lo hizo mucho mejor, esa sí que es la verdad. Le dijo que para empezar no creía en eso de la verdad, "¿Que es la verdad?" , y mucho menos en la universal. Respuesta correcta, pensé. Aunque ya sin la presión se me había ocurrido la respuesta a la segunda pregunta: "Yo lo único Universal que conozco son los estudios de cine". ¡Ja! Ja... Y ja. Triste, lo sé, pero mejor que nada.

Se despidió, amable, y nos contó que esto era parte de un proyecto que éstaba llevando a cabo en varios ciudades. Nueva York, Amsterdam, Moscú y ahora Madrid. Las entrevistas madrileñas serían colgadas en su página web, en unos tres meses. "Buscaos allí, en la "spanish edition"", dijo.

Y se alejó, con su marco y su videocámara, en busca de nuevas víctimas.

Desde entonces, yo no he vuelto a pensar en posibles respuestas que me hicieran quedar bien, pero sí en por qué me puse tan nervioso, por qué ese tipo en concreto me hizo sudar frío. No puede ser simplemente el tener que hacer un poco el tonto en medio de la calle o aparecer en un video en una página web que probablemente muy poca gente visita (y los que lo hacen probablemente solo se buscan a si mismos haciendo un poco el tonto).

No, es algo más. Es que la gente experimental, o bohemia, o guay, en general todos aquellos que no siguen lo establecido y dicen dejarse llevar, me ponen un poco nervioso. Sobre todo la gente "que mola". Me refiero a los que recorren el Mundo en bici, escriben poesías ininteligibles que no quieren que nadie les publique, viven al día sin preocuparse mucho por su bienestar ecónomico y tienen modos de vida alternativos en los que el misticismo, por ejemplo, juega un papel importante. (Todo esto no tiene por qué ir junto, claro)

Yo, supongo, soy un conformista, y un burgués: me gusta viajar de la forma más rápida y cómoda; escribir cosas que prefiero lean o vean el mayor número de gente posible - y ya si les gusta es la leche; vivir lo más mejor posible, sin que el dinero sea el centro de mi existencia; y soy incapaz de hablar de energias o cosas así sin que me entre la risa. También soy incapaz de dejarme llevar, demasiado auto-consciente, supongo: siempre me veo a mi desde fuera, y en ese sentido no hay nada peor que el ridículo.

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Y claro, cada uno puede ser como quiera, pero hay algo ahí que se tiende a tomar de forma personal, por pura inseguridad: con la gente que se ha salido del camino establecido a veces es difícil no pensar que en realidad se están metiendo con los que van por ahí, porque... ¿Si tú, querido amigo del marco, molas porque llevas esa vida, no significa automáticamente eso que yo no molo en absoluto?

A veces da la sensación de que te están diciendo "soy más guay que tú", y efectivamente siempre habrá borreguines que se apunten a lo alternativo para fardar - como gente que se apunta a lo tradicional porque jamás se ha planteado otra cosa - pero en muchos casos no es así, y yo tengo que contenerme las ganas de ridiculizar a alguien llamándole "jipi" y metiendome con la suciedad del bohemio - yo suelo ir igual de guarro y encima no es una postura ideológica, es que tengo mal gusto - porque es simplemente una forma cutre de ponerme a la defensiva, por mis complejillos burgueses.

O sea, que al final el experimento puede que sirviera para algo. Aunque tenga que escribir en la pizarra mil millones de veces "No me sentiré amenazado por la gente mucho más cool que yo". En el fondo - moraleja Disney - todos molamos de diferentes formas. Yo nunca seré un boehmio ni un artista atormentado ni alguien que "se deje llevar" o se invente las reglas de su vida, pero tampoco me va tan mal.

Y no pasa nada, pero está claro que no soy guay. No soy ese tipo de persona. Esa sí que es "la verdad".