Rio y Dios

Rio de Janeiro es de colores: El naranja de la puesta de Sol desde el avion, el verde y rojo del control de equipajes (Aprietas un boton si dices no tener nada que declarar: se enciende una luz verde, pasas: se enciende la roja, y te tiene que registrar. Una especie de Alla tu! aduanero, vamos), el gris del aeropuerto ( como el de la Espanya de los setenta, mas o menos), el rojo y azul de los taxis que hay que coger (porque te dan el precio antes de montarte, gran invento), el azul del cielo, que es azul cielo pero no como el de Espanha, o cualquier otro sitio en el que yo haya estado.
Y despues de unos dias, de los banhos en la playa, de paseos, ya sea alrededor de un gran lago en medio de la ciudad, por las calles llenas de vida (cursi, pero cierto) o simplemente paseos por los paseos (maritimos); de temperatura perfecta y belleza apabullante (por todos lados), sobre todo de las montanhas que rodean la ciudad... Y hasta donde las favelas de noche parecen lugares magicos con las luces encendidas, dos cosas quedan claras:
1. Por que los brasilenhos son tan devotos y creyentes: si te ha tocado nacer en un sitio como este, esta claro que tienes que creer en Dios. Y estarle agradecido, porque contigo se ha portado bien.
2. Por que Rio de Janeiro (y Brasil) nunca podra ser del todo prospero: porque si lo fuera, toda la poblacion mundial se vendria aqui. Y claro, seria un follon tremendo: no cabriamos. Hay que dar las gracias a Dios, claro. Lo debe tener todo muy bien pensado.
Yo no creo en El, pero aqui, entre caipirinha, agua de coco y caipivodka, tirado en la playa, casi me convence. El muy jodio. Eso si, si me quedara mas que unos dias, me veia ya con una de esas camisetas de estilo militar, marron y verde, que ponen "ejercito de Cristo... !Alistate!".
Creo que de momento, eso si, voy a pasar. Mientras me lo pienso, voy a tirarme un rato a la hamaca.
Abrazos, y caipirinha, para tod@s
El síndrome de George Lucas

Los guionistas nos quejamos mucho. Pero que mucho. Seguramente demasiado (aunque algunos lo hacen con mucho arte )
Pero con cierto motivo. A pesar de ser los padres de la criatura, no tenemos ni voz ni voto sobre su futuro: en cuanto se hace mayor y sale al mundo, no podemos decidir si va a la universidad o hace FP, no podemos aconsejarle si debería cambiar de compañías porque esos hombres perfidos la van a llevar por mal camino (productores), no podemos prohibirle ir a Cambio Radical para que le hagan un tuneado/reescritura que no la reconoce ni su padre (o sea, nosotros) y encima la puede dejar hasta más fea... Perdemos todo el poder sobre nuestro bebé, que tanto esfuerzo (y a vecés dolor) ha costado parir, y claro, solo queda el recurso a la pataleta.
Y es que nos molesta mucho que nos toquen los guiones. Al fin y al cabo, nosotros somos los guionistas... le decimos acaso al de peluquería como tiene que poner las pelucas, al de maquillaje como tiene que maquillar, o al de catering como tiene que hacer los sandwiches de fuagrás? Y no solo ellos, claro: los que más suelen venir con notas son el productor o el director, algunas gloriosas como "Esto del perro está muy gracioso, pero no hay perro. ¿Podríamos tener lo del perro sin el perro?" (¿Mi respuesta? Guau!)
Sí, las notas son un coñazo. ¿Por qué no nos dejarán en paz y a nuestra bola, que para eso somos los que escribimos?
Respuesta: Porque séría un error y podríamos caer en esa enfermedad llamada "El síndrome de George Lucas"
George Lucas es, sin duda, un tipo listo. Y con talento. El creador de la trilogía más exitosa de todos los tiempos.
Años después, se propuso seguir con la cosa, pero en lugar de tirar para alante, decidió mirar para atrás y hacer precuelas. Las precuelas en sí suelen tener menos exito que las secuelas porque la gente ya sabe dónde acaban, dónde llevan. Mientras que en las secuelas siempre tienes el misterio de que va a pasar. Alguien de la Fox lo debió pensar
Alguien de la Fox: Oye, George... y no sería mucho mejor una secuela, que la gente no sabe como acaba y eso?
George Lucas: ¿Perdón?
Alguien de la Fox: No, hombre, que digo yo que...
George Lucas: ¿pero como te atreves... ¡Que soy George Lucas, coño!
Esta conversación, por supuesto, nunca tuvo lugar (Creo). No solo porque George Lucas no debe ser tan petulante el hombre...
Sino también porque es improbable que nadie se atreviera a decirle algo así. Nadie se atrevería a llevarle la contraria. Que aunque no se diga, es George Lucas, coño.
Hay gente, como él, que ha alcanzado tal grado de éxito, que no tiene a nadie que le chiste. Es un genio, coño, como le vas a contradecir? Como les va a dar notas, sugerencias, cambios? Va a decirle algo el del catering sobre esa frase o esa escena que no le gusta?
La cosa se pone aun peor. Lucas escribe "La amenaza fantasma", la produce y la dirige por su cuenta. Y esta conversación tampoco tuvo lugar nunca:
Alguien de la Fox: Oye, George...
George Lucas: Ostias, ¿tú otra vez?
Alguien de la Fox: Sí, oye mira, esto... es sobre el Ya-ya ese.
George Lucas: Jar-Jar-Binks?
Alguien de la Fox: Lo que yo decía. Pues mira, que... hemos hecho un estudio breve y así, y... vamos, que no estamos convencidos... del... bueno...
George Lucas: ¿Que quieres decir?
Alguien de la Fox: Bueno, es que el personaje... A lo mejor no acaba de funcionar...
George Lucas: ¿Cómo?
Alguien de la Fox: Mira, George, que es una puta mierda de personaje, da asco, y no se le entiende cuando habla. Y casi mejor, porque cuando se le entiende, vaya cosas dice.
George Lucas: Pues a mi me parece la hostia en vinagre. Fíjate lo que te digo.
Alguien de la Fox: (Después de unos segundos de silencio) Hombre... ¡Pues tendrás razón! ¡Que para eso eres George Lucas, coño! (plas, plas, palmadita en la espalda)
Pero el síndrome de George Lucas no solo afecta al susodicho. Hace poco vi en DVD "La joven del agua", de M. Night Shyamalan. Y me pregunté porque esta conversación tampoco se produjo nunca:
La de la Disney: Oye, NIght...
Night: Dime, dime...
La de la Disney: Mira, que me he leído el guión de "La Joven del agua"...
Night: Clato, tonta, si te lo mandé yo. Y hemos quedado para que me cuentes que tal.
La de la Disney: Ah, vale, sí... Pues mira: No tiene gracia. ¿Y no crees que es una mala idea que el único personaje que muere en la peli sea un malvado crítico de cine y que tú hagas el segundo papel más importante... como escritor que salva la humanidad? ¿Y que es eso de los narfs, tarturics y tal? No hay quien lo entienda... Este guión es un desastre.
Cuanto mal nos hubiera ahorrado esa conversación, ¿Verdad?
Pues no. Esa conversación realmente se produjo. "La de la Disney" era Nina Jacobson, que había trabajado con Night en sus éxitos anteriores. Y su análisis no podía ser más acertado: Esos, y otros muchos defectos, están en la peli... Pero la charla no ahorró ningún mal.
¿Porque qué hizo Night entonces, cuando alguien se atrevió a decirle que lo que había escrito no funcionaba? Según este libro, esta fue su reacción:
Night: No, es que no lo has entendido...
Luego, según se veía claro que ella no daba su brazo a torcer ni ante
una larga diatriba de él sobre todo el dinero y éxito que le había dado al estudio, etc... dijo que vale, que no haría la película...
...Con Disney. Se fue a Warner Bros, que se la produjo palabra por palabra. El mismo guión que le habían puesto a parir (¡Que es M. Night Shyamalan, coño!). El resultado: uno de los mayores disparates de la historia del cine, un desastre que no hay por dónde cogerlo y que solo podría ser peor si de la jodía piscina esa hubiera salido de repente Jar Jar Binks. O Ana Obregón, haciendo su posado del verano.
Se podría pensar que el síndorme solo afecta a gente que haya tenido grandísimos éxitos, con lo cual muchos de nosotros no tendremos jamás que preocuparnos de pillarlo... porque a ver cuando tendremos un grandísimo exito. Pero no es del todo cierto, estos son casos extremos. Tenemos otros más modestos, en España.
Precisamente: Ana Obregón. Cuando Ana salió en rueda de prensa diciendo "Yo he hecho los argumentos de 94 episodios de "Ellas y el sexo débil", puede que quizás un leve murmullo de escepticismo se oyera en algunos despachos de guionistas de toda España... Ejem. Porque el intrusismo es una cosa, pero el intrusismo de boquilla ya es un poco jodío...

Pero estábamos siendo injustos. Yo sí creo que La Obregon intervino en los argumentos y la historia de "Ellas y el sexo débil" (Y así le quedó, como diría alguien). Porque cometió uno de los pecados fundementales de un primerizo a la hora de escribir, de pensar: no supo descartar. Es decir, acumuló ideas sin ton ni son, algunas que podrían haber sido validad por separado, pero juntas eran un potaje dramático indigesto, drama, tragedia, comedia chusca, comedia ligera, comedia aún más chusca, misterio, comedia política, serie familiar y comedia con Luis Fernando Alves. Demasiao.
Imaginemos esa primero reunión con las guionistas:
Guionista: Oye, Ana...
Ana: Dime, maja...
Guionista: Pues verás, que... Esto de que la serie empiece contigo como presidenta del gobierno, no se yo...
Ana: ¡Que va, hombre, digo mujer! ¡Mujeres al poder, va a quedar muy gracioso!
Guionista: Ya, pero no se da un poco de hostias con el mayordomo que canta opera o...
Ana: Que va...
Guionista: ¿Y de verdad cuando alguien descubre unos documentos secretos, en la carpeta tiene que poner en grandes "documentos secretos"?
Ana: Es para la trama de intriga.
Guionista: Ya, sobre eso... oye, no se parece un poquito a la de "Mujeres desesperadas"? Si es que hasta la música es igual...
Ana: Que va, la música es muy bonita, mira: "Din-dan, dan-din-dan-dan, din-dan-din-dan-du..."
Guionista: No, si bonita es, pero un poco copia, ¿no?
Ana: ...Din-dan, dan-din-dan-dan, din-dan-din-dan-du..
Guionista: Estooo... y ya que estamos, lo de la ex-monja sexologa frígida...
Ana: ¡DIN-DAN, DAN-DIN-DAN-DAN, DIN-DAN-DIN-DAN-DU!
No creo tampoco que esta conversación llegara a ocurrir. ¿Porque es Ana Obregón, coño? Más o menos. Tiene poder, y eso es lo importante. Es verdad que el guionista en pocas ocasiones va a encontrarse en la posición de hacer de su capa un sayo sin que nadie le replique (o se atreva a ello) pero a menudo se dan ocasiones en que después de un acierto, un éxito, o en una posición de limitado poder, se puede dar el caso de que todos nos volvamos un poquito Obregón, o Night (que a pesar de "La joven del agua" tiene como más caché que la susodicha) o el propio george Lucas. Que nos de el síndrome, vamos. Que nos creamos infalibles, que nosotros sabemos de que va y si no te gusta es que no lo entiendes, coño, y din-dan-din-dan-dun.
También es cierto que algunos de los mayores éxitos de la historia fueron creados por gente a las que les decían que estaban locos, que eso no iba a funcionar, y siguieron adelante; pero probablemente en aquella época aún no se sentían infalibles. Todo el mundo pensaba que Lucas estaba majara haciendo Star Wars, pero en esos tiempos puede que aún escuchara a los demás, y lo que es más importante, puede que alguien se atreviera aún a contradecirle, a darle notas, a decirle "Hombre, George, esto no se yo..."
Estar convencido de una idea es maravilloso, pero si no la pones a prueba con las críticas ajenas, nunca podrás estar del todo seguro de que sea tan estupenda. Y sí, hasta el de catering te puede dar una buena solución: el problema de los guionistas es cuando tenemos que tragarnos las notas por huevos, sin más: pero aún así, deberíamos considerarlas todas. Mal, no va a hacer.
O si no, podemos acabar como la Obregón. ¿No, Ana?
Ana: ...Din-dan, dan-din-dan-dan, din-dan-din-dan-du... ¿Qué?





