Estás nominado

Cuando estaba en 3 de EGB, me presenté al concurso de poesía del colegio. No es que me gustara mucho la poesía, pero me gustaba escribir, inventar... y sobre todo GANAR. Al futbol, a las chapas, en las notas, a tortazo o a poesía limpia... tampoco había mucha diferencia, ¿no?
Así que me presenté con un bonito poema de ocho versos asonantes titulado "El reportero", en donde con gran garbo rimaba "hermoso" y "peligroso". También me acuerdo de la otra rima. De hecho, de todo el poema. Podría recitarlo de memoria.
¿Por qué? Porque en clase se convirtió en un hit. Todo el mundo me pedía que se lo leyera. Fue un grandísimo exito de público. Claramente, la crítica tendría que estar de acuerdo, ¿no?
Claramente, no. Quedé segundo.
Al año siguiente, debí pensar que eso de ser tan popular y mayoritario me había perjudicado, en plan Spielberg con los Oscars antes de la lista de Schlinder (aunque en aquella epoca para mi Spielberg era el de Indiana Jones y Schlinder, una marca de ascensores). Así que tendría que tirarme a lo serio, lo oscuro. Nada de rimas fáciles: me presentaría al concurso de prosa, con una redacción de una página.
No recuerdo de que iba. No se acuerda nadie. Fue un fracaso de público, a nadie le interesó. En ese caso, la crítica debía apoyarme, ¿no?
Quedé segundo.
Estos fiascos consecutivos supongo explican por qué no me volví a presentar a un concurso hasta Octavo de EGB. Era un concurso de cuentos, y yo escribí uno sobre un tío amnésico al que llevan a su casa, y allí descubre que la amnesia es porque su mujer le metió una hostia tremenda para poder estar con su amante. Y porque, por lo visto, el amnésico era un cabrón.
Recuerdo que estaba ambientado en el oeste pero al prota conseguían llevarse a su casa por la dirección en el DNI. Todavía no sabía yo lo que era una licencia poética, pero ya la estaba usando con todo el morro.
La decepción llegó cuando la profesora nos dijo que estaba muy liada y no podía leerse los cuentos. Así que los tres primeros premios los iba a sortear. Protestamos contra aquella injusticia, pero no hubo forma: sería por sorteo.
Quedé primero.
¿Será por eso que no le tengo mucha fe a los concursos? ¿O porque he sido jurado también, y he visto como funcionan? No, por eso no. Siento decir que nadie intentó sobornarme, ni había segundas intenciones en el fallo. Con todos los idems que pudiera tener, fueron decisiones consensuada de un grupo de personas que realmente recompensaban lo que consideraban mejor. Muchas veces apasionadamente, y eso que no les iba nada en el empeño.
Me he vuelto a presentar a algun premio más, pero con pocas ganas. Por supuesto, nunca he ganado nada, y dudo que haya estado cerca. Realmente, va a ser por eso que no les tengo mucha fe.
Pero ahora, resulta que estoy nominado a un premio. Lo estamos todos los del equipo, creo, pero por alguna extraña circunstancia la nominación está a mi nombre. Y estamos en la misma lista con series de otros países, alguna gente famosa, y solo tres nominados más a mejor guión. Y da mucho gustirrinin, para que nos vamos a engañar.
Con este historial de premios que tengo, ya es para estar contento. Me voy a hacer tropecientos mil kilometros para estar allí, y tan feliz. Y va a ser la leche, aunque quedemos segundos.





